lunes, 20 de junio de 2022

Sombras cantadas


Pocos temas como la sombra como fuente de inspiración artística. ¡Qué palabra tan evocadora y llena de sentidos!

Sin ir más lejos, la RAE le da 14 significados de los que elijo los dos que me resultan más potentes: la imagen que proyecta un cuerpo opaco iluminado y la aparición fantasmagórica de recuerdos o personas ausentes.

La idea es reunir aquí obras escritas alrededor del tema y como son muchas les propongo clasificarlas en musicales, poesías (no musicalizadas) y prosas varias.

Empecemos por las que fueron piezas con música:

 

Sombras nada más – tango de José M. Contursi y Lomuto

Vidala para mi sombra – vidala de Julio Espinosa

Niebla del Riachuelo – tango de Cadícamo y Cobián

Malena – tango de Homero Manzi y Lucio Demare

Vendrás alguna vez – tango de Amadori y Malerba

Quiero ser luz, zamba de Daniel Reguera

The shadow of your smile (La sombra de tu sonrisa) – canción de Johnny Mandel y Paul Webster





Sombras nada más tuvo varias versiones muy buenas como tango, pero en 1965 Javier Solís hizo una versión extraordinaria en ritmo de bolero ranchero. Acá la pueden escuchar:

https://youtu.be/UHAwnbE7sYk


Quisiera abrir lentamente mis venas...
Mi sangre toda vertirla (sic) a tus pies...
para poderte demostrar
que más no puedo amar
y entonces... Morir después.

¡Sombras, nada más,
entre tu vida y mi vida...
Sombras, nada más,
entre mi amor y tu amor!

 

De la Vidala para mi sombra, dejo los primeros versos acá:

A veces sigo mi sombra
a veces viene detrás,
pobrecita si me muero
con quién va a andar.

Achatadita y callada,
dónde podrás encontrar
una sombra compañera
que siga igual.

 

The shadow of your smile (La sombra de tu sonrisa), era el tema de amor de la película The sandpiper  (Castillos de arena), de 1965, dirigida por Vincent Minelli con Elizabeth Taylor y Richard Burton.

Now when I remember spring

all the joys that love can bring

I will be remembering

the shadow of your smile.

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jueves, 19 de mayo de 2022

Lenin - bares y cafés

 


 

Continuando con la recopilación de datos inútiles o promoviendo un nuevo tipo de recorridos turísticos (si se quiere buscarle una aplicación concreta) hoy pasamos por algunos bares o fondas donde el gran líder de la Revolución de Octubre recalaba durante sus obligados exilios antes de 1917.

Hacia fines del siglo XIX, París era un destino muy apetecido por los europeos en general y especialmente por los rusos. Coincidían revolucionarios y miembros de la nobleza zarista, músicos, artistas y bailarines, entre los que destacaba Sergei Diágilev y su compañía de Ballet Russes.

 

Lenin estuvo en varias ocasiones, una de ellas por casi 3 años. Allí se encontró con Paul Lafargue, el yerno de Marx; con su compatriota Ilya Ehremburg y con otros compañeros revolucionarios.

Solía jugar al ajedrez en la Closerie des Lilas y en el Café du Lion.

Frecuentaba las cervecerías alemanas de la zona de Montparnasse y era habitué del Café Oriental, del 11 rue d’Orleans, donde se reunían tantos compatriotas que lo llamaban Bolshevik Café.

 

Cuando Vladimir Ilich se exilió en Suiza, estuvo en Zúrich desde 1916 hasta abril de 1917, se hizo parroquiano de la Bodega Española que en 1874 fundó el español Pedro Gorgot, natural de Gerona, España.

Si alguno quiere darse una vueltita, continúa abierta igual que hace casi 150 años, impecablemente  mantenida desde su última reforma, allá por 1892, cuando le agregaron una segunda planta decorada al estilo morisco por artesanos catalanes.



Parece que Lenin también se daba tiempo para darse una pasada por el cercano Cabaret Voltaire, fundado por artistas alemanes que se refugiaron en Suiza a comienzos de la 1ª Gran Guerra, famoso porque allí surgió el movimiento dadaísta.

La Bodega Española queda en 15 Münstergasse (esquina Schoffel Gasse, como se ve en la foto).

 

Algunos datos del paso de Lenin por París los saqué del libro de Helen Rappaport, Después de los Romanov.

Los de Zúrich, de un excelente artículo de Ana Vega Pérez de Arlucea en El Diario Montañés, de Santander: “150 años de sabor español en Zúrich”. Todo el diario se destaca por la alta calidad de sus artículos y el saber de sus colaboradores. Es un placer su lectura. Hace tiempo que no tenía la suerte de leer algo de esa calidad.

