martes, 11 de junio de 2013

El Aleph y otros puntos

1
El Aleph, punto famoso si los hay. A partir de 1957, cuando J. L. Borges publicó su cuento, el célebre punto comenzó a disputarle a la primera letra del alfabeto hebreo la primacía sobre el uso de ese nombre.
Aclaró que un Aleph es uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos.
Está en el sótano del comedor –explicó, aligerada su dicción por la angustia–, es mío, es mío;…
Bajé secretamente, rodé por la escalera vedada, caí. Al abrir los ojos, vi el Aleph.

El cuento termina, desparramando reflexiones y dudas sobre la utilidad de las letras y de los dioses (esos alephs donde estaría todo/la totalidad):
¿Existe ese Aleph en lo íntimo de una piedra? ¿Lo he visto cuando vi todas las cosas y lo he olvidado? Nuestra mente es porosa para el olvido; yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la trágica erosión de los años, los rasgos de Beatriz.
FIN

2
Mi punto preferido es el de Todo en un punto, cuento de Las cosmicómicas de Italo Calvino. Es uno de su serie de cuentos fantásticos encabezados por un hecho científico, tomado sólo como idea disparadora, y comienza con este epígrafe:
            Con arreglo a los cálculos iniciados por Edwin P. Hubble sobre la velocidad de alejamiento de las galaxias, se puede establecer el momento en que toda la materia del universo estaba concentrada en un solo punto, antes de empezar a expandirse por el espacio.
Se refiere a la Teoría del Big Bang que postula el nacimiento del universo hasta su forma actual a partir de una gran explosión ocurrida hace catorce mil millones de años y está basada en los trabajos del estadounidense E. P. Hubble (primera mitad del siglo XX).

            El gran secreto de la señora Ph es que nunca ha provocado celos entre nosotros. Ni tampoco chismes. Que se acostaba con su amigo, el señor De X, era sabido. Pero en un punto, si hay una cama, ocupa todo el punto; por lo tanto no se trataba de acostarse, sino de estar en la cama… Por consiguiente, era inevitable que ella se acostara también con cada uno de nosotros. …nos acogía y amaba y habitaba a todos por igual. …
Todo iba maravillosamente en el dichoso punto hasta que ocurre el desenlace, bien italiano. La señora Ph, en un verdadero impulso amoroso, les comenta que si tuviera espacio les amasaría tallarines y ellos salen corriendo hacia todos lados…
            “¡Muchachos, qué tallarines les serviría!”… dando comienzo al concepto de espacio y al espacio propiamente dicho, y al tiempo, y a la gravitación universal, y… a las señoras Ph dispersas por los continentes… que amasan con los brazos untados y generosos y enharinados y desde aquel momento perdida y nosotros llorándola.
FIN

3
Vamos a terminar la reunión con un punto de mi flor, con un punto de otra índole. En lunfardo, punto significa tipo, persona protagonista de algún suceso.

El conventillo – milonga – 1965
música: Ernesto Baffa y Fernando Rolón; letra: Arturo de la Torre y Fernando Rolón

Yo nací en un conventillo
de la calle Olavarría,
y me acunó la armonía
de un concierto de cuchillos.
Viejos patios de ladrillos
donde quedaron grabadas
sensacionales payadas
y, al final del contrapunto,
amasijaban a un punto
p’amenizar la velada.

La pueden escuchar acá cantada por Edmundo Rivero.
 

El autor de la viñeta de abajo es Alberto Montt.
.

4 comentarios:

Susana Peiro dijo...

Encantadora propuesta que comienza a lo grande, con ese “punto” del espacio donde es posible ver el infinito. También se da en “El Testigo” (escrito con Bioy Casares) Para Dalí, por ejemplo, el punto maravilloso se encontraba en el lóbulo izquierdo de la oreja de su amada Gala; en Mozart, su “gleich alles zusammen”, era un momento en que el genio “escuchaba” todas las partes de una obra a la vez, en su cabeza. (Conste que me estoy ayudando con un excelente libro) El inefable Paul Klee aseguraba que “Asignar a un punto una virtud central es hacer de él, el lugar de la cosmogénesis”
Me gustó (mucho) tu final a ritmo de milonga.
Un abrazón.

Fernando Terreno dijo...

Susana:
Me encantó tu comentario, sobre todo eso de que "todo resume todo" (no sé como se traduce gleich alles zusammen, pero no está muy lejos -Para muestra basta un botón- o un punto de esos).
Con Puntos como los que trajiste, vamos a terminar siendo Banca.
Un abrazo y muchas gracias por el aviso.

Marossa dijo...

Gracias por el cuento de Ítalo Calvino.
Borges dice que sólo se debe leer lo que produce felicidad, (consejo que practico) y en este caso me produjo más felicidad Calvino que Borges.
Una síntesis de los tres ejemplos propuestos en el post: yo me imagino a Calvino amenizando la velada entreverado dándole al punto, y a Borges..mmm.. si no es el punto, mirando atentamente la escena,envidiando secretamente ese paraíso popular que siempre le estaría vedado:)

Fernando Terreno dijo...

Marossa:
Celebro que disfrutara el cuento ese.
Si bien es atinado lo que dice don JLB, convengamos que la buena literatura no siempre está asociada a las cosas felices (La pobre Anna K., Emita B. y otras lo pueden decir desde la otra vida "si es que, por casualidad, están allí!")
Y sin embargo hay algo ahí que nos interesa y, casi podría asegurar, no es el sufrimiento ajeno.
Ahora están dando aquí en Buenos Aires, en teatro, "Escenas de la vida conyugal" de Ingmar Bergman y el público se ríe continuamente. Para mí que a todos les mandan chistes por twitter y los leen mientras están allí.
Tengo que abortar dice la esposa y todos se ríen...
Es que parece que los expertos en marketing han determinado que lo que paga son las comedias. Y hay que darle tono de comedia a todo. ¡ieva! ¡ieva! ¡sabor!

¡Que siga la felicidad! (aunque sea dramática)