sábado, 14 de abril de 2018

Con el mismo cuento 48 – Jardiel Poncela y Noel Coward

Hasta que la muerte nos separe (y más allá también)















Un marido de ida y vuelta, 1939, de Enrique Jardiel Poncela, español, (1901 -1952)
Un espíritu burlón (Blithe spirit), 1941, de Noel Coward, inglés (1899-1973)

Las comedias de hoy tienen como base unas parejas de viudos ‒reincidentes en el matrimonio‒  y la presencia de los fantasmas de sus primeros cónyuges, empeñados en deshacer esas uniones y complicarles la vida. En el primer caso es Pepe el aparecido y en el segundo Elvira, pues la situación está invertida.
Me enteré del plagio/coincidencia por el prólogo de José M. Torrijos a un libro de Enrique Gallud Jardiel, nieto de Jardiel Poncela: Vidas de gentuza, recién salido del horno.

El asunto es bien conocido en España y ha sido comentado ya en varias ocasiones, de las que he seleccionado esta que me ha parecido tan rigurosa como bien escrita por Marcos Ordóñez:
Además viene con una yapa: una semejanza muy grande entre una canción de Jardiel Poncela y una de Cole Porter, digamos una “devolución de atenciones” o “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”.
Como decía muy bien Enrique González Tuñón: “En el arte no hay influencias, hay fatalidades de la afinidad.”



Para los que el nombre de Enrique Jardiel Poncela, prolífico dramaturgo y escritor español, les resulta poco conocido, dejo este otro enlace a un artículo sobre un merecido homenaje teatral que se le tributó:
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jueves, 5 de abril de 2018

Hexagrama 16



Hexagrama 16
 Se conocen desde hace muy poco y, como amantes sin experiencia, nada saben uno del otro. Quizá ella teje su velo nupcial mientras él vuela en las alas del deseo, ciego en su pasión.
Ella mueve los hilos con gracia y seguridad y la red va surgiendo prodigiosa. Él la corteja fascinado, sorprendido por los sublimes aleteos de su corazón.
Ceremoniosos y aplicados, los dos ponen toda su destreza en las tareas. Cada uno con un entusiasmo diferente, casi ajenos, misteriosamente sin recelos.
El entusiasmo de ella es el de alguien paciente y seguro; tejiendo un bordado conocido, deteniéndose cada tanto a reforzar algún nudo, entregada a un mandato atávico, sin apuro. Muy distinto del entusiasmo de él, que lo devora, lo empuja en acrobáticos arrebatos y lo muestra ridículo en su conducta. Parece gozar por anticipado cada vez que la mira, temerario, casi rozándola, mientras ella se oculta, cercana e indiferente. Hasta que, como un loco, arremete obstinado y se da cuenta de que ha entregado algo más que su alma: está atrapado entre esos hilos. Apenas puede moverse. El recuerdo de la libertad es lo único que le queda.
Ella se acerca, caminando con pericia, sobre la tela que ondula suave en la brisa de la tarde, lo observa y calcula que hay comida para rato.
Fernando Terreno
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domingo, 1 de abril de 2018

Títulos repetidos 13 - F. S. Fitzgerald y R. Piglia

Tierna es la noche
Tierna es la noche, 1934, novela de Francis Scott Fitzgerald (1896-1940). También editada como Suave es la noche, del original inglés Tender is the night.
Tierna es la noche, 1967, cuento de Ricardo Piglia (1940-2017), de su primer libro Jaulario, luego publicado como La invasión, en 1967 y reeditado en 2006.

La novela es un romance enmarcado en los locos años 20, donde se describe la invasión/conquista de Europa y la Costa Azul por parte de la alta burguesía estadounidense que no sabía qué hacer con su dinero, producto de las enormes ganancias obtenidas con la Primera Gran Guerra. Una crónica del final de esos tiempos que terminaron con la ilusión de un mundo feliz y llevaron a la crisis de 1929. El autor, que venía del éxito de El gran Gatsby en 1925, vivió desde entonces un período de grandes fracasos personales y económicos. Aunque tardó ocho años en escribirla, la indiferencia con que fue recibida operó como otro escalón en su caída. Todo se derrumbaba, menos su talento de escritor, aunque el reconocimiento llegara años después de su muerte.
Para muestra basta un botón. Acá van el comienzo, una página intermedia de Suave es la noche y el final de El Gran Gatsby:

…se alza orgulloso un gran hotel de color rosado. Unas amables palmeras refrescan su fachada ruborosa y ante él se extiende una playa corta y deslumbrante. Últimamente se ha convertido en lugar de veraneo de gente distinguida…

…cuando la dejó ante la puerta desolada y ella se volvió para mirarle, comprendió que desde aquel momento y ya para siempre el problema de ella era de los dos. (144)

Y seguimos luchando, como barcos contra la corriente, atraídos incesantemente hacia el pasado. (So we beat on, boats against the current, borne back ceaselessly into the past.)
En la entrada del 8 de marzo de 2018, Con el mismo cuento 47, hay una pequeña reseña. El que quiera una más detallada, puede leer lo que Enrique Vila Matas escribió en su blog, una bella y precisa síntesis de la novela. Dejo más abajo un enlace a la misma.
Fue llevada al cine en 1962 con Jennifer Jones y Jason Robards en los papeles de Nicole y Dick Diver, la paciente rica y su médico-marido dirigidos por Henry King.


El cuento de Piglia está dedicado a Fitzgerald, pero cuesta un poco encontrarlo allí. He leído la primera versión, me han dicho que la última tiene correcciones del autor que lo mejoran. Incluso ya no tiene la dedicatoria y el mismo Piglia en el prólogo a la reedición dice “… su título es un testimonio de mi admiración por Scott Fitzgerald aunque, para decir la verdad, el tono deriva de The Subterraneans de Jack Kerouac y sobre todo de la última frase del libro: And I go home having lost her love. And write this book.”
Es el fin de una historia de amor, trágica, de lo que queda y de la imposibilidad de separar la fragilidad del recuerdo de las fragilidades personales. En ese sentido sí es una historia como la de las heroínas de sus admirados F y K, en especial en la obsesión de dejarlo escrito.

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viernes, 23 de marzo de 2018

Títulos repetidos 12 - Rafael Guillén y Mario Goloboff

Caballos por el fondo de los ojos











Caballos por el fondo de los ojos, poema (1969) de Rafael Guillén.
Caballos por el fondo de los ojos, novela (1976) de Mario Goloboff.

Rafael Guillén es un poeta granadino, Premio Nacional de Literatura de España, con una obra muy amplia. También ha escrito ensayos, narrativa y otros géneros.
Para 1969, un par de jóvenes escritores –Vicente Batista y Mario Goloboff– le pidieron una colaboración para la Revista Nuevos Aires que acababan de fundar.
Mandó Caballos por el fondo de los ojos, un conmovedor poema sobre la tristeza que impresionó lo suficiente a Goloboff , al punto que tomó unos versos para el epígrafe y el título de su primera novela publicada pocos años después.
Acá dejo un enlace donde pueden leer el poema tal como salió en el Nº1 de la revista. Hagan clic aquí y vayan a la página 46.


La novela tiene la escritura experimental de la época en que la búsqueda de nuevas formas era un imperativo. El mismo autor ha dicho que tenía cierta influencia de Macedonio Fernández (“Es algo macedoniana.”) Tengamos en cuenta que hacía poco había salido Rayuela y, tengo para mí, que la mayor presencia es la de Unamuno y su Niebla, a la que podemos presentir es esos diálogos en los que el “autor” dialoga con sus personajes y en los numerosos cambios del narrador. También hay una mezcla de géneros como una forma de hacer una obra que englobara toda la escritura.
Las obsesiones que acompañan al autor en su vida están claramente presentes en esta su primera obra: la identidad, la lengua, la patria, la cuestión judía, la melancolía, las pasiones, la eternidad.
Entre todas elijo esto, referido a las dos primeras: uno de los epígrafes de Semillas (pág. 26)
            El que no ha sentido el drama que se juega entre la cosa y la palabra, no podrá comprenderme.  Vicente Huidobro

Y esta reflexión de inmigrantes recién llegados al país, con la esperanza de que la palabra traiga bienestar y sea como el maná cayendo sobre ellos:
            Hacer un hogar con el idioma para que esta tierra no se niegue. Porque si no, todo es igual en la uniformidad, ajeno. 
Estamos juntos pero nos falta el hilo, el lazo que iguale.


