miércoles, 20 de junio de 2018

Diciembre de 2001












Espero no desilusionar a los que llegaron acá pensando encontrar algún comentario relacionado con la gran crisis económica que tuvimos en la República Argentina y que desembocó en la declaración de default a la deuda externa y, posteriormente, en un periodo de desendeudamiento, crecimiento económico y afirmación de derechos de más de una década.

Nada de eso. Se trata de un tema literario del que resultará tentador, para los argentinos, hallar puntos comunes con aquella situación. Me refiero concretamente a Diciembre de 2001 – La mañana verde, una de las historias de Crónicas marcianas de Ray Bradbury. El libro, –una ciencia ficción futurista de 1946/50–, reúne episodios de la conquista de Marte por parte de los terrestres que suceden desde Enero de 1999 hasta Octubre de 2026. Como todas las buenas obras del género asombra por su carácter poético y anticipatorio, a la vez que le caben las generales de la ley: el futuro llega y descoloca.


Los títulos de las historias pueden ser leídos como un sarcástico y demoledor anticipo de la ficción literaria sobre la cruda realidad:
            Enero de 1999 – El verano del cohete (léase: El verano “al cuete”)
            Marzo de 2000 – El contribuyente
            Diciembre de 2001 – La mañana verde
            Abril de 2005 – Usher II
            Abril de 2026 – Los largos años
Me permití remarcar en negrita dos historias. La mañana verde, como una metáfora de lo que nos pasó: el protagonista, a pesar de todo, planta árboles y sueña un futuro mejor y Usher II por el homenaje a Poe y su claridad. Los largos años es un demoledor relato sobre la soledad. Borges hallaba 2004 – La elección de los nombres y Abril de 2000 – La tercera expedición como los más alarmantes y verosímiles. Cualquiera de ellas nos transporta a una situación inesperada e interesante.
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jueves, 14 de junio de 2018

Con el mismo cuento 49 – E. A. Poe y R. Bradbury












La caída de la casa Usher, 1839, cuento de Edgard Alan Poe
Abril de 2005 ‒ Usher II, 1950, episodio de Crónicas Marcianas de Ray Bradbury.

El cuento de Bradbury es un delicioso homenaje al de Poe, al punto que comienza y finaliza con los mismos párrafos. Allí terminan las coincidencias y cada uno sigue su propio camino, uno por el terror del gótico y el otro, por el de una ciencia ficción que disimula una declaración de amor.
Además de la explícita cita, desde el título, a La caída de la casa Usher hay numerosas referencias a otros cuentos de Poe: Los asesinatos de la calle Morgue, El pozo y el péndulo, El tonel de amontillado y más, que una lectura cuidadosa permitirá descubrir. La quema de libros y la censura es uno de sus puntos centrales.
Más allá del reconocimiento al Maestro, la historia es indudable precursora de Fahrenheit 451 que escribiría tres años después.
Y por si todo eso no fuera suficiente hay menciones a viejos conocidos, La bella durmiente,
Blancanieves, Alicia en el país de las maravillas y alguna  frase de Shakespeare. Una perlita: el protagonista se llama William Stendhal, como para que vayamos teniendo en cuenta desde el vamos por dónde va el corazón del autor.
Resumiendo: un banquete para el alma.


Del cuento original se ha escrito y analizado tanto y tan bien que lo mejor será remitirse a los trabajos que hay subidos a la internet. Abajo hay dos enlaces a los textos, pero si alguno estuviera con un ataque de fiaca o no encontrara los lentes para ver desde cerca, La caída… fue llevada al cine en 1960 con Vincent Price y dirección de Roger Corman y Usher II se puede ver en Youtube como una serie de TV con guión del mismo Bradbury. Dura 23 minutos.

La caída de la casa Usher:

Usher II:
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domingo, 3 de junio de 2018

Cuentos de peluquería


Salvación de Yayá, 1977, cuento de Marco Denevi, de su libro Reunión de desaparecidos.
El peluquero y Falsa promesa, 2016, cuentos de Alejandra Zina, de su libro Hay gente que no sabe lo que hace, Paisanita Editora, Buenos Aires.

