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domingo, 5 de julio de 2026

Humor 107 – Chistes pavos

 



A menudo soy injustamente criticado por personas muy cercanas (en realidad, mi esposa y mis mietos) que opinan que recopilo chistes “pavos” o “malos” directamente. En realidad mis nietos son más condescendientes y dicen: “Es el humor típico del abuelo”.

Creo que explotan la línea del humor ingenuo, de modo que pongo algunos acá para que ustedes disfruten o juzguen si eso los hace felices.


1 – Un señor que presume de culto e intelectual se cruza con un vecino y le comenta:

-Esta noche vamos con mi esposa al teatro.

-Qué bien, ¿qué van a ver?

-Una de un inglés muy bueno: “Esperado a Godoy”

-…


2 – Una señora, que presume de su parla de francés y de ser una lectora conspicua, se cruza con una vecina.

-Hola Marcela, ¿siempre con sus libros usted?

-Si, siempre leyendo buena literatura.

-¿Con cuál anda ahora?

-Estoy leyendo Ana Karenina, de León Tolstuá.


3 – Un amigo comenta con otro:

-¿Ricardo, seguís haciendo tus cursos como siempre?

-Sí, justo ahora estoy dudando entre dos que me ofrecieron.

-¿De qué?

-Uno de esgrima y otro de albañilería.

-¿Porqué la duda?

-No sé… me siento entre la espada y la pared.


4 – Arquímedes murió en Siracusa en el 212 AC, asesinado.

Ustedes dirán que esto no es un chiste y estoy de acuerdo. Lo comento acá porque siempre oigo hablar del principio de Arquímedes y nunca de su final, que no es asunto menor, con lo que también estarán ustedes de acuerdo.


5 – Pensar que Einstein fue uno de los más grandes genios pero tenía un hermano, Frank, que era un mosntruo.


6 – Para encontrar a Albino que se perdió en los alpes su papá disparó dos tiros al aire con la escopeta: ¡pan, pan! Y al rato apareció Albino para alegría de todos.

Tan cierto, como que al pan, pan y al vino, vino.


De yapa, uno cordobés:

7 – Va un vago a la carnicería y pide:

-Deme 1 kilo de ocote*.

-¿Para el locro del 9 de julio?

-No, si pa’ jugá al Quini va’ser…


*tripa gorda

Todos robados, a Dios y a María Santísima: (al Lolo 1,2 – a Jorge K. 5 – a S. 3,6 y los otros vaya a saber quién)

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miércoles, 3 de agosto de 2022

Humor 107

Exámenes, alumnos y profesores

Recopiladas con benevolencia y la confianza en que los frutos de la pedagogía germinarán antes del fin de los tiempos. Gracias Profesor Gabriel P., Profesora Teresa E. y Dra. Celia M.

 

1 Lutero y el cisma protestante

En 1517 Martín Lutero lanzó sus 95 tesis demandando cambios en las prácticas de la iglesia católica que fueron rechazadas por Roma. El resultado fue una profunda división eclesiástica y política. El norte de Europa se separó de Roma y el sur permaneció católico.

Durante el examen oral del alumno Bettoli se produjo el siguiente diálogo:

– ¿Cuáles eran los principales puntos de conflicto entre Lutero y Roma?, –preguntó el profesor.

– Lutero era bastante caprichoso, –le respondió muy suelto el alumno.

P (asombrado) – Sea más preciso, por favor.

A – Lutero no se quería fotografiar…

P (más asombrado) – ¿Esa le parece que era la principal razón de las demandas?

A – Sí. Fundamentalmente esa.

P – ¿De dónde saca eso?

A – De los apuntes Sr.

P – Los apuntes los escribí yo y no recuerdo haber puesto eso. A ver, ¿dónde lo dice?

A (busca y lee) –“A pesar de las exigencias de Roma, Lutero no se quiso retractar.”

 

2 Epístolas

Secundario religioso, la profesora de literatura es la misma persona que daba catequésis en la primaria.

