viernes, 23 de octubre de 2015

Ataúdes en viaje

Ataúdes en viaje


El mismo tema como núcleo central no es suficiente coincidencia, entre las obras reunidas hoy, para incluirlas en la serie “Con el mismo cuento…”. Sin embargo, resulta curioso que el motivo sea transformado en obras de arte tan hermosas como diversas.
Eso sí, como no se trata de comedias rosa, advierto a las personas sensibles que el contenido de las propuestas es explícitamente (in)humano. Al final, como yapa, una referencia a una ceremonia religiosa sorprendente.

Mientras agonizo, William Faulkner
Esa mujer, cuento de Rodolfo Walsh
Guantanamera, película de Gutiérrez Alea y J. Tabío

Mientras agonizo, 1930, William Faulkner
Addie Bundren muere casi al mismo tiempo que unos de sus cinco hijos termina de fabricar el ataúd en que la llevarán, durante una tormenta, sobre un carro tirado por caballos prestados, hasta el vecino pueblo de Jefferson para cumplir su deseo de descansar junto a sus antepasados.
Para lo único que el argumento tiene importancia es para ponerlo aquí en la categoría de ataúdes en viaje. Si hay algo sin valor en las novelas de Faulkner es de qué trata; cualquiera sea el tema lo singular es que el tipo construye un relato donde se hacen patentes las grandezas y miserias humanas, las relaciones sociales en el sur de los EEUU y, sobre todo, la absurda perseverancia de los personajes en cualquier tipo de tareas que los (nos) ayuden a soportar su (nuestro) paso por este mundo y permiten que vayamos tirando… mientras agonizamos.
Addie, la madre protagonista, lo dice explícitamente antes de expirar: “Mi padre decía que el sentido de la vida era preparase para estar muerto.”
La novela está contada por muchas voces en cincuenta y nueve cortos capítulos; a las de los hijos se agregan las de parientes, vecinos y el mismo padre. Un personaje hipócrita y miserable que aprovecha el viaje para comprarse una dentadura postiza y conseguir una reemplazante: “Les presento a la Sra. Bundren”, anuncia después del entierro luciendo dientes y novia nuevos y cerrando la novela. Con ironía y humor vitriólico muestra otra manera de soportar la vida: ser un cínico.


Esa mujer, 1964, cuento de Rodolfo Walsh (1927-1977)
Si El matadero es uno de los cuentos fundamentales de la narrativa argentina, Esa mujer no le va en zaga. Ambos tocan dos hitos constituyentes de nuestra identidad nacional: la violencia como punto de partida el primero y la disputa por el cadáver (esa asociación de poder con necrofilia) el segundo.
Un periodista entrevista, varios años después del hecho, a un militar involucrado en el secuestro y traslado del cadáver de Evita. Ambos tienen datos que interesan al otro y mantienen un diálogo, estéril en cuanto a acercarlos a sus objetivos si bien fértil en la caracterización detallada de lo que representan.
Pero sus méritos literarios son tan o más importantes que el tema mismo: la construcción de una ficción luminosa partiendo de un hecho siniestro, suposiciones corroboradas años después en la restitución del cuerpo a los deudos, la ambigüedad presente desde el título, la ausencia de juicios morales y el hecho de que la verdadera protagonista no sea siquiera nombrada por narrador y entrevistado contribuyen a su perfección y trascendencia.


Guantanamera, Dir. Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, Cuba, 1995, 105 min.
Con: Jorge Perugorría, Mirtha Ibarra, Carlos Cruz, Conchita Brando, Raúl Eguren.
La película es una comedia que satiriza algunos aspectos excesivamente burocráticos que complican la vida de los cubanos a la vez que muestra su creatividad y peripecias en la búsqueda de soluciones.
Yoyita, con sus 67 años, va a Guantánamo a visitar a su sobrina Gina y encontrarse con Cándido, un antiguo enamorado. Su muerte repentina hace que Cándido, Gina y su marido Adolfo, funcionario del estado, deban transportar el cuerpo a su provincia para la sepultura.
Durante ese viaje, multitud de situaciones cómicas y adversidades complican el éxito de la empresa, pues deben ajustarse a un nuevo plan de restricciones en el traslado de los fallecidos.
Los integrantes del cortejo coinciden con Mariano y Ramón quienes desde su camión compartirán casi todo el recorrido. Mariano es un antiguo alumno de Gina que estaba enamorado de ella. El inesperado encuentro agrega condimentos picantes a la aventura.
. FIN