La peluquería de Denevi es de los años 30 del siglo XX y le permite jugar con lo masculino y lo femenino. El universo de los sicilianos se entremezcla con su clientela extranjera o vernácula y la incorporación de una manicura viene a ensanchar ese mundo hasta límites impensados. Aparecen el amor y el simulacro de la sexualidad. Un ejemplo de cuento clásico hasta en su desenlace de tragedia griega: todo se derrumba y cae, menos la reflexión sobre qué es la identidad y qué es el amor.

Las de Alejandra Zina son más cercanas. Tienen peluquera, coiffeur o estilista, pero la vida pasa por ellas y nos vemos reflejados, al punto de sorprendernos, más que cuando nos miramos al espejo. Es que ella ve esos detalles de nuestras miserias y grandezas que nos enfrentan a nuestra propia vulnerabilidad.  Además, cuando ya creemos saber por dónde va la cosa, hace una finta y sale para otro lado dejándonos sin sosiego.


Salvación de Yayá (fragmento)
            ¿Alguien conoció la peluquería de Doménico Sacricamusuzzo, alias Musú? Estaba ubicada (hablo de los años 30) en la calle San Martín, en el barrios de los Bancos, de las agencias de cambio y de las oficinas de los corredores de Bolsa, un barrio que en los días hábiles parece de fiesta y en los días de fiesta, un cementerio. Allí abrió Musú su peluquería.
            No se equivocó. Una clientela fija, estable, de hombres de negocios, de hombres formales, de buen pasar, algunos extranjeros, dos o tres ingleses (fue uno de estos ingleses el que un día lo llamó Musú, porque ningún inglés, salvo que haya enloquecido antes, sería capaz de pronunciar el apellido Scaricamusuzzo, y aquel Musú les pareció a todos, incluido Musú, tan bello, tan musical…
...         Estaba, pues, don Musú. Estaban los ocho oficiales. Estaba Nicola. Diez sicilianos. Y entre los diez sicilianos estaba Yayá. La mejor manicura del mundo, sin discusión. No arreglaba las uñas, las cambiaba por otras. En el lugar de la uña ponía un pétalo de rosa, la escama de una sirena. Húmeda de rocío o seca y pulida como un trocito de mármol de Carrara.

El peluquero (fragmento)
            Lo conocí en Adriano Coiffeur, era el mejor y todas preferíamos esperar que nos atendiera él. Cuando decidió abrir su propia peluquería, justo a la vuelta, deslizó la tarjeta de su mano a la mía como una cita secreta mientras me hablaba de cualquier otra cosa.
            Walter fue mi peluquero durante casi quince años, el mismo que llevo viviendo en esta calle de Almagro. Nos veíamos una vez por mes, pero el tiempo hizo algo sólido entre nosotros.
       
Walter sabía manipular mi pelo y mis recuerdos. Si estábamos solos, cerca de la hora del cierre, cuando el único cliente que podía caer era el oficinista que pedía maquinita en la barba y en la cabeza, prendíamos un Marlboro cada uno y tomábamos un café...
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martes, 29 de mayo de 2018

Títulos repetidos 14 - La Gaviota


La Gaviota, novela (1849) de Fernán Caballero (1796-1877)
La Gaviota, obra de teatro (1896) de Anton Chejov (1860-1904)
La Gaviota, obra de teatro, (1903), de Nicolás Granada (1840-1915)  editó Plus Ultra
La Gaviota, novela (1943, editada por Salamanca en 2011), de Sandor Marai (1900-1989)