 

Anexo político: en 1917, poco tiempo después de esto, Lenin vuelve a Rusia y encabeza la Revolución. Comienza la guerra Civil Rusa y Lenin se ve obligado a firmar con Alemania y el Imperio Austro Húngaro, en 1918, una paz forzosa, la PAZ de BREST-LITOVSK.

Significó la entrega de una franja de sus tierras que iban desde los territorios del báltico (Estonia, Letonia y Lituania)  hasta el Mar Negro… incluyendo Ucrania. Finlandia era una provincia rusa.

No bien se instaló la Revolución los imperios centrales empezaron a combatir a Rusia con 14 países (incluyendo territorios rusos donde armaba mercenarios)… 

¿Les suena parecido a algo que está sucediendo en estos días?

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domingo, 15 de mayo de 2022

Ian McEwan – A. Paenza

Operación Dulce ‒ Monty Hall



Ian McEwan ha escrito una novela deliciosa, donde un asunto de espionaje en el marco de la Guerra Fría da lugar a un paseo fino e irónico por numerosos “episodios” aparentemente inconexos pero que el autor engarza en forma muy entretenida.

Pasa de un tema a otro divirtiéndose en la crítica literaria, en el juego de la ficción como relato que no puede distinguir entre la verdad y la mentira; en las relaciones entre la alta y la baja producción literaria, la sátira a los Servicios de Inteligencia, a las iglesias anglicanas y sus feligreses y termina haciendo una ajustada pintura sociológica de la Inglaterra de los años setenta del siglo pasado. Para encadenar semejante dispersión de temas pone todas las tretas habidas y por haber del oficio de escribir: narrar, ocultar y luego mostrar la paloma y el truco que acaba de realizar, contándolos nuevamente al lector y arrancándole una agradecida sonrisa.




Entre muchos de esos ocurrentes episodios dispersos hay uno que llama la atención por estar alejado del tema central y por el lugar que ocupa: 2 de los 22 capítulos. Es una recorrida por un tema conocido del cálculo de probabilidades: el “Problema de Monty Hall”. Pero hasta este tema está tratado de forma impecable y rigurosa.

Comienza analizando un intento de “versión literaria” del problema para luego someterlo al escrutinio matemático riguroso y volver a presentarlo en una nueva versión corregida que suprime los errores conceptuales de la primera.

Resumiendo, una novela que seduce por su escritura llana, su inteligencia, su ironía y la benevolencia con la que el autor mira a sus personajes y a sus lectores.

 


El problema de Monty Hall ha llamado la atención de muchos comunicadores, incluso está mencionado en alguna película. Pasaron 50 años desde que Marilyn vos Savant planteó y resolvió el enigma que encerraba un juego que presentaba un programa de entretenimientos de la TV allá por 1972.

Adrián Paenza lo presentó en el año 2006 en sus columnas de Página12 y lo volvió a presentar hace poco, en marzo de 2022 en el mismo lugar. También está en su “Matemática, ¿está ahí?”

Los pueden leer acá:

https://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-64074-2006-03-10.html

y acá

https://www.pagina12.com.ar/408655-como-ganar-un-auto-con-la-matematica

 

Vale la pena mencionar que una de las formas que usó para hacer más creíble su solución contraria al sentido común, es la misma que utiliza McEwan en el libro.

 

Operación Dulce, Ian McEwan, 2012, Editorial Anagrama, Buenos Aires, 2013 

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viernes, 28 de enero de 2022

Con el mismo verso -7- Oliverio Girondo y Jorge de la Vega

La conmutación/iteración al palo

La hermandad de las poesías de hoy refleja que cuando hay talento se pueden usar las mismas ideas y los mismos ingredientes y obtener combinaciones únicas, en síntesis: obras de arte.




Oliverio Girondo (1891-1967)poeta vanguardista, autor de Espantapájaros (1932) y En la masmédula (1953) entre otros. De este último, es el conocido Poema 12 cuyo fragmento sigue a continuación:

 

Poema 12

Se miran, se presienten, se desean,

se acarician, se besan, se desnudan,

se respiran se acuestan, se olfatean,

se penetran, se chupan, se demudan,

se adormecen, se despiertan, se iluminan,

se codician, se palpan, se fascinan,

se mastican, se gustan, se babean,

se confunden, se acoplan, se disgregan,


 


Jorge de la Vega (1930-1971) pintor, cantante y creativo publicitario. Además de una obra muy reconocida en las artes plásticas en el movimiento Nueva figuración, en sus últimos años incursionó en la canción poniendo música a sus poesías surrealistas. Eran los tiempos del auge del café-concert y del Di Tella. De allí es este poema, Proximidad, que formó parte del disco El gusanito, su tema más conocido y que, seguramente, muchos recuerdan en la voz de Marikena Monti.

