Más historias del Pera PalaceErnest Hemingway llegó a Estambul en 1922 para cubrir el fin de la guerra greco-turca. No le gustó la ciudad, pero quedó cautivado con los lujosos salones del Pera Palas. En él escribió las únicas palabras amables sobre Estambul: "En la mañana, cuando uno se despierta y ve la niebla sobre el Cuerno de Oro con minaretes que se elevan sobre el, delgados y limpios, hacia el sol y escucha al muecín llamando a los fieles a la oración con una voz que se eleva y cae como un aria de una ópera de Rusia, usted tiene la magia de Oriente".
La confitería y bar del Pera vieron a Hemingway practicar uno de sus deportes preferidos: el escabio. Se permitió evocarlo en su cuento Las nieves del Kilimanjaro. El protagonista recuerda una pelea con un soldado británico por una mujer. Terminarán pasando la noche juntos: "…y se fueron a la cama y ella estaba tan bien dispuesta como parecía, pero suave, como un pétalo de rosa, como jarabe, el vientre liso, grandes pechos y no necesitaba ningún almohadón bajo las nalgas, y él se fue antes de que ella se despertara y a la primera luz del día se le veía hecho una pena y apareció en el Pera Palas con un ojo morado, con la guerrera en la mano porque le faltaba una manga.”El novelista inglés Graham Greene, otro cliente famoso, publicó en 1932, dos años antes que Agatha Christie, una novela de intriga y suspenso de mucho éxito, llevada al cine (1934) y que, curiosamente se llama también Orient Express ( en la versión en español: El Tren de Estambul). El desenlace de la novela ocurre, precisamente, en la estación de Sirkeçi a donde arribaba el mítico tren.
Orhan Pamuk, Premio Nobel de literatura en el 2006, nació en un barrio cercano a Beyoglou, en un edificio que lleva su nombre: Pamuk, no en su homenaje sino porque su familia se dedicaba a la construcción. Él mismo, antes de dedicarse a las letras, incursionó por la arquitectura.
En El libro negro son numerosas las citas que hace a lugares y cafés de las cercanías del barrio de Pera:
Si Galip quería, podía llamarlos él mismo al Pera Palas. (Cap. 9)
Mientras pasaba ante el Palacio Dolmabahaçe, Galip pensó… (Cap. 9 - 2ª parte)
Notó el frío cruzando el puente Gálata, cubierto de nieve. (Cap. 7)
Otro libro suyo, Estambul, ciudad y recuerdos, puede usarse como guía para preparar recorridos por la ciudad de los tres nombres: Bizancio, Constantinopla y Estambul. “La ciudad me gusta no por su pureza, sino porque es un lugar complejo,…” dice acerca de esa superposición de culturas que va apareciendo de barrio en barrio como capas de hojaldre de una exquisita baclava.
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