martes, 18 de noviembre de 2014

Víctor Hurtado Oviedo - Otra disquisición y van...


Todas las semanas Víctor Hurtado, uno de los editores de La Nación de Costa Rica, nos regala desde las páginas de Áncora – el Suplemento Cultural que dirige desde 1997- una de sus preciosas Otras disquisiciones.
El tipo les da un trabajo extremo a los editores del diccionario de la RAE puesto que usa todas las acepciones de disquisición habidas y por haber. Acomete con obstinado ( y destinado) rigor la tarea de divagar, de hacer digresiones -es decir romper el hilo del discurso- para luego ponerse a zurcir los retazos y relacionarlos del modo más sorpresivo.
Con su autorización he elegido esta para los lectores de La Pulpera:

 
La vanidad y la ciencia

El vanidoso descubrió que él es el hombre de su vida, de modo que practica la endogamia con él mismo. A veces, el soberbio es ateo porque detesta la competencia. Soberbios son quienes tienen la vanidad que nos corresponde. Claro está, otros dirán que hay tanta vanidad que alcanza para todos; pero esto solamente lo dicen los humildes por falta de experiencia.
En los vanidosos, lo más auténtico es la falsa modestia. La falsa modestia es la serie de cañonazos silenciosos que lanzamos para hacer notar que aquí estamos porque hay gente tan distraía que pierde el tiempo consigo misma.

De todos modos, a veces, el amor propio es una muestra de mal gusto. Para observarse bien hace falta salir de sí mismo, pero, en ciertos casos, algunos no querrán volver. Buen observador de los otros, el prosista español Ramón Gómez de la Serna decía que, si algunos se conocieran bien a sí mismos, terminarían por retirarse el saludo.
Al fin, más que vanidoso, conviene ser persona interesante. Persona interesante es la que no es interesante para ella, sino para los demás. Esto acarrea consecuencias prácticas muy útiles; por ejemplo, la mejor forma de disimular una mancha en la camisa es mantener una conversación interesante: cubre más que una corbata. Esta es la gente que ha encontrado el modo de ser guapa por teléfono –si acaso hay gente guapa, obviamente–.

Aunque parezcan primos hermanos, la vanidad no siempre equivale al egoísmo; y el egoísmo no nos lleva siempre a la ansiedad de perpetuarnos, de ser recordados.
Es natural el deseo de ser reconocidos por nuestros pares (se excluye al soberbio pues es sin par). En 1906 lo había notado el filósofo alemán marxista Karl Kautsky en su libro Ética y concepción materialista de la historia (cap. IV), tal vez el primer libro que une la ética natural insinuada por Darwin con las investigaciones actuales de la neurociencia que confirman la condición instintiva de la solidaridad humana, al menos dentro de la familia. Hoy olvidado, aquel es irónicamente libro y eslabón perdido.

El deseo de ser reconocido no es igual a las ansiedades de los vanidosos, quienes solamente caminan de vuelta, pero el reconocimiento social es vía de dos sentidos. Hoy se han confirmado tres modos de perpetuarnos: el genético (mediante los hijos), el cultural (las obras que dejamos: libros, canciones, jardines...) y el social (nuestro recuerdo en los demás).
Mañana habrá otras formas de quedar vivos en la muerte. En su reciente libro El futuro de la mente, el físico nipoestadounidense Michio Kaku sostiene que podrán extraerse recuerdos de las personas y colocárselos en un soporte externo (un disco o lo que fuere), de modo que otras personas podrán introducírselos en el cerebro. ¿Es todo ello solo ciencia-ficción? Hoy, sin duda lo es, pero la ciencia comienza siendo la ficción de ciertos audaces.
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viernes, 7 de noviembre de 2014

Con el mismo cuento 28 - Borges y Arlt - El delator


Más de cuarenta años después de la publicación de El juguete rabioso y de veintiocho de la muerte  de Roberto Arlt, Jorge L. Borges publicó El indigno, una indudable reescritura del capítulo final de aquel libro. Ya hemos visto que don Jorge fue reincidente en este tipo de procedimientos pero en esta ocasión, por vez primera, deja dos pistas sobre su accionar: nombra a Arlt en el prólogo (hablando del uso del lunfardo y sin decir nada del “préstamo”) y llama Alt a un personaje menor de su relato.
El tema que los engloba es la traición/delación a la policía por parte de un recién iniciado en el delito que duda sobre su lugar de pertenencia.
 
