miércoles, 27 de abril de 2016

Con el mismo cuento 40 - Borges y Amorim


Hombre de la esquina rosada, 1935, Jorge Luis Borges, (1899-1986).
Gaucho pobre, 1953, Enrique Amorim, (1900-1960).
Historia de Rosendo Juárez, 1970, Jorge Luis Borges, (1899-1986).

El aire de familia que tienen estos cuentos no es casual. Sus autores eran amigos, parientes y -por si hubiera que reforzar los vínculos- los dos primeros intercambian dedicatorias. Cuando Borges escribió el tercero la posibilidad de dialogar con Amorim se había clausurado; Don Enrique ya había muerto.
Los cuentos son breves e interesantes, vale la pena su lectura. Están entre los últimos sobrevivientes de la gauchesca.
Hombre de la esquina rosada fue llevado al cine en 1962 por René Mugica (con Francisco Petrone, Jacinto Herrera y Susana Campos en los protagónicos). El autor estaba muy complacido con la película, decía que era mejor que el cuento.

La relación entre ellos fue estudiada por Pablo Rocca, docente de la Universidad de la República, Montevideo, que escribió un delicioso y documentado ensayo sobre el punto:
Rocca, P. (2010) Duelos: Sobre "Hombre de la esquina rosada", "Historia de Rosendo Juárez", de Jorge Luis Borges y "Gaucho pobre", de Enrique Amorim.

Como además tiene el mérito de ser conciso no agregaré ni una línea más. Se lo puede leer acá:
http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.4234/pr.4234.pdf

Hombre de la esquina rosada:
http://www.literatura.us/borges/rosada.html
Gaucho pobre:
http://www.planagropecuario.org.uy/publicaciones/revista/R56/R_56_34.pdf
Historia de Rosendo Juárez:
http://www.literatura.us/borges/juarez.html
Película Hombre de la esquina rosada:
https://www.youtube.com/watch?v=AtlrcPjSWxM

La viñeta, llamada Milongas borgeanas, es de Carlos Ferreira.
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miércoles, 20 de abril de 2016

Apellidos pascuales

Apellidos pascuales y otras rarezas


Las fiestas judías y cristianas de la Pascua (unas celebran el éxodo de Egipto y las otras la resurrección de Jesús) ocurren en fechas cercanas por eso de que edificar un templo sobre otro viene de lejos y permite cierta idea de continuidad.
Muchos apellidos las recuerdan ya sea porque nacieron asociados a ellas o a comunidades que surgieron alrededor del culto de esas celebraciones o por las razones que fueran:

Pascale, Pascucci, Pasqual, Pasquale, Pascotto, Pasqualetti, Pasqualotto, Pasqualin, Pasqualini, Pasquariello, Pasqualon, Pasquin, Pasquini, Pasquinelli, Pasquazzo, Pasquotto.
Y, por si no fuera suficiente, los hay también que derivan de la cuaresma, el período de cuarenta días que antecede a las pascuas y en los cuales hay restricciones sobre la ingestión de ciertos alimentos: Quaranta, Quaresimi, Quaresima, Carantonelli, Caranta, Quaranti, Quaresimo, Quaresimale.

Y si vamos unos días atrás y nos detenemos en las fiestas del carnaval, también continuación de unas antiguas fiestas paganas griegas y romanas –en esa época creo que se llamaban saturnalias o dionisícas– podemos ver varios apellidos que vienen de allí:
Carnevale, Carnevali, Carlevaro, Carlevaris.
Algunos dicen que, precisamente, la palabra carnaval viene de la italiana carnevale que a su vez deriva de carne levare, es decir de suspender el uso de la carne, refiriéndose a la abstinencia de carne durante la cuaresma, que es el periodo que sigue al carnaval.

 
Extractado de:
Trentino Emigrazione, Rivista della Provincia Autonoma di Trento, Italia, Nº 32 –marzo 2005 – Nº 26 diciembre 2002.
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La viñeta es de El roto. No tiene nada que ver con las Pascuas, pero viene muy a cuenta de las situación en la República Argentina y los Panamá papers.

viernes, 15 de abril de 2016

Marcela Tinayre


Las novelas de Marcelle Tinayre tuvieron un gran éxito. La casa del pecado (La maison du Peelle) tuvo 40 ediciones y Helle vendió más de cien mil ejemplares. Pero a la par de su carrera como prolífica escritora tuvo una fuerte militancia política, fue parte de los movimientos feministas y de la causa de las mujeres, con posiciones que la llevaron a rechazar la más alta condecoración de la República Francesa: la Legión de Honor.


