sábado, 20 de septiembre de 2014

La Abuelas de Plaza de Mayo y William Faulkner


La identificación de Guido Montoya ( Ignacio Hurban), el nieto de Estela de Carlotto, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, fruto de la incansable búsqueda por parte de muchas personas e instituciones, fue vivida por todos como una historia con final feliz, casi como de película. Muchas circunstancias coincidieron para eso, desde la edad de Guido, hasta el momento y la personalidad de los involucrados.
 
Otros casos han tenido una carga mayor para las víctimas y pasó un largo tiempo hasta que pudieran acomodar sus vidas y conductas a las consecuencias de tamaña tragedia. Algunos, a pesar de haber logrado la restitución de la identidad, tuvieron grandes dificultades para superar las etapas siguientes, restañar las viejas y nuevas situaciones. Este proceso fue tan largo que algunas personas murieron sin poder ver reparadas las viejas heridas.

Con ese increíble poder anticipatorio que tienen los buenos escritores, William Faulkner se ocupó del tema, en Luz de Agosto, con una claridad que admira y espanta. La novela tiene varios núcleos y personajes, pero entre ellos sobresalen claramente un par de capítulos que giran alrededor de la apropiación y entrega de bebés y la supresión y cambio de identidad. Si les digo que otros temas son un intento de linchamiento y la justicia por mano propia (por parte de un miembro, en retiro, de las fuerzas armadas, un “mano de obra desocupada”)  ustedes podrían suponer que lo escribió hace poco tiempo y en tierras cercanas. Sin embargo la novela es de 1932 y fue escrita en el sur de los EEUU, antes del ADN y de la Segunda Guerra.

 
El tratamiento que da WF al encuentro de la abuela con su nieto (cuya espera ha rumiado su corazón durante treinta años en sumiso silencio), entregado a una institución por su marido (y abuelo del muchacho) como castigo a su propia hija, muerta en el parto, es sobrecogedor.

-¿Cómo la otra mujer? ¿Otra mujer? ¿Es que mi vida ha de ser violada, mi paz ha de ser destruida al cabo de 50 años por dos mujeres perdidas, Byron?
-La otra no está perdida. Ha estado perdida durante treinta años. Pero ha sido encontrada. Es su abuela.
-La abuela ¿de quién?
-De Christmas, -replicó Byron. Cap. 16, pág. 258
 “Lo perdí de vista antes de que hubiera aprendido a andar”, dice. “No lo he visto en treinta años, jamás le vi caminar por su propio pie ni le oí decir su nombre…” Pág. 261
-¿No quieres decirme si ha muerto? (Y sigue la abuela interrogando a su marido) ¿Ha muerto para el mundo o solamente para mí, dímelo?
-No niego que haya hecho lo que dicen. Si la gente lo pudiera dejar nada más que por un día… Nada más que por un día ¿comprende? Id., Pág. 273.

La abuela pide sólo un momento para encontrarse con su nieto y dejar que todo siga su curso. Y lo consigue. Pero el maestro Faulkner deja las cosas en la oscuridad, su narrador no sabe todo y, encima, vacila.
“Claro que no sé lo que le dijo. No creo que haya nadie que pueda reconstruir la escena. No creo que ella misma lo supiera. … lo sabía a prueba de toda clase de olvidos, pero había olvidado las palabras. Y esa fue la razón para que él le creyera instantáneamente y sin ninguna duda.”  Cap. 19, pág. 314.
William Faulkner, Luz de agosto, Ediciones SUR, 1952, trad. Pedro Lecuona.

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martes, 16 de septiembre de 2014

Títulos repetidos 8 - F. Dostoievsky y Felisberto Hernández

El cocodrilo x 2 = Dos cocodrilos

Una vez más llegamos tarde, pero llegamos. Esta vez a dos cuentos que, desde su título mismo, la dejan picando frente al arco.
La que se adelantó y metió el golazo es la editorial New Directions* que tuvo la feliz idea de reunir el cuento corto El cocodrilo,  de Fiodor Dostoievsky y, el más corto aún, El cocodrilo, de Felisberto Hernández, en un solo volumen que lleva por título: Two Crocodiles. Desde allí me permito llamar la atención de los respetables lectores sobre ambas obras.