Las fotos de la procesión de los ataúdes con personas vivas corresponde a la festividad en que los devotos de Lázaro y de Santa Marta agradecen la atención a sus demandas por la salud de familiares o de ellos mismos. Se celebra en la localidad de Santa Marta de Ribarterne, en As Neves, Pontevedra, España. Como dijo el torero aquel: ¡Hay gente pa’ tó!
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lunes, 19 de octubre de 2015

Odio - Amor (3)

Odio – Amor (3)
Como corolario de la ambivalencia del dúo Odio – Amor y de sus “escuderos” hoy agrego un listado ampliado de otras palabras que las acompañan y muestran esa ambigüedad en su aparente o concreta oposición.
Algunos diseñadores gráficos captaron esa dualidad y crearon las sutiles ambigrafías que acompañan esta nota. Alberto Apicella es el autor de las palabras en rojo y negro y, aunque desconozco al diseñador de la remera, la foto pertenece a Accordion Guy.

condena                      esperanza       
dolor /pesar                 felicidad /alegría        
tinieblas/oscuridad      luz /claridad               
mentira/falsía/vileza    verdad/nobleza
guerra/peligro              paz
veneno/ponzoña           almíbar/ambrosía
sacrificio/castigo          ofrenda/perdón
infierno/oprobio           paraíso/gloria
crueldad/escarnio         piedad/consuelo
amargura                      dulzura
conjetura                      certeza           
furia/rayo                     calma
angustia/cólera             éxtasis
espinas                         flores

Una curiosidad, para terminar: la palabra amor, en casi todas las lenguas cercanas, contiene una de las dos consonantes M o L (amar, love, liebe) que refieren a las onomatopeyas de mamar o lamer el pezón con las que las criaturas obtienen alimento y placer. El amor entendido como el acto de cuidar a otro o dar buen alimento se decía en griego antiguo: άγαπη (ágape). De allí viene el significado de comida o banquete a nuestra palabra ágape y el nombre Agapito, que significa amado.
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miércoles, 14 de octubre de 2015

Odio - Amor (2)

Acá está la pequeña selección que prometí con temas musicales que rondan el tema amor-odio:


ti voglio bene e t’odio (te quiero mucho y te odio
nun ti pozzo scurdà…  no te puedo olvidar…)
Malafemmena de Antonio Totó de Curtiss

ódiame por piedad yo te lo pido
ódiame sin medida ni clemencia
odio quiero más que indiferencia porque
el rencor quiere menos que el olvido.
Ódiame, bolero de Julio Jaramillo

Y hoy que no vale mi vida
ni este pucho de cigarro
recién sé que son de barro
el desprecio y el rencor.
De barro, tango de Piana y Manzi

…escribo contra mi parcialidad, porque forma parte de mi orgullo profesional el preferir la casi-verdad incluso a la expresión de mi casi-odio.

–¿Es que no se puede seguir queriendo u odiando todo ese tiempo? …
–No hay nada vergonzoso en sus celos, Mr. Bendrix. Para mí son siempre una prueba de verdadero amor.

Los celos, o tal he creído siempre, existen sólo con el deseo. Los autores del Antiguo Testamento eran aficionados a emplear las palabras “un Dios celoso” y quizás era su manera de expresar la creencia en el amor de Dios por el hombre.

…siento que todo mi odio vuelve a mí de golpe. El odio parece poner en acción las mismas glándulas que el amor. Hasta produce los mismos actos

Escribí al comienzo que esta era una crónica de odio y caminando junto a Henry encontré la única oración que parecía cuadrar a mi humor invernal: ¡Oh Dios, ya hiciste bastante, ya me quitaste bastante, estoy demasiado viejo y cansado para aprender a amar de nuevo, déjame en paz de una vez!   FIN
El fin de la aventura, 1951, novela de Graham Greene.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé.
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé
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Los heraldos negros, 1918, César Vallejo

Coro: Quell’innocente un fremito d'odio non ha nè un gesto (Esa inocente no tiene sentimientos ni gestos de odio).