La primera sorpresa de los títulos reunidos hoy es que Fernán Caballero es mujer. Tras ese seudónimo tan masculino y singular encontramos una persona no menos singular. Nacida en Suiza, hija de un alemán hispanófilo y una española, recibió una educación católica y después de vivir un tiempo en Alemania se radicó en el sur de España. Su verdadero nombre era Cecilia Böhl al que cambió, “para el público”, por ese otro de “sabor antiguo y caballeresco… trocando las modestas faldas de Cecilia por los castizos calzones de Fernán Caballero.”
Resulta llamativo que una mujer antiliberal y conservadora a ultranza haya causado una revolución en las letras españolas y, con su costumbrismo, sido la precursora de la novela realista española. Lo mismo pasó con su vida: el apego a las tradiciones, la monarquía y a la iglesia no se condicen con haberse casado tres veces, la última con un joven 18 años menor que ella. Si hacía falta algún dato más, escribió La Gaviota en francés y la protagonista es la hija de un pescador  a la que casan con el Dr. Stein, al que ella abandona por haberse enamorado de un torero…














Chejov estrenó La Gaviota en San Petersburgo en 1896. Nina, aspirante a actriz, estrena una obra escrita por Trepliov, joven dramaturgo, hijo de Irina, una actriz consagrada que critica duramente a ambos. Alentada por otros va a la gran ciudad con esperanzas de triunfar en el arte pero al cabo de dos años vuelve vencida al pueblo natal. Todos los personajes ocultan sus sentimientos, quieren a unos y se casan con otros formando parejas frustradas. Para terminar la velada, Trepliov no soporta el fracaso y se suicida y Nina termina en la pobreza. Ambientada en la aristocracia de finales del zarismo, parece anticipar la caída del Régimen.
En el Acto I hay un hermoso juego de cajas chinas o de teatro dentro del teatro: el telón abre sobre un jardín en el que se va a representar otra obra de teatro, el autor habla desde ese escenario con su madre (que está entre el público) intercambiando  frases de Hamlet, obra donde a su vez Shakespeare hace representar otra obra…

La de Nicolás Granada fue estrenada apenas escrita, en noviembre de 1903, en el Teatro de la Comedia, por la Compañía de los Hermanos Podestá con Orfilia Rico en el protagónico.  

La novela de Marai, escrita en 1943, en plena ocupación de Hungría por los nazis, retrata el comportamiento de la decadente burguesía que no había  terminado de recomponerse en el período entre ambas guerras. Un funcionario del gobierno dicta una orden trascendente mientras se involucra con una joven muy parecida a una antigua amante suya, ya fallecida. El espejismo del amor y la ambigüedad de los sentimientos se trama con el derrumbe del modelo social que venía cayendo desde finales del imperio austrohúngaro. Posiblemente de ese núcleo, compartido con Chejov, haya tomado el nombre de su novela.
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jueves, 17 de mayo de 2018

Todos y todas



He escuchado varios discursos que dio Charles De Gaulle en 1967 y 1968. Todos comenzaban y terminaban igual:
Francesas y franceses
‒ ¡Viva la República! ¡Viva Francia!

La Dra. Cristina Fernández de Kirchner comenzaba sus discursos, generalmente, de esta manera:
‒ Muy buenos días a todos y todas,…

Los medios criticaban acerbamente la cuestión desde diferentes puntos de vista que iban desde lo político, pasaban por cuestiones de género y llegaban hasta el supuesto mal uso de la gramática, la sintaxis, en fin de cuentas: de la lengua.
Sus discursos, con un modo de hablar que no gustaba a mucha gente, irritaba a otros –entre los que me encuentro–  son muy sólidos, claros, pedagógicos y sin eufemismos. Dice las cosas claras y eso es imperdonable para los que usan las palabras para confundir y ocultar sus estafas, contrabandos y todo tipo de trapisondas. Recuerdo uno, en que dijo: "Los buitres son chupadores de sangre internacionalmente reconocidos”, refiriéndose a los Fondos usureros y especuladores del sistema financiero.

