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La GravitaciónAsí como los marineros que navegan en aguas tranquilas consideran que todo lo que esta fuera de la nave se mueve y ellos están quietos, los que los miran desde la costa, piensan exactamente lo contrario. Así, en lo que concierne al movimiento de la Tierra, podemos decir que todo el mundo da vueltas. (adapt. no textual de
De Revolutionibus de Copérnico)
Todo empezó con un cura polaco:
Nicolás Copérnico (1473 – 1543) y su poética y radical teoría de que La Tierra no era ni fija ni el centro del universo. Le siguieron magníficos astrónomos que continuaron “demoliendo los hoteles” de
Aristóteles y Platón y construyendo un nuevo modelo del sistema solar y del universo.
Galileo Galilei (Pisa 1564- Florencia 1642) probó experimentamente que todos los cuerpos caen hacia abajo (hacia la Tierra) con la misma aceleración y también encontró la
inercia y llegó a intuir la
“grave virtud propia” que hace caer las cosas o mantiene a la Luna dando vueltas, pero no alcanzó a dar con las causas ni a establecer sus leyes.
¡y en eso llegó Isaac! … y mandó a parar.
Isaac Newton (1643 – Londres 1727) publica en 1687 en su
Principia (Principios matemáticos de la filosofía natural) las leyes matemáticas que cumplen la inercia, la aceleración y la conservación del movimiento o acción y reacción.
Ya tenía Newton una explicación de
cómo se movían las cosas, le faltaba el
por qué, que encontró al postular que la misma fuerza que hace orbitar a los planetas según las leyes de Kepler es la que hace caer las cosas con la aceleración de Galileo:
la gravitación o fuerza de atracción recíproca de todos los cuerpos entre sí y que para dos partículas de masas M1 y M2 vale:
F= G (M1* M2)/r²
Donde M1 y M2 son las masas de las partículas, r es la distancia entre ellas, F la fuerza con que cada una “tira” de la otra y
G la constante de atracción universal.
El
peso de un objeto es la fuerza que este hace sobre el piso (la Tierra y el objeto se están moviendo juntos o están en reposo uno con relación al otro).
Si el objeto se estuviera acelerando hacia abajo, su peso disminuiría, que es lo que pasa cuando estamos en un ascensor y este arranca para el descenso. El caso extremo sería el de un ascensor en caída libre (supongamos que se le cortaron los cables), en el que una balanza de baño indicaría “0” (cero) para una corta felicidad de algunos obesos y, después, terminaría dándose contra el suelo. El dibujo representa el caso de un ascensor que se acelerara hacia abajo con una magnitud mayor a la de la gravedad, los ocupantes, no sólo no pesarían nada, sino que aplastados contra el techo, estarían percibiendo la
ingravidez.

Otros gigantes en este camino:
Giordano Bruno (Nola 1548 – Roma 1600)
Tycho Brahe (1546 – 1601)
Johannes Kepler (1571 – 1630)
Hasta aquí física, en adelante, una ficción distinta:
Todo lo anterior es válido para los objetos inanimados y para el común de los mortales.
La ley de gravedad no alcanza a los sueños ni a las mujeres hermosas, como se puede ver en la foto de Marilyn, que tomó
Philippe Halsman (Riga, Letonia 1906 – 1979) y comparte con ella.
Halsman fue uno de los más talentosos fotógrafos de los 40 y 50, retrató a celebridades y en varias ocasiones hizo la tapa de la revista Life. Sus retratos más conocidos los hizo con la técnica de hacer saltar a sus protagonistas. Así retrató a Nixon, a los príncipes de Gales, a Dean Martín, a Marlon Brando. La foto que hizo de Dalí y que llamó “Dalí Atomicus”, en homenaje al famoso cuadro del catalán “Leda Atómica”, es sensacional y para hacerla recurrió a una técnica… que no voy a contar, porque algo de misterio debe quedar aquí (junto con la imagen de Marilyn).

Las fotos son de Philippe Halsman. En la que se hizo más conocida de Marilyn saltando, no se le ven los pies y ella está sola y más distendida. Esta es una de los ensayos previos a aquella, que no he podido encontrar en calidad adecuada para ponerla acá.
El dibujo lo tomé de
Física fundamental de Jay Orear (discípulo de Enrico Fermi). El autor es Tom Henderson.
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