lunes, 16 de octubre de 2017

Títulos repetidos 10 – El Centinela

Alejandra Zina y Arthur Clarke


El centinela, 1948, Arthur Clarke. Publicado en 1951 en The Avon Science Fiction con el título de Centinela de la Eternidad.
El centinela, 2013, Alejandra Zina. El relato se publicó en la antología Osario común de la Editorial Muerde Muertos, Buenos Aires, 2013 y luego en el suplemento Verano12 del diario Página12.


El Centinela de Clarke, sorprende por haber sido escrito casi 20 años antes de la llegada a la Luna y 10 antes del lanzamiento del Sputnik. Luego del fracaso inicial se hizo muy conocido por haber sido incluido en una parte de la película de Kubrick 2001 Odisea del espacio. Un derroche de rigor científico y a la vez de una gran ternura e ingenuidad filosófica.

No dudo en poner a El centinela de Alejandra Zina entre los diez mejores cuentos de la literatura argentina. Muestra la indestructible y ominosa presencia del pasado en una pareja y, a la vez, en la de todos, en especial de nosotros, los argentinos. Una joya.

Se pueden leer en estos enlaces:


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sábado, 14 de octubre de 2017

Bandera Argentina - Antecedentes


Los navíos de las flotas radicadas en el Mar Adriático hacia 1804 llevaban este prospecto de las “Banderas de todas las Naciones” a fin de reconocer el origen los barcos de guerra o mercantes con que se cruzaban.
Sorprende que, en la primera línea, haya unas muy parecidas a la Bandera Argentina.
Pertenecían al Reino de Etruria ‒el antiguo Reino de Toscana‒, creado durante las guerras napoleónicas y que existió entre 1801 y 1807.

Napoleón desalojó al Rey de Toscana, acordó reemplazarlo por  Luis de Borbón, sobrino de la Reina María Luisa de España y cambió el nombre a sus dominios. El tratado de creación del nuevo Reino de Etruria y de una flota conjunta para luchar contra Inglaterra fue firmado por su hermano Luciano Bonaparte y el español Manuel Godoy cuando ya los franceses habían desalojado del poder al italiano Fernando III.
Hacia 1807 Francia se lo adueñó definitivamente, le devolvió su antiguo nombre  y Napoleón nombró a su hermana Elsa como Gran Duquesa de Toscana. En 1814, con la restauración, los napolitanos desalojaron a los franceses y repusieron al antiguo rey.

Si se observa el dibujo con detenimiento, se verá que la primera línea está reservada para la República Francesa y los reinos de Etruria y el Piamonte. La segunda para España, Inglaterra y Austria. Portugal está en la tercera y los Estados Unidos de América en la cuarta.
Podemos colegir que el General Manuel Belgrano, que estaba estudiando por esos pagos en aquellos años, tenía conocimiento de la existencia de esa bandera y seguramente simpatía por ella. Eran colores y banderas que representaban a los borbones.
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Favor hacer clic en la foto si quieren verla en detalle.

domingo, 1 de octubre de 2017

Marco Polo - Italo Calvino

Ciudades invisibles y complicadas


Cuando Marco Polo contó sus viajes -donde trajo por primera vez noticias de China, Japón y Mongolia- creó un nuevo género literario e inspiró  numerosas continuaciones, entre ellas La ciudades invisibles de Italo Calvino. Había nacido en Korčula, una ciudad fundada en la Edad Media bajo el dominio de Venecia.
La ciudades invisibles es una serie de relatos cortos donde Marco Polo le describe a Kubalai Kan –descendiente del Gengis Kan, Emperador de los Tártaros/Mongoles– la organización y la forma de las ciudades que ha visitado como su embajador.
Con los informes de Marco Polo, Kubalai Kan intenta entender qué son las ciudades, porqué tienen esa forma, qué principios rigen su diseño. La tarea no es menor y desata muchas reflexiones.

Lo mismo podríamos preguntarnos nosotros: ¿Qué es la ciudad hoy? ¿Qué intentaron ser o fueron? ¿Son una oposición entre vida nómade y sedentaria? ¿Una consecuencia de la transformación de la vida rural? ¿Cómo surgieron las megalópolis? ¿Por qué la ciudad está en crisis?
Las dificultades y contradicciones para entender el tema están  implícitas en los orígenes y la historia de la palabra misma, otro ejemplo de la dualidad de las palabras que nos vienen del indo-europeo y que significan tanto una cosa como su contrario.