Yago: M’ascolta: benque finga d’amarlo odio quel moro (Escúchame: por más que finja amarlo, odio a ese moro).

Desdémona: Disperda il ciel gli affanni e amor no muti col mutar degli anni (Disperse el cielo las angustias y que el amor no cambie con el paso de los años)

Otello: Otello ha sue leggi supreme, amore e gelosía vadan dispersi insieme! (¡Otello tiene sus propias leyes! ¡Qué amor y celos se hundan juntos!)
Otello, ópera de Verdi y Boito.

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viernes, 9 de octubre de 2015

Odio - Amor (1)


Mis labios la odian
porque la besaron.
La odio con toda
la fuerza de mi alma
y es tan grande mi odio
como fue mi amor.
 Rencor, tango de Charlo y Amadori
 
Odio – Amor
Desde la Biblia hasta novelas más recientes, desde el bolero al tango, desde óperas a canzonetas napolitanas el odio y el amor se muestran como complementarios o ambivalentes. El camino que recorrieron esas palabras desde sus orígenes hasta su significado actual es muy curioso, baste con pensar en el amor romántico, un concepto que tiene unos pocos siglos. Cada una con sus escuderos, los celos, el desprecio, el rencor por un lado y el deseo, la dicha, la alegría por el otro, han ido cambiando lentamente a medida que vamos civilizándonos.

La raíz indoeuropea primitiva que agrupa a lo que llamamos pasiones es eis. De ella derivan fonéticamente velocidad, pasional, sagrado, sexualidad femenina, ira e inspiración.  Esta proximidad de significados puede ayudarnos a entender el camino que fue relacionando lo sexual con lo dinámico, lo sagrado, la ira, la cólera, la guerra y la poesía.
La Ilíada comienza: 1 Canta, oh diosa, la cólera del Pélida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó… En el texto en griego la primera palabra es
Meinin, ira, cólera. Cólera promovida por los dioses y cantada por el poeta inspirado por las Musas.

Ni el odio (µíσος misos) ni el amor (άγαπη ágape – φιλίος filios) están muy presentes en los textos griegos; con mucha más frecuencia aparecen la ira y la cólera que eran, parece, las pasiones más ejercitadas.
Esa ira que servía para conquistar y destruir peligros y enemigos tenía otras derivaciones que la emparentaban con el ardor sexual femenino, el estro y la inspiración (las musas eran todas féminas). Dualidad que ha llegado hasta nuestro lenguaje en varias expresiones: “estar caliente” significa tanto estar excitado sexualmente como enojado; “me volteé una mina” (en inglés “I knocked her down” –“la puse knock out” –) mezcla acto sexual con agresividad física.

El camino para que las pasiones hayan ido pasando de su carácter divino y de motor legítimo de nuestras acciones a sus aspectos de sufrimiento y represión sería paralelo al cambio del politeísmo al judaísmo/cristianismo; a la aparición de la LEY que nos convierte en sus esclavos, culpables desde el origen y sujetos pasivos que deben controlar sus instintos. A partir de entonces se otorga a la pasión su sentido de sufrimiento, la Pasión de Cristo es un ejemplo palmario.
De modo que ahí andan las pasiones pobrecitas, debatiéndose entre sus dos antepasados, el eis indoeuropeo donde todo es inspiración, fervor, ímpetu, sexualidad desbordante y el patior latino (kwenth indoeuropeo) que remite a la pasividad y el sufrimiento judeo-cristiano.

Como dice Susan Sontag: “…no es el amor lo que sobrestimamos, sino el sufrimiento.” El culto al amor en Occidente es un aspecto del culto al sufrimiento. Y para eso ¡nada mejor que volver al epígrafe y seguir escuchando Rencor y una selección que continuará la próxima velada!

 
Casi todo, en especial lo que está bien, lo he resumido de
IVONNE BORDELOIS, Etimología de las pasiones, Libros del Zorzal, 2006, Buenos Aires
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martes, 6 de octubre de 2015

Talleres literarios - Plumas verdes

Plumas verdes o El otro yo del Dr. M.