A Mario Goloboff , escritor y docente universitario, como gusta definirse, lo podemos encontrar a menudo en las contratapas del diario Página12. Ha escrito Criador de palomas, novela, Aguerridas musas, crónicas y unas biografías: Leer Borges y Leer Cortázar reeditadas recientemente.
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sábado, 17 de marzo de 2018

Con el mismo verso -6- César Tiempo y Guido Spano


La argentinidad al palo
La hermandad de las poesías de hoy está en los diferentes modos de pensar la construcción (y de apropiarse) de la “identidad nacional”.

 














Carlos Guido y Spano (1827-1918) es el autor de Trova, un largo poema de 1895, que empieza y termina así:
He nacido en Buenos Aires,
¡Qué me importan los desaires
con que me trata la suerte!
Argentino hasta la muerte,
He nacido en Buenos Aires.

César Tiempo (Israel Zeitlin, 1906-1980), respondió con una demoledora muestra de talento, ironía y humor: soy Argentino hasta la muerte, nací en Rusia. Es decir soy un inmigrante, tan inmigrante como vos, aunque hayas nacido acá, tus ancestros –los apropiadores de la Patria– eran también inmigrantes. Escribió esta parodia de la famosa estrofa:

¡Yo nací en Dniepropetrovsk!
No me importan los desaires
con que me trate la suerte.
¡Argentino hasta la muerte!
Yo nací en Dniepropetrovsk.

Lo voy a decir con un chiste cordobés: –Negra, no te hagái la despeinada, que soi de Via Azalais.
En esta época, de chauvinismo explícito, me pareció interesante repasar estos temas, así como sería bueno recordarle a nuestro presidente –promotor de una campaña para cobrarle a los inmigrantes la atención en los hospitales– que empiece por cobrársela a su propio padre, inmigrante siciliano.

En esta puja terció también, César Fernández Moreno (1919-1985), hijo del gran Baldomero –el de “Setenta balcones y ninguna flor…”–, con su intento de construir la nacionalidad logrando una identidad estética propia que incluya a “los otros”; a lo autóctono, a lo extranjero y a llevar esa discusión a la esfera pública.
Escribió Argentino hasta la muerte (ed. Sudamericana, 1963) un largo poema que desde el título refiere directamente al tema y es una larga autobiografía que llega hasta los tiempos en que no había país ni acá ni en la península ibérica.
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lunes, 12 de marzo de 2018

Restaurantes y afines

Tengo ganas de cenar, de modo que, con el permiso de ustedes, voy a buscar un restaurante cercano y enseguida continuaremos divagando sobre cualquier cosa que venga a cuento. Ya lo dice el refrán: “Panza llena, corazón contento”, por lo que ¡allá vamos!

La búsqueda se está complicando, parece que no hay restaurantes por esta zona. Hay unos establecimientos dedicados a dar servicios similares, pero llevan otros nombres:
Bistró, Brasería, Trattoria, Bar Notable. Como la oferta es amplia, saco mi celular y busco un buen diccionario de sinónimos y alguna aplicación que venga en mi ayuda.
¡Para qué! La lista se agranda con Bodegón, Comedor, Parrilla, Chivitería, Taberna, Morfódromo, Chifa, Cafetería, Figón, Fonda, Mesón, Posada, Pub, Boliche, Pizzería, Cantina.

La idea de “comer afuera” es de los finales de la Edad Media. Hasta esos tiempos se comía “adentro” de las murallas, de los palacios, de las residencias y los conventos. Las industrias nacientes y los caballeros que se trasladaban dieron lugar a los primeros establecimientos donde comer –a veces la propia comida que se traía–, como las ventas que aparecen en los libros de caballería o los caravasar de la Ruta de la Seda.
París pasa por ser la cuna de la gastronomía y los restaurantes; en realidad cuando aparecieron en Francia hacía muchos años que en Londres florecían las taverns, frecuentadas por la clase alta, .