P – Hable de las epístolas. Puede traer algún ejemplo si eso le ayuda.

A – (con un ataque de mudez y/o la mente en blanco) …

P – A ver si la puedo ayudar. Las epístolas en sí mismas o como género…

A – (continúa en blanco) …

P – Hay una famosa, vinculada con San Pablo…

A – (continúa en blanco) …

P – Pensemos desde los principios. ¿Qué son las epístolas?

A – Las epístolas son… ¿las señoras de los apóstoles?

 

3 Domenico Zipoli

En el Conservatorio X de X el tema era el barroco y los alumnos aportaban lo que habían preparado para esa clase grupal. Le llegó el turno a Tomás V. que comenzó a explayarse sobre Domenico Zipoli al que calificó como un “mecánico que arreglaba pianos porque contaba con numerosos repuestos para los mismos”.

– Discúlpeme V., pero se trata de un compositor y ejecutante excelso de música sacra, del 1700. Todavía no se había fabricado ningún piano. ¿Quién le dijo eso?

– Lo leí en la bibliografía que su cátedra recomienda. Decía muy claro que tenía numerosas piezas para claves y teclados, que componía con llamativa habilidad.”

 

4 La fosa de Testut

Los alumnos de primer año de medicina tenían una materia brava: Anatomía y el libro de texto era el viejo Tratado de anatomía humana de Léo Testut y André Latarjet (maestro y discípulo en Burdeos, Francia.)

Los compañeros se ayudaban (se tomaban “pruebas de los conocimientos”) preguntando por las localizaciones de músculos, huesos y órganos varios. ¿Dónde está la apófisis coracoides? ¿Dónde se inserta el externocleidomastoideo? ¿Dónde queda la “silla turca”? y así ayudaban a memorizar y fijar los conocimientos.

Se hizo famoso un riojano bromista que cada tanto mechaba su pregunta letal: ¿Dónde está la fosa de Testut? desconcertando por completo a su víctima.

Cuando esta desesperaba, contestaba con parsimonia: en Burdeos, murió en 1925.

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sábado, 1 de enero de 2022

Artemio Terencio Martinoli Astengo - inventor de la plancha eléctrica

Esta es la segunda biografía donde el Lolo Amengual rescata del olvido a ilustres mujeres y hombres que forjaron nuestra nación. 

Ciudadano Ilustre

Artemio Terencio Martinoli Astengo

Físico e Ingeniero - Inventor de la plancha eléctrica.

 


 

Artemio Terencio Martinoli Astengo nació en Buenos Aires en 1860 en el seno de una familia de inmigrantes europeos adinerados.

De manifiesta inteligencia, muestra a sus seis años un precoz interés científico. El 30 de agosto de 1866, en la quinta de sus padres, en Adrogué, con la ayuda del jardinero logra hacer volar un gran barrilete del que cuelga un grueso alambre de hierro. Con el barrilete en el aire ata el extremo libre del alambre a la rama de un ombú. Había escuchado sobre la experiencia de Benjamín Franklin y quería repetir la prueba.

 

El barrilete mantenía en el aire al pesado alambre debido al fuerte viento «pampero» que soplaba. Un inesperado chaparrón obligó al niño y al jardinero a buscar refugio; mientras corrían hacia la casa, el hombre recordó que, una vez más, la tormenta de Santa Rosa había llegado con puntualidad. Refugiados en la amplia galería observan como el barrilete caracolea en la altura, cuando un golpe de luz  que los ciega es seguido por el estruendo de un trueno, cuya intensidad rompe los vidrios de algunas ventanas, ambos fenómenos producidos por la descarga de un rayo, capturado por el barrilete convertido en pararrayos. Millones de voltios descienden por el alambre y, en milésimas de segundos, vaporizan al ombú y abren un profundo pozo en la tierra.

Después de esta experiencia emocionante, Artemio Terencio supo que su vocación era la Física.