 
En su cuento Borges intenta usar el lunfardo:
Andá con cuidado. Vos sabés lo que les espera a los batintines.
Los funcionarios de policía gozan con el lunfardo, como los chicos de cuarto grado.
El resultado, como pueden ver, es patético. Usa “batintines” como una de las derivaciones de batidor (del verbo batir). Batidor, batilana, Batista, Batistín, buche, buchón, bate mugre, etc. , hay más de diez variantes, pero no he visto nunca, ni siquiera en tangos de la época, la palabra que usa el “maestro”. Incluso está la forma vésrica de batidor: Ortiba, escrita a veces como ortiva, ortivar. Sintetizando, una vez más el “maestro” toca de oído o nos hace sospechar que además de ciego era sordo o tenía un toscano en la oreja, como decía Piazzola. Por lo menos para el lunfardo podemos decir: Georgie, te creés un farabute y sos un paparulo.

El vínculo entre los dos cuentos se lo debo al escritor Fernando Sorrentino, que lo desarrolla con rigor y detalle en su artículo: Borges y Arlt: las paralelas que se tocan.


El indigno – Uno de los cuentos de El informe de Brodie (1970) de Jorge L.Borges.
Judas Iscariote – Cuarto y último capítulo de El juguete rabioso (1926) de Roberto Arlt (1900-1942).

El indigno se puede leer acá:
El juguete rabioso se puede leer acá. No es necesario leer toda la novela, el episodio de la traición de Silvio Astier está en las últimas diez páginas.
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martes, 4 de noviembre de 2014

Chistes preparatorios - Humor

Los cuentos de hoy van como un aperitivo para la próxima entrada que tocará el tema de la deslealtad y la delación en dos obras de un par de grandes escritores argentinos.


1 Modess (Care free, Siempre libre)
Después de 30 años, la UCR ganó las elecciones de1963 (algo amañadas ya que el peronismo estaba proscripto, pero al fin había cortado su racha.)
El Doctor Arturo Illía asumió la Presidencia y al poco tiempo su gobierno empezó a recibir los reclamos de la mayoría soslayada y fue abandonado por los propios grupos económicos y militares que lo habían encumbrado.
El humor popular lo bautizó: Modess, marca de una de las primeras toallas higiénicas femeninas (lo que hoy serían las Siempre libre o las Care free), porque –decían–, “estaba en el mejor lugar pero en el peor momento.”

2 Día de la lealtad
Poco antes del último 17 de octubre asistí a una charla de Osvaldo Papaleo sobre la situación política y las perspectivas de los diferentes precandidatos para las elecciones del 2015. Con mucho humor y sinceridad comentó que el Día de la Lealtad se refería exclusivamente a la lealtad popular. “Como ustedes saben –agregó– en nuestro partido una traición no se le niega a nadie.
 
 
3 ¿Cómo se llama la película?
Primer Acto: Un toro está en su box de la Exposición Rural algo triste.
Segundo Acto: Un mes después sigue el toro allí, más triste aún.
Tercer Acto: Dos meses y todo sigue igual. Se arrima un peón y le alcanza una carta. El toro la lee y se pone a llorar desconsolado.
        ¿Cómo se llama la película?
        La carta delatora (léase: de-la-tora).
 
 
El cuadro de abajo es una parodia de American Gothic de Grant Wood. Desconozco al autor.
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miércoles, 29 de octubre de 2014

Latín confuso -5- Humor


A pedido de numerosos lectores -en realidad sólo uno- continuamos con nuestro apostolado, tratando de poner luz y claridad sobre posibles malentendidos y usos espurios del latín. Si alguna risa provocan estas líneas en los lectores habrán cumplido sobradamente su parte,  ya que la traducción, como sabemos, es un arte esquiva y refalosa.     

“In acta eruditorum”, cuya traducción es “en obra instruida”, en traducciones apresuradas se  interpreta como “eructó en el acto”.

“Nunc est bibendum”, la invitación al brindis “Ahora bebamos” de las Odas de Horacio, se ha sabido traducir como “Nunca estuvimos tomando” que, además de tener el sentido contrario al original es totalmente incorrecto.

“Ex oriente lux, ex occidente lex”, “Del Este la luz, del oeste la Ley”  jamás ha significado “Negro, prendé la luz pa’ que me oriente un cacho” como en algunas  traducciones mediterráneas.