En las lenguas eslavas ciudad se dice Grad (Gorod en ruso). Novi Grad, Stari Grad, Stalingrad, Novgorod, Volgograd son típicos ejemplos.
Grad viene del latín Gradus, que significa paso, escalón, peldaño (en italiano escalones se dice gradini). Y aparece lógico, porque las ciudades se construyeron alrededor de fortalezas y castillos o en lugares escarpados que necesitaban muchas escaleras para el acceso.
De aquí también deriva la palabra progreso, un concepto asociado a mejoras y a bienestar (de gradus, el verbo gradior, gressus, progreso, ingreso, entrada.)

Hasta acá todo va para adelante y arriba, pero sucede que gradus viene de la partícula indoeuropea grad que significa marcha lenta, por oposición a la partícula kur que significa marcha rápida. De kur derivan cursar y carrera (de allí viene que tomamos un “curso” para hacer una “carrera” universitaria o lo que sea.)
De modo que en el origen de ciudad, que es un asentamiento sedentario donde nuestros ancestros dejaron de deambular como nómades, está la palabra que denotaba caminar, marchar, ir hacia adelante.
¿Cómo no van a ser difíciles de entender las ciudades si la palabra significa caminar y quedarse parado a la vez?

¿En qué quedamos, caminamos o nos quedamos parados acá y fundamos una ciudad?
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domingo, 6 de agosto de 2017

Gente Mayor - 2 -

Poner el cuerpo


Toda su vida Roberto fue un maestro en el arte de esquivar poner el cuerpo. Cabía por entero en esa categoría que la gente común llama un vago, pero la calificación era totalmente injusta con él. Primero porque no era un tipo común, segundo porque toda su vida puso un gran esfuerzo en no hacer esas tareas u oficios que la gente llama “trabajar”, cumplir horarios, tener algún empleo fijo. Ese era su trabajo: poner el mayor celo y su creatividad al servicio de encontrar nichos y asuntos, en general muy bien remunerados, que generaban buenos negocios, de grandes volúmenes y pequeños esfuerzos, físicamente hablando. Para eso hacen falta, rapidez, inteligencia y buenas relaciones sociales. Estas le venían de  familia y el las supo mantener y aprovechar.

¿Había un excedente en la producción de azúcar? Él lo detectaba antes que nadie, encontraba dónde colocarlo y ponía en contacto a las partes. Después de una participación menor en el transporte aéreo de unos caballos logró interesar a unos millonarios sudafricanos en la compra de ejemplares Sangre Pura de Carrera, se hizo experto en pedigrís, los relacionó con studs de la provincia de Buenos Aires y se dio la gran vida por años. Con esas ganancias intentó cosas en el negocio del arte, pero se encontró con que había demasiados marchands, muchos de ellos mujeres y desistió rápido. Si una compañía naviera finlandesa quería hacer negocios en el Puerto de Buenos Aires o en la Zona Franca de Colonia o de Manaos el se las arreglaba para que su “oficina” fuera el teatro de las operaciones.
Respetaba a rajatabla su lema: “No hay que trabajar muchas horas porque eso no te deja tiempo para ganar plata.”

Junto con su esposa Raquel llevaban una vida social muy activa, iban al club al menos dos días por semana, se involucraban en todo tipo de actividades y los fines de semana los pasaban practicando deportes y viviendo allí. Pensándolo bien, este ocio estaba tan pautado y respetado que podría ser considerado otra forma de su trabajo, que incluía también el cuidado del cuerpo, del estado físico y de la silueta.
El ambiente era algo competitivo pero el grupo de parejas amigas cubría sus expectativas y generaba amistades genuinas. No corresponde que diga el nombre del club, no tiene importancia y hay muchos similares que más que un cambio funcionan como una continuación de las actividades y jerarquías semanales desde los viernes a la tarde. La obra que se representa tiene distinta escenografía pero los actores se reparten los mismos roles.

El tiempo fue pasando como siempre, sin dar señales, hasta que murió el marido de una pareja poco cercana. Aunque no se habló mucho, el asunto pegó fuerte al grupo. Hubo varias reacciones, aumentaron las actividades físicas, las visitas al médico y también; imperceptiblemente al principio, cierto grado de competencia como para que se terminara estableciendo una lista virtual de quienes estaban mejor y tenían a la muerte más lejos.
Esa comparación se estableció también al interior de las parejas, los cónyuges medían y evaluaban su salud y sus tiempos de sobrevida.
Roberto no fue la excepción  y también fue clasificado: su físico impecable y el poco desgaste al que lo había sometido en vida lo pusieron al tope de los que estaban mejor y de los hombres “que iban a enterrar a todos.”
Entre las mujeres, las fumadoras y las poco dispuestas al deporte y a los ejercicios aumentaron las sesiones de masajes y las caminatas, pero no fue suficiente para compensar a las de cuerpos cuidados por años de ejercicios y ocios burgueses.