 

Alumno sobresaliente del Colegio Nacional de Buenos Aires, a su egreso fue a estudiar a Inglaterra. La lectura de las teorías de James Klerk Maxwell  lo sumergen en el naciente campo de la electricidad y el magnetismo.

Vuelto a Buenos Aires en 1888, solo el título de la conferencia que anuncia en la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales: Hacia la teoría de un campo unificado, (se refería al campo electromagnético), produjo estupor, desagrado e ira en los miembros de la Sociedad Rural Argentina, ignorantes ellos, creyeron que tal teoría encubría una solapada defensa de la reforma agraria y un apoyo a la turba anarquista que empezaba a hacer ruido.

Artemio Terencio, es injustamente crucificado por la prensa con titulares como «Imanes no, vacas si», y por un libelo venenoso, acreditado a su ex compañero de colegio: Miguel Cané, quién dice de él: «…Las opiniones de este electricista ateo justifican, para proteger a la República y respetar a la sociedad, la promulgación de una Ley que permita expulsar del país a los científicos y demás asociales…». Artemio Terencio indignado, se fue a Montevideo y pocos días después, se embarcó hacia Nueva York.

 

Hombre de fortuna, en Nueva York se aloja  en el hotel Waldorf Astoria,  donde conoce a otro huésped que allí vivía: su colega Nikola Tesla, con quién entabla una fuerte amistad, matizada con larguísimas partidas de billar, juego que ambos practicaban con destreza. Tesla, discreto, se sincera con «AT» (sobrenombre neoyorkino que adopta Artemio Terencio Martinoli Astengo, cuyos nombres y apellidos son de difícil pronunciación para los angloparlantes); le cuenta como Edison, durante lo que se conoció como «la guerra de las corrientes» hizo funcionar a su monstruoso invento reciente, la silla eléctrica, con corriente alterna (CA) promocionada por Tesla, solo para desprestigiarla frente a la corriente continua (CC), generada por el propio Edison, quien pensó que nadie querría instalar en su casa la misma electricidad que se utilizaba para ejecutar delincuentes.

 

En 1892, «AT», recomendado por Tesla colabora con George Westinghouse, junto a ingenieros y físicos pioneros como William Stanley, Oliver B. Shallenberger, Benjamin Garver Lamme y su hermana Bertha Lamme. La «créme de la créme» de la compañía Westinghouse, convirtida en la rival histórica de la General Electric, fundada por Thomas Edison.

 

En ese período de comunión científica creativa, «AT»,  como hobby, desarrolló (sin patentar) dos ideas revolucionarias: la Parrilla eléctrica para hacer asado sin humo, y la Plancha eléctrica que suplantaría con el tiempo a las planchas a carbón que intoxicaban a modistas y sastres o las muy peligrosas planchas a nafta, promocionadas por la Standard Oil, que solían explotar.

 

«AT», se casa en Nueva York con Imgard Marianne Charlotte Von Bürenschmidt cuyo padre, vaya coincidencia, era un fuerte accionista de la empresa alemana AEG, la cual había decidido en 1895 extender sus negocios de producción eléctrica fuera de Europa.

AEG crea la Sociedad DUEG (Deutsch Ueberzeeische Elektricitäts-Gesellschaft), inscripta en Argentina en 1898 con el nombre de Compañía Alemana Transatlántica de Electricidad CATE, que a partir de ese entonces, gracias a un oscuro contrato con el gobierno nacional de entonces, se encargará de iluminar a Buenos Aires durante el próximo medio siglo.

 

Con 40 años de edad en 1900, «AT», regresa al país y se agrega al directorio de la CATE. Durante los fines de semana, en la quinta de Adrogué que vuelve a frecuentar, deslumbra a sus amigos invitándolos a las «parrilladas eléctricas», y los asombra con sus asados sin humo. Advierte que el fluir de los voltios exalta el gusto de chorizos y morcillas, vuelve amarga a la molleja y castiga a los chinchulines que pierden su jugo y adquieren rigidez cadavérica, «producto de la concentración de ozono que modifica la tensión superficial de la grasa, que luego explota con violencia» explica «AT».