“Utrinque roditur”, significa “Me roen por todas partes” o “Todos están contra mí”.  Se desaconseja traducirlo como “Me la trinqué de rodillas”.

“Stultorum infinitus est numerus” significa “La estupidez humana no tiene límites” o, literalmente, si se prefiere: “El número de necios es infinito”.  En absoluto debe traducirse como: “Había muchos escultores”.

Y, para terminar por hoy:

“A barba stolidi discunt  tondere novelli”, cuyo significado “En la cara del tonto aprenden los barberos nuevos” no debe traducirse apresuradamente como: “Nuevos descuentos en el precio de la afeitada.”
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sábado, 25 de octubre de 2014

Bestiarios


Bestiarios eran los de antes, los de la Edad Media, donde aparecían criaturas mitológicas, imaginarias, simbólicas y monstruosas. Hidras de muchas cabezas, gárgolas, dragones, centauros, sirenas, pulpos y serpientes abrazadoras; a la medida del terror y de la imaginación de sus autores. Estos animales monstruosos han ido desapareciendo con algunas excepciones: las arpías –mezcla de mujer y águila (etimológicamente la palabra significa que vuela y saquea) – y los hombres-lobo, tipos normales que alguna circunstancia (la luna llena, una mirada) convierte en feroz vampiro o lobizón y que, esporádicamente, encontramos entre nosotros.

Los bestiarios modernos han ido dando cuenta paulatinamente de que la criatura más monstruosa que aterroriza a los humanos es el hombre mismo y las alegorías van cediendo de a poco con el reconocimiento de nuestros aspectos más animales y quizás menos tenebrosos. En síntesis, a esta altura del campeonato empezamos a tener conciencia de que el monstruo más inquietante es el que llevamos dentro.

Pionero en este aspecto fue Franz Kafka con su Metamorfosis: cuando la publicó en 1915 dio expresas instrucciones a su editor en el sentido de no ilustrar el libro para que cada lector imaginara por cuenta propia en qué se había transformado Gregorio Samsa.
Otro ejemplo de este tipo es el Bestiario (1951) de Julio Cortázar que ha pasado a ser arquetipo y “marca registrada” de los bestiarios. Son ocho cuentos fantásticos, vitriólicos y, al decir del mismo autor, “autoterapias del tipo psicoanalítico”. Circe, Casa tomada, Ómnibus entre ellos.
 

Bestiarios propiamente dichos son el de Juan José Arreola (1959), el de Juan Nicolás Padrón (2012) y una recopilación de las bestias de H.P. Lovecraft ilustradas por Enrique Alcatena.
La oveja negra (1969) de Augusto Monterroso, Álbum de zoología (1985)  de José Emilio Pacheco y Manual de zoología fantástica (1954) de Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero son también bestiarios, algunos con forma de viejas fábulas, lo que me hace pensar en Esopo y en que el tema de pasarles el fardo a los pobres bichos es anterior a la Edad Media. ¡Qué culpa tendrá el pobre chancho…!


A los que guste profundizar sobre el tema, le paso estos enlaces por los que anduve picoteando:
(Excelente artículo de Paola Tinoco)
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lunes, 20 de octubre de 2014

Con el mismo cuento 27 – Monterroso, Denevi, Shua.

La obsesión por la belleza
La rana que quería ser una rana auténtica, 1969, Augusto Monterroso
La inmolación por la belleza, 1970, Marco Denevi
Clases de gimnasia, 1996, Ana María Shua

Los cuentos de hoy, tan cortos y distintos, tienen muchas cosas en común. Temas muy antiguos y otros de la globalización contemporánea: la vanidad, la belleza superficial, el narcisismo por un lado y, por el otro, los gimnasios, las dietas y los sacrificios ante el dios de la figura.
El mérito de relacionar los dos primeros es del blog Literatura y conocimiento: http://literaturacomoenigma.blogspot.com.ar/2011/09/dos-cuentos-un-mismo-tema-la-apariencia.html

La rana que quería ser una rana auténtica
Había una vez una rana que quería ser una Rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello.
Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad. Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.
Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una Rana auténtica.
Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.
Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una Rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena rana, que parecía pollo.