Y un día murió Raquel, su hora le llegó entre las primeras.
La seguidilla continuó con otros amigos queridos, incluso uno muy cercano, Mario, cuya esposa, hacía unos años, había formado con Roberto una pareja que había hecho historia en los doble-mixtos del club.
Clara, a pesar de tener la misma edad que su marido, parecía más joven. Pero los años le llegan a todos, a ella también, y el tenis pasó a ser unos peloteos esporádicos.
Ella y Roberto siguieron compartiendo otras actividades y, meses después, anunciaron su casamiento al raleado grupo de amigos. A pesar de la cercanía, el tema generó sorpresas y un reacomodamiento de las relaciones y de las expectativas de sus miembros.

Al principio hubo una cierta euforia y todos se apropiaron de ese plus de años que la formación de la nueva pareja genera de inmediato. Algunos que estaban “sueltos” repensaron si, tal vez, no valdría la pena una prueba, al menos. Creo que hubo un par de intentos que pasaron los seis meses. Otro fue rechazado de cuajo por los familiares (herederos) que vieron peligrar sus derechos.
En un par de años, las cosas volvieron a la normalidad. Habían pasado dos años nomás, pero hay que ver lo que son dos años a cierta altura de la vida. Los que todavía comprendían sentían exacerbada la competencia y los otros… de los otros no hay mucho para decir.
Casi naturalmente murió Roberto. Un mes después, en el club, Clara estaba sentada con Miriam tomando sol y le comentó: “Creo que Roberto tenía dudas acerca del cuál de los dos iba a morir primero. Pero ahora que estamos acá, vos y yo, conversando, recuerdo un dicho que tenía siempre en la boca cuando moría alguien: “El que se muere, pierde.””
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viernes, 28 de julio de 2017

Con el mismo cuento 43 - Crímenes bien pensados

 … y mejor ejecutados.


Apollinaire, Borges, Saki (H. H. Munro)

Los cuentos reunidos hoy, absolutamente distintos, comparten las historias de unos asesinatos muy bien concebidos y ejecutados. La idea de agruparlos por su temática común es de Miss Marple, una fina lectora y asidua visitante del blog. De modo que queda aquí constancia de mi agradecimiento y de su talento.

Sredni Vashtar, de Saki (H. H. Munro, inglés, (1870 Birmania-1916 Francia)
El bergantín holandés, de Guillaume Apollinaire (1880-1818)
Emma Zunz, de Jorge Luis Borges (1899 Buenos Aires -1986 Ginebra)

Pertenecen al género policial clásico e incluyen una vuelta de tuerca adicional: la desilusión (o cierto esperanzado entusiasmo) que causan al poner en evidencia la impunidad lograda por los interesados. No encontrarán acá ese límite preciso entre malos y buenos y la tranquilidad de que los asesinos hayan quedado a buen reparo y por muchos años en la cárcel.
Si leemos policiales buscando claves que nos permitan sentirnos más seguros en nuestro peligroso mundo les adelanto que no las conseguirán pero, a cambio, tendrán un poco de humor y estímulo para nuestras fantasías más ocultas.
 

A El bergantín holandés se lo conoce también como El marinero de Amsterdam o El mono y el loro. Un juego divertido del autor, a tono con los relatos policiales de su época.  

Saki quedó huérfano de madre cuando era muy pequeño y fue criado por unos parientes puritanos, muy rígidos, en Inglaterra. Sredni Vastar, uno de sus más conocidos cuentos, además de su tema central muestra huellas de aquella dolorosa experiencia.