 

Proximidad

Estar cerca, aproximarse,

acercarse, estrecharse y abrazarse,

rozarse, bordearse y confundirse,

y ceñirse y apretarse,

apiñarse, agavillarse,

allegarse,

adjuntarse e incluirse,

hacinarse, apropincuarse y anudarse

y reanudarse, avecinarse y convivirse.

 

Unámonos, unifiquémonos,

añadámonos, sumémonos, adicionémonos,

reunámonos, liguémonos, recopilémonos,

aliémonos y enlacémonos,

conciliémonos y aglutinémonos,

adhirámonos, amalgamémonos y barajémonos

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sábado, 1 de enero de 2022

Artemio Terencio Martinoli Astengo - inventor de la plancha eléctrica

Esta es la segunda biografía donde el Lolo Amengual rescata del olvido a ilustres mujeres y hombres que forjaron nuestra nación. 

Ciudadano Ilustre

Artemio Terencio Martinoli Astengo

Físico e Ingeniero - Inventor de la plancha eléctrica.

 


 

Artemio Terencio Martinoli Astengo nació en Buenos Aires en 1860 en el seno de una familia de inmigrantes europeos adinerados.

De manifiesta inteligencia, muestra a sus seis años un precoz interés científico. El 30 de agosto de 1866, en la quinta de sus padres, en Adrogué, con la ayuda del jardinero logra hacer volar un gran barrilete del que cuelga un grueso alambre de hierro. Con el barrilete en el aire ata el extremo libre del alambre a la rama de un ombú. Había escuchado sobre la experiencia de Benjamín Franklin y quería repetir la prueba.

 

El barrilete mantenía en el aire al pesado alambre debido al fuerte viento «pampero» que soplaba. Un inesperado chaparrón obligó al niño y al jardinero a buscar refugio; mientras corrían hacia la casa, el hombre recordó que, una vez más, la tormenta de Santa Rosa había llegado con puntualidad. Refugiados en la amplia galería observan como el barrilete caracolea en la altura, cuando un golpe de luz  que los ciega es seguido por el estruendo de un trueno, cuya intensidad rompe los vidrios de algunas ventanas, ambos fenómenos producidos por la descarga de un rayo, capturado por el barrilete convertido en pararrayos. Millones de voltios descienden por el alambre y, en milésimas de segundos, vaporizan al ombú y abren un profundo pozo en la tierra.

Después de esta experiencia emocionante, Artemio Terencio supo que su vocación era la Física.

 

Alumno sobresaliente del Colegio Nacional de Buenos Aires, a su egreso fue a estudiar a Inglaterra. La lectura de las teorías de James Klerk Maxwell  lo sumergen en el naciente campo de la electricidad y el magnetismo.

Vuelto a Buenos Aires en 1888, solo el título de la conferencia que anuncia en la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales: Hacia la teoría de un campo unificado, (se refería al campo electromagnético), produjo estupor, desagrado e ira en los miembros de la Sociedad Rural Argentina, ignorantes ellos, creyeron que tal teoría encubría una solapada defensa de la reforma agraria y un apoyo a la turba anarquista que empezaba a hacer ruido.

Artemio Terencio, es injustamente crucificado por la prensa con titulares como «Imanes no, vacas si», y por un libelo venenoso, acreditado a su ex compañero de colegio: Miguel Cané, quién dice de él: «…Las opiniones de este electricista ateo justifican, para proteger a la República y respetar a la sociedad, la promulgación de una Ley que permita expulsar del país a los científicos y demás asociales…». Artemio Terencio indignado, se fue a Montevideo y pocos días después, se embarcó hacia Nueva York.

 

Hombre de fortuna, en Nueva York se aloja  en el hotel Waldorf Astoria,  donde conoce a otro huésped que allí vivía: su colega Nikola Tesla, con quién entabla una fuerte amistad, matizada con larguísimas partidas de billar, juego que ambos practicaban con destreza. Tesla, discreto, se sincera con «AT» (sobrenombre neoyorkino que adopta Artemio Terencio Martinoli Astengo, cuyos nombres y apellidos son de difícil pronunciación para los angloparlantes); le cuenta como Edison, durante lo que se conoció como «la guerra de las corrientes» hizo funcionar a su monstruoso invento reciente, la silla eléctrica, con corriente alterna (CA) promocionada por Tesla, solo para desprestigiarla frente a la corriente continua (CC), generada por el propio Edison, quien pensó que nadie querría instalar en su casa la misma electricidad que se utilizaba para ejecutar delincuentes.