No es necesario que viajen a Nueva York y lo compren. Ambos cuentos se pueden leer en español y conseguir por separado. Es interesante leerlos juntos porque si bien los autores son diferentes, diferentes las épocas, sus lenguas y sus circunstancias, los dos cuentos tienen en común un humor fino, absurdo y disparatado.
El del ruso es una obra maestra de la ironía y no deja títere con cabeza en la sociedad de San Petersburgo (y de la Rusia deslumbrada por Francia) de mitad del S.XIX y la del uruguayo también se las trae, si bien los destinatarios de sus mordacidades, de mitad del S. XX, están más acotados.


Les pongo un pequeño adelanto, para que vean si les pueden interesar:
Un cocodrilo expuesto al público en una feria de San Petersburgo devora a un funcionario que, en vez de morirse, inicia una nueva vida desde allí (desde adentro), hincando sus colmillos -es un decir, porque los colmillos son del bicharraco- en las debilidades humanas, en las vanidades, en la mirada cipaya de algunos compatriotas, en la burocracia, la industria y el capitalismo incipiente.

Un pianista, que subsiste a duras penas dando conciertos de pueblo en pueblo, decide aumentar sus ingresos vendiendo, de paso, medias de mujer. Como la calle está dura, para ablandar a los comerciantes algo renuentes a comprar su mercadería, empieza a lagrimear -como técnica de marketing- y termina desarrollando escenas de llanto, no siempre ficticias.

 
El cocodrilo (1865) Fiodor Dostoievsky
Se puede leer acá:

El cocodrilo (1965) Felisberto Hernández

*Two Crocodiles, Fyodor Dostoievsky y Felisberto Hernández (trad. de Constance Garnett y Esther Allen), Ed. New Directions, 2013, Nueva York.
La editorial tiene un magnífico blog:

La ilustración del cocodrilo es de Eugenia Ábalos y la de Felisberto es del uruguayo Hogue.
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viernes, 12 de septiembre de 2014

Toodavía más chistes judíos - Humor


1 Alérgicos al baño
Dos judíos hablan en los baños termales:
-Yo, -dice uno de ellos-, lo necesite o no, tomo un baño todos los años.
-No importa, -responde el otro-, está incluido en el precio del hotel.

2 Otro de alérgicos
Dos judíos se encuentran ante la puerta de una casa de baños:
-¡Ay, cómo vuela el tiempo! ¡Ya pasó otro año!

3 La convertibilidad
-¿La convertibilidad? Estuve en contra desde el primer momento: no me gustaría que un hijo mío se convierta.

4 Chat
-¿Qué opinás del chat, Jacobo?
-Que no tiene ningún sentido.
-¿Por qué?
-¿A quién le puede interesar un sistema en el que alguien habla sin que se lo pueda interrumpir?

5 Viejo refrán austríaco (La paja en el ojo ajeno)
Esa chica tiene más Hof (cortejo) que Freiung (casamiento).
Se dice, con mordacidad e ironía, con relación a ciertas mujeres entradas en años que por diferentes razones nunca encontraron marido.

El chiste aprovecha el doble sentido de las palabras Hof y Freyung que, además de su significado, nombran a dos lugares (un pasaje y un edificio) muy conocidos de Viena.
Hay una versión cordobesa, también basada en el doble sentido de las palabras:
Era una mina que tenía muchas Navidades y pocas Nochebuenas.

6 Reflexiones filosóficas
La vida humana se divide en dos épocas. Durante la primera se desea que llegue la segunda y durante la segunda se desea que vuelva la primera.


Todos han sido robados desdorosamente. Los damnificados van desde Freud hasta Lila Schuster. En el próximo día del perdón pediré la absolución por estos desatinos. Shalom.
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lunes, 8 de septiembre de 2014

La Real Academia del morfi


La Académie des gastronomes se fundó en 1927 con los mismos cuarenta sillones y los mismos estatutos de la Académie française que en 1635 había fundado el Cardenal Richellieu. Ambas se ocupan de cosas que pasan por la boca. La última, de las que salen de ella (palabras y cuestiones relativas a la lengua) y, la primera, de las que entran (alimentos, bebidas y demás delicias de la cocina francesa.)
 