Para poder usar la parrilla, debió instalar en la quinta un generador de corriente continua de 400 voltios, accionado por un motor a vapor.

 

En 1915 «AT» decide aceptar la titularidad de una cátedra de física que le ofrece la Universidad de Edimburgo, viaja entonces a Nueva York a despedirse de sus amigos y se embarca hacia Escocia en el transatlántico «Lusitania». Nunca llegó: un torpedo alemán acabó con su vida.

 


  

Solo queda de él su retrato, que aquí se expone y una prenda gaucha, que «AT»,  vestía con orgullo cada vez que visitaba San Antonio de Areco, para jugar a la «taba»  con Ricardo Güiraldes. Se trata de una rastra criolla, con lamparitas de linterna que iluminaban cada valiosa moneda de plata que cubría la cincha, lamparitas alimentadas por dos pilas de Volta, disimuladas dentro del mango del imponente facón. Lo notable de esta rastra, hoy propiedad del coleccionista Walter Santoro, se encuentra en el florón central que forma la hebilla, ocupado por la sigla A.T.M.A. finamente cinceladas en plata, con adornos de oro. La sigla, un acróstico, se corresponde a las cuatro iniciales de Artemio Terencio Martinoli Astengo.

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No podemos asegurar que la marca comercial ATMA, de excelentes planchas eléctricas industria argentina, esté vinculado a nuestro personaje, pero pensamos que sí así fuera, sería un justo homenaje a este pionero.

 

                                                           Ciudadano ilustre / Lorenzo Amengual 5/10/2018

 

El collage es obra del autor del texto, Lorenzo AMENGUAL

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jueves, 30 de diciembre de 2021

Dalmacia Carlota Unquillo Zaninni Vda. de Palacio Ferreyra

El Lolo Amengual ha rescatado la biografía de dos argentinos ilustres (desconocidos) con importantes contribuciones a nuestra cultura. Como ustedes saben, los escritores son todos mentirosos así que es posible que alguna verdad encuentren. Una se las adelanto, la intención de arrancarnos una sonrisa, que no son tiempos estos de descartar gestos, por pequeños que sean. ¡Se va la primera!

 El autor les manda un abrazo de 3 dosis a todos sus lectores.




Heroína Cordobesa

 

Dalmacia Carlota Unquillo Zaninni, viuda de Robustiano Palacio Ferreyra

 

Descubridora del dulce de leche.

 


La frontera entre civilización y barbarie, al decir de Sarmiento, que en el Sur de la provincia de Córdoba coincidía con el cauce del río Tercero, estaba en calma desde hacía varios años. El ferrocarril Central Argentino ya unía a Rosario y Córdoba con regularidad cuando inesperadamente, en 1875, el cacique Ranquel Cañumil asoló con un malón los pueblos de Villa Nueva y Villa María.

 

En su chacra cercana a Villa Nueva, doña Dalmacia Carlota Unquillo Zaninni, viuda de Palacio Ferreyra, se encontraba en el rancho-cocina acompañada por la Panchi Iparraguirre, vasca ella, su mucama. Estaba haciendo hervir con un resto de leña, un balde de leche recién ordeñada a la que, por error, había agregado una gran cantidad de azúcar. El brasero y la olla donde se desarrollaba la cocción, ocupaba un lugar secundario y poco visible bajo un horno de barro, en ese oscuro espacio sin ventanas, de paja y barro (todo era de barro en ese tiempo de escasez material). La casa principal, algo mejor construída mostraba sus paredes de adobe blanqueadas con cal y un nuevo techo, de brillantes chapas de zinc inglesas, que suplantaba a la cubierta tradicional de «paja brava».