 

En 1892, «AT», recomendado por Tesla colabora con George Westinghouse, junto a ingenieros y físicos pioneros como William StanleyOliver B. ShallenbergerBenjamin Garver Lamme y su hermana Bertha Lamme. La «créme de la créme» de la compañía Westinghouse, convirtida en la rival histórica de la General Electric, fundada por Thomas Edison.

 

En ese período de comunión científica creativa, «AT»,  como hobby, desarrolló (sin patentar) dos ideas revolucionarias: la Parrilla eléctrica para hacer asado sin humo, y la Plancha eléctrica que suplantaría con el tiempo a las planchas a carbón que intoxicaban a modistas y sastres o las muy peligrosas planchas a nafta, promocionadas por la Standard Oil, que solían explotar.

 

«AT», se casa en Nueva York con Imgard Marianne Charlotte Von Bürenschmidt cuyo padre, vaya coincidencia, era un fuerte accionista de la empresa alemana AEG, la cual había decidido en 1895 extender sus negocios de producción eléctrica fuera de Europa.

AEG crea la Sociedad DUEG (Deutsch Ueberzeeische Elektricitäts-Gesellschaft), inscripta en Argentina en 1898 con el nombre de Compañía Alemana Transatlántica de Electricidad CATE, que a partir de ese entonces, gracias a un oscuro contrato con el gobierno nacional de entonces, se encargará de iluminar a Buenos Aires durante el próximo medio siglo.

 

Con 40 años de edad en 1900, «AT», regresa al país y se agrega al directorio de la CATE. Durante los fines de semana, en la quinta de Adrogué que vuelve a frecuentar, deslumbra a sus amigos invitándolos a las «parrilladas eléctricas», y los asombra con sus asados sin humo. Advierte que el fluir de los voltios exalta el gusto de chorizos y morcillas, vuelve amarga a la molleja y castiga a los chinchulines que pierden su jugo y adquieren rigidez cadavérica, «producto de la concentración de ozono que modifica la tensión superficial de la grasa, que luego explota con violencia» explica «AT».

Para poder usar la parrilla, debió instalar en la quinta un generador de corriente continua de 400 voltios, accionado por un motor a vapor.

 

En 1915 «AT» decide aceptar la titularidad de una cátedra de física que le ofrece la Universidad de Edimburgo, viaja entonces a Nueva York a despedirse de sus amigos y se embarca hacia Escocia en el transatlántico «Lusitania». Nunca llegó: un torpedo alemán acabó con su vida.

 


  

Solo queda de él su retrato, que aquí se expone y una prenda gaucha, que «AT»,  vestía con orgullo cada vez que visitaba San Antonio de Areco, para jugar a la «taba»  con Ricardo Güiraldes. Se trata de una rastra criolla, con lamparitas de linterna que iluminaban cada valiosa moneda de plata que cubría la cincha, lamparitas alimentadas por dos pilas de Volta, disimuladas dentro del mango del imponente facón. Lo notable de esta rastra, hoy propiedad del coleccionista Walter Santoro, se encuentra en el florón central que forma la hebilla, ocupado por la sigla A.T.M.A. finamente cinceladas en plata, con adornos de oro. La sigla, un acróstico, se corresponde a las cuatro iniciales de Artemio Terencio Martinoli Astengo.

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No podemos asegurar que la marca comercial ATMA, de excelentes planchas eléctricas industria argentina, esté vinculado a nuestro personaje, pero pensamos que sí así fuera, sería un justo homenaje a este pionero.

 

                                                           Ciudadano ilustre / Lorenzo Amengual 5/10/2018

 

El collage es obra del autor del texto, Lorenzo AMENGUAL

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jueves, 30 de diciembre de 2021

Dalmacia Carlota Unquillo Zaninni Vda. de Palacio Ferreyra

El Lolo Amengual ha rescatado la biografía de dos argentinos ilustres (desconocidos) con importantes contribuciones a nuestra cultura. Como ustedes saben, los escritores son todos mentirosos así que es posible que alguna verdad encuentren. Una se las adelanto, la intención de arrancarnos una sonrisa, que no son tiempos estos de descartar gestos, por pequeños que sean. ¡Se va la primera!

 El autor les manda un abrazo de 3 dosis a todos sus lectores.




Heroína Cordobesa

 

Dalmacia Carlota Unquillo Zaninni, viuda de Robustiano Palacio Ferreyra

 

Descubridora del dulce de leche.

 


La frontera entre civilización y barbarie, al decir de Sarmiento, que en el Sur de la provincia de Córdoba coincidía con el cauce del río Tercero, estaba en calma desde hacía varios años. El ferrocarril Central Argentino ya unía a Rosario y Córdoba con regularidad cuando inesperadamente, en 1875, el cacique Ranquel Cañumil asoló con un malón los pueblos de Villa Nueva y Villa María.