Antes de volver a la Académie y a su primer presidente Curnonsky permítanme un pequeño aparte para comentarles el origen de nuestra palabra lunfarda morfi (comida) según el gran artista, humorista, arquitecto y dibujante Lorenzo Amengual.
Morfi deriva del italiano smorfia que significa mueca, contracción de los músculos faciales.
Es el gesto que hacemos al masticar y de allí resultan “un sustantivo y un verbo lunfardo: “morfi” y “morfar”, comida y comer.”
Smorfia, que deriva de Morfeo, el dios de los sueños, tiene otra acepción en el dialecto napolitano: es el arte de la interpretación, en la tradición de que allí está señalado el destino de los soñadores. Esta smorfia es la que atribuye a cada sueño determinado un número de la quiniela, el 22 es “el loco”, el 48 el “morto chi parla”, el 28… no lo recuerdo, lo que aprovecho para retomar el hilo original.


Maurice Edmond Sailland (1872-1956) -que eligió el seudónimo Curnonsky porque en sus comienzos todo lo ruso estaba de moda en París, el Zar estaba de visita, Nijinsky bailaba, Stravinsky aparecía en todos los afiches y él, que era un amante del latín, se preguntó Cur non sky (¿por qué no algo que termine en sky?)- tuvo la esforzada tarea de poner en marcha la institución y conciliar las numerosas opiniones de tantos miembros y sus cocinas regionales. Este párrafo tomado de sus recuerdos deja en claro su talento literario-gastronómico-político: “La extrema derecha no admite sino la gran cocina, los grandes banquetes diplomáticos; la derecha gusta de la cocina familiar tradicional, los viejos licores y los platos que se cuecen a fuego lento; el centro aplica el regionalismo y practica ir de restaurantes; la izquierda tiende a la cocina rápida (tortilla y loncha de jamón) pero practica el gastronomadismo y la extrema izquierda reúne a los amantes del exotismo.”

Curnonsky comenzó en la literatura como “negro” (el que escribe para otro) del marido de Colette. Lo mismo hacía ella hasta que decidió lanzarse por su cuenta y relegar al tipo, para siempre, al olvido. Más tarde encontró la forma de mezclar trabajo con placer y comenzó su tarea de divulgación y publicidad de la cocina francesa alcanzando un éxito que lo acompañó hasta sus últimos días. En 1946 fundó la famosa Cuisine et vins de France que tuvo hijos por todo el planeta.
En 1952, cuando cumplió ochenta años, el Príncipe de los Gastrónomos como lo llamaba todo el mundo, recibió el siguiente regalo: ochenta de los más famosos restaurantes parisinos (desde los más suntuosos a los más modestos) le reservaron una mesa a perpetuidad con una tarjeta que decía: “Maurice Saillant Curnonsky, Príncipe de los Gastrónomos, defensor e ilustrador de la cocina francesa, huésped de honor de esta casa”.
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jueves, 4 de septiembre de 2014

Una muchacha predestinada - Osvaldo Gallone

Humor del bueno o mejor


La vida y pasión de los habitantes de Duvil -pueblo de la campaña bonaerense- y, en especial, de Noemí Dinard -la protagonista- se encadenan en diez cronicones desopilantes que tocan las obsesiones fundamentales de los argentinos (sexo, religión, amor, fútbol, psicoanálisis) con un humor irónico, desmesurado y pluma afilada. La prosa atrapa al lector mientras las complicaciones de pago chico sirven de pretexto al autor para hundir el bisturí en los aspectos más salientes de nuestra idiosincrasia y organización social.

Los personajes reiteran sin descanso esas frases típicas en que mostramos nuestros saberes consagrados y los códigos que compartimos: los lugares comunes, y van transformando la comedia en un sainete donde el exceso y el absurdo nos garantizan una dosis tamaño baño del remedio infalible: la sonrisa.
Hay de todo como en botica, guiños y referencias culturales y culturosas por doquier, pero ¿no son esas, acaso, una de nuestras características más notorias?
Entre muchas, el que suscribe elige como puntos más altos tres situaciones disparatadas: el sistema de catalogación de libros de la bibliotecaria del pueblo; una versión duvilense del Caso Dora de Freud y un error en el afiche de la campaña política del intendente (págs. 24, 75 y 98).