Es posible que, a esta altura, alguien esté pensando que El Pulpero se confundió o no tomó la pastilla. Que Marcela Tinayre es una hermosa conductora de la televisión argentina, hija y madre de otras estrellas del espectáculo, y no encuentre verosímil lo de escritora.
Sin embargo una cosa es tan cierta como la otra: se trata de un caso de homonimia, dos personas con el mismo nombre.

Marcelle Tinayre, cuyo nombre verdadero era Marguerite Suzanne Marcelle Chasteau, (1870 Tulle – 1948 Grossouvre), tomó el apellido de su marido Julien, un pintor y grabador con quien se casó en 1897, en París. Para la misma época publicó Avant l’amour, su primer novela con la que se hizo muy conocida. Hace poco tiempo, la editorial des femmes, que fundó Antoinette Fouque y que publica casi exclusivamente a mujeres, reeditó en 2015, La Veillée des armes. Una crónica del comienzo de la guerra del 14, de la movilización de los ejércitos los primeros dos días en que parten los trenes con soldados desde Paris hacia el frente.

Tanto Marcelle como su marido eran auverneses, naturales de la región de Auvernia, el centro mismo de las galias donde se desarrolló la campaña de Julio César y donde Vercingétorix le infligió una de sus pocas derrotas. Las otras ocurren en la historieta Asterix. ¿Será de allí que el nombre tenga una llamativa similitud con averno, que significa infierno en italiano?
De lo que pueden caber pocas dudas es que el padre de Marcela, el director cinematográfico Daniel Tinayre, conociera a la escritora y haya querido homenajearla al elegir el nombre de su hija.

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martes, 12 de abril de 2016

Apellidos santos

(los seguidores de Antonio y de Pedro)


Hay dos santos de los que provienen una gran cantidad de apellidos europeos, en especial italianos: Antonio y Pedro.
Los apellidos son una antigua manera de establecer linajes (que comenzó en los tiempos del Imperio Romano) y –especialmente– de identificar personas con el principal objetivo de cobrarles impuestos (práctica que se consolidó en la Edad Media).*  Esto explica la cantidad de referidos a plantas, cultivos, lugares y oficios, pero deja el interrogante, en este caso, acerca de cómo el culto a algunos santos se trasladó a los apellidos de sus seguidores.
El hecho resulta llamativo porque algo similar se planteó muchos años después, en el Siglo XIX, cuando los esclavos libertos tomaron el apellido de los patrones que los liberaban.
Cualquiera sea la razón, resulta interesante que entre estos dos santos podemos enumerar casi un centenar de apellidos de los cuales van acá estos, a modo de ejemplo:

De ANTONIO:
Antonelli, Antolini, Antoniazzi, Antonutti, Antonioni, Dall’Antonia, Tonolli, Tonini, Toniolli, Tognali, Tognazzi, Tognoli, Antognini, Tognon, Tonetti, Anton, Tonolini, Tonolli, Tonet, Dantoni, Dantonio, Dantone, Antonietti, Tuninetti, etc.

De PEDRO:
Pederzolli, Pedrini, Depetri, Depedri, Pedrazza, Pedrazzi, Pederzini, Dalpeder, Peder, Depeder, Peterlin, Pedranz, Pedro, Petrolli, Depetris, Petrella, Petrei, Pedraz, Pedrin, Peltrari, Depedro, Pietrolin, Depetris, Pedrazzolli, Pedrotti, Petroni, Petri, etc.

Puede resultar natural, dado que San Antonio Abad y, especialmente, San Antonio de Padua tuvieran muchos seguidores en su tierra natal.
Lo mismo con respecto a San Pedro, nombrado primer Papa por el mismo Jesús, previo cambiarle al apóstol su nombre arameo original: Kepha o Cefa.

*ver entrada del 17 Set de 2009,  “Apellidos con gusto a zapallo”
http://lapulpera.blogspot.com.ar/2009/09/apellidos-con-gusto-zapallo.html

Extractado de:
Trentino Emigrazione, Rivista della Provincia Autonoma di Trento, Italia, Nºs 21 –agosto 2001 y 22 – noviembre 2001.