Lo que mata no es la humedad sino la lectura de textos en el taller. Cualquier chichipío o chichipía sueña que puede escribir y se aplica a la tarea con la determinación de un converso y una voluntad de hierro. Toman la lapicera y se largan con todo atrás de una vaga idea que se les cruzó por la cabeza. Es como si el hecho de completar unas líneas los ubicara en algún exclusivo paraíso y les asegurara la eternidad o sus cinco minutos de fama.
En realidad, esos cinco minutos suyos, son cuarenta y cinco minutos míos luchando contra viento y marea con un fárrago de adverbios y adjetivos indigeribles aderezados con una salsa de egos y clichés de todo tipo. Quedo exhausto atrapado en párrafos llenos de lugares comunes acompañados por una profusión de fantasías de todo tipo: infantiles, sexuales y sueños estrafalarios.
 
¿Qué les pasará por la cabeza a sus compañeros mientras ellos leen?
En algunas ocasiones los miro sin ver y, de repente, me encuentro clasificándolos según las consabidas etiquetas: los que hacen oídos sordos, los que andan por las nubes de Úbeda, las arpías –prontas a saltarle a la yugular si la ocasional lectora es otra fémina–, las mosquitas muertas. En fin, la lista es larga como esperanza de pobre.
Los que leen parecen haber perdido la noción del tiempo y están dispuestos a persistir en la tarea hasta que se acabe el mundo. El estar en el ojo de la tormenta parece provocarles algún disfrute. Hasta que, de pronto, se hace un manto de espeso silencio: hemos llegado al final. El respetable público y la víctima esperan los alegatos y el veredicto del jurado.
Menos mal que tengo bastantes carreras corridas y que algún ansioso siempre adelanta su opinión porque si no romper el hielo, sin herir susceptibilidades, sería una ardua tarea. Si consigo superar la inercia inicial, y he tenido un buen día, diría que logro sacarle el jugo a la situación –aunque  el texto sea pesado como collar de melones–  y la cosa resulta bien nutricia tanto para el educador como para los educandos.
 
 
Ahora, digo yo, ¿por qué no se les ocurre leer cada vez que sienten la tentación de escribir? Las cifras hablan claro y son lapidarias: hay más escritores que lectores. Es imperativo generar lectores.
Digo imperativo y algo me suena mal, enseguida lo asocio con tener la sartén por el mango y eso del enano fascista que dicen que los argentinos llevamos adentro.
Saquemos lo de imperativo y vayamos a otra cosa, a algo subjuntivo, digamos. Que sea imperioso conseguir lectores. Pero planteado de este manera suena algo hipotético y se diluye en una expresión de buenos deseos. Así no parece que fuéramos a llegar a ningún lado. Olvidemos pues el subjuntivo y continuemos esto de conseguir lectores de otro modo para no entrar en una vía muerta.

Busquemos lectores vocacionales. Al final se me hace que, con un poco de benevolencia y poniendo un manto de piedad sobre sus textos, estos potenciales lectores puestos a escribir tienen la virtud de ser miembros plenos y concretos de la cofradía de las palabras. Palabras a las que no sólo lleva el viento sino cada uno de ellos en lo más hondo de su corazón.


Fernando Terreno
Sept. 2015

Las viñetas son de Omar Janaan, Forges y Otonel Guevara
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jueves, 24 de septiembre de 2015

Con el mismo cuento 37 – Manuel Puig y Tununa Mercado

Las instrucciones para hacer algunos trabajos o tareas cotidianas han atraído  a muchos autores, interesados por mostrar su oficio al escribirlas. Es el caso de los dos textos de hoy, enlazados por el relato de tareas domésticas. El mérito de relacionarlos es de Susana Pettinati, quien los aportó para esta serie.

Undécima entrega, 1969, de Boquitas Pintadas de Manuel Puig (1932-1990)
Antieros, 1987, cuento de Canon de alcoba de Tununa Mercado


Manuel Puig, escritor argentino con fuertes raíces en el cine, creó una obra excepcional llevando el uso de la lengua de un extremo al otro, parodiando el habla popular y la cultura de masas en trabajos que resultaron inclasificables para el canon oficial.
Él mismo alentaba esa confusión llamando Folletín a Boquitas pintadas, novela de rigurosa escritura, de la que tomamos este fragmento de la Undécima entrega.
La que habla aquí –mejor sería decir piensa– es La Raba, la más humilde de las compañeras de escuela de la protagonista, sirvienta y madre soltera.