“Pinta tu aldea y pintarás el mundo” es el mensaje que recibe Noemí Dinard. El autor lo invierte y parodia: pinta una aldea vecina para pintar la ciudad propia.
Resumiendo: imperdible. Corra a comprarla antes de que se acabe el mundo.  Tendrá diversión asegurada, de la cual estas líneas son la garantía escrita. Cualquier reclamo hecho dentro de las 72 horas dará lugar a la devolución del importe completo, que será depositado en un banco de Nueva York a la orden del juez Griesa.

Una muchacha predestinada, Osvaldo Gallone, 2014, VS Editores.
Reseña de Fernando Terreno

Lo pueden encontrar en Librería Santa Fe de Av. Santa Fe 2376, Av. Cabildo 605 y sucursales; Librerías Yenny, El Ateneo y en todas las "buenas casas del ramo". 
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domingo, 31 de agosto de 2014

Iglesias y monasterios - Humor


1 Fertilización asistida
-¡Estás embarazada! Al fin. No sabés cómo te envidio, ¡qué lindo! Te felicito.
-Gracias, muchas gracias. Yo también estoy tan contenta. Después de tanto tiempo…
-¿Hicieron algún tratamiento…?
-No. Nada de eso. Fue todo una cuestión de fe. Comencé a frecuentar la Iglesia de los Milagros, ahí en la calle Otamendi… Es muy sencillo.
-Contá, contá.
Y la amiga le contó, entusiasmada, su experiencia por lo que ella misma decidió ir a probar suerte con el culto.
-Buenas tarde Padre, me recomendó venir mi amiga Florencia. Tengo los mismos problemas que tenía ella y deseo de todo corazón quedar embarazada. Quisiera que me indique las mismas oraciones…
-¿Oraciones…?
-Sí, no recuerdo muy bien… el credo… o el Dios te salve María…
-No m’hijita, no era eso. Era un Padre nuestro… Pero ya no está más. ¡Por esas mismas cosas lo tuvimos que echar!


2 Copistas
Un joven novicio llega al monasterio y le asignan la tarea de ayudar a otros monjes a transcribir los antiguos cánones y reglas de la Iglesia. Se sorprende de que esos monjes efectúen la labor a partir de copias y no de los manuscritos originales.
Va a ver al Abad y le plantea el hecho de que si alguien hubiera cometido un error, por pequeño que sea, ellos lo propagarían, de generación en generación, en todas las copias posteriores.
El superior le responde:
-Hace siglos que procedemos así, pero tu puntualización es buena, hijo.

A la mañana siguiente el Abad desciende al sótano del monasterio donde tienen archivados los manuscritos y pergaminos originales. Nadie ha abierto esos documentos desde hace siglos. Pasa la mañana entera allí, también la tarde. Llega la noche y no ha dado señales de vida. Arriba la preocupación crece a medida que las horas pasan, por lo que envían al joven novicio en su búsqueda.
Lo encuentra en un estado lamentable, como poseído; con las ropas raídas, la cara ensangrentada y golpeándose la cabeza contra los muros.
-Padre Abad, ¿qué le sucede? –le dice desesperado el novicio.
-¡Caridad! ¡Caridad! ¡Caridad! ¡la puta que los reparió!, -grita desesperado el Abad-, ¡eran votos de Caridad no de Castidad los que teníamos que hacer!

Los proveedores de estos cuentos son los sacrílegos Julio Cazón y Kiko Garrido a quienes espero que los alojen en el infierno (y que avisen si está bueno).
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martes, 26 de agosto de 2014