 
Los autores de las últimas viñetas son Pericles y Kappel. Desconozco a los autores de las otras dos.
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miércoles, 6 de abril de 2016

Roa Bastos devuelve los golpes (de la 39)



Roa Bastos devuelve los golpes

Admito que he sido impiadoso y algo perverso con muchos escritores al dar rienda suelta a mi berretín de encontrar similitudes o préstamos en sus obras. Me refiero a la serie: “Con el mismo cuento” que vengo recopilando hace unos años.
Confieso que no son las únicas faltas cometidas en esa tarea, con el agravante de que los autores involucrados no pueden defenderse porque no están avisados o, en su gran mayoría, están muertos.  

Así andaba, tranquilo e impune, hace unos días, atrapado en la novela Hijo de hombre, disfrutando la imaginación desbordante y su prosa exquisita, cuando el muy ladino de Roa Bastos me aplicó un mamporro certero que me dejó sentado. El tipo, agazapado al final de la página 249, como si conociera esto de hurgar en libros ajenos, le adjudica el mismo pecado al antihéroe y, de paso cañazo, al lector que tenga la mala costumbre.
Veamos cómo lo dice. El que narra es Miguel Vera que, preso en el penal militar de Peña Hermosa, acaba de recibir un paquete con libros:

            “Varias novelas… Lectura para meses. O para años. Hojeé distraídamente La guerra y la paz, recordando la primera vez que leí la novela de Tolstoy, en Itapé, durante unas vacaciones de la Escuela Militar, convaleciente de paludismo. La había comprado creyendo que tenía alguna relación con el arte castrense. Es el mismo ejemplar subrayado por mí. Fea costumbre. Alambrados de lápiz rojo alrededor de pensamientos ajenos, que luego se llenan en uno de plantas parásitas.
No podía acordarme más que de algunos pasajes inconexos. En cambio, el nombre del escritor ruso me trajo el recuerdo de unas palabras suyas, leídas no sé dónde, acerca de una tribu extinguida hace mucho tiempo. Alguien dice de pronto: “Todos los atzures han muerto. Pero hay aquí un papagayo que conoce algunas palabras en su idioma…” ¿A qué clase de sobrevivencia quiso aludir Tolstoy? No sé porqué he recordado esto. Es probable que se trate de una asociación sugerida por los gritos del gua’á.

El gua’á es un guacamayo que hay en el penal que grita en guaraní: ¡Escapemos!... ¡Escapemos todos! 

Cuando me repuse del golpe vi que, en realidad, incluye la confesión de su parte de que él mismo hacía prácticas similares.
Recordé que el personaje Miguel Vera es, en cierto modo, su alter ego y que el encuentro de esas hilachitas de Tolstoy son una muestra de amoroso reconocimiento al ruso. Y una mirada piadosa para los lectores que marcan, subrayan y recortan los textos de otros.
Ni qué decir de la alusión a atzures y papagayos: cuando todo desparezca... quedarán algunas palabras.
Su novela y este Tolstoy que nos ha seleccionado bastan y sobran para ponerlo entre los indispensables.

ROA BASTOS, Augusto – Hijo de hombre, Eterna Cadencia Editora, 2011, Buenos Aires.
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jueves, 31 de marzo de 2016

Con el mismo cuento 39 - Maupassant y Roa Bastos

Erotismo nutritivo

Idilio, cuento de Guy de Maupassant (1850-1893)
Hijo de hombre (1959), Cap. III Estaciones, párrafo 9, novela de Augusto Roa Bastos (1917-2005)






 








En estos cuentos, el refinado erotismo que se insinúa se transforma, en un giro inesperado, en una situación ambigua en el límite entre el amor y la desesperación. Una muestra del naturalismo del S19 que pasa a la literatura del 20.
Ambos transcurren en un viaje en tren, motivado por situaciones sociales apremiantes de las que los protagonistas intentan escapar en busca de un futuro mejor. Las coincidencias no paran allí, de modo que no hay dudas de que las páginas de Roa Bastos son deudoras de las otras y una muestra de su admiración por el escritor francés.