 

Desde lo alto, mientras engrasaba el molino recién instalado, Juan Gauna, peón, vislumbró algo inusual en la lejanía. En el alboroto de una distante bandada de pájaros intuyó la presencia artera del salvaje. Por las dudas dio la voz de alarma y corrió por las mujeres; le gustaba la Panchi. Las arrancó de la cocina y a galope tendido, las llevó de un tirón hasta lo que es hoy el pueblo de Ballesteros. Su intuición las salvó de un futuro muy duro: vivir cautivas de la indiada.

Las mujeres buscaron refugio en el campamento de la empresa ferroviaria.

 

Míster Armstrong, mandamás de la empresa, que allí se encontraba de inspección,

les ofrece protección y les brinda su propio vagón dormitorio estacionado en un

desvío, para que se repongan. Doña Dalmacia pudo entonces descansar, a pesar del agudo dolor de cintura y riñones, producto de la dura cabalgata de más de cuatro leguas que debió realizar para salvar su vida. La Panchi no se quejaba. Los Remington y los Winchester, (que no son dos apellidos anglos de alta alcurnia sino dos marcas de efectivos fusiles norteamericanos) en manos de los guardaespaldas del jefe Armstrong, les permitieron dormir tranquilas.

 

Los piqueteros del cacique Cañumil (tío segundo de San Ceferino Namuncurá), podrían ser feos a la vista, poco educados al trato, borrachos y malévolos, les podría gustar desayunar sangre de yegua, pero hay algo que no se les puede negar: eran avispados, no comían vidrio. Ellos conocían y respetaban a míster Remington y a míster Winchester, no querían verlos ni de lejos, por eso no se acercaron a Ballesteros.

 

Tres días después el malón se había esfumado en la rastrillada.

Parecía seguro regresar y doña Dalmacia Carlota Unquillo Zannini, viuda de Palacio Ferreyra y su sirvienta, Panchi Iparraguirre, vuelven a su pago como reinas, en un break largo, una jardinera de seis plazas, cómodamente sentadas y seguras acompañadas por cuatro hombres armados hasta los dientes.

 

Dalmasia se encontró con el despojo. Gallinero y despensa: vacíos; las herramientas de la herrería: birladas; caballos y ovejas: desaparecidos; los roperos: rapiñados.

Estaba triste, pero no desolada, la poca peonada que convivía en su campo junto a Oso y Pilila, su perro y su gata, habían sobrevivido al estrago, estaban vivos.

 Pensó en juntar a su gente para rezar y agradecer el milagro, fue a buscar el crucifijo de bronce que protegía su cama para improvisar un altar, descubrió que también se lo habían robado, junto a los pocos libros que tenía. Tampoco encontró la botella de caña con carqueja que escondía debajo de la cama. De la escupidera esmaltada, ni noticias.

 

Al entrar a la cocina saqueada, Dalmasia recordó al brasero y a la olla, se acercó a ellos y se dio cuenta de que nadie los había tocado. Revisó su contenido y a pesar de la oscuridad, entrevió en su interior una materia cristalizada y oscura; dedujo que la leche azucarada expuesta a un fuego muy débil durante varias horas, se fue espesando hasta que las últimas brasas se apagaron. OIía bien, probó esa sustancia dura y marrón y la sorprendió su buen gusto.

 

Dalmacia hábil cocinera, confirmó su intuición. En pocos intentos logró calibrar la cantidad de azúcar en relación a la leche, determinar el tiempo de cocción, comprobar que el agregado de vainilla, y sobre todo la acción de revolver la mezcla durante el proceso, mejoraba el gusto y agregaba una untuosidad cremosa al producto. La peonada, de paladar limitado en esos tiempos, elogió el «dulce de Dalmacia», como fue bautizado, descubriendo la buena yunta que hacía con las tortas fritas. Algunos golosos lo agregaban al choclo hervido y hasta al zapallo del puchero.

 

Una vez más la confluencia azarosa de varios sucesos aleatorios, habían generado un avance que involucraba a toda la humanidad. El arrebato del malón populista, había hecho nacer en un oscuro rincón de la Patria uno de los símbolos absolutos de la argentinidad, ese que llena de orgullo los corazones de todo argentino, argentina y argentine de bien: el dulce de leche.