Inmolación por la belleza
El erizo era feo y lo sabía. Por eso vivía en sitios apartados, en matorrales sombríos, sin hablar con nadie, siempre solitario y taciturno, siempre triste, él, que en realidad tenía un carácter alegre y gustaba de la compañía de los demás. Sólo se atrevía a salir a altas horas de la noche y, si entonces oía pasos, rápidamente erizaba sus púas y se convertía en una bola para ocultar su rubor.
Una vez alguien encontró una esfera híspida, ese tremendo alfiletero. En lugar de rociarlo con agua o arrojarle humo –como aconsejan los libros de zoología-, tomó una sarta de perlas, un racimo de uvas de cristal, piedras preciosas, o quizá falsas, cascabeles, dos o tres lentejuelas, varias luciérnagas, un dije de oro, flores de nácar y de terciopelo, mariposas artificiales, un coral, una pluma y un botón, y los fue enhebrando en cada una de las agujas del erizo, hasta transformar a aquella criatura desagradable en un animal fabuloso.
Todos acudieron a contemplarlo. Según quién lo mirase, semejaba la corona de un emperador bizantino, un fragmento de la cola del Pájaro Roco, si las luciérnagas se encendían, el fanal de una góndola empavesada para la fiesta del Bucentauro, o, si lo miraba algún envidioso, un bufón.
El erizo escuchaba las voces, las exclamaciones, los aplausos, y lloraba de felicidad. Pero no se atrevía a moverse por temor de que se le desprendiera aquel ropaje miliunanochesco. Así permaneció durante todo el verano. Cuando llegaron los primeros fríos, había muerto de hambre y de sed. Pero seguía hermoso.

Clases de gimnasia
Para aumentar la flexibilidad del tronco y las ramas, evitando así las quebraduras provocadas por ráfagas intempestivas, clases de gimnasia para árboles se ofrecen, individuales y a domicilio. Precios especiales para bosques.


Y los dejo sin más porque en minutos empieza mi clase de elongación con un sistema new-age que dicen que te deja como nuevo.
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sábado, 18 de octubre de 2014

Agujeros - Humor y poesía


1
¿A cuánto está el Gruyere?
A 20 (centavos) el agujero.

2
Vendo agujeros para espumaderas.

3
Aviso en la puerta de una fábrica de agujeros: “Cerrada por falta de materia prima”

Hace muchos años estaban de moda chistes como estos. Ahora me he topado con unas líneas -no tienen título siquiera- que posiblemente estuvieran detrás de ellos:

4
Macedonio Fernández (1874-1952).
Cuadernos de todo y nada, Buenos Aires, Corregidor, 1972.

Mujer, ¿cuánto te ha costado esta espumadera?
1,90.
—¿Cómo, tanto? ¡Pero es una barbaridad!
Sí; es que los agujeros están carísimos. Con esto de la guerra se aprovechan de todo.
—¡Pues la hubieras comprado sin ellos!
Pero entonces sería un cucharón y ya no serviría para espumar.
No importa; no hay que pagar de más. Son artificios del mercado de agujeros.

Para terminar, un agujero más poético y zurcido nada menos que por Raúl González Tuñón:
5
La calle del agujero en la media (1930)

Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad
y la mujer que amo con una boina azul.
Yo conozco la música de un barracón de feria
barquitos en botellas y humo en el horizonte.

Tú crees todavía en la revolución
y por el agujero que coses en tu media
sale el sol y se llena todo el cuarto de luz.
Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad,
una calle que nadie conoce ni transita.
Solo yo voy por ella con mi dolor desnudo
solo con el recuerdo de una mujer querida.
Está en un puerto. ¿Un puerto? Yo he conocido un puerto.
Decir, yo he conocido, es decir: Algo ha muerto.

La viñeta es de Faro.
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domingo, 12 de octubre de 2014