Venite ad me omnes qui stomacho laboratis et ego vos restaurabo (Venid a mi todos los que tengan el estómago cansado y yo los restauraré)
Ese cartel puso frente a su negocio, cercano al Louvre, un comerciante que servía caldos, consomés y otros potajes con los que sus clientes recuperaban fuerzas y buen humor, vino mediante. Así nació el primer Restaurante, poco antes de la Revolución. A partir de allí se multiplicaron y la alta cocina salió de los palacios y sentó baza en ellos.
Todavía quedan algunos que vienen desde aquellos tiempos: La tour d’argent, Procopio, Polidor.
Este último, fundado en 1845 como Crèmerie Restaurant Polidor, sirve todavía hoy vino en jarra y un espectacular Boeuf bourguignon por menos de 15 € con postre incluido. Eso sí, en efectivo: un pizarrón advierte ¡desde 1846 no aceptamos tarjetas de crédito!


Amigos, los dejo, trataré de hincar el diente en cualquier negocio que me sirva algo digerible, dejando de lado cualquier consideración acerca de la denominación del local, su etimología y el nombre aristocrático con que bauticen a la milanesa que quiero comer.
Entro a uno elegido al azar, pero la suerte es grela: encuentro que, además de aguantarme toda la sanata posmoderna, ¡la puta, había show!


Las imágenes son de Quino y de Pablo Caprarulo.
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jueves, 8 de marzo de 2018

Con el mismo cuento 47 - El pequeño Gatsby

El gran Fitz y el gran Tabucchi


Suave es la noche, de Francis Scott Fitzgerald, novela (1934)
El pequeño Gatsby, de Antonio Tabucchi, cuento de su libro El juego del revés (1981)

Las obras de hoy hablan del (sin) sentido de la vida, del futuro que retrocede, de la imposibilidad de satisfacer el deseo, del desasosiego, los recuerdos y, a pesar de todo eso, de las pasiones que nos mueven, en especial la de los escritores y su necesidad de dejarlo todo escrito, bellamente.


El cuento de Tabucchi es una muestra de rendida admiración por el gran escritor norteamericano, un homenaje merecido y apasionado. Es un lector/escritor que repasa su vida y la de sus amigos asignándoles los personajes de Suave es la noche, mientras trata de escribir un cuento propio. En esa tarea va recortando fragmentos de su admirado y de otros, como Virginia Woolf (un fragmento de Al faro) y logra un clima en que el “tiempo es pérfido, nos hace creer que nunca pasa, y cuando miramos hacia atrás…”
Y termina su obra, con “…un final de Fitzgerald, naturalmente.”

La novela es un romance enmarcado en los locos años 20, donde se describe la invasión/conquista de Europa y la Costa Azul por parte de la alta burguesía estadounidense que no sabía qué hacer con su dinero, producto de las enormes ganancias obtenidas con la Primera Gran Guerra. Hay lugar para descripciones magníficas, retratos sociológicos, un repaso del estado del Psicoanálisis, la Psiquiatría, y las clínicas para enfermos mentales y unas descarnadas y filosas descripciones de las aristocracias europeas y estadounidense.
Formalmente impecable, con su toque misterioso que se revela en algún momento, y con unos cambios temporales que sobreponen y revisitan los mismo hechos, fue llevada al cine 20 años después de la muerte de su autor, en 1962, para la época en que Hollywood lo puso de moda.
Si bien todo gira alrededor de la pareja de Nicole y Dick Diver, las voces de los demás protagonistas tienen un gran peso y se sostienen en diálogos permanentes matizados por un narrador que a veces parece desaparecer. La evolución de los personajes es, quizá, lo más extraordinario de la novela.   
El nacimiento de las estrellas de cine, el descubrimiento de playas exclusivas y hasta una corta descripción del Tour de France, todo es una joya, es difícil encontrar partes olvidables. Aún en lo minucioso y detallista, el relato es exacto, económico y, sobre todo, bello.

El juego del revés acá:
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sábado, 3 de marzo de 2018

Títulos repetidos 11 - El candelabro de plata


Alberto Guerchunoff y Abelardo Castillo


El candelabro de plata, Abelardo Castillo. Cuento, de 1961, de su primer libro Las otras puertas.
El candelabro de plata, Alberto Guerchunoff . Relato, de 1936, de su novela Los gauchos judíos (1910/1936).