En Estaciones cuenta el viaje en tren del antihéroe de la novela, un Miguel Vera apenas adolescente, que va desde su pueblo a Asunción para  iniciar el secundario en la Escuela Militar. Los padres lo hacen acompañar por una criada, Damiana Dávalos, que aprovecha para llevar a su pequeño crío a conocer a su padre, preso en una cárcel de la capital por su participación en la Rebelión de los Agrarios de 1912. La vía ferroviaria ha sido tendida hace poco tiempo y las estaciones: Caacupé, Tobatí, Sapucay, Escobar  coinciden con viejos pueblitos o han sido fundadas hace poco tiempo.
Después la novela se enfoca alrededor de la Guerra del Chaco y sus consecuencias. Los distintos personajes y sus relatos de van entrelazando y a la vez permiten encontrar episodios separables como el extractado para este artículo. Otro de sus personajes, Crisanto Villalba –que tiene mucho de Martín Fierro y Juan Moreira– cierra la novela con un episodio memorable, muy distinto a los de sus antecesores en la ficción.

Sintetizando, resaltar el paralelismo entre ambas obras no tiene importancia frente a la magnitud y la potencia de Hijo de hombre. Como no se puede encontrar  en la red, me he permitido transcribir el fragmento más abajo. Si su lectura tienta a la de la novela,  esta entrada estará sobradamente cumplida.
Fin


Hijo de hombre – Capítulo III – Estaciones –
9
Los de segunda nos acomodamos entre los escombros para dormir.
Hacía calor. Extendimos el pequeño equipaje y nos acostamos sobre una manta que sacó Damiana de su atado. Cerca de nosotros, detrás de un trozo de pared, se tendió la pareja de recién casados.
La noche cayó de golpe sobre el pueblo.
A mí me parecía oler todavía la pólvora pegada a los yuyos, a los ladrillos, a la tierra. Del otro lado del pedazo de tapia seguían los arrumacos y besuqueos. De tanto en tanto la oía quejarse a ella despacito, como si el otro le hiciera daño jugando. También oía sus risas. Por eso no pude dormir pronto.
En otra parte, la voz temblona de un viejo, posiblemente alguno del pueblo, relataba interminablemente a un pasajero detalles de la catástrofe.
Al caer el primer sueño vi el relámpago y el trueno de la explosión. Veía correr a muchos hombres sin cabeza por la zanja, cubiertos de sangre, con la ropa en llamas. Me desperté y me encontré junto a Damiana, muy apretado a ella. Volví a sentir el hambre que se me hizo insoportable cuando noté que Damiana estaba tratando inútilmente de dar de mamar de nuevo al crío.
Procuré retomar el sueño, pero lo más que conseguía era una especie de excitada modorra que me hacía confundir todas las cosas. Damiana estaba quieta ahora, durmiendo tal vez. Cuando me di cuenta, me encontré buscando con la boca el húmedo pezón. Probé la goma dulzona de la leche. Pero ahora de verdad. La probé de a poco primero, apretando apenas los labios, con miedo de que Damiana sacara de mi boca esa tuna redonda y blandita que salía de su cuerpo. Pero ella no se movió. Tampoco a nosotros podían vernos. Nadie se iba a burlar de mí que mamaba en la oscuridad como un crío de meses. No sé por qué me vino en ese momento el recuerdo de la Lágrima González. No quería pensar en ella. Entonces chupé con fuerza, ayudándome con las manos, hasta que el seno quedó vacío y Damiana se volvió de costado con un pequeño suspiro.
Yo me dormí sin soñar más nada
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Susana P. me sugirió la relación entre las dos obras y propuso agregarla a esta serie de relatos emparentados. Agradezco aquí su generosidad.
Las viñetas de Roa Bastos son de Juan Ra Ferreira y Nico (Nicodemus Fermín Espinoza).
 

viernes, 25 de marzo de 2016

Salsas y azotes

Salsas y azotes: ¿Pesto o Bolognesa?

 
“¡Qué salsa que les dimos! Y el año que viene se la damos de nuevo.”
“Nos dieron un pesto del que no quiero ni acordarme.”