Mientras hace sus tareas las enumera mentalmente, va dejando fluir sus pensamientos que saltan de un tema a otro –incluso canta pedazos de alguna canción campera– a la vez que fantasea con casarse con el padre de su hijo, que en verdad la ha rechazado y al que más tarde mata a cuchilladas.
Si el lector se toma el trabajo de buscar en el texto el ritmo adecuado encontrará que tiene una cadencia totalmente acorde al léxico y el lenguaje que suponemos en una persona de su condición. La escritura capta en modo impecable su pensamiento arborescente y resulta increíblemente femenina.

Tununa Mercado, escritora argentina, vivió exiliada en México desde 1974 a 1986. De ese período es Antieros, que con otros cuentos integra Canon de alcoba, su segunda obra, publicada en 1988. Curiosamente estos textos “mexicanos” fueron rechazados allá por “no encuadrase en los géneros y formatos” habituales y se publicaron en la República Argentina, a su regreso, como cuentos eróticos. Este, como indica el título, de erótico no tiene mucho. Sí lo tienen algunos del libro entre los que sobresale el precioso último cuento: Punto final.

Antieros, escrito como un manual de instrucciones por una narradora impersonal, cambia al irrumpir en el listado el deseo de quien está haciendo las tareas de limpieza y las intercala con las de masturbarse, con el mismo grado de detalle.
El texto está cuidado de modo obsesivo y es inquietante. Pero resulta forzado y duro en su lectura, posiblemente por tantos verbos en infinitivo. Esto, paradójicamente ya que se lo presenta como literatura erótica femenina, lo hace muy masculino.


Acá van dos fragmentos de las obras, a título de muestra, para los que deseen leerlos

UNDÉCIMA ENTREGA (Fragmento)
“Se fue en silencio, sin un reproche,
Había en su alma tanta ansiedad…”
ALFREDO LE PERA

Junio de 1939
Los pañuelos blancos, todos los calzoncillos y las camisas blancas, de este lado. Esta camisa blanca no, porque es de seda, pero todas las otras de este lado, una enjabonada y a la palangana, un solo chorro de lavandina. Las sábanas blancas, no tengo ninguna, la enagua blanca, cuidado que es de seda: se hace pedazos si la meto en lavandina. Una camisa celeste, los pañuelos de color, las servilletas a cuadritos, en este fuentón, y primero de todo los calzoncillos y las camisetas de color, los pañuelos blancos y este corpiño ¿cómo me voy a aguantar hoy sin verlo a mi nene? que es por el bien de él, guacha fría que está el agua. Una enjabonada en la batea, mi tía lavando afuera en el rancho con el agua de la bomba y se muere de frío pero en este lavadero de la niña Mabel cerrando la puerta no entra el ventarrón ¡si mañana lo encuentro dormido yo me lo despierto al Panchito de mamá!... mañana a la tarde hago los mandados ¿y después el tren toda la noche hasta Vallejos? …
Con este broche una punta de la enagua tiendo con la otra punta, otro broche con la camisa blanca de seda que no me toque las servilletas a cuadritos y mañana ya están secas ¿hará frío en la esquina con el vestido nuevo? Pero la ropa tendida adentro del lavadero no se va a poner negra de tierra. ¿Cuál es tu nombre? le van a preguntar al Panchito, “yo me llamo Francisco Ramírez, y voy a estudiar de suboficial” cuando el padre sea viejo le va a dejar el trabajo de suboficial al hijo.