Con el mismo cuento 26 - G. Gamow y Borges


Por Fernando Terreno
… 
También se descifró el contenido: nociones de análisis combinatorio, ilustradas por ejemplos de variaciones con repetición ilimitada. Esos ejemplos permitieron que un bibliotecario de genio descubriera la ley fundamental de la Biblioteca. Este pensador observó que todos los libros, por diversos que sean, constan de elementos iguales: el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto. También alegó un hecho que todos los viajeros han confirmado: No hay en la vasta Biblioteca, dos libros idénticos. De esas premisas incontrovertibles dedujo que la Biblioteca es total y que sus anaqueles registran todas las posibles combinaciones de los veintitantos símbolos ortográficos (número, aunque vastísimo, no infinito) o sea todo lo que es dable expresar: en todos los idiomas. Todo: la historia minuciosa del porvenir, las autobiografías de los arcángeles, el catálogo fiel de la Biblioteca, miles y miles de catálogos falsos, la demostración de la falacia de esos catálogos, la demostración de la falacia del catálogo verdadero, el evangelio gnóstico de Basilides, el comentario de ese evangelio, el comentario del comentario de ese evangelio, la relación verídica de tu muerte, la versión de cada libro a todas las lenguas, las interpolaciones de cada libro en todos los libros, el tratado que Beda pudo escribir (y no escribió) sobre la mitología de los sajones, los libros perdidos de Tácito.
 Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad. Todos los hombres se sintieron señores de un tesoro intacto y secreto. No había problema personal o mundial cuya elocuente solución no existiera: en algún hexágono.
La biblioteca de Babel, 1941, Jorge Luis Borges

En realidad, una prensa automática tal imprimiría todo lo que se escribió alguna vez desde los tiempos en que la gente aprendía a escribir: cada línea de prosa y de poesía, cada editorial y anuncio de los diarios, cada  grueso volumen de los tratados científicos, cada carta de amor, cada nota al lechero…
Contemos el número de líneas que imprimiría la máquina para presentar todas las combinaciones posibles de letras y de otros signos tipográficos. Hay 26 letras en el alfabeto inglés, diez cifras (0, 1, 2,…, 9) y 14 signos comunes (espacio en blanco, punto coma, dos puntos); en total cuarenta símbolos. Supongamos también…
Además la máquina imprimiría todo lo que se deberá imprimir en los siglos venideros. Sobre el papel que viene del cilindro giratorio hallaríamos la poesía del siglo treinta, los descubrimientos científicos del futuro, los discursos que pronunciarán en el Congreso de los Estados Unidos durante el 500º período parlamentario de este país, y relatos de accidentes del tránsito interplanetario del año 2344.
Uno dos tres… infinito, George Gamow, 1946, Espasa-Calpe Argentina, 1948, págs. 23/24.


Observando los dos fragmentos me parece evidente que uno de los dos (o ambos) autores leyó al otro. Por la fecha de su publicación podemos suponer la prioridad de Borges sobre el texto. Ahora, si nos atenemos a la naturaleza de la idea, un desarrollo del cálculo combinatorio (una rama de las matemáticas), hay motivos para pensar que la paternidad corresponda al físico matemático ruso George Gamow que hacia 1936 fue contratado por la Universidad de Michigan radicándose en Estados Unidos hasta su muerte. En especial porque el libro tiene un capítulo sobre los grandes números y “los infinitos” del matemático ruso George Cantor, en donde me parece que don J.L.B. ha tratado de entender los aspectos matemáticos del concepto de infinito (que pone en otros trabajos). Este libro reunía charlas y conferencias que Gamow iba dando por diferentes ciudades norteamericanas.
En su copiosa obra sobresalen los desarrollos sobre física atómica, las contribuciones a la teoría del Big Bang y, en especial, sus trabajos llenos de humor sobre difusión científica y juegos matemáticos.
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viernes, 22 de agosto de 2014

Con el mismo cuento 25 – Borges y Freud


Dos judíos se encuentran en un vagón de ferrocarril en una estación de Galitzia.
-¿Adónde viajas?, -pregunta uno.
-A Cracovia, responde el otro.
-¡Qué mentiroso que sos! -salta indignado el primero-. Dices que vas a Cracovia, para que yo crea que viajas a Lemberg. Pero ahora sé que viajas realmente a Cracovia. Así pues, ¿por qué sos tan mentiroso?
Sigmund Freud, El chiste y su relación con el inconsciente, 1905.

...los baratijeros Mosche y Daniel que en la mitad de la gran llanura de Rusia se saludaron:
-¿Adónde vas, Daniel?, -dijo el uno.
-A Sebastopol, -dijo el otro.
-¡Mientes, Daniel. Me respondes que vas a Sebastopol para que yo piense que vas Nijni-Novgórod, pero lo cierto es que vas realmente a Sebastopol. ¡Mientes, Daniel!
Jorge Luis Borges, Evaristo carriego, 1930, (Obras completas, 1974, pág.146) y en El truco de El idioma de los argentinos, 1928.