Guerchunoff publicó su novela para el Centenario de la declaración de la Independencia. En realidad se trata de 24 relatos cortos que muestran las vicisitudes de la inmigración judía en sus intentos de integración de las dos culturas, las de sus orígenes y la del país que los recibía. Para la 2ª edición de 1936 agregó dos relatos más, uno de ellos El candelabro de plata, cuando ya eran insoslayables los actos antisemitas prohijados por sectores del gobierno.
En su modesta casa de Colonia Rajil, en Entre Ríos, el Rabí Guedalí está cumpliendo con las oraciones y los ritos del sabath cuando le roban un candelabro de siete brazos y él no hace nada, se limita a intercalar entre sus rezos una imprecación al ladrón: No… es sábado, es sábado… Al regresar su mujer, le reprocha vivamente su pasividad.

El protagonista del cuento de Castillo, por el contrario, no es creyente y aprovecha la celebración de otro rito religioso –las fiestas de la Navidad cristiana– para dar rienda suelta a sus pulsiones más primarias. Un inmigrante es también acá la víctima propiciatoria, el que le ayuda a cumplir, involuntariamente, su irrefrenable deseo.
El contraste por oposición entre ambos relatos queda bastante a la vista. Hay homenaje en la amorosa parodia y referencias varias para que el lector disfrute.
Una de ellas, “…con una ternura infinita, poniendo toda mi alma...”, me hizo recordar a la milonga humorística Amablemente. Disculpas por mención tan inoportuna, frente al próximo 8 de marzo y el paro/día internacional de las mujeres. 

La lectura de ambos permite cotejar los modos y el manejo del oficio por parte de dos representantes de momentos tan creativos como diferentes de nuestra literatura.

El candelabro de plata (Guerchunoff) se lee aquí, pág. 173.

El candelabro de plata (Castillo) aquí
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sábado, 10 de febrero de 2018

La profe de Literatura - Humor


La "vieja" de literatura pegó, en el transparente del aula, las evaluaciones de sus alumnos:

·         Oscar, Ester y Nair: Han salido primero, segundo y tercero en las conjugaciones. Pero esto no es algo definitivo, es infinitivo.
·         Primo, Segundo y Séptimo: Por favor respeten la orden, no el orden. Les pedí que se mezclen, no que se numeren.
·         Armando y Fernando: ¡No se hagan los gerundios! Sigan trabajando duro y lograrán sus objetivos.
·         Eugenia: Para integrarte por completo al conjunto vocal te faltaría una “o”. ¿Podrás conseguirla?
·         Salustiano: Lo mismo que para Eugenia, pero en tu caso sería una “e”.
·         Amada: Olvida el pasado y pon toda tu energía en el presente.
·         Aída: No sos un participio. No hagas caso a la engreída de tu vecina.
·         Concepción: Tu acción es para destacar, pero toma tus precauciones.
·         Constanza: Siempre igual. ¡Anímate a cambiar!
·         Deodoro: Divino, lo tuyo tiene un perfume especial.
·         Azucena, Rosa y Amapola: Florcitas mías, les agradezco su colaboración, pero moderen sus ímpetus. En especial vos, Amapola, no rompas las paradojas.
·         Ariel, Daniel y Ezequiel: Diablos míos, no se hagan los santos.
·         Santos: Vos tampoco.
·         Carmencita: No te achiques ante la primera contrariedad.
·         Ramón: No agrandes todo. Trata de encontrar el punto justo, ni aumentativos ni diminutivos.
·         Talía: Tu vocación está cambiada, lo tuyo es el canto, no el teatro.
·         León: Siempre tan agudo.
·         Clío: Otra paradoja, te llevás historia y tenés diez en Contabilidad. Las musas están confundidas (¿o será el cambio climático?)
·         Lucía: A pesar del pasado imperfecto, te aguarda un promisorio futuro. Lucirás, como un lucero.
·         Inmaculada: Defiende tu participio hasta las últimas consecuencias.
·         Matilde: Pon el acento en las cosas que realmente lo necesitan.
·         Clemente: Sé mas objetivo y menos adjetivo.

¡Les deseo felices vacaciones!
Nenucha Iriarte.
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sábado, 20 de enero de 2018

Frankenstein y Goya - otra del Lolo Amengual


Hace 200 nacía el más famoso de los monstruos: Frankenstein.
Mary Shelley escribió el libro; su personaje, el Dr. Frankenstein, creó al monstruo con partes de cadáveres; y nosotros tenemos de él la imagen de Boris Karloff, en su caracterización para interpretarlo en la película* Dr. Frankenstein, de 1931, dirigida por James Whale.