 

En su chacra cercana a Villa Nueva, doña Dalmacia Carlota Unquillo Zaninni, viuda de Palacio Ferreyra, se encontraba en el rancho-cocina acompañada por la Panchi Iparraguirre, vasca ella, su mucama. Estaba haciendo hervir con un resto de leña, un balde de leche recién ordeñada a la que, por error, había agregado una gran cantidad de azúcar. El brasero y la olla donde se desarrollaba la cocción, ocupaba un lugar secundario y poco visible bajo un horno de barro, en ese oscuro espacio sin ventanas, de paja y barro (todo era de barro en ese tiempo de escasez material). La casa principal, algo mejor construída mostraba sus paredes de adobe blanqueadas con cal y un nuevo techo, de brillantes chapas de zinc inglesas, que suplantaba a la cubierta tradicional de «paja brava».

 

Desde lo alto, mientras engrasaba el molino recién instalado, Juan Gauna, peón, vislumbró algo inusual en la lejanía. En el alboroto de una distante bandada de pájaros intuyó la presencia artera del salvaje. Por las dudas dio la voz de alarma y corrió por las mujeres; le gustaba la Panchi. Las arrancó de la cocina y a galope tendido, las llevó de un tirón hasta lo que es hoy el pueblo de Ballesteros. Su intuición las salvó de un futuro muy duro: vivir cautivas de la indiada.

Las mujeres buscaron refugio en el campamento de la empresa ferroviaria.

 

Míster Armstrong, mandamás de la empresa, que allí se encontraba de inspección,

les ofrece protección y les brinda su propio vagón dormitorio estacionado en un

desvío, para que se repongan. Doña Dalmacia pudo entonces descansar, a pesar del agudo dolor de cintura y riñones, producto de la dura cabalgata de más de cuatro leguas que debió realizar para salvar su vida. La Panchi no se quejaba. Los Remington y los Winchester, (que no son dos apellidos anglos de alta alcurnia sino dos marcas de efectivos fusiles norteamericanos) en manos de los guardaespaldas del jefe Armstrong, les permitieron dormir tranquilas.

 

Los piqueteros del cacique Cañumil (tío segundo de San Ceferino Namuncurá), podrían ser feos a la vista, poco educados al trato, borrachos y malévolos, les podría gustar desayunar sangre de yegua, pero hay algo que no se les puede negar: eran avispados, no comían vidrio. Ellos conocían y respetaban a míster Remington y a míster Winchester, no querían verlos ni de lejos, por eso no se acercaron a Ballesteros.

 

Tres días después el malón se había esfumado en la rastrillada.

Parecía seguro regresar y doña Dalmacia Carlota Unquillo Zannini, viuda de Palacio Ferreyra y su sirvienta, Panchi Iparraguirre, vuelven a su pago como reinas, en un break largo, una jardinera de seis plazas, cómodamente sentadas y seguras acompañadas por cuatro hombres armados hasta los dientes.

 

Dalmasia se encontró con el despojo. Gallinero y despensa: vacíos; las herramientas de la herrería: birladas; caballos y ovejas: desaparecidos; los roperos: rapiñados.

Estaba triste, pero no desolada, la poca peonada que convivía en su campo junto a Oso y Pilila, su perro y su gata, habían sobrevivido al estrago, estaban vivos.

 Pensó en juntar a su gente para rezar y agradecer el milagro, fue a buscar el crucifijo de bronce que protegía su cama para improvisar un altar, descubrió que también se lo habían robado, junto a los pocos libros que tenía. Tampoco encontró la botella de caña con carqueja que escondía debajo de la cama. De la escupidera esmaltada, ni noticias.

 

Al entrar a la cocina saqueada, Dalmasia recordó al brasero y a la olla, se acercó a ellos y se dio cuenta de que nadie los había tocado. Revisó su contenido y a pesar de la oscuridad, entrevió en su interior una materia cristalizada y oscura; dedujo que la leche azucarada expuesta a un fuego muy débil durante varias horas, se fue espesando hasta que las últimas brasas se apagaron. OIía bien, probó esa sustancia dura y marrón y la sorprendió su buen gusto.

 

Dalmacia hábil cocinera, confirmó su intuición. En pocos intentos logró calibrar la cantidad de azúcar en relación a la leche, determinar el tiempo de cocción, comprobar que el agregado de vainilla, y sobre todo la acción de revolver la mezcla durante el proceso, mejoraba el gusto y agregaba una untuosidad cremosa al producto. La peonada, de paladar limitado en esos tiempos, elogió el «dulce de Dalmacia», como fue bautizado, descubriendo la buena yunta que hacía con las tortas fritas. Algunos golosos lo agregaban al choclo hervido y hasta al zapallo del puchero.