Borges publicó Emma Zunz en la Revista Sur en 1948 y al año siguiente lo incluyó en su libro El Aleph. Está narrado con tanta maestría que logra la indulgencia de los lectores para la protagonista haciendo que olvidemos el centro de los sucesos.
 
http://ciudadseva.com/texto/sredni-vashtar/
http://ciudadseva.com/texto/el-marinero-de-amsterdam/
http://files.lau-mirsa.webnode.es/200000010-b999eba943/EMMA%2520ZUNZ.pdf
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lunes, 24 de julio de 2017

Flaubert y Barnes

El loro de Flaubert y el de Barnes





Eduardo Berti escribió “66 notas preparatorias para una conferencia sobre el tema de la identidad”, inspiradas en las “99 notas preparatorias”, forma inventada por Fredéric Forte. Ambos pertenecen al grupo de experimentación OuLiPo, fundado en 1960, que explora la producción de obras con reglas que limitan y ponen restricciones al uso de la lengua.
Con la debida falta de respeto he intentado hacer algunos comentarios al jugoso libro de Julian Barnes El loro de Flaubert en un ejercicio similar, reemplazando “notas preparatorias” por “plumas” en uso o desprendidas del animal.

Plumas brillantes, opacas, perdidas.

1 – El loro de Barnes deslumbra, causa admiración. Su pluma ironiza, nos hace ver colores y detalles muy interesantes. Es un Ave del Paraíso.

2 – En ocasiones se excede en su mordacidad y el humor se vuelve algo vitriólico. Como cuando se pavonea en el capítulo del examen, ahí se convierte en un Pavo Real.

3 – El loro de Barnes pierde las plumas pero no las mañas.

4 – El hecho de que yo esté escribiendo esto muestra que cualquier cacatúa sueña con la pluma de los grandes plumíferos y con ser un Ave Lira.

5 – La primer pluma que le falta al Loro de Barnes es una llamada Contra Saint Beuve, de M. Proust. Incluso comienza el libro hablando del proyecto del mismo, como el de Marcel, y ronda la misma pregunta: ¿Por qué no nos basta con los libros y seguimos la vida de los escritores? ¿Por qué compramos pelos, fetiches, autógrafos, chismes?

6 – La segunda son las Apostillas a El nombre de la Rosa de Umberto Ecco. El italiano reflexiona sobre esa pregunta diciendo “El autor debería morirse después de haber escrito su obra. Para allanarle el camino al texto.”
Pero nadie se quiere morir así y menos sabiendo que la vaca todavía puede dar un poco de leche. Al fin y al cabo quién no se contradice algunas veces en su vida.

7 – ¡Qué trío de pájaros! Hay un refrán inglés que dice: Birds of the same feathers fly together  (Pájaros con las mismas plumas vuelan juntos). La anterior confirma lo pertinente de la expresión.

8 – Los diferencia cómo maneja cada uno sus contradicciones: Proust, las ignora. Dice que sólo el texto interesa y escribe un ladrillo de chismes y procedimientos criticando lo que termina haciendo. Ecco, dice que el autor “debería” morirse y dejar el camino libre pero, a pesar de esos buenos propósitos, continúa escribiendo muy solemne. Barnes las trae a la superficie, las toma en solfa y aprovecha para escribirlas y divertirse.

9 – El libro es muy borgiano en eso de no citar al inspirador, dar señales equívocas y dejar algunos pocos rastros para que el crimen no sea perfecto.

10 – ¿Qué crimen? El de escribir un libro, una biografía, algo que pretenda ser objetivo o captar la realidad. ¿Qué realidad?  Bueno, paremos acá. Todo sabemos que al fin nada es cierto… (Catulo Castillo, A Homero, tango. – Se refiere a Homero Manzi, no al griego. ¡Ojo!)

11 – Hablando de tangos hay uno que viene a cuento: Qué querés con ese loro, tango satírico de 1929, de Manuel Romero y Enrique Delfino. Lo popularizó una gran cantante y actriz: Sofía La Negra Bozán. Habla de un tipo que se engancha con una bataclana y su mujer la desvaloriza llamándola loro. Pero el tipo se las pica y se libera del yugo conyugal. Disculpas por la redundancia.

12 – El tipo sería lo que hoy llamamos un viejo verde. Ese color “verde” que se atribuye a los viejos libidinosos y a los chistes con alusiones sexuales no viene del color de las plumas de los loros sino del latín viridis que significa vigoroso y ya la usó Virgilio en su Eneida canto IV: la vejez de Dios es briosa y verde.

13 – Es que loro viejo no aprende a hablar.

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23 – Más vale loro embalsamado que cien volando.

24 – La literatura es nutricia, como la leche.

25 – La leche sale, mejor dicho la sacamos, de las ubres.