Unos años antes, en 1799, Francisco de Goya, hizo una serie de aguafuertes que denominó Caprichos entre ellos uno, el Nº 49, que llamó Los Chinchillas. Allí satirizaba a la aristocracia española, poco culta y entregada a la vagancia según él. Si nos fijamos en los dos nobles veremos que hay una similitud notable con la caracterización de Karloff: frentes cuadradas, brazos pegados al cuerpo en actitudes rígidas, un candado o parte metálica en la cabeza, boca abierta, etc.
Es muy posible que los diseñadores de la película se hayan inspirado en la obra de Goya, o al menos, la tomaran como referencia.


Quien me hizo conocer esta coincidencia es el dibujante y humorista Lolo Amengual, admirador y especialista en la obra de Don Paco de Goya y Cifuentes. A tal punto, que ha mantenido una empecinada correspondencia con él: en los últimos cinco años le ha escrito 82 cartas, que por algún misterio el sordo no ha respondido (aunque el Lolo tiene indicios de que las ha leído). Pero de esto nos ocuparemos más adelante.


*El éxito de la película dio lugar a una saga interminable: La novia de F.(1935), La sombra de F.(1939), etc.
Boris Karloff, Los Chinchillas de Goya, La maja desnuda en versión de Lorenzo Amengual y el afiche de la película.
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miércoles, 3 de enero de 2018

Elisa (cuento)


Anteayer enterramos a Elisa, mi suegra. Su muerte nos tomó por sorpresa, parecía que la vieja iba durar más que la eternidad.
‒Pobre Ricardo, ‒me dice Raquel con una sonrisa beatífica‒ estás fundido. Es natural, te tuviste que hacer cargo de todos los trámites, la cochería, la parcela del cementerio. Descansá, yo salgo a caminar para distenderme un poco‒.
Me alcanzó un té y se fue tranquila, con más paz que tristeza. Yo, en cambio, estoy inquieto y algo paranoico. Cerré los ojos y di el primer sorbo.

Es curioso, pero nosotros, que no tenemos hijos, somos los continuadores de esta familia. Mi mujer y yo llevamos quince años juntos. Más de una vez me pregunto cómo sucedieron las cosas, cómo fue que terminé “aceptado” o “adoptado”, y siempre me respondo lo mismo: se habían terminado los buenos tiempos, llegué en época de vacas flacas, venían en picada, económicamente hablando, y mis buenos ingresos era lo que más interesaba, a la vieja especialmente. Nunca se termina de conocer a la gente. Hay aspectos míos que me sorprenden, con más razón las cosas de los demás, de ellos, de mi esposa. Siempre fueron una familia rara o que yo, al menos, no termino de entender.
El velorio ha sido revelador. No puedo decir que tengo el rompecabezas completo, pero cada pájaro que llegaba a dar el pésame iba trayendo algunas partes, dejando sus recuerdos, aportando sus historias. Tengo una sensación rara, me siento confuso, como si me faltaran piezas, vacío, molesto. Necesito descansar, voy a tratar de dormir.

Los buenos viejos tiempos tuvieron su punto alto unos setenta años atrás, cuando el ahora patriarca¸ Don Bernardo, fundó con un socio la droguería, que en pocos años pasó a tener tres sucursales, una frente al Clínicas. Francisco, su hijo, quedó al frente de la empresa para la misma época en que se casó con mi suegra. Dicen que el viejo le tenía un afecto muy particular, que decía que ella era su verdadera continuadora. Vaya uno a saber lo que habrá sido en su juventud, últimamente era una vieja jodida y taimada cuya víctima preferida era Raquelita, como ella le dice, le decía. La más inteligente fue mi cuñada Nenucha. Puso distancia, se fue a vivir a Italia, no le daba calce y la mantenía alejada. Fue una sabia y sana decisión, al precio del exilio, claro.

Conmigo ni fu ni fa, ella estaba en su casa y nosotros en la nuestra. Lo que compartíamos eran las salidas a cenar, varias veces por semana. No se perdía ni una, comía con una voracidad asombrosa, siempre platos raros y se la pasaba eligiendo lugares sofisticados que sacaba de La Nación y se los hacía pedir a Raquel para que yo no pudiera decir nada. Le seguía la corriente, me divertía verla comer hasta reventar. No sé cómo hacía pero mantenía una buena silueta. Podría decir que hasta era bastante elegante, no podía ser menos con la ropa que compraba, siempre haciéndose acompañar por la hija, en lugares caros y con la tarjeta que terminábamos pagando nosotros.