 

Una vez más la confluencia azarosa de varios sucesos aleatorios, habían generado un avance que involucraba a toda la humanidad. El arrebato del malón populista, había hecho nacer en un oscuro rincón de la Patria uno de los símbolos absolutos de la argentinidad, ese que llena de orgullo los corazones de todo argentino, argentina y argentine de bien: el dulce de leche.

 

                                                                              Ciudadano ilustre/ Lorenzo Amengual


El collage de Dalmacia es obra del autor del texto. Los fideos de la cabellera fueron deglutidos tiempo después de la ejecución de la obra. Los camembert, tiempo antes.

lunes, 22 de noviembre de 2021

Berlín - Nina Hagen - Gardel - W. Benjamin

La entrada de hoy es una crónica recobrada por su autor , Lorenzo Amengual, (mientras buscaba otra cosa). La Pulpera la reproduce con su autorización por el increíble encadenamiento de hechos aparentemente inconexos que quedan atrapados al conjuro de su relato.


Berlin ist Dufte

Si Goethe escribió: DUFT quiso decir aroma. Si Nina Hagen grita: DUFTE, en el alemán dialectal de Berlín, todos entienden algo así como “piola, está rebueno, super, genial”. La canción BERLIN IST DUFTE (BERLIN ESTA GENIAL) cantada en los años 20 Por Marlen Dietrich, fue deconstruída por Nina y la podés escuchar en Youtube.


Nina tiene razón, La vida cotidiana en Berlín estaba llena de sorpresas. Estoy hablando de principios de los 90, el muro ya no estaba. Lo punk reinaba y Nina era la emperatríz. Nosotros vivíamos en Moabit, una zona especial. La vieja cárcel todavía me atemorizaba y en el cementerio de emergencia de la esquina encontré tumbas de jóvenes comunistas fusilados unas horas antes que los rusos terminaran la faena. Abundaban en el barrio inmigrantes turcos y orientales y, algunos argentinos le habían enseñado al carnicero armenio del mercado a rescatar el matambre intacto, un corte desconocido y una proeza en ese entorno. Yo trabajaba como diseñador para España, dibujaba enamorado de Nina Hagen. quien jamás me dio la menor bola.




Mi obligación como abuelo era llevar a mi nieto a su colegio bilingüe en Savignyplatz. En ese colegio mi hija era maestra y la escuela, reconstruida después de las bombas, tenía su secreto: allí, en el viejo edificio destruido, había estado sentado el pibe Walter Benjamin, como alumno. 

Antes de entrar, los padres nos entendíamos a medias en un castellano con todos los acentos que nuestras nacionalidades aportaban, mientras los chicos jugaban en alemán.

Un padre colombiano se acercó y me dijo: —Lorenzo, mi abuelo te espera en el café de la estación. Me sobresalté, hacía tiempo que esperaba esa noticia.




Miren arriba la foto aérea. Verán que frente a la escuela corre la S Bahn, el tren elevado. En los arcos, bajo las vías, funciona una librería brutalmente atractiva y en la estrecha calle lateral está el «Café de los italianos que brindaba una obra de arte en cada pocillo «spresso».Abajo verán la escena desde el otro lado: A) asoma la fachada del colegio. (B) la S Bahn, (C) los arcos de la librería. (D) la calle lateral peatonal que llega al café.




Trascribo lo conversado con el viejo Konrad Stampa

—¿Toma un café?, le pregunté en español, a ese hombre muy anciano.

Asintió con la cabeza y agregó con una sonrisa: —a un colombiano como yo eso no se le pregunta, me mantengo vivo a café, pero no se lo diga a mi médico.

En un castellano muy fluido, pronunciado en alemán cerrado, el hombre agregó: —Me dijo mi nieto que usted quiere saber que pasó. Asentí con la cabeza.

Comenzó a contar: —SCADTA era la sigla de la Sociedad Colombo Alemana de Transporte Aéreo, la primera empresa aérea alemana establecida en Sud América y respondía a los planes expansivos del nazismo.

Mientras hacímos lugar para apoyar las tacitas sobre la mesa, el hombre siguió hablando. —Volábamos aviones Ford, unos trimotores norteamericanos de lata, muy parecidos al Fokker. —Mi amigo Hans Thom, al mando de su avión, bautizado “Manizales” esperaba a un costado de la pista de tierra, cargado de pasajeros y combustible, Hans era muy bueno volando trimotores.



—Usted debe haber sido muy joven, interrumpí.