El diario La Nación, con la firma de una de sus periotudistas, publicó un “análisis” donde contaban cuántas veces usaba cada palabra, cada artículo, etc., etc.
No recuerdo que La Nación hubiera se hubiera empeñado, con la misma vehemencia, con los discursos del Gral. De Gaulle ni con los del Presidente Macri, llenos de furcios, de atractividades y otras lindezas por el estilo.
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lunes, 14 de mayo de 2018

Pum en el ojo


Lo único permanente en el habla es el cambio. El uso y significado de tal o cual frase va modificándose con el tiempo y, ciertas maneras de referirse a algo fechan sin discusiones a los textos.
La expresión ¡Pum en el ojo! se usaba, en la Argentina, allá por las décadas del 20 y 30 del siglo 20.  En medio de una conversación indicaba al interlocutor que su comentario había sido acertado, que “había dado en el clavo” o que el aludido se sentía alcanzado por él.

Juan Filloy lo usa en reiteradas ocasiones en su novela Op Oloop. Por ejemplo en las páginas 129 (habla Peñaranda), 150 (la dice el estudiante) y 169 (Peñaranda, de nuevo). Los números de páginas refieren a la edición de Paidós con prólogo de Bernardo Verbitsky.
Años más tarde, en 1961, Aurelio Ferretti (1907-1963) –dramaturgo argentino– escribió una obra de teatro con ese título: ¡Pum, en el ojo! que publicó la Editorial Quetzal.

Ahora, el Presidente, cuando es encontrado en situaciones embarazosas, cosa que ocurre cada vez con más frecuencia, la ha reemplazado por “Mala mía” o “Esa te la debo”. Ese lenguaje, posiblemente sugerido por Durán Barba, no es originalmente muy argentino. Nosotros usamos “tocado”  o “submarino hundido” si el argumento es irrebatible. Otros dicen touchè, directamente en francés, expresión proveniente de la esgrima, donde un contendor avisa al otro que lo ha alcanzado o este reconoce el hecho.
Al responder “Esa te la debo” el Presidente nos está engrupiendo. Esta última palabra, de origen lunfardo, viene del genovés groppo: nudo, moño, atado, envuelto; que es lo más ajustado a los engañosos “paquetes” que nos intenta hacer tragar.
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Portadas de la revista de sátira política chilena TOPAZ:
Pum en el ojo – Nº 72 de diciembre de 1932
Los dictadores Uriburu e Ibáñez – año 1931



martes, 8 de mayo de 2018

Cocoliche y sainete


El actor Celestino Petray imitaba con facilidad a los italianos acriollados, entre ellos a un peón calabrés llamado Francisco Cocoliche y a su modo de hablar. Ambos pertenecían a la compañía de los hermanos Podestá. Por ese entonces, año1886, los Podestá representaban en el circo una versión casi muda del Juan Moreira de Eduardo Gutiérrez, a la que le fueron incorporando diálogos para hacerla más entendible.
“Una noche, sin aviso previo, Petray irrumpió en el 2º acto llevando un caballo de las riendas y cuando Gerónimo Podestá lo vio, le dijo:
¡Adiós, amigo Cocoliche! ¿Cómo le va? ¿De dónde sale tan empilchado?
A lo que Petray respondió:
¡Vengue de la Patagonia co este pareciere macanudo, amique!
La cosa produjo una explosión de risa que duró largo rato. Petray continuó:
Me quiame Francisque Cocoliche, e songo cregollo gasta lo güese dela taba e la canilla de lo caracuse, amique, afficate la parata…
Y se contoneaba coquetamente.
¡Quién iba a suponer que de aquel episodio improvisado saldría un vocablo nuevo para el léxico popular!”
Esto cuenta José Podestá en sus memorias de 1930, tituladas Medio siglo de farándula.
Así nació, para el teatro argentino, el cocoliche, esa manera de hablar con que nos torturan en la actualidad dramaturgos excelentes y de los otros. Insisten con un habla que no manejan, para la que no tienen oído –sobre todo porque desapareció hace casi ochenta años– y a la que debieran suplantar por cualquiera otra que resulte verosímil, la lengua italiana, posiblemente.
Para colmo de males, la vice Presidenta está intentando ponerlo de nuevo de moda. Haciendo gala de su “manejo del italiano”, intentó hablar en la lengua del Dante en una visita a Macerata (Le Marche, Italia) y le salió un ridículo cocoliche que hizo recordar a la parodia del argentino que llevaba su familia a Italia. La hacía Enrique Pinti, que pedía en un bar: Motzzo, per la nena camone.
¿O nos estará dando una sutil señal de que en lugar de gobernar están representando un sainete?