El reloj pulsera


En 1898 Alberto Santos Dumont (1873-1932), brasileño, joven heredero de una familia de magnates plantadores de café, daba rienda suelta a sus pasiones deportivas volando, sobre una chispeante París, el globo Brazil que, ingobernable, terminó a merced del viento. Decidido a ir hacia donde él quería, siguió experimentando con diferentes aparatos convirtiéndose en pionero de la naciente aviación.
Superando fracasos consiguió finalmente despegar y tener su avión bajo control en vuelos de unos pocos segundos hasta que en 1907 logró mantenerse varios minutos sobre los cielos de París alrededor de la Torre Eiffel.
Manos y pies no le alcanzaban para operar los diferentes controles de las máquinas voladoras, menos aún le daban tiempo para sacar su reloj de bolsillo, abrirlo y darle una mirada, por lo que habló con su amigo Louis Cartier (1875-1942), nieto del famoso joyero y relojero Louis Francois Cartier. El resultado fue un hermoso reloj de pulsera, cuadrado, que la casa Cartier bautizó Santos en 1904. Como los dos, Alberto y Louis eran dos cajetillas muy admirados por la sociedad de la época muy pronto todos querían tener un Santos, la demanda crecía día a día y hacia 1911 se producía en cantidad (limitada, por supuesto, para que siguiera siendo símbolo de estatus).
El éxito del reloj pulsera fue tan grande (ayudado por una campaña para su uso militar en la 1ª Guerra Mundial) que hacia 1920 superó a los relojes de bolsillo que comenzaron su camino al olvido.
 

Sintéticamente, los relojes tienen dos partes: una para medir el tiempo (péndulo, rueda vaivén, diapasón, osciladores de cuarzo) y otra para almacenar la energía para accionarlos (cuerda, resortes, pesas, pilas). Todo lo demás son accesorios y cosas que hacen a la facilidad de lectura y a usos diversos.
En la evolución de los relojes pulsera los hitos fundamentales fueron:
·         1923  Primer reloj automático (no es necesario darle cuerda). Se cargaba por medio de un volante accionado por los movimientos del brazo.
·         1926  Rolex hace la primera caja estanca (sumergible)
·         1928  Primer reloj anti-choque y antimagnético.
·         1960  Bulova lanza el Accutron, primer cambio realmente significativo en la relojería: la rueda vaivén se reemplaza por un diapasón accionado por una bobina eléctrica y la cuerda resorte se reemplaza por una pila.
·         1969  Seiko lanza el primer reloj de cuarzo. El dispositivo que mide el tiempo, pasa de unas pocas oscilaciones por segundo (mecánicos) ó 375 osc/seg (Bulova) a 100.000 Hz y más. La precisión aumenta mil veces.

Este último gran hito inicia la “crisis del cuarzo” de la década de 1970 de la industria relojera suiza. El concepto pasa de un reloj para toda la vida a un reloj que se puede cambiar todos los meses. La producción japonesa de relojes supera a la de habitantes del mundo. Mi viejo y querido Casio de plástico de 14 U$S tiene 100 veces más precisión que el Rolex o el Omega más caros del mundo.
 

Hacia 1983, empieza la recuperación de la industria relojera suiza basada, fundamentalmente, en dos cuestiones comerciales: competir con los cuarzos japoneses con relojes con el “toque  suizo" (con máquinas orientales salen a la venta los Swatch con sus llamativos diseños) y revalorizar el concepto de que el reloj debe ser una joya única (con el valor de una marca famosa) que prestigie a quien lo lleve. La idea de que el reloj es un aparato para medir el tiempo es obsoleta. Cualquier teléfono celular lo mide con más precisión que esas “joyas” pero el estatus es el estatus y los suizos están demostrando que como relojeros han sido totalmente superados pero en conocimiento de los recovecos del alma humana están bien adelante.
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lunes, 6 de octubre de 2014

Más cuentos surtidos - Humor



1 Edipos
-Papá, -le dice un chico a su padre-, quiero casarme.
-¿Te querés casar? ¿Y ya tenés elegido con quién te vás a casar?
-Sí, con la abuela.
-No podés casarte con la abuela.
-¿Por qué?
-Porque es mi mamá.
-Ah sí… ¿y porqué vos te casaste con la mía?

2 Cordobés en la mala
-Como andai, le dice un cordobés a otro
-Meao por los perros. No sabís lo que me ha pasao: me olvidé de pagar la luz y vinieron los putazos de EPEC y me la cortaron.
-¡Qué macana!
-Eso no es todo, me olvidé de pagar el gas y vinieron los de ECOGAS…. y me lo cortaron. Ando si luz y sin gas…
-¿Y ahora que hacés?
-Nada, voy a comprar huevos…
-No te olvidei de pagarlos ¡eh!

3 Delirio orínico
Viene un vago y dice:
- Doctor, tengo delirio orínico.
- ¿No será onírico?
- No doctor... Sueño que me orino encima. ¡Y me hago nomás!