Con Raquel ejercitaba lo peor de lo suyo, era cruel y demandante, siempre insatisfecha. Ahora me vengo a enterar de que mi mujer es muy parecida a Josefina, la hermana menor de Elisa, tan bonita como ella parece. También parece que era algo más que la secretaria de Francisco, pero ese tema mejor ni mencionarlo. No se habla del asunto desde el fallecimiento del marido, que vino a restablecer la entonces amenazada armonía familiar. Y si hacía falta algo más para enterrar el tema, dos años después también murió ella.
La pobre Elisa, con dos hijas que no habían terminado la primaria, de repente tuvo que ponerse al frente del negocio e hizo lo que pudo con él. Empezaban los tiempos duros
En cierto modo no fue una vida fácil la suya, no debía tener cuarenta y cinco años y le cae todo eso encima. Puso al contador como gerente, pero tampoco alcanzó. Siguió unos años pero el tipo se esfumó y la empresa se la tuvo que vender a un laboratorio. Quedaron razonablemente bien, con propiedades, una es el departamento donde vivió hasta ahora y las otras se fueron en sostener el tren durante un tiempo. Esta es la época en que aparezco yo en la familia. Elisa todavía era una mujer atractiva pero con un rictus de dureza en la cara y una mirada que podía congelarte.

Para colmo de males nuestro casamiento, que parecía tenerla indiferente, se juntó con un hecho menor: le sacaron la presidencia de una asociación de madres de una escuela de Palermo que, en realidad, era un grupo de amigas o conocidas que se reunían los jueves a jugar al burako y a la escuela iban sólo una vez por año a llevar minucias a la cooperadora. Las dos cosas la sumieron en un proceso depresivo, envejeció de golpe, se retrajo, fue perdiendo las pocas amigas que le quedaban. Su carácter se agrió y endureció más aún. Se notaba que iba quedando sola, pero con su mirada dura y su capacidad de jorobar buscaba permanentemente víctimas propiciatorias. La ligaba el que tenía más a mano. Raquel estaba en el elenco estable, pero otros entraban y salían en el círculo de su veneno. Iban y venían, como objeto de su odio, el administrador del edificio, el portero de al lado, la dueña de la Farmacia. Yo me he venido salvando por quién sabe qué designio. Como sucede a menudo con las personas malas tenía una salud de hierro, de modo que la perspectiva era que nos iba a terminar enterrando a nosotros.

Hace un tiempo, los milagros existen, empecé a contar con su estima y a ser tenido  en cuenta para opinar sobre temas cotidianos.
‒Ricardo, estoy haciendo una nota al administrador para que solucione de una vez por todas los problemas de humedad en mi departamento. Necesito que vos la veas y me des tu opinión. ¿Podés venir a casa mañana a la tarde?
‒Por supuesto, mañana estoy ahí, ‒le contesté
Si hay algo que me caracteriza es que soy un tipo tranquilo. Estoy acostumbrado a tomar buenas decisiones y a encontrar caminos, hasta en dónde hay pocas salidas. No siempre son procesos racionales, muchas veces uso la intuición. Incluso, y en no pocas ocasiones, me dejo llevar por corazonadas y hasta por supersticiones. Confieso que estas últimas me dan un poco de vergüenza, pero es algo superior a mí que me asalta y me dice que elija tal o cual opción. Como la suerte me ha acompañado hasta ahora, no quiero ni pensar en cambiar de sistema, todo va bastante bien así.

Salí antes y fui directo a su casa. Elisa se había arreglado más que de costumbre, pero no me llamó la atención ese detalle, al que recién ahora recuerdo. Mientras preparaba la mesa fui a mirar detenidamente las humedades y me pareció que estaban secándose. No eran para tanto, voy a enfriar el asunto, pensé.
Los tés estaban humeando y cuando me acomodé, volvió a la cocina para buscar algo.
En ese preciso momento me vino un impulso irreprimible y rápidamente intercambié las tazas. Traté de hacerle entender que la mejor estrategia era que bajara el tono agresivo de su nota ya que el problema estaba, casi seguro, solucionado.
‒ ¿Vos creés?
‒ Sí, ‒le dije‒. Esto ha llegado hasta acá y está en retroceso.
‒ Me gusta tu optimismo, pero para mí, en cualquier momento estas cosas reaparecen. Gracias de todos modos .
Nos despedimos con un beso. Raquel la encontró al día siguiente, en la cama, vestida.
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sábado, 30 de diciembre de 2017

¿Vegetarianos o carnívoros?











