Los
mensajes “virtuales” son una
antigüedad que se ha vuelto a poner de moda gracias a ciertas mejoras
tecnológicas. La diferencia entre lo virtual y lo concreto está dada por la
materialidad del envío (no es lo mismo, que una mina te largue con un tweet de 140 caracteres a que te parta
el mate con el filo de la plancha).
En tiempos
primitivos todas las comunicaciones a distancia eran “virtuales”: hogueras durante
la guerra de Troya, más tarde el tam-tam de los tambores africanos o las
señales de humo entre tribus indígenas.
Luego hay un
período en que se imponen las comunicaciones “concretas” viajando en diferentes transportes: los correos y las
cartas (que tienen peso, sangre, lágrimas, color, rouge, perfume, etc.) iban y venían a pie, a caballo, en coche o
–cuando se necesitó más velocidad– llevados por palomas mensajeras.
El telégrafo óptico fue el primero de una
larga serie de instrumentos, que llegan hasta el teléfono celular, internet y la radio-televisión, en
cortar la serie y restablecer la virtualidad de las comunicaciones.
Tomando como base una idea de Robert Hooke de 1664 (“dar a conocer el pensamiento a distancia” con una especie de semáforo) los hermanos Chappe pusieron en marcha en 1794 una “línea de conexión” entre Lille y París (230 Km) con 22 torres que pasaban señales visuales entre ellas. Avistadas con catalejos y debidamente decodificadas carácter por carácter, se convertían en un mensaje. Cada signo se mantenía unos 20 segundos “en el aire” para que el operador lo pudiera leer correctamente y pasarlo a la torre siguiente para que continuara su “viaje” por la línea. Obviamente el sistema era de una sola vía o “simplex”, es decir que transmitía en un solo sentido a la vez.
De inmediato
se suman varios países entre ellos España que, para 1800, pone en
funcionamiento el tramo Madrid-Aranjuez de la línea Madrid-Cádiz. Las mejoras
en los sistemas ópticos fueron fundamentales para alargar al máximo la
separación entre las Torres-Estaciones que oscilaba entre 8 y 12 km.
Por raro que parezca ahora, el sistema se usó durante más de 70 años, las líneas alcanzaron varios miles de kilómetros y cayeron en desuso por la competencia a las que la sometió el telégrafo eléctrico a partir de mediados del siglo XIX. La línea Madrid- Irún en la frontera con Francia por ejemplo, tenía 52 estaciones (aprox. 550 Km) y la transmisión de un mensaje tardaba unas 6 horas, bastante menos que los 3 días que se tardaba a caballo pero mucho más que los pocos minutos del telégrafo de Morse.
Por raro que parezca ahora, el sistema se usó durante más de 70 años, las líneas alcanzaron varios miles de kilómetros y cayeron en desuso por la competencia a las que la sometió el telégrafo eléctrico a partir de mediados del siglo XIX. La línea Madrid- Irún en la frontera con Francia por ejemplo, tenía 52 estaciones (aprox. 550 Km) y la transmisión de un mensaje tardaba unas 6 horas, bastante menos que los 3 días que se tardaba a caballo pero mucho más que los pocos minutos del telégrafo de Morse.
De toda esa
parafernalia lo que queda hasta el presente son algunas torres en la Comunidad
de Madrid, una de las cuales, la de Monterredondo ha sido reconstruida con
esmero (se la puede visitar)
y algunas menciones en la literatura, de las cuales la más singular está en El conde de Montecristo de Alejandro Dumas (p) (Cuarta parte – Capítulo 3, El telégrafo y el jardín, o Cap. 53 si están numerados de corrido).
y algunas menciones en la literatura, de las cuales la más singular está en El conde de Montecristo de Alejandro Dumas (p) (Cuarta parte – Capítulo 3, El telégrafo y el jardín, o Cap. 53 si están numerados de corrido).
Cuando el
Conde se venga de los traidores, provoca la quiebra de su rival Danglars, banquero
y operador de bolsa, sobornando al encargado de una torre del telégrafo óptico
para que transmita un mensaje falso, haciendo bajar unas cotizaciones. Allí Dumas
expone de manera muy amena las responsabilidades del encargado y las
características del funcionamiento del engendro.
También José María de Pereda se refirió a los
telégrafos ópticos en su obra Pedro Sánchez de 1883 como pueden ver en el siguiente enlace, donde hay un
artículo muy interesante sobre los telégrafos ópticos en España del que también
he tomado las fotos y algunos datos.
La conexión
del telégrafo óptico con A. Dumas (p) la tomé de:
Los
caminos de la palabra, Ing. HORACIO REGGINI, 1996, Ediciones Galápago,
Buenos Aires.El autor de la caricatura de Dumas es de Gill.
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