4 Permiso para conducir
Dos borrachos van conduciendo un coche a toda velocidad por la ruta. La policía los sigue y detiene. Al constatar del estado de los tipos el agente le dice al que maneja:
-A ver… documentos y permiso para conducir.
-Compadre, hágase a un lado que va a conducir el Señor Policía…

1, Cuento de Emilio Rolandi; 2, de Eduardo Martínez; 3 y 4, de Kiko G.
Los autores de las viñetas son el Lolo Amengual y Quino.
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jueves, 2 de octubre de 2014

Títulos repetidos 9 - Roberto Arlt y Leopoldo Brizuela


La luna roja, 1933, uno de los cuentos del libro El jorobadito, de Roberto Arlt.
Luna roja, uno de los seis relatos del libro Los que llegamos más lejos, de Leopoldo Brizuela, Ed. Alfaguara, Buenos Aires, 2002.

Luna roja es uno de los primeros cuentos de Arlt donde lo fantástico irrumpe con mucha fuerza llevando al lector a sopesar la idea de que el mundo real es una construcción fantasmal. La descripción del comienzo muestra el sacudón entre un futuro de progreso sin límites, de acero, cemento, rascacielos y armas mortíferas que contrastan con unos caballos tenidos “del cabestro”. De repente, en lo alto de un edificio, un músico de la orquesta recibe el anuncio y todo el mundo empieza a huir, la energía eléctrica se interrumpe, una masa informe gana las calles. La multitud, con sus linternas como luciérnagas, encuentra que los animales también huyen. Mezclados con ellos van monos y tigres, elefantes, caballos e hipopótamos, en una oscuridad que empieza a ceder a una claridad rojiza: es una luna roja que va saliendo en un cielo negro. La catástrofe, el apocalipsis inminente, parece abarcarlo todo…
Arlt capta la desazón que producía la posibilidad de una nueva Gran Guerra cuyo poder de destrucción aterraba a su espíritu esclarecido
 
 
En Los que llegamos más lejos Leopoldo Brizuela puso su mirada sobre aquellos que, siendo protagonistas fundamentales de nuestra nación, no tienen voz ni ocupan lugar alguno en la historia oficial. El fondo es el de las campañas de exterminio de los indios, el lugar va desde la pampa hasta los canales fueguinos, la voz es la que él crea para expresar los sonidos y, en especial, los silencios de aquellos hombres.
Luna roja, que el autor llama apuntes, nos habla del oficio de los foguistas yaganes, encargados de mantener por siempre encendido el fuego divino y eterno. Cada canoa llevaba un tripulante encargado de custodiar y mantener el fuego en su brasero de piedra. Nos acompaña en la tarea de imaginar los infinitos usos de ese fuego que implica la sobrevivencia en las recaladas forzosas y lejanas, la posibilidad de cocinar los alimentos y una cantidad de aplicaciones prácticas que en ellos van unidas a una tarea ceremonial y aglutinadora: la de perpetuar la memoria ancestral de la tribu. Julius Popper, el exterminador de indios que llegó a acunar su propia moneda a fines del siglo 19, tiene otros planes y ese fuego se torna protagónico.
 



La luna roja, de Roberto Arlt, se puede leer acá:

Las primeras páginas de Los que llegamos más lejos, acá:
http://www.alfaguara.com/uploads/ficheros/libro/primeras-paginas/200201/primeras-paginas-los-que-llegamos-mas-lejos.pdf

Hay una tercera Luna roja, de Miranda Gray. Son recomendaciones para que las mujeres empleen los dones creativos, sexuales y espirituales del ciclo menstrual. No lo incluyo en la selección para ceñirme a temas literarios.
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jueves, 25 de septiembre de 2014

La guitarra

Una selección de fragmentos de poesías dedicadas a la guitarra.
 

Fandangos a la guitarra, de José Tejada, Niño de Marchena o Pepe Marchena

No llores guitarra mía
porque me veas llorar.
tú eres mi única alegría
y cuando me pongo a tocar
to'as las penas a mí se me olvidan.

Eres bonita,
tú eres bonita y eres serrana
por eso yo a ti tanto te quiero:
tú eres para mí un lucero
que sale por la mañana,
y eres la flor del romero.

La Guitarra, de Emilio González de Hervás
¡Madre de las seis mozas acordonadas!
Tres se quejan llorando,
las otras cantan.

