jueves, 20 de abril de 2017

Gente mayor


A partir de cierta edad, junto con los años, llega una sensación de impunidad. Se manifiesta en formas muy variadas: adelantarse en la fila del banco, cruzar la calle por donde sea o cuando el semáforo acaba de cambiar, hacer comentarios –en general a desconocidos– que no se hubieran permitido en otros tiempos. No todos los mayores sufren estos impulsos de guardadas rebeldías pero, cuando llegan, no discriminan sexo: ocurren tanto en mujeres como en hombres.

Algunas damas lanzan piropos directos y subidos de tono a sus circunstanciales interlocutores, sin discriminación de edades y situaciones, causando intrigas y sorpresas.
Otras veces, los comentarios son francamente provocativos. Señores que uno diría serios, desordenan estanterías de negocios, trastocan etiquetas o sustraen honorablemente una perilla del artefacto en exhibición. Pareciera que, más que buscar una reacción del aludido/a, quisieran reafirmar su autoestima o dejar sentada una demanda de atención, de decir “todavía estoy aquí y…”

Claro que esa repentina osadía tiene sus límites, las palabras se dicen a media voz, la perilla se deja escondida en otra estantería ante la menor sospecha de haber sido visto, la caca del perro, que se pensaba dejar como regalito, se recoge velozmente si aparece algún vecino a la vista. Hay suficiente experiencia en los actores como para evitar ser sorprendidos con el cuerpo del delito, desentenderse ante el menor atisbo de que la situación se puede complicar y un especial talento –que también se desarrolla en paralelo– para hacerse los zonzos.

Un señor había tomado la costumbre de cambiar en el supermercado las pequeñas etiquetas con el precio y ponerle a un vino de calidad las del vino Toro, el más barato por esos tiempos. Los códigos de barras no habían aparecido todavía. Metía una botella en el resto de su compra, pagaba y luego, en su casa, la disfrutaba con multiplicado placer. Repitió la operación algunas veces hasta que la cajera, harta, separó la botella, lo miró fijamente y la facturó al precio