El entrecomillado lo tomé de: Cocoliche y lunfardo de Ulysse le Bihan – Universidad de Oslo
Y de acá:
Juan Moreira - Versión completa de José Podestá
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jueves, 3 de mayo de 2018

Supersticiones


Concierto supersticioso


1 - Al parecer, el gran físico Niels Bohr tenía una herradura en la puerta de su casa. Cuando alguien le preguntó si realmente creía que las herraduras traían buena suerte, contestó:
– No, pero me han dicho que dan suerte incluso a los que no creen en ellas.

2 - El gran navegante argentino Hormiga Negra tenía un instrumento para medir la lluvia colgando del popel de su barco. Consistía en un pequeño atado de crines de burro que según él tenía un funcionamiento increíble, incluso mantenía un registro de eventos durante cierto tiempo: “Si salgo y está mojado, indica que está lloviendo o que ha estado lloviendo hasta hace 1 o 2 horas.”

3 – En la revista Scienza e Paranormale se citan algunas especulaciones “numerológicas” que se han hecho en relación al 11 de septiembre de 1993: New York City tiene 11 letras, Afghanistan tiene 11 letras, Ramsin Yusef, el terrorista que había amenazado con destruir las torres, tiene 11 letras, George W. Bush, el terrorista que destruyó gran parte del mundo, tiene 11 letras, las dos torres gemelas formaban un 11, Nueva York es el undécimo estado, el primer avión que se estrelló contra las torres era el vuelo número 11, dicho vuelo transportaba 92 pasajeros y 9+2 son 11, el vuelo 77 que se estrelló también contra las torres llevaba 65 pasajeros y 6+5=11, la fecha 9/11 es igual al número para las emergencias estadounidense, 911, cuya suma interna da 11. Y sigue la cábala.
¿Cuáles son las objeciones a estas coincidencias aparentemente prodigiosas?
New York tiene 11 letras si se le agrega City, Afghanistán tiene 11 letras pero los secuestradores provenían de Arabia Saudita, Egipto, Líbano y los Emiratos Árabes, Rasmin Yusef tiene 11 letras sólo si utiliza expresamente una transliteración determinada, pero si en vez de Yusef se hubiera transliterado Yussef el juego no habría funcionado. El vuelo 77 no llevaba 65 sino 59 pasajeros, etc., etc., etc.
… para hacer las cuentas lo numerológico tuvo que limar asperezas,…


Los tres ítems de hoy tienen en común el recurrente intento de los humanos de descifrar signos y encontrar explicaciones para tratar de entender el mundo.
El 1, que tomé del blog: https://pseudopodo.wordpress.com/2008/07/31/bohr-y-la-herradura/ muestra una de las formas del razonamiento científico, la puesta en contradicción de dos enunciaciones. O una fina ironía, si lo prefieren.
El 2, que escuché personalmente, es una muestra acabada de sentido común y un desafío a tanta tecnología innecesaria.
El 3, es un fragmento de una conferencia de Umberto Ecco en el Festival de Matemáticas del año 2008 en Roma, titulada: Falacias de la numerología (el agregado en itálica es mío). Allí se despacha, con humor y fundamentos, contra todo tipo de chantas, numerólogos, cabalistas, adivinadores, gematristas y otras alimañas.
Ustedes tendrán que elegir el sistema de análisis y relaciones que estimen más adecuado, pero sean cuidadosos porque se corre el riesgo de creer en las cifras del INDEC de Todesca-Macri o en la lluvia de inversiones.
¡Que la inocencia nos valga!