—Tenía 14 años, había mentido la edad para ser aprendiz de mecánico, era un chico que estaba deslumbrado por los aviones y el trópico. Le dio un sorbo a su café y agregó: —el otro avión, el F-31, también un trimotor Ford, debía despegar primero. Su piloto y propietario, Ernesto Samper Mendoza, un pionero de la aviación colombiana, tenía poca experiencia con trimotores. Esos aviones tenían motores de mierda y coordinar su potencia era un arte. Además el aeródromo de Medellín podía ser complicado. Lo demás usted lo sabe, esta en el informe y salió en los diarios, la única diferencia es que yo lo vi.

Continuó su relato: —El F-31 empezó su carreteo, mientras tomaba velocidad, experimentó un ligero desvío a la izquierda que Samper corrigió, entonces dio un pequeño salto y volando a cuatro o cinco metros de altura se desvió bruscamente a la derecha, hacia donde estaba estacionado el “Manizales”. Con el ala ligeramente levantada, como para evitarlo, el F-31 intentó girar pero descendió y chocó de frente al otro avión.

—El ruido llegó después, primero vi la bola de fuego y el humo negro, grité y corrí, pero el calor no me dejó acercar. El viejo quedó callado mirando sin mirar la tacita vacía.

—Y allí murió Gardel, dije.

—Me parece recordar, agregó sin escucharme, que entre las pocas cosas que se salvaron, había una partitura con los bordes ennegrecidos de una canción: Mi noche… Mi noche…

—“Mi noche triste” completé yo,

—Si esa, dijo el hombre.



Así me lo contó el viejo Konrad Stampa en Berlín, en el Café de los italianos, que ocupaba uno de los arcos que  sostienen las vías de la S-bahn, en Savignyplatz, cerca de donde nace o muere la calle Ku-Dam.

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(1)Rara foto de Gardel dentro del avión. (2) Trimotor Ford, se los bautizó Tin Goose, «Ganso de lata».

(3) Un dibujo mío, hecho en esos dias. (4)Escena de la película «El día que me quieras» 1935. Gardel con Tito Lusiardo.  El niño que figura en la escena filmada en Nueva York, es Astor Piazzola.


Contento con la primicia del accidente, silbando un tango volví pedaleando a Moabit. (Una bici chota y oxidada maltratada por la nieve y la lluvia, podía convertirte en el rey de Berlín). Entré en la disquería del turco Endogan y, con Gardel cantándome en la cabeza se me ocurrió pregunte si tenía algún tango.

 —Estos son tangos dijo y me alcanzó un Cd. Así conocí a Ibrahim Özgür, «el Gardel del Bósforo».

Supe entonces que en los años 20 y 30 , el tango fue muy popular en Turquía. Para muchos compositores y cantantes turcos, el tango, importado de París, fue el primer contacto que tuvieron con la música “occidental”. 

Con la ayuda de músicos armenios y judíos. el tango se estableció rápidamente. En ese tiempo Estambul era una ciudad cosmopolita, con muchos extranjeros, un público elegante e innumerables cabarés. El primer hombre en ganarse una audiencia fue este Ibrahim Özgür. Nacido en Estambul en 1905. Con 16 años, se fue a Ankara a estudiar clarinete y saxofón. Terminado el estudio volvió a tocar en clubes nocturnos en Estambul.


Fundó su propia orquesta de tango y se hizo famoso por sus arreglos. En 1931 comenzó la aventura de su vida: fue a una gira de conciertos que duró siete años, llegó al Lejano Oriente.

Esa gira comenzó en Beirut y lo llevó a la India, Java, Sumatra, Singapur y Ceylán. Özgür regresó a Estambul a través de Inglaterra, donde abrió su propio club “Ates Böcekleri”, la “Luciérnaga”.

Su primera grabación data de 1938. Su voz aterciopelada daba para el tango romántico. Los tangos de Ibraim, son impecables, a veces con sonoridades propias de Pugliese, pero su naturaleza le tira, desde el fondo de su orquesta un golpe de pandereta subraya una frase y te recuerda: Estambul no es Buenos Aires. 

Después de estas experiencias solo pude gritar fuerte Berlín ist Dufte !!!




Escuchá a Ibrahim Özgür. en Youtube, especialmente cantando la delirante canción con que homenajea a nuestro país:

la canción se llama «Aryantina» y su ritmo es... brasileño.


lunes, 1 de noviembre de 2021

Terraplanistas

 

Hace más de 2500 años que se conoce que la Tierra es esférica y ese modelo ha demostrado ser eficaz y práctico para explicar el día y la noche, las estaciones, la desaparición gradual de los barcos en el horizonte, las sombras de los eclipses y muchos fenómenos de nuestro vecindario sideral.

No sólo se sabe que es esférica, sino que hace 2250 años, Eratóstenes de Cirene (una colonia griega en lo que hoy es Libia) midió el radio de la esfera terrestre y la longitud de su circunferencia. Determinó una cantidad de “estadios” equivalente a unos 40 mil Km (con un error de menos de 100 Km).