Los dos primeros fueron elegidos por Pedro Delgado, autor del blog Quejío flamenco
También se pueden leer  aquí:
Los que siguen son elección del Pulpero:
 

Zamba de un triste, Jaime Dávalos (letra) y Eduardo Falú (música)

Cuando canta el crespín
en la tarde ardida, cobriza y azul,
llorará la zamba,
librando en el aire palomas de ensueño y de luz.
 
Y mi voz surgirá
viva en la madera de mi guitarra:
cadera de mujer,
tocando el herido destierro de mi soledad.

La nochera, 1954, zamba de Jaime Dávalos (letra) y Ernesto Cabeza (música)
Mojada de luz
es mi guitarra nochera
ciñendo voy tu cintura
encendida por las estrellas.

Quisiera volver a verte
mirarme en tus ojos quisiera
robarte guitarra adentro
hacia el tiempo de la madera.


Las pinturas son de (desconozco al autor de la de arriba) y de Pedro Figari.
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sábado, 20 de septiembre de 2014

La Abuelas de Plaza de Mayo y William Faulkner


La identificación de Guido Montoya ( Ignacio Hurban), el nieto de Estela de Carlotto, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, fruto de la incansable búsqueda por parte de muchas personas e instituciones, fue vivida por todos como una historia con final feliz, casi como de película. Muchas circunstancias coincidieron para eso, desde la edad de Guido, hasta el momento y la personalidad de los involucrados.
 
Otros casos han tenido una carga mayor para las víctimas y pasó un largo tiempo hasta que pudieran acomodar sus vidas y conductas a las consecuencias de tamaña tragedia. Algunos, a pesar de haber logrado la restitución de la identidad, tuvieron grandes dificultades para superar las etapas siguientes, restañar las viejas y nuevas situaciones. Este proceso fue tan largo que algunas personas murieron sin poder ver reparadas las viejas heridas.

Con ese increíble poder anticipatorio que tienen los buenos escritores, William Faulkner se ocupó del tema, en Luz de Agosto, con una claridad que admira y espanta. La novela tiene varios núcleos y personajes, pero entre ellos sobresalen claramente un par de capítulos que giran alrededor de la apropiación y entrega de bebés y la supresión y cambio de identidad. Si les digo que otros temas son un intento de linchamiento y la justicia por mano propia (por parte de un miembro, en retiro, de las fuerzas armadas, un “mano de obra desocupada”)  ustedes podrían suponer que lo escribió hace poco tiempo y en tierras cercanas. Sin embargo la novela es de 1932 y fue escrita en el sur de los EEUU, antes del ADN y de la Segunda Guerra.

 
El tratamiento que da WF al encuentro de la abuela con su nieto (cuya espera ha rumiado su corazón durante treinta años en sumiso silencio), entregado a una institución por su marido (y abuelo del muchacho) como castigo a su propia hija, muerta en el parto, es sobrecogedor.

-¿Cómo la otra mujer? ¿Otra mujer? ¿Es que mi vida ha de ser violada, mi paz ha de ser destruida al cabo de 50 años por dos mujeres perdidas, Byron?
-La otra no está perdida. Ha estado perdida durante treinta años. Pero ha sido encontrada. Es su abuela.
-La abuela ¿de quién?
-De Christmas, -replicó Byron. Cap. 16, pág. 258
 “Lo perdí de vista antes de que hubiera aprendido a andar”, dice. “No lo he visto en treinta años, jamás le vi caminar por su propio pie ni le oí decir su nombre…”
-¿No quieres decirme si ha muerto? (Y sigue la abuela interrogando a su marido) ¿Ha muerto para el mundo o solamente para mí, dímelo? Pág. 261
...
-No niego que haya hecho lo que dicen. Si la gente lo pudiera dejar nada más que por un día… Nada más que por un día ¿comprende? Id., Pág. 273.

La abuela pide sólo un momento para encontrarse con su nieto y dejar que todo siga su curso. Y lo consigue. Pero el maestro Faulkner deja las cosas en la oscuridad, su narrador no sabe todo y, encima, vacila.
“Claro que no sé lo que le dijo. No creo que haya nadie que pueda reconstruir la escena. No creo que ella misma lo supiera. … lo sabía a prueba de toda clase de olvidos, pero había olvidado las palabras. Y esa fue la razón para que él le creyera instantáneamente y sin ninguna duda.”  Cap. 19, pág. 314.
William Faulkner, Luz de agosto, Ediciones SUR, 1952, trad. Pedro Lecuona.

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