El club de los vegetarianos tiene muchos partidarios y su número va en paulatino aumento.
El boom tiene múltiples razones, más ambientales que nutricionales, más ideológicas que saludables, más filosóficas que fisiológicas (pueden reemplazar “más” y “que” por “tanto” y “como” si lo prefieren.)
Dejemos de lado en lo que sigue los aspectos médicos y nutricionales de las diferentes opciones para poner en cuestión otros aspectos vinculados: los contextos históricos y culturales implicados.
El éxito de los alimentos “incruentos” se apoya principalmente en el “derecho a la vida” de otras especies vivientes. Resumiendo: renunciamos a los bifes por objeción de conciencia alimentaria, por amor o por solidaridad con los cuadrúpedos y otros animales.

Las explicaciones de nuestra conducta son complejas y exceden la natural preocupación por la salud y la nutrición. La idea de que comer carne hace mal es una mezcla de cosas que viene desde las raíces del pensamiento occidental.
Los primeros homínidos eran vegetarianos. Desde que dejamos los árboles y adoptamos la postura erecta, nuestra especie se desarrolló a partir de grupos cazadores nómades, que aseguraban así alimentos y sobrevivencia. Varias especies animales más incluyen carne, incluso humana, en su dieta: practican la antropofagia a medida de sus posibilidades depredadoras o por falta de otros alimentos.
La idea de comer carne humana, antigua e inquietante, nos viene de cuando formamos las primeras hordas e incluso almorzábamos a nuestros derrotados, como una manera de honrarlos e incorporarlos.

Más tarde, el noble Pitágoras, padre de las dietas verdes, difundía su horror por el derrame de sangre animal. Se negaba a tocar a los carniceros por considerarlos impuros y portadores de fatales contaminaciones.
Razones tenía: que la sangre tiene algo de cruento lo dice la palabra misma; incluye la raíz indoeuropea Krei, de la que derivan, en muchas lenguas occidentales, palabras como crudo, crimen, crueldad, sangre, sanguinolento, cadáver.
La etimología reúne a todos los vegetarianos, los antiguos y los modernos.

El conmovedor sentimiento pitagórico sobre los animales lo contó Ovidio en el libro XV de  la Metamorfosis. La lectura del viejo texto con la sensibilidad actual nos expone a convertirnos  de inmediato a la “no violencia alimentaria”. Aunque el viejo matemático, en honor a la verdad, no vedaba la ingesta de carne en general sino la de los animales amigos del hombre: bueyes, ovejas, caballos y asnos. Nada decía de los jabalíes, cabras y otros bichos que arruinaban los sembrados y destruían los viñedos. O sea que el tipo era una especie de ecologista temprano cuya prédica la tomó el cristianismo en el tema de la abstinencia de carne durante algunas fiestas. El tema tuvo rechazos y adhesiones, entre las más conocidas, la de San Francisco de Asis.

García Márquez, en El otoño del patriarca y Shakespeare en Tito Andrónico cuentan unos banquetes que incluyen la manducación de algunos insumisos.
En oposición a esto tenemos a Gandhi por un lado y a Lisa Simpson por otro como abanderados de los herbívoros puros. Algún desarrapado podrá decirme que Hitler también era vegetariano, como prueba de que este tipo de alimentación no es garantía de buena conducta para con los semejantes.
Las distancias son cortas y parece que no pasan por allí, pero en realidad vale preguntarse:
¿Es que en cada dietética hay también una ética?
¿Estamos expiando alguna culpa con nuestra decisión alimentaria?
¿Nos queremos proteger de algún recuerdo terrorífico?


Lo anterior es un resumen libre de un excelente artículo de opinión de MARINO NIOLA que publicó La Repubblica, diario italiano, en septiembre de 2017.
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