Usamos estas expresiones para referirnos a triunfos o derrotas abultadas que incluyen la humillación de los adversarios y también para comentar el resultado de grescas y peleas callejeras con un sentido más o menos figurado de castigo.
La cosa viene de lejos, del siglo XII. Por esos años, una especie de plaza de Rávena, Italia, cercana a la puerta de San Mamante en la muralla, se llamaba Las Salsas y se utilizaba para el castigo con azotes de los malhechores. Era un espectáculo público y que le dieran a alguien la salsa no tenía nada de metafórico.

De modo que, sin duda alguna, la expresión se ha ido modificando con el tiempo y la introducción del “pesto” debe ser obra de algún genovés, ya que Rávena está cerca de Bologna y la salsa, por lo tanto, debe ser la “Bolognesa”. Ya era usada en los tiempos del Dante como se ve en este fragmento donde están azotando a una persona que aquel había conocido en vida:

Ocultarse intentaba aquel golpeado,
mas al bajar la faz poco le presta,
que yo le dije: “Atiende el agachado:
 
si tu semblanza verdadera es ésta,
Venédigo eres tú, Cacianimigo.
¿Qué te trae, pues, a salsa tan funesta?

Y él respondió: “Sin voluntad lo digo:
Ni soy yo el solo boloñés que acierta
este sitio a morar,  de nos tan lleno;
Dante Alighieri, La Divina Comedia, Infierno, canto XVIII

El diálogo transcurre en el octavo círculo del infierno, que tiene diez grandes fosos circulares, donde los castigos van aumentando gradualmente. En éste, los demonios azotan a los rufianes mientras están sumergidos en la inmundicia, y todavía quedan tratamientos más atroces.
En el noveno círculo, les toca a los traidores a la Patria. Los castigos no los voy a decir. Que los busquen los interesados, si quieren saber lo que les espera.  Me refiero a los Senadores de la Nación, en especial a los que fueron electos por el Frente para la Victoria. Sería bueno que los recuerden antes de emitir su voto de aprobación o rechazo del infame acuerdo con los fondos buitre.
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lunes, 21 de marzo de 2016

Con el mismo cuento 38 - Mansfield, Woolf, Blaisten y Lispector

Con el mismo cuento 38 – Felicidad por cuadruplicado


Asunto escurridizo ese de la felicidad. Y no digo nada de conseguirla y retenerla sino, siquiera, de llegar a definirla, a rodearla, a pellizcarla aunque más no fuera.
El tema en común de estos cuentos es el intento de atraparla, de poner en palabras ese trance o el estado de exaltación que asociamos a la “gran palabra”.

Felicidad, (1918) cuento de Katharine Mansfield (1888- 1923)
La Felicidad, (c. 1925, publicado en 1985) cuento de Virginia Woolf (1882-1940)
La Felicidad, (1969) cuento de Isidoro Blaisten (1933-2004)
Felicidad clandestina, (1971) cuento de Clarice Lispector  (1920-1977)

Katharine Mansfield relata la de Berta Young, joven, madre, de alta burguesía inglesa, que descubre la suya plena (“…como si se hubiera tragado un trozo del sol… y este le abrazara… lanzando una lluvia de chispas por todo su cuerpo”) el mismo día en que su esposo hace una cita con una amiga.

Virginia Woolf, editora de la Mansfield, ambienta su cuento en el mismo estrato social pero da un paso adelante diferenciando la felicidad masculina (tejida en reflexiones) y la femenina (más corporal); con un punto en común: es una sensación individual, solitaria, no incluye al otro.

Clarice Lispector le aporta el condimento de lo clandestino al dilatar con diferentes artimañas el encuentro con el objeto de su deseo: la lectura de un libro de Monteiro Lobato.
Así la felicidad se mantiene viva y no se consume al consumarse.

Este último punto es central en toda la obra de Isidoro Blaisten, a punto tal que uno de sus mejores cuentos, Dublín al Sur, lleva un epígrafe de Bioy Casares que lo resume a la perfección: “Las mujeres deseadas y los ideales, ay, se alcanzan.” (A. Bioy Casares, Guirnalda con amores)
En su relato, un par de amigos en la mala se las arregla para sobrevivir y mostrar que la felicidad es un concepto demasiado amplio y diferente para cada persona. El mío, por caso, en estos momentos, ha sido la lectura de estos cuentos, todos, en especial los de Woolf y Blaisten.