 

                                                                              Ciudadano ilustre/ Lorenzo Amengual


El collage de Dalmacia es obra del autor del texto. Los fideos de la cabellera fueron deglutidos tiempo después de la ejecución de la obra. Los camembert, tiempo antes.

domingo, 27 de junio de 2021

Puro cuento


La literatura tiene temas que se repiten y, a pesar de todo, siguen teniendo permanente vigencia. El “todo es cuento” es uno de ellos. Como ejemplo van estos hermosos tangos entre los que no quiero dejar de señalar el del inglés ese. ¿Diganmé si no es para hacerse un ikebana? (¿O era un harakiri?, como dijo mi prima Gladys.)

 

VIEJA VIOLA, tango 1932 (Humberto Correa)

…

Es que la gola se va,

Y la fama es puro cuento…

Andando mal y sin vento

todo, todo se acabó.

…

 


CUENTOS VIEJOS, tango 1928 (Malestar y Lomuto)

…

Cuentos viejos, arcoíris de dolor,

Tu garúa ahogando el corazón.

No me mires, que yo ya no soy yo.

¡Cuentos viejos!,

existencia traicionera

que de cualquier manera

no deja sin perdón.

 

 

PURO CUENTO, tango 1999 (Acho Estol)

…

Si todos ponemos huevos
nos asegura el Pelado,
el plan deja descartado
que nos encanen de nuevo.

Y llegaré
Y vas a ver que no era puro cuento.




MACBETH, obra de teatro, 1606 (W. Shakespeare)

Quinto Acto - Escena V

 

MACBETH

…

Estoy saciado de horrores. Lo siniestro,

siempre familiar para mis pensamientos asesinos,

ya no puede asustarme más.

     Entra Seyton                  ¿Por qué esos gritos?

 

SEYTON

Ha muerto la reina, señor.

 

MACBETH

Morir estaba en su futuro.

Ya habría habido un momento para tal palabra.

El mañana, el mañana, el mañana.

Se desliza de día en día con paso mezquino,

hasta la últimas sílabas del tiempo dado,

y todos nuestros ayeres han alumbrado a los necios

en el camino hacia el polvo de la muerte.

¡Apágate, llama fugaz! La vida

es solo una sombra errante, un burdo actor

que apenas un momento se pavonea y agita

sobre el escenario, y nunca vuelve a ser oído.

Es un cuento contado por un idiota,

lleno de ruido y de furia, y que no significa nada.

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Olga Tocarczuk, polaca, premio Nobel 2019

Tapa disco Mestiza - Estudio Corcovado, Rosario

viernes, 24 de julio de 2020

Humor del Bueno (Robos a Freud)


Todos o casi, son tomados o adaptados (¿adoptados?, diría un lacaniano) de su recopilación de chistes. Que alguien me perdone, no quisiera invocar a algún dios en vano, por mi ateísmo. 

1 Muñeca brava
Una dama italiana le da una lección al desconsiderado de Napoleón, durante un baile:
‒ Tutti gli italiani danzano si (cosi) male (todos los italianos bailan muy mal).
‒ Non tutti, ma buona parte (no todos, pero buena parte).

2 Federico II, grande en serio.
Hasta los oídos de Federico El Grande llegó la fama de un predicador espiritista de Silesia, del que se decía que hablaba habitualmente con los espíritus. Lo hace llamar e interroga personalmente:
‒ ¿Puede usted conjurar los espíritus? ¿Los llama usted habitualmente?
‒ Si, Majestad, pero nunca acuden.