26 – Las ubres son ubérrimas. Y las palabras cambian con el tiempo. Antes uber y ubérrimo  hacían pensar en un festín de alimentos, fertilidad y abundancia; ahora, en un conflicto entre autos de alquiler y taxistas.

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32 – Una de las plumas más hermosas del loro de Barnes es la irónica puntualización de las diferencias entre “coincidencias” y “casualidades” en las investigaciones de los biógrafos sobre sus biografiados. El delirio los lleva a ver cosas donde no hay nada. (Cap. 5)

33 – Otra pluma brillante es la del capítulo 3: el biógrafo se encuentra ante la imposibilidad de escribir la biografía de Flaubert pues su fuente principal, unas cartas que iba a adquirir, fueron quemadas. El narrador cambia y termina hablando de sí mismo, escribiendo su autobiografía.

34 – Lo anterior está en línea con esa idea de que leemos para ir seleccionando partes de nuestra biografía. Buscando nuestra propia identidad.

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39 – Los lectores disfrutamos del virtuosismo de Barnes que maneja la zurda y la derecha con igual contundencia. Tan pronto te tira un cross certero de teoría literaria como un uppercut de ensayo o te hipnotiza contando un viaje en transbordador. Además ya ha encontrado un hobby para cuando cuelgue la pluma: la taxidermia.

40 – El pobre loro termina todo desplumado. Las polillas y el paso del tiempo se ensañaron con él, tan cruelmente, como los escritores con sus venerados precursores.

Fernando Terreno
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jueves, 20 de abril de 2017

Gente mayor


A partir de cierta edad, junto con los años, llega una sensación de impunidad. Se manifiesta en formas muy variadas: adelantarse en la fila del banco, cruzar la calle por donde sea o cuando el semáforo acaba de cambiar, hacer comentarios –en general a desconocidos– que no se hubieran permitido en otros tiempos. No todos los mayores sufren estos impulsos de guardadas rebeldías pero, cuando llegan, no discriminan sexo: ocurren tanto en mujeres como en hombres.

Algunas damas lanzan piropos directos y subidos de tono a sus circunstanciales interlocutores, sin discriminación de edades y situaciones, causando intrigas y sorpresas.
Otras veces, los comentarios son francamente provocativos. Señores que uno diría serios, desordenan estanterías de negocios, trastocan etiquetas o sustraen honorablemente una perilla del artefacto en exhibición. Pareciera que, más que buscar una reacción del aludido/a, quisieran reafirmar su autoestima o dejar sentada una demanda de atención, de decir “todavía estoy aquí y…”

Claro que esa repentina osadía tiene sus límites, las palabras se dicen a media voz, la perilla se deja escondida en otra estantería ante la menor sospecha de haber sido visto, la caca del perro, que se pensaba dejar como regalito, se recoge velozmente si aparece algún vecino a la vista. Hay suficiente experiencia en los actores como para evitar ser sorprendidos con el cuerpo del delito, desentenderse ante el menor atisbo de que la situación se puede complicar y un especial talento –que también se desarrolla en paralelo– para hacerse los zonzos.

Un señor había tomado la costumbre de cambiar en el supermercado las pequeñas etiquetas con el precio y ponerle a un vino de calidad las del vino Toro, el más barato por esos tiempos. Los códigos de barras no habían aparecido todavía. Metía una botella en el resto de su compra, pagaba y luego, en su casa, la disfrutaba con multiplicado placer. Repitió la operación algunas veces hasta que la cajera, harta, separó la botella, lo miró fijamente y la facturó al precio real sin dejar de mirarlo.
–De acuerdo, –dijo como un chico retado por la maestra y no volvió a repetir la maniobra.

Tiempo después, en la fila de cajas del mismo supermercado, solía hacer algunos comentarios, en especial si la predecesora era una mujer y más aún si era bonita. Los decía en piamontés y en un volumen que podía ser escuchado por la destinataria o no. Creía que al hacerlos en el dialecto aseguraba su impunidad y quedaba protegido ya que era poco probable que alguien lo entendiera.
¡Barda che sei comaira! (Mirá que sos flaca.) –dijo un día, seguramente interesado en la silueta de su antecesora. No obtuvo ni un gesto ni un movimiento de recibo por su mensaje. Entonces, seguro y envalentonado, prosiguió en piamontés:
–Cuando esté arriba tuyo esos huesos me van a pinchar por todos lados.
La esfinge se dio vuelta, lo miró de arriba abajo y, sin inmutarse, dijo en perfecto castellano:
–Vos tampoco sos muy gordo.
Dejó las compras en el carrito y abandonó el campo de batalla a toda velocidad. Cuando llegó a su casa todavía le duraban las palpitaciones.