Para que no digan que todo me viene bien y que no critico a nadie, les comento que en la búsqueda de material para esta entrada me topé con Demasiada felicidad de Alice Munro.
No se pueden sacar muchas conclusiones por un par de cuentos, pero qué flojo y falto de equilibrio entre forma y fondo. Un sueño de hace unos días me convirtió en justiciero: dividí el Premio Nobel de la canadiense entre los cuatro. Y todos ellos rieron con la ocurrencia, menos yo que me desperté agitado.

http://www.edicionesgodot.com.ar/sites/default/files/virginia-woolf-preview.pdf
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/por/lispec/felicidad_clandestina.htm
http://www.autoresdeconcordia.com.ar/articulos.php?idArticulo=703
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domingo, 6 de marzo de 2016

Pretextos de novela


Emma Bovary y Don Quijote son claros ejemplos de que la lectura es una actividad poco saludable. Ella, con la cabeza quemada por tantas novelitas románticas, terminó suicidándose después de hacer un macanazo tras otro y el Hidalgo acabó más loco que un plumero atragantado con historias de caballería. Pero si hay un ejemplo paradigmático del tópico es Francesca da Rímini, por ser, probablemente, la primera en achacar sus padecimientos a la lectura.

La bella Francesca se casó con el Señor de Rímini, hombre  muy poderoso pero feo y repugnante. Para colmo tenía éste un hermano muy apuesto, Pablo, que se enamoró perdidamente de la cuñadita, la que a su vez le correspondió concretando ambos el romance en lujuriosos encuentros.
Cuando años después de muerta* le preguntaron la causa de haber caído en pecado, alegó que Pablo y ella se habían puesto a leer juntos la historia del Rey Arturo y al llegar a la parte en que la reina Ginebra y Lancelot se besan apasionadamente ellos hicieron lo mismo, no se pudieron contener y…
 
Al que no sé si le alcanzaron a dar estas explicaciones o, en todo caso, no las atendió fue al marido que atravesó a los dos con una sola estocada. El tipo se llamaba, casualmente,  Lanzilotto (Lancelot, en italiano) Malatesta, lo que no deja de ser una jugada negra del destino.

* Si miento es por boca de terceros. El chismoso que batió esta historia es Dante Alighieri, en La Divina Comedia, Infierno, Canto V:

“Mas dime: al tiempo de tu mal creciente,
¿cuándo y cómo los ímpetus sentiste
de ir hasta el fondo del deseo ardiente?”

Y ella exclamó: “Mayor dolor no existe
que el feliz tiempo recordar consunto,
y éste lo sabe, en la miseria triste.

Mas pues quieres principio y causa junto
saber de nuestro amor con tanto anhelo,
vas a verme llorar y hablar a un punto.

Leíamos un día por consuelo,
cómo fue Lancelot de amor herido:
solo éramos ambos, sin recelo.

Cien veces a llorar nos ha movido,
y a perder la color del libro de arte;
mas un punto nomás nos ha perdido.

Cuando a leer llegábamos la parte
do aquel bebe de amor el beso blando,
éste, que ya de mí jamás se aparte,

la boca me besó todo temblando.
Galeoto** fue el libro y aquel día,
Ya nada más leímos.” Así hablando…

** Sir Galahad, en inglés.
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jueves, 17 de diciembre de 2015

Caprichos y caprichosos

Caprichos, caprichitos y caprichosos.


 

El nuevo presidente empezó su mandato con un acto caprichoso para poder cumplir su antojo de no recibir el mando de manos de su antecesora. Puede haber varias razones –todo líder quiere fundarse desde la nada, una planeada puesta en escena, no le gustaba el desodorante de Cristina Fernández, su figura menguaba en el contraste o lo que se les ocurra– pero, casi siempre, en el fondo hay una forma arbitraria, fuera de las reglas (de las leyes) en ese inestable acto voluntario
Si los caprichos se reiteran, de ese primer paso a la transgresión de las leyes y a los actos sin fundamento y contra toda norma moral hay un corto camino.
Una vez que en la conducta prima la mera satisfacción del propio deseo, se hace imperioso despegarse de las normas o leyes a las que un presidente está obligado a cumplir y hacer cumplir a rajatabla.