ANTIEROS (Fragmento)
Comenzar por los cuartos. Barrer cuidadosamente con una escoba mojada el tapete (un balde con agua debe acompañar ese tránsito desde la recámara del fondo y por las otras recámaras hasta el final del pasillo). Recoger la basura una primera vez al terminar la primera recámara y así sucesivamente con las otras. Regresar a la primera recámara, la del fondo, y quitar el polvo de los muebles con una franela húmeda pero no mojada. Sacudir las sábanas y cobijas y tender la cama. La colcha debe cubrir la almohada, bajo la cual se pone el pijama o el camisón del durmiente. Poner en orden las sillas y otros objetos que pudieran haber sido desplazados de su sitio la víspera (siempre hay una víspera cuya marca hay que subsanar). …
Doblar correctamente las toallas, combinando, entre las del baño y la de la cara, el color más afín. (Quien limpia no debe mirarse en el espejo.) Fregar el piso, verificar si falta papel, no dejar un solo pelo en ninguno de los artefactos del baño, ni siquiera en los peines y cepillos. … Llevar la mano derecha suavemente desde la pantorrilla hasta el muslo y acariciar, confirmando que esa piel puede perfectamente competir con la pana;… Echar el polvo detergente en un recipiente de plástico, el que se usa de costumbre y hacer una mezcla espumosa con agua caliente… Pensar una vez más, como todos los días, que es una lástima no poder usar guantes de hule, aceptando, por consiguiente, el deterioro que los detergentes producen en la piel…
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lunes, 21 de septiembre de 2015

El nombre es el mensaje

 
En los nombres de sus hijos mamá y papá cristalizan sus más recónditas ambiciones. Sus amores, caprichos, deseos y secretas o públicas adhesiones a las cosas más inesperadas; desde corrientes políticas y literarias hasta divertidos juegos con palabras.

Nombres como Franklin, Lenin, Stalin mostraron desde la infancia las simpatías ideológicas de los progenitores (y, quién sabe, algún problema para sus portadores).
A este grupo pertenece Wilson Ferreira Aldunate, político uruguayo, líder del Partido Nacional o “blanco” cuyo padre lo anotó como nacido en Nico Pérez a pesar de haber nacido en José Batlle y Ordóñez “para evitarle la ignominia de tener en su documento el nombre de un político colorado”. Th. Wodroow Wilson era el presidente de los EEUU al momento de su nacimiento en 1919.

Madres y padres con simpatías anarquistas usaban poner a sus hijos nombres tomados de los meses del calendario republicano francés: Floreal Ruiz –cantor de tangos–, Germinal Nogués  –periodista– y Floreal Mazía –traductor– forman parte de este grupo.
La familia Barbisán de La Playosa bautizó a sus dos hijos varones Arístides y Alceo: sin duda algún admirador de los antiguos griegos había entre ellos.
Y qué decir de mamá y papá Expósito que pusieron a sus varones: Homero, Virgilio y Ovidio. La poesía y las letras estaban primeras entre sus gustos y aspiraciones.


Los padres del poeta Arístides Gandolfi Herrero, más conocido por su seudónimo Álvaro Yunque, deben haber sido entusiastas y divertidos: tuvieron nueve hijos y a todos les pusieron nombres que empiezan con la letra “A”: Álvaro, Arístides, Ángel, Adrián, Angelina, Augusto, Ada, Alejandro y Alcides. Ellos mismos cumplían la regla: se llamaban Adán y Angelina.

Para terminar, transcribo algo sobre el tema que me mandó el amigo Santiago Bosco, autor del blog Los Divagues del Santi  http://divaguesdelsanti.blogspot.com.ar/
“También recuerdo a la familia Vilariño.
Las hermanas de Idea Vilariño (la poeta uruguaya)  tenían nombres muy significativos:
Idea, que debió haber sido filósofa y en cambio fue poeta.
Poema, que debió haber sido poeta y solamente fue un ser sufriente y depresivo, como Idea pero sin poesía...
Numen, que buscó siempre el numen de la música sin llegar a encontrarlo.
Alma, que vivió siempre torturada por su cuerpo.
Azul, el único que haciendo honor a su nombre subió tempranamente al cielo.”

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jueves, 17 de septiembre de 2015

Clubes - Partidos Políticos - Clubes


Los Partidos Políticos son organizaciones de ciudadanos que intermedian el acceso al ejercicio del Poder Público por parte de aquellos, con ajuste a sus propias reglas y a las del sistema organizativo de cada sociedad.
Se originaron a fines del siglo XVII, a medida que las monarquías iban cediendo su poder a una base cada vez más amplia, entre individuos que se agrupaban en clubes, ateneos y sociedades con intereses que iban desde lo deportivo y lo literario a las discusiones filosóficas, políticas y religiosas. En las reuniones de esos clubes estuvo el germen de muchos partidos. Vale recordar que el “derecho de reunión” no estaba permitido y era un privilegio cuya transformación en un verdadero derecho costó (y cuesta) muchas luchas.