3 Confusiones, mezcla de palabras y otras yerbas.
Leopoldo II de Bélgica, terrible asesino dueño del Congo, a los 62 años quedó deslumbrado por la bella bailarina Cléo de Merode de 22 años que, al parecer, no le correspondía. La prensa pasó a llamarlo Cleopoldo.
Al juez de Inodoro Py de apellido Canicoba Corral, se lo conoce en el ambiente como Canicoima Corral aludiendo a alguna característica de su desempeño. Como ahora se jubila, será reemplazado por otro integrante de la banda, Julián Puercolini, quien continuará perpetrando la injusticia.


¿Lógico o no?
Un cliente entra en una pastelería y pide una tarta, pero la devuelve enseguida, pidiendo en cambio una copa de licor. Después de beberla se va sin pagar. El dueño de la tienda le llama la atención:
‒ ¡Se olvidó de pagar la copa de licor que tomó!
‒ Ha sido a cambio del pastel.
‒ ¡Pero si el pastel tampoco lo ha pagado!
‒ Claro, cómo lo voy a pagar si no lo he comido.

5 Escépticos, descreídos.
Dos amigos caminan juntos
‒ ¿Creés o no creés en Dios?
‒ Menos que el ejército en la inocencia de Dreyfus…
‒ ¿Ni siquiera ahora que el éxito te persigue?
‒ Es que me persigue hace años, pero no me alcanza.

6 Monarca contrariado
Su Majestad recorre el reino. Entre la gente que lo vitorea ve a un paisano, pobre y no muy bien vestido, que se le parece extraordinariamente. Le indica que se acerque y le pregunta:
‒ ¿Recuerda usted si su madre sirvió en palacio alguna vez?
‒ No Alteza, ‒ respondió ‒mamá no, pero sí papá.
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lunes, 15 de junio de 2020

Humor del bueno (Robos a Marechal)


1‒ Reminiscencia pampeana
            De las aves que vuelan,
            me gusta el chancho;
            de las flores del campo,
            las empanadas.

2‒ Aturdido
‒ Usted me confunde, Rosita.
‒ Me llamo Juana.
‒ ¡No le digo!

3‒ Cordobés
Padre e hijo asisten a una asamblea donde se discuten temas políticos y un estudiante, con una definida tonada provinciana, ha dejado a todos boquiabiertos con sus argumentos y oratoria:
‒Padre, ¿no es un hijo de Córdoba el que habla?
‒Todo buen cordobés ‒lo elogió el padre‒ es hijo natural de la Elocuencia dejada encinta por el Derecho Romano. ¡Cachorro, descúbrete ante los tribunos!

4‒ Folklore
En esos tiempos las radios abusaban de la zamba Sapo cancionero y otras especies autóctonas.
‒Padre, ¿no será el folklore un batracio anacrónico de color aceituna?
‒Hijo mío, desconfía de los hombres que usan las guitarras con fines demagógicos. La guitarra patea si le tocan la verija sensible. 
…Ahí está el riesgo de acudir a las metáforas zoológicas. Hijo, deberás abstenerte de la fauna: muerde o no según el viento que sopla en la llanura.

5‒ Ironías sobre tangos y malevos
Megafón y el narrador continúan buscando al “taita Flores” y al “pesado Rivera” en un boliche de Saavedra. Hay una irónica alusión a Borges y sus malevos:
‒ Señores, es inútil darle más vueltas a la calesita. ¡El tango ha muerto!
‒ ¡Estos dos fantasmas han muerto en la literatura!
‒ ¿No se habrá metido por aquí el increíble George con su musa robot de cables pelados?
‒ ¿La mina era un mosaico, una percanta o una mina sin caracteres específicos?
La respuesta del parroquiano interrogado es de lo mejor:
‒ ¿Y yo qué sé? ¡Qué lo diga la Real Academia del Lunfardo!


Todos (o casi) han sido sacados de Megafón o la guerra, de Leopoldo Marechal, libro rebosante de humor e ironía con los mitos y las vacas sagradas del panteón nacional. Por si no lo tienen a Marechal, acá les pongo otra frase de él: Padre de los piojos, abuelo de la nada. ¿Les suenan uno, quizás dos, grupos de rock?
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