Desafortunadamente la conducta se repite y el ejemplo cunde entre el líder y sus adláteres.
El nombramiento de los jueces de Clarín en la SCSJ de la Nación y la expresión “será suspendida la aplicación de la Ley de Servicios Audiovisuales porque es contraria a nuestra propia filosofía” (Aguad, 12 dic. 2015) van dejando en claro que el final termina con la conversión del caprichoso en dictadorzuelo y luego en dictador pleno.
Resultaría muy interesante que la prensa totalitaria y hegemónica, que tildaba de loca, bipolar o caprichosa a la Presidenta saliente ponga cuanto antes a sus galenos a tipificar un diagnóstico más preciso de la conducta del actual mandatario que el que intuye este lego.

 
Caprichos de las palabras, cuya dualidad se pone una vez más de manifiesto, el Capricho es también una forma musical nacida a fines del siglo XVI, de forma libre y alegre que empezó formando parte de la suite y que no estaba sujeta a las formas de las composiciones más habituales. Más tarde pasó a ser una composición destinada a un solo instrumento y a posteriori se hicieron para orquesta. El Capricho español de Rimsky Korsacov y el Capricho italiano de Tchaikovsky son de los más conocidos y resulta increíble cómo, siendo ambos rusos, captaron tan hondamente el espíritu de los dos pueblos.


La viñeta es de Maxalba y la foto del Capricho de Gaudí en Comillas.
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miércoles, 9 de diciembre de 2015

Hombre pequeñito

Hombre pequeñito

Desde hace un par de días andan resonando en mis oídos estos poemas de Alfonsina Storni y de Juana de Ibarbourou. Muestran dos miradas en el zigzagueante camino de afirmación de la mujer como sujeto con derechos (más o menos plenos, según se mire.)
Como homenaje a las grandes que han luchado por esas conquistas y honrado sus cargos, por encima de vaivenes circunstanciales, un poco de poesía con la ilusión de que nos proteja de algunas miserias.

Hombre pequeñito

Hombre pequeñito, hombre pequeñito,
suelta a tu canario que quiere volar...
Yo soy el canario, hombre pequeñito,
déjame saltar.
Estuve en tu jaula, hombre pequeñito,
hombre pequeñito que jaula me das.
Digo pequeñito porque no me entiendes,
ni me entenderás.
Tampoco te entiendo, pero mientras tanto
ábreme la jaula que quiero escapar;
hombre pequeñito, te amé media hora,
no me pidas más.

Mujer

Si yo fuera hombre, ¡qué hartazgo de luna,
de sombra y silencio me habría de dar!
¡Cómo, noche a noche, solo ambularía
por los campos quietos y por frente al mar!

Si yo fuera hombre, ¡qué extraño, qué loco,
tenaz vagabundo que había de ser!
¡Amigo de todos los largos caminos
que invitan a ir lejos para no volver!

Cuando así me acosan ansias andariegas
¡qué pena tan honda me da ser mujer!
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lunes, 7 de diciembre de 2015

El despenador - cuentos y novelas

Este es el listado que había prometido con cuentos y novelas que tienen como protagonistas a despenadores, acabadoras y ayudadores. También algunas obras donde se hace referencia a ellos y su oficio. Necesariamente es incompleto, así que acá mismo agrego las disculpas por las involuntarias omisiones.

·         La despenadura, cuento de Vicente Orlando Agüero (1918-1975), argentino.
·         El despenador, cuento de Ventura García Calderón, (1886-1959), diplomático y escritor peruano (nació y murió en París).
·         La acabadora (Accabadora), novela de la italiana Michela Murgia, Editorial Salamandra, 2011.
·         El despenador, novela de Martín Betancor, uruguayo, editorial La propia cartonera, Montevideo, 2010.
·         Ña Micaila, la despenadora, cuento de Rafael Cano, argentino, de su libro Del tiempo de Ñaupa, 1983.

Hay menciones al oficio o a los trabajos de despenadores en:

·         Preziosa di Sanluri, novela histórica de Carlo Varese, (1783-1866), médico y escritor italiano nacido en Piemonte.
·         Historias ocultas de la Recoleta, relatos de María Rosa Lojo, escritora argentina, Editorial Alfaguara, Buenos Aires, 2000.
·         El héroe discreto, novela de Mario Vargas Llosa, escritor peruano, Editorial Alfaguara, 2013.
 


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