En Francia, mientras leudaba la Revolución, funcionaban la Sociedad de los Treinta, el Club de Valois –con sede en el comedor de los monjes Jacobinos (Dominicos), de donde tomó su nombre el ala dura de Robespierre y Cía. –; el club de los cordeliers –que se reunía en un convento franciscano (el nombre cordeleros viene de la soga que usaban por cinto) con Marat, Dantón y sus sans-coulottes, entre otros–.
En Inglaterra, luego del intermedio republicano de Cromwell, los parlamentarios se dividieron en dos fracciones, los partidarios de Jacobo II –los tories (papistas) llamados así en forma despreciativa, aristócratas que veían bien que el católico Jacobo sucediera a su hermano y los whigs (cuatreros), no menos despreciativo, formados por comerciantes y la burguesía en ascenso–. De aquellos tories viene el actual partido conservador (todavía conservan el apelativo) y esos whigs se transformaron en los actuales laboristas previo paso por el liberalismo.

















En nuestro país, la República Argentina, aquellas tertulias liminares empezaron en la Jabonería de Vieytes, donde se reunía la Sociedad de los siete  –casi todos integrantes de la Primera Junta de la Revolución de Mayo–.
Las ideas de la Revolución Francesa ingresaron a través de aquellas cofradías, de las reuniones en el Café de Marco y de los estudiantes de Charcas. A tal punto era su influencia que a los morenistas se les decía jacobinos. Para 1812 se funda la Sociedad Patriótica  y años después la Asociación de Mayo.

El camino hasta la conformación de nuestros partidos políticos actuales ha sido bastante complejo y, en general, ha ido reflejando las divisiones de formación del país (unitarios/federales) y los intereses de las diferentes clases y mayorías que han ido disputando el poder.
El Partido Peronista, el mayoritario en la actualidad, es de creación relativamente reciente: fue fundado en 1947. La Unión Cívica Radical, el más importante en buena parte del siglo XX y hoy casi desaparecido, había sido fundado en 1891 y representó en sus orígenes los intereses de los inmigrantes y la clase media en ascenso. Una gran diversidad de pequeños partidos completa el espectro, casi todos a excepción del socialismo, con pocos años de vida.
















Vale señalar lo que parece ser una historia circular en la evolución de los Partidos Políticos: la conformación de nuevos partidos alrededor de liderazgos cuyo origen está en clubes deportivos.  Así en Italia, el presidente del club de fútbol Milan (ACM) fundó el partido Forza Italia; en Argentina, el presidente del club de fútbol Boca Juniors fundó el partido PRO –Propuesta Republicana– y podemos agregar los casos de deportistas que usan su carrera deportiva como trampolín para incursionar en política.
Más allá de la circularidad de estas historias parece haber allí un punto de debate interesante acerca de lo que un Partido Político significa y esta nueva forma de intermediación incorporando personas cuya popularidad e intereses tiene otros orígenes.
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martes, 8 de septiembre de 2015

Con el mismo cuento 36 - Iniciación sexual

Abelardo Castillo, Juan José Manauta, Mempo Giardinelli


Los cuentos de hoy abordan el tema de la iniciación sexual de los varones argentinos. Los dos primeros transcurren hacia 1950 cuando, generalmente, el debut  ocurría con prostitutas. Aunque no es posible fechar el tercer cuento podemos suponer que es posterior y esta primera vez resulta menos problemática que las anteriores.

La madre de Ernesto, (1961) de Abelardo Castillo (1935, San Pedro – Buenos Aires)
Ana la turca, (1980) , de Juan José Manauta (1929, Gualeguay – 2013)
La noche del tren, (1985), de Mempo Giardinelli (1947, Resistencia – Chaco)

Más allá de compartir el tema hay en los tres una coincidencia inquietante: el deslizamiento entre la figura de la madre y de la prostituta (de la tía en el cuento de Giardinelli) como objeto del deseo de los protagonistas. Pero dejemos tranquilos a Edipo y al psicoanálisis y pasemos a los aspectos literarios de los textos.
La escritura de La madre de Ernesto es igual a la idea que los protagonistas quieren concretar: turbadora, cruel y misteriosa. Mantiene un suspenso creciente que por momentos se parece a un policial, se pone ríspida, logra decir lo inconfesable y termina con un latigazo demoledor. Está entre sus primeros escritos –el autor tenía poco más de veinte años– y nos da una acabada muestra de maestría.

