
La entrada de hoy es para recomendar a un autor argentino de libros de divulgación científica. En general, al hacer divulgación, los temas son presentados de manera muy atractiva, pero casi siempre resulta imposible desprenderse de la idea de “golpe de suerte”, o de “casualidad”, o de “final feliz”, al referirse a tal o cual descubrimiento. Eso cuando el divulgador no intenta aparecer, él mismo, como un genio o estrellita de cine, compitiendo con el propio autor del aporte científico en cuestión.
Personalmente, de los que he leído y escuchado en los últimos tiempos, quien más me ha impresionado y atrapado es, sin dudas, Eduardo Wolovelsky; autor de El descubrimiento de las bacterias y el experimento 606, Eudeba, 2003. En esta obra, muestra, en un modo simple y claro, las idas y vueltas que afrontaron las personas involucradas en el descubrimiento de esos microorganismos y en el desarrollo de las sustancias para combatir enfermedades. Comienza con el desarrollo del microscopio por parte de un comerciante de telas holandés y sigue por el camino recorrido durante más de doscientos años, hasta que se logra vincular a ciertos gérmenes, como los causantes de enfermedades en humanos y animales.
Los libros de Wolovelsky no son paquetes cerrados, se van completando con el lector que los tiene entre sus manos. En El medio interior, Ediciones Novedades Educativas, plantea interrogantes éticos o límites sobre la experimentación con animales que llevamos a cabo los humanos en el desarrollo de la medicina.
En Hombres de hielo, Ediciones Noveduc, 2006, pensado para niños (que se lee en tres minutos), relata con soltura la más dura decisión que tomó Amundsen durante su viaje al Polo Sur. Certezas y controversias, Libros del Rojas, 2004, presenta diferentes enfoques sobre el tema de la divulgación científica y deja al lector la responsabilidad de sacar sus conclusiones o seguir elaborando su propio punto de vista.
En algún otro libro y en sus charlas aparecen con frecuencia referencias al holocausto judío y al racismo, que a pesar de lo reiterativas y a cierto aire de fábula con moraleja, dejan lugar para la reflexión.
En síntesis, un autor para no dejar pasar si se cruza con él y la certeza de que estará frente a alguien que lo considera un interlocutor inteligente, con el que es posible un diálogo estimulante y enriquecedor; no delante de alguien que cree tener todo el saber, sino de una persona llena de preguntas y que estimula nuestros propios interrogantes.
Fernando Terreno
En este sitio se puede acceder a algunos de sus trabajos:
http://www.proyectonautilus.com.ar/web/
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