El que encontró la coincidencia entre los textos de Borges y el de Freud es Carlos García. Forma parte de su amplio y detallado trabajo sobre la proclamada aversión intelectual al psicoanálisis por parte del escritor y que se puede leer en este enlace:
http://cvc.cervantes.es/trujaman/anteriores/diciembre_04/20122004.htm
Lo pongo acá para no incurrir en el delito de encontrar las cosas antes de que otros las pierdan o de tomar préstamos no otorgados (a los que era tan afecto don JLB) y, en especial, al hecho de no citarlos como fuentes (lo que no le hubiera quitado mérito alguno).
Volviendo al artículo de Carlos García, el chiste elegido es doblemente gracioso: por sí mismo y por poner en evidencia el mecanismo que usaba Borges al “tomar” textos de otros y no citar la fuente o desviar en otras direcciones (muchas veces apócrifas) cuando hacía las citas. Y, lo cortés no quita lo valiente, mejorarlos y enriquecerlos casi siempre, salvo en contadas ocasiones.


El chiste de Borges fue citado durante la presentación de El divino desorden, de Viviana Ackerman, que acaba de lanzar Ediciones Capital Intelectual. Al buscarlo para ver a qué cuento pertenecía me encontré con el trabajo de García.
El subtítulo del libro, Claves para leer a Borges, deja claro el objetivo de la autora: una ayuda para entrar en la obra del escritor. Es muy atractivo y se puede encontrar en librerías y algunos kioscos de revistas.

Las ilustraciones son Los jugadores de cartas de Paul Cezanne y Borges por Enrique Hernández D'Jesús. Desconozco al autor de la de Freud.
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domingo, 17 de agosto de 2014

Arribeños y Abajeñas


Ramito de albahaca,
         niña Yolanda, ¿dónde estarás?
         Atrás se quedó alumbrando
         su claridad.
         Vuelvo a las abajeñas:
         ya mi caballito no puede más.
Zamba de Lozano, 1952, de Manuel J. Castilla (letra) y Gustavo Cuchi Leguizamón

Desde Córdoba hacia el norte de la República Argentina se usa arriba y abajo con un sentido que a los forasteros (y, por qué no decirlo, a muchos lugareños también) resulta difícil de entender. El que esto escribe, natural del Departamento Tercero Abajo de la Provincia de Córdoba, anduvo mucho tiempo preguntándose si los vecinos que vivían en el Departamento Tercero Arriba eran unos privilegiados. Al fin y al cabo, los de Abajo no éramos menos que nadie en general y que ellos en particular.*
La cosa es muy sencilla, que todo es fácil sabiendo “cómo”, y estaba también en:

Una excursión a los indios ranqueles, 1870, de Lucio V. Mansilla, Cap. 4

Al oeste le llaman arriba. Al este, abajo. Estos dos vocablos sustituidos a los vientos cardinales, permiten expresarse con más facilidad y más claridad, en razón de la similitud de las palabras este y oeste y de su composición vocal.
Un ejemplo lo demostrará.
Si queriendo ir del punto A al punto B o para ser más claro, de la Villa del Río Cuarto al fuerte Sarmiento, cortando el campo, se ocurriese a un baqueano por las señas, las daría así:
Miraría al sur, y haciendo una indicación con la mano derecha diría: se sale en estas dereceras, sur, y se camina rumbeando medio abajo; pero muy poco abajo.
Con estas señas, el que tiene la costumbre de andar por los campos, va derecho como un huso a su destino.
Si queriendo ir de la Villa del Río Cuarto a las Achiras, en el mes de noviembre, verbigracia, en que el sol se pone inclinándose al sur, se preguntasen las señas, la contestación sería:
Salga derecho arriba, medio rumbeando al lado en que se pone el sol y ahí, en aquella punta de sierra, ahí está Achiras.
Con esas señas cualquiera va derecho.
De esta costumbre cordobesa de llamarle abajo al naciente y arriba al poniente, viene la denominación de provincias de arriba y de abajo; la de arribeños y abajeños.
A las facilidades que este modo de expresarse ofrece, reúne una circunstancia que responde a un hecho geográfico.
Ir de Córdoba para el poniente o para el naciente, en efecto, ir para arriba o para abajo, porque el nivel de la tierra es más elevado que el del mar a medida que se camina del litoral de nuestra patria para la Cordillera; la tierra se dobla visiblemente, de manera que el que va sube y el que viene baja.