Siglos de navegación y comercio marítimo de chinos y fenicios fueron posibles por ese conocimiento. Ni hablar de las fotos obtenidas por las naves espaciales y todo lo que vino después.

 

A pesar de toda la inmensa evidencia, cada tanto vuelve a instalarse la idea de un modelo terraplanista, producido y mantenido por los sostenedores del oscurantismo, beneficiados al mantener la mayor cantidad posible de gente en el engaño y reservar el usufructo del conocimiento para unos pocos.

La persistencia del terraplanismo me anima a plantear algunas hipótesis sobre las causas de las muy exitosas campañas periódicas para volverlo a ponerlo de moda.

 

            1- En 1492, la esfericidad de la Tierra era más conocida que el tango La Cumparsita. La tierna historia de Colón convenciendo a los Reyes Católicos de que le financiaran un viaje riesgoso para demostrar que la Tierra era redonda y no para iniciar la Conquista colonial, el saqueo y robo de todo lo que pudieran, es muy simpática y digna del premio al mejor guión de Hollywood.

Lo curioso es que seguimos difundiendo en las escuelas la engañosa historieta, posiblemente porque es más fácil repetir como loros el cuentito que nos prepararon que presentar otro, lo que obliga a estudiar algo de geometría, de astronomía básica y, sobre todo, de economía política. En suma, como dice el bolero: “Miénteme más, que me hace tu maldad feliz… y me mata.”

 

            2- El modelo de una Tierra plana sostenida por elefantes  o tortugas gigantes es atractivo y simple.

Lo conoció en carne propia Stephen Hawkings y lo contó en su “Breve Historia del Tiempo”.

Una persona mayor interrumpe a un célebre científico que explicaba los movimientos de rotación en el sistema solar:

-¡Lo que usted dice es un disparate! El mundo es un disco plano que se sostiene sobre una tortuga gigante.

-Y esa tortuga, ¿sobre qué está parada…? –le pregunta el conferencista.

-Usted se cree muy vivo, ¿verdad? ¡Cualquiera sabe que hay tortugas hasta el fondo!

-¡!

 

            3- La confusión provendría de la desgraciada elección de la palabra Planeta, que en griego quiere decir “errante”, para nombrar a nuestra querida Tierra.

“Si fuera en verdad redonda como una pelota la habrían llamado Redondeta.” decía un muchacho del barrio de Flores.

Las dos últimas sólo intentan poner una nota de humor irónico al tópico.



Si bien no debemos descartar ninguna hipótesis (según aconsejan los investigadores policiales), me siento inclinado a dar mayor peso a la primera.

Entre los difusores actuales de la idea, veo especialmente a seguidores de Trump, Bolsonaro y Macri, a los que se suman actores necesitados de promoción. Tarambanas del mismo calibre haciendo el trabajo de cobertura que necesitan los nombrados para continuar distrayendo y disimulando sus tareas de saqueo.

Es una vieja táctica utilizada repetidamente por la derecha, los esclavistas, los gobiernos conservadores, para confundir y atrapar “incautos” que les permiten seguir imponiendo modelos de dominación y robo.

Al saqueo colonial lo venden como un intrépido viaje de exploración geográfica; al robo del dinero de los argentinos en el 2000 por Bancos y Financistas, Cavallo y cía. lo denominaron “corralito” (el lugar donde el bebé está cuidado y protegido); al ocultamiento de activos y a la evasión de impuestos a través de “Guaridas Fiscales” lo llaman “Paraíso Fiscal”; al dinero fugado y el blanqueo de dinero mal habido lo conocimos por los “Pandora papers”, el simpático mito, que viene con un mensaje bajo el poncho: “si destapan nuestros chanchullos les caerán todos los males.”

 

Ojalá llegue el día en que podamos poner en la gayola a delincuentes y saqueadores, así sean reyes o reyezuelos, mafiosos o contrabandistas, coimisionistas o financistas, testaferros o magistrados supremos. ¡Y que ese día no suframos la angustia de encanarlos sino la inmensa alegría de ser un poco más libres!

 

 

 

 

Gracias a Darío Fernández, Gerardo Boticcini y a Mariano Ribas de cuyas clases o artículos saqué varias de las ideas resumidas acá. Y a los que libero de las conclusiones que hice con ellas. El autor de la viñeta es Hugo Catalán.

 

 

La música que mejor va mientras se lee este artículo: Los hermanos pinzones en versión de Fontova y sus sobrinos.

https://www.youtube.com/watch?v=0PdN6M4o3vg

https://youtu.be/0PdN6M4o3vg

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