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miércoles, 25 de abril de 2018

Rusia 2018 reúne a Borges, Henry Ford y Maradona



Cuando la pelota empiece a dar vueltas en el partido de fútbol entre la Selección Argentina y la Selección de Croacia, el 21 de junio de 2018, en el hermoso y flamante estadio techado de la ciudad de Nijni Novgorod, agregaremos una cuenta más al collar que nos une con las fascinantes ciudades “orientales”.
Serena, enclavada en la confluencia del Oká y del Volga, la ciudad tiene una historia muy rica y un hijo que se destaca entre muchos: el escritor Máximo Gorki. Tan venerado que, durante más de cincuenta años, llevó su nombre: se llamó Gorki hasta 1990.
El primero entre nosotros en acercarla para estos pagos fue Jorge Luis Borges, en su artículo El truco*, de 1928. Allí la nombra, como parte de un chiste “judío”, en realidad una ligera modificación a uno que Freud había publicado en 1905 y al que copió sin citar la fuente, como era habitual en él.
Otra curiosidad es que en Nijni Novgorod se estableció, en 1929, la primera fábrica de autos rusa, la GAZ, con ayuda y soporte técnico de la FORD Motor Company. Produjo más de cien mil Ford A  y, entre 1936 y 1942, otro tanto del Ford B con el nombre de GAZ M1, la “M” en honor a Molotov.
Y, para terminar la velada, podemos agregar al gran Diego A. Maradona que, junto con Víctor Hugo Morales comentarán los partidos por Telesur, de modo que tenemos por delante miradas interesantes y disfrute asegurado.
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*…los baratijeros Mosche y Daniel que en mitad de la gran llanura de Rusia se saludaron:
-¿Adónde vas, Daniel?, -dijo el uno.
-A Sebastopol, -dijo el otro.
-¡Mientes, Daniel. Me respondes que vas a Sebastopol para que yo piense que vas Nijni-Novgórod, pero lo cierto es que vas realmente a Sebastopol. ¡Mientes, Daniel!
Jorge Luis Borges, El truco, de El idioma de los argentinos, 1928.

Más sobre JLB/SF  aquí:
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sábado, 14 de abril de 2018

Con el mismo cuento 48 – Jardiel Poncela y Noel Coward

Hasta que la muerte nos separe (y más allá también)















Un marido de ida y vuelta, 1939, de Enrique Jardiel Poncela, español, (1901 -1952)
Un espíritu burlón (Blithe spirit), 1941, de Noel Coward, inglés (1899-1973)

Las comedias de hoy tienen como base unas parejas de viudos ‒reincidentes en el matrimonio‒  y la presencia de los fantasmas de sus primeros cónyuges, empeñados en deshacer esas uniones y complicarles la vida. En el primer caso es Pepe el aparecido y en el segundo Elvira, pues la situación está invertida.
Me enteré del plagio/coincidencia por el prólogo de José M. Torrijos a un libro de Enrique Gallud Jardiel, nieto de Jardiel Poncela: Vidas de gentuza, recién salido del horno.

El asunto es bien conocido en España y ha sido comentado ya en varias ocasiones, de las que he seleccionado esta que me ha parecido tan rigurosa como bien escrita por Marcos Ordóñez:
Además viene con una yapa: una semejanza muy grande entre una canción de Jardiel Poncela y una de Cole Porter, digamos una “devolución de atenciones” o “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”.
Como decía muy bien Enrique González Tuñón: “En el arte no hay influencias, hay fatalidades de la afinidad.”



Para los que el nombre de Enrique Jardiel Poncela, prolífico dramaturgo y escritor español, les resulta poco conocido, dejo este otro enlace a un artículo sobre un merecido homenaje teatral que se le tributó:
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jueves, 5 de abril de 2018