Como buen porteño, Mansilla no se privó de reírse de los cordobeses. Vean este párrafo donde enseña el modo de imitar la tonada mediterránea.
-Cómo úsia quiera- contestó el Cautivo, con esa tonada cordobesa que consiste en un pequeño secreto- como lo puede ver el curioso lector o lectora-: en cargar la pronunciación sobre las letras acentuadas y prolongar lo más posible la vocal o primera sílaba.
En haciendo esto ya es uno cordobés. No hay más que ensayarlo.

*Lo de Tercero viene por el nombre del río homónimo, también llamado Ctalamochita o Carcarañá.
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miércoles, 13 de agosto de 2014

Más cuentos de abogados - Humor


1 Encuentro
Se encuentran dos abogados en el garaje de un Motel y advierten que cada uno anda con la mujer del otro. Pasada la incomodidad inicial, uno rompe el silencio en tono algo solemne y con cuidada dignidad:
-Estimado colega, creo que lo correcto sería que mi mujer venga conmigo a mi auto y que su mujer se vaya con Ud. en su auto.

El otro le responde de inmediato:
-Coincido en líneas generales con su planteamiento, querido colega. Quizás eso sería lo correcto, pero no estoy seguro que sea lo justo: ¡ustedes están saliendo y nosotros entrando!


2 Examen
Alumno de Derecho al  presentarse a un examen oral.
- ¿Qué es un fraude?

- Es lo que el señor profesor está haciendo,- responde el alumno.
El profesor lo indaga indignado:

- Lo que faltaba, ¡explíquese!
- Señor, según el  Código Penal, “comete fraude todo aquel que se
aprovecha de la ignorancia del otro para perjudicarlo”.


3 Accidente
Dos trabajadores iban caminando por el costado de la ruta, volviendo de una fábrica donde habían trabajado duro el día entero, cuando un abogado, que venía a toda velocidad con su auto importado, los atropella.
Uno de ellos atravesó el parabrisas y cayó dentro del coche del abogado y el otro fue arrojado a unos diez metros del lugar del accidente.

Tres meses después salieron del hospital y, para sorpresa general, fueron inmediatamente a la cárcel: uno por invasión de propiedad privada y el otro por huir del lugar del accidente.

 Dedicado con cariño a las legiones de ellas y ellos que ejercen la sacrificada tarea de administrar la justicia en la Tierra (trabajo que en todas las otras jurisdicciones ejerce ¡una sola persona!)
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domingo, 10 de agosto de 2014

Ríos cordobeses


Los cordobeses* son gente ingeniosa y divertida, especialmente para ponerles nombres y motes a las cosas. Pero como toda regla tiene su excepción, los nombres de sus ríos no son un dechado de ingenio sino, más bien, una gran desilusión, una sombra de duda sobre la veracidad de la primera afirmación.
En efecto, haciendo gala de una pobreza imaginativa franciscana (o de un rico espíritu clasificatorio) más parecen haber sido bautizados por un contador que por un poeta.
¡Se llaman Primero, Segundo, Tercero, Cuarto y Quinto!

En el prólogo a su cuento En el andén, el gran escritor José Viñals (cordobés, entre otros defectos personales) escribió:
Hay nombre de ríos en el mundo que inducen a soñar y le agrandan a uno el alma: el Tigris y el Éufrates en primer lugar, el Nilo, el Orinoco, el Ródano, el Danubio, el Tajo, el Pilcomayo, el Paraná, el Bermejo.
Son nombres  –uno piensa– brotados de la boca de hermosos pueblos en estado de alta poesía prístina e involuntaria, de inocencia, de sueños; en el estado en que se hallaría Adán en el Paraíso, en la embriaguez y el delirio de nombrar a cada nuevo ser, en aquel viejo instante de la Creación en que la poesía estaba hecha sólo de sustantivos  y de perfectas interjecciones.
Oh, leopardo, cebra, luna, avellana, oh mujer, oh jilguero, encina, pez, caballo.
Pero hay nombres de ríos que sólo pueden esterilizar al sueño y al soñador. Piénsese en los ríos mayores de mi provincia, llamados inspiradísimamente Primero, Segundo, Tercero, Cuarto y, desde luego, Quinto.
Bien, el Segundo y el Tercero fueron mi Tigris y mi Éufrates…