Las historias son de primera mano. Me las contó el propio protagonista, un señor conocido, mi padre.
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viernes, 17 de marzo de 2017

Junot Díaz

La maravillosa vida breve de Óscar Wao de Junot Díaz



Una novela norteamericana
La vida de Óscar, norteamericano hijo de dominicanos, un nerd angustiado por la obesidad, la marginación y los problemas de la adolescencia a los que trata de conjurar con su afición por la literatura, se entreteje con la saga de la familia de León y la historia de la República Dominicana, en especial desde 1930, con la llegada del dictador Trujillo al poder.
Escrita originalmente en inglés, la novela saca ciudadanía norteamericana con su historia de minorías, de inmigración, de seres marginales. Sus personajes son los continuadores de los de Tobacco Road, de El corazón es un cazador solitario, de Mientras agonizo y de la literatura norteamericana posterior a la crisis de 1929.  El vacío, la falta de trabajo y la frustración de aquellos personajes se han transformado en adicción a series, películas, la play, los jueguitos –el protagonista está en los finales del siglo XX–, pero la alienación y el sinsentido son iguales.


Se destacan la multiplicidad de voces y relatores, unas notas al pie que funcionan como crónica separada en las que cuenta la “verdadera historia” de la RD, el lenguaje y la fluidez del relato, al punto de dejarnos convencidos de que los dominicanos en Nueva Jersey hablan así.
Sin haber leído el original en inglés, imagino que la traducción es muy buena y facilita la lectura en ese español contaminado que al cabo de pocas páginas nos resulta muy familiar y hace que lo aceptemos por entero. Muy bien resuelta la dificultad de escribir en ese habla que no alcanza a conformar una lengua pero mezcla deliciosamente a ambas. Está explicitado desde el vamos por el autor con el epígrafe de Derek Walcott.


Un párrafo aparte para la buena intención de contraponer la novela a La fiesta del chivo (págs. 93 y 129), donde Mario Vargas Llosa publicita la versión de la CIA sobre la historia trágica de la República Dominicana. Su “verdadera” historia, bastante ajustada a los hechos, se deshace un poco cuando cae en la misma trampa que nos tendió MVL y nos dice que eso fue una “culocracia” y todo sucedió porque Trujillo era un cogedor insaciable (págs. 228/229).
Sabemos que fue una tiranía brutal, prohijada por los EEUU, y parte de un plan sistemático que incluyó a Somoza en Nicaragua, Batista en Cuba, Pérez Giménez en Venezuela, Trujillo en RD, etc. etc., con el objeto de continuar sus políticas de robo y saqueo, como lo sigue haciendo en la actualidad.


Entre los puntos menos agraciados puedo señalar: una diferencia demasiado grande en el tamaño de los capítulos que  desequilibra la estructura (varios personajes tienen más peso que el supuesto protagonista), un notorio ir de mayor a menor (el primer tercio fluye y atrapa; el segundo se muestra reiterativo, y el final es vacilante, parece que no lo puede cerrar, explica demasiado) y que los personajes sean demasiado planos (permanecen iguales a lo largo de todo el texto).

Me habían dicho que es una novela de un escritor dominicano y que resultaba un hecho auspicioso para la literatura latinoamericana. Esto no es así, en absoluto. Es una novela norteamericana, que expone la visión que desde su cultura, vida y formación en EEUU tiene un escritor norteamericano, inmigrante, de origen dominicano sobre la diáspora y el país de sus ancestros. Pensar otra cosa sería tan ingenuo como considerar a Gonzalo Sánchez de Losada un presidente boliviano. Nada de esto invalida la novela: ficciona, resulta creíble y entretiene. El autor muestra su manejo del arte de la escritura –en la mejor tradición de la literatura norteamericana– dialogando con el lector (págs. 163, nota 17, 129), alternando humor y tragedia, mostrando la circularidad de las historias, la imposibilidad de escapar al destino y al eterno retorno. Una historia bien contada que nos lleva por caminos que vale la pena recorrer.

PD -Al final hay una perla: en el insufrible listado de agradecimientos que remarcan como otro sello más la ciudadanía norteamericana, está Farhad Ashgar, el director de cine iraní que 10 años después ganaría el Óscar y al que Trump impidió retirar el premio.
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