Hexagrama 16



Hexagrama 16
 Se conocen desde hace muy poco y, como amantes sin experiencia, nada saben uno del otro. Quizá ella teje su velo nupcial mientras él vuela en las alas del deseo, ciego en su pasión.
Ella mueve los hilos con gracia y seguridad y la red va surgiendo prodigiosa. Él la corteja fascinado, sorprendido por los sublimes aleteos de su corazón.
Ceremoniosos y aplicados, los dos ponen toda su destreza en las tareas. Cada uno con un entusiasmo diferente, casi ajenos, misteriosamente sin recelos.
El entusiasmo de ella es el de alguien paciente y seguro; tejiendo un bordado conocido, deteniéndose cada tanto a reforzar algún nudo, entregada a un mandato atávico, sin apuro. Muy distinto del entusiasmo de él, que lo devora, lo empuja en acrobáticos arrebatos y lo muestra ridículo en su conducta. Parece gozar por anticipado cada vez que la mira, temerario, casi rozándola, mientras ella se oculta, cercana e indiferente. Hasta que, como un loco, arremete obstinado y se da cuenta de que ha entregado algo más que su alma: está atrapado entre esos hilos. Apenas puede moverse. El recuerdo de la libertad es lo único que le queda.
Ella se acerca, caminando con pericia, sobre la tela que ondula suave en la brisa de la tarde, lo observa y calcula que hay comida para rato.
Fernando Terreno
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domingo, 1 de abril de 2018

Títulos repetidos 13 - F. S. Fitzgerald y R. Piglia

Tierna es la noche
Tierna es la noche, 1934, novela de Francis Scott Fitzgerald (1896-1940). También editada como Suave es la noche, del original inglés Tender is the night.
Tierna es la noche, 1967, cuento de Ricardo Piglia (1940-2017), de su primer libro Jaulario, luego publicado como La invasión, en 1967 y reeditado en 2006.

La novela es un romance enmarcado en los locos años 20, donde se describe la invasión/conquista de Europa y la Costa Azul por parte de la alta burguesía estadounidense que no sabía qué hacer con su dinero, producto de las enormes ganancias obtenidas con la Primera Gran Guerra. Una crónica del final de esos tiempos que terminaron con la ilusión de un mundo feliz y llevaron a la crisis de 1929. El autor, que venía del éxito de El gran Gatsby en 1925, vivió desde entonces un período de grandes fracasos personales y económicos. Aunque tardó ocho años en escribirla, la indiferencia con que fue recibida operó como otro escalón en su caída. Todo se derrumbaba, menos su talento de escritor, aunque el reconocimiento llegara años después de su muerte.
Para muestra basta un botón. Acá van el comienzo, una página intermedia de Suave es la noche y el final de El Gran Gatsby:

…se alza orgulloso un gran hotel de color rosado. Unas amables palmeras refrescan su fachada ruborosa y ante él se extiende una playa corta y deslumbrante. Últimamente se ha convertido en lugar de veraneo de gente distinguida…

…cuando la dejó ante la puerta desolada y ella se volvió para mirarle, comprendió que desde aquel momento y ya para siempre el problema de ella era de los dos. (144)

Y seguimos luchando, como barcos contra la corriente, atraídos incesantemente hacia el pasado. (So we beat on, boats against the current, borne back ceaselessly into the past.)
En la entrada del 8 de marzo de 2018, Con el mismo cuento 47, hay una pequeña reseña. El que quiera una más detallada, puede leer lo que Enrique Vila Matas escribió en su blog, una bella y precisa síntesis de la novela. Dejo más abajo un enlace a la misma.
Fue llevada al cine en 1962 con Jennifer Jones y Jason Robards en los papeles de Nicole y Dick Diver, la paciente rica y su médico-marido dirigidos por Henry King.


El cuento de Piglia está dedicado a Fitzgerald, pero cuesta un poco encontrarlo allí. He leído la primera versión, me han dicho que la última tiene correcciones del autor que lo mejoran. Incluso ya no tiene la dedicatoria y el mismo Piglia en el prólogo a la reedición dice “… su título es un testimonio de mi admiración por Scott Fitzgerald aunque, para decir la verdad, el tono deriva de The Subterraneans de Jack Kerouac y sobre todo de la última frase del libro: And I go home having lost her love. And write this book.”
Es el fin de una historia de amor, trágica, de lo que queda y de la imposibilidad de separar la fragilidad del recuerdo de las fragilidades personales. En ese sentido sí es una historia como la de las heroínas de sus admirados F y K, en especial en la obsesión de dejarlo escrito.

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