*Naturales de la Provincia de Córdoba, República Argentina.
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jueves, 7 de agosto de 2014

Guadal


Repechando en los guadales
sube el camino, zambita de dos ramales
virutaivino.
La virutaivino, zamba de Gerardo Núñez (letra) y Miguel Angel Pérez


Del árabe clásico wadi, participio del verbo wada, que significa fluir, correr (el agua) y también vaguada, madrejón, rambla, barranco; nos viene, previo paso por el dialecto andalusí, la palabra guadal. Para los ríos permanentes tenían otra palabra; siendo ellos de zonas áridas y desiertas, esta aludía a los cauces por donde las aguas fluyen ocasionalmente, cuando llueve.
Ya en España la familia guadal se agrandó y vemos sus descendientes en ríos de año completo: Guadalquivir, Guadarrama (de las arenas), Guadalajara (de las piedras), Guadiana, Guadix, Guadalupe y Guadalcanal (que viajó hasta el Pacífico.)


En un clásico de la literatura argentina, Una excursión a los indios ranqueles, de 1870, Lucio V. Mansilla hablaba así del tema:
Cap. 4
Idea a que no nos resignamos. La partida. Lenguaje de los paisanos.
Qué es una rastrillada. El público sabe muchas mentiras e ignora otras verdades. Qué es un guadal. El caballo y la mula. Una despedida militar. La Laguna Alegre.

En plena Pampa, no hay más caminos. Apartarse de ellos un palmo, salirse de la senda, es muchas veces un peligro real; porque no es difícil que ahí mismo, al lado de la rastrillada, haya un guadal en el que se entierren caballo y jinete enteros.
Guadal se llama un terreno blando y movedizo que no habiendo sido pisado con frecuencia, no ha podido solidificarse.
Es una palabra que no está en el diccionario de la lengua castellana, aunque la hemos tomado de nuestros antepasados, que viene del árabe y significa agua o río.
La Pampa está llena de estos obstáculos.
¡Cuántas veces en una operación militar, yendo en persecución de los indios, una columna entera no ha desaparecido en medio del ímpetu de la carrera!
¡Cuántas veces un trecho de pocas varas ha sido causa de que jefes muy intrépidos se viesen burlados por el enemigo, en esas Pampas sin fin!
¡Cuántas veces los mismos indios no han perecido bajo el filo del sable de nuestros valientes soldados fronterizos por haber caído en un guadal!
Las Pampas son tan vastas, que los hombres más conocedores de los campos se pierden a veces en ellas.

El caballo de los indios es una especialidad en las Pampas.
Corre por los campos guadalosos, cayendo y levantando, y resiste a esa fatiga hercúlea asombrosamente, como que está educado al efecto y acostumbrado a ello.
El guadal suele ser húmedo y suele ser seco, pantanoso y pegajoso, o simplemente arenoso.
Es necesario que el ojo esté sumamente acostumbrado para conocer el terreno guadaloso. Unas veces el pasto, otras veces el color de la tierra son indicios seguros. Las más el guadal es una emboscada para indios y cristianos.
Los caballos que entran en él, cuando no están acostumbrados, pugnan un instante por salir, y el esfuerzo que hacen es tan grande, que en los días más fríos no tardan en cubrirse de sudor y en caer postrados, sin que haya espuela ni rebenque que los haga levantar. Y llegan a acobardarse tanto, que a veces no hay poder que los haga dar un paso adelante cuando pisan el borde movedizo de la tierra. Y eso que es de todos los cuadrúpedos destinados al servicio del hombre el más valiente.
Picado con las espuelas parte como el rayo y salva el mayor precipicio.
¡Cuán diferente de la mula!
Jamás pierde ella su sangre fría.


 
En las fotos guadales de la Pampa (en bicicleta), de Rally Dakar y del Chubut (Pedro Sancha, en 1948, el viento es tan fuerte que la polvareda viaja adelante del auto. Del blog "Corredores del viento")