El realismo de Ana la turca parece ingenuo al principio pero no es más que una manera de atenuar la traumática experiencia convirtiéndola en algo tierno, en una ficción vista desde la madurez. El autor reconocía cierto aspecto autobiográfico en el personaje de esa mujer que aparece también en otro cuento suyo.
 

En la escritura de La noche del tren hay un deliberado grado de erotismo. En 1985, cuando la escribió, hacía poco que había regresado de su exilio en México y dirigía la edición argentina de Playboy donde fue publicada. Podríamos pensar este cuento como una derivación de su novela Luna caliente, un policial erótico que ganó el premio nacional mexicano de novela en 1983.

Los tres cuentos pueden ser clasificados como literatura del interior por oponer una geografía a lo que sería la otra, la ciudadana. Los tres autores se mueven muy bien en ambos registros.
Para terminar una consideración extra literaria, algo osada; más bien una hipótesis a discutir: la diferencia fundamental sobre la iniciación erótica o sexual de los dos primeros cuentos –fechados antes de 1960– y la del tercero –que imagino posterior a 1967– tiene su origen en la aparición de la píldora anticonceptiva y su formidable aporte a la liberación femenina.

 
La madre de Ernesto se puede leer acá:
http://www.barcelonareview.com/36/s_ac_2.htm
Ana la turca pertenece al libro Los degolladores, editorial Corregidor/Diario Popular, 1996. También está en: El llevador de almas y otros cuentos, antología de cuentos de J. J. Manauta, Editorial Atril y en sus Cuentos completos, Edición de la UNER, 2013
La noche del tren se puede leer acá:
http://elpais.com/diario/1985/08/16/opinion/492991205_850215.html
Y acá:
http://www.libroyliteratura.cenit.cult.cu/descargas/2005_Mempo.pdf
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jueves, 3 de septiembre de 2015

Con el mismo cuento 35 - Charlas con el diablo

Baudelaire, Papini, Arreola


La idea misma del diablo, y su representación, ha ido cambiando por completo  a lo largo del tiempo.  De ser la encarnación del mal ha devenido en la otra cara de dios, en un ángel caído o en un reflejo de la dualidad de los humanos.
Nadie lo imagina hoy manejado los fuegos del infierno y aplicando las torturas más atroces, en eso lo han reemplazado los Estados Unidos e Israel con el uso del napalm y las operaciones de exterminio. O los países más civilizados de Europa torpedeando embarcaciones de inmigrantes, la versión acuosa de las masacres del maligno y el castigo divino.

El diablo que nos trae la literatura a partir del siglo 19 es bonachón, comprensivo y buen conversador. Así lo reflejan los tres cuentos reunidos para esta ocasión.
Por añadidura los tres tienen en común la asociación de la culpa como un límite al infinito potencial del goce y del conocimiento humano.
Descuento que disfrutarán con la maestría de sus autores que se permiten jugar con todos los artificios de su arte: la ironía y sutileza del primero, el idioma más conveniente para las traducciones según el destino del libro de que se trate, para Papini y el cuento dentro del cuento que hay en cada cuento para Arreola.

El jugador generoso de Charles Baudelaire (1821-1867)
El demonio me dijo de Giovanni Papini  (1881-1956)
Un pacto con el diablo de Juan José Arreola (1918-2001)

El jugador generoso
https://es.wikisource.org/wiki/El_jugador_generoso
El demonio me dijo
https://docs.google.com/file/d/0B0SqFwrF2t6dYVFTX1VEOXkyM0U/edit
Un pacto con el diablo
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/arreola/un_pacto_con_el_diablo.htm

Sólo en español hay más de mil cuentos con el diablo como protagonista de modo que, aunque la tentación de agregar algún otro es grande, voy a cortar aquí. ¡Vade retro satán! No quisiera que el diablo meta la cola, esto se alargue como por arte del diablo y los lectores huyan como del mismo diablo.
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