
Del campo a la ciudad
Italo Calvino y Jaime Dávalos
Las migraciones del campo a la ciudad son un fenómeno constante en la historia de la humanidad. El ritmo sostenido de aumento de la población urbana ha tenido picos en cada país asociados a procesos sociales, de industrialización, guerras, etc.
En Italia hubo uno muy fuerte después de la 2ª Guerra Mundial y en la República Argentina otro, entre 1940 y 1970, con un máximo durante los primeros gobiernos de Perón.
Ítalo Calvino y Jaime Dávalos han dejado constancia de la marca que esas mudanzas dejaron en los paisanos que se convirtieron en habitantes de grandes ciudades: el escritor italiano en su libro de cuentos: Marcovaldo y el poeta salteño en la zamba La nostalgiosa.
La nostalgiosa cuenta amorosamente el sentimiento de un paisano en las calles de la ciudad y la angustia de su alma añorando el paisaje perdido.
El final del estribillo dice: Busco al fondo de la calle un cerro,/pero encuentro el cielo y nada más. Dávalos solía contar que fue producto de su experiencia personal al viajar por primera vez a Buenos Aires, en ocasión del éxito del folclore a finales de los años 50, cuando acostumbrado a las montañas de su Salta natal, lo sorprendía el paisaje de la llanura.
La nostalgiosa por el Chango Nieto:
http://www.youtube.com/watch?v=Bn29X4LDJP0&feature=related
El operario Marcovaldo vive en la pobreza, con su familia, en una ciudad industrial donde protagoniza veinte pequeños cuentos, uno por cada estación, durante cinco años. Busca obstinadamente la presencia de la naturaleza en lugares y situaciones que lo llevan reiteradamente al fracaso y la desilusión. Con ironía y cierta vecindad con el absurdo, Calvino crea pequeñas obras maestras que nos dejan “riendo por no llorar”. No hay retorno posible, la única salida que la ciudad ofrece está dentro de ella y es a través del humor y la fantasía.
“Hongos en la ciudad”, “Veraneo en un banco de plaza”, “La cura con avispas”, “El conejo venenoso” y “El jardín de los gatos obstinados” son exquisitos en un conjunto en donde no es fácil señalar a los mejores.
El libro fue escrito en 1963, cuando el tema había dejado de ser novedoso y el cine del neorrealismo lo había, aparentemente, agotado.
Por si hiciera falta agregar algo para recomendarlo, tienen una escritura impecable y son una joya en su estilo y estructura*.
ÍTALO CALVINO, Marcovaldo (Marcovaldo ovvero Le stagioni in città), 1991 Ediciones Destino
Algunos de los cuentos cuentos se pueden leer aquí en español:
http://inabima.org/BibliotecaInabima2/C/Calvino,%20Italo%20(1923-1985)/Calvino,%20Italo%20-%20Historias%20de%20Marcovaldo.pdf
LA NOSTALGIOSA - Zamba
Letra: Jaime Dávalos, Música: Eduardo Falú
Nostalgiosa llevo el alma,
por las calles de la ciudad:
gusto a polvo, mi silbido largo
suspirando zambas se me va.
El recuerdo de mi tierra,
por la sombra me subirá
y mis ojos por el cielo lejos,
con las golondrinas volverán.
La montaña alimenta mi voz,
como el río que corre hacia el mar.
Alma mía, fugitiva;
golondrinas de mi corazón.
Busco al fondo de la calle un cerro;
pero encuentro el cielo y nada más.
Donde quiera que yo vaya,
la nostalgia me seguirá:
el paisaje por mi sangre crece
y en mi boca herida cantará.
Volveré, cuando el verano
se derrame por el sauzal:
quiero hundirme en esos ríos turbios,
donde el barro huele a temporal.
*
En “Veraneo en un banco de plaza” (La villeggiatura in panchina) se da el lujo de poner el mismo verbo (admitir) en 7 tiempos distintos en 7 líneas de diálogo. Marcovaldo encuentra ocupado el banco de la plaza, donde va a descansar por las noches, por una joven pareja de enamorados que discute morosamente:
-No, non l’ammetto, - rispose lei, e Marcovaldo già se l’aspettava.
-Perchè non l’ammetti?
-Non l’ammeteró mai. …
-Allora ammetti?
-No, no, non lo ammetto affatto!
-Ma ammettendo che tu ammettessi?
-Ammettendo che ammettessi, non ammetterei que che vuoi farme ammettere tu!
-No, no lo admito, -respodió él, como Marcovaldo ya se lo esperaba.
-¿Por qué no lo admites?
-No lo admitiré jamás.
…
-Entonces, lo admites?
-No, no, no lo admito en absoluto!
-Pero, ¿admitiendo que lo admitieses?
-Admitiendo que lo admitiese, ¡no admitiría aquello que tú quieres hacerme admitir!
Si alguien lo desea, tengo “Le cure delle vespe” (La cura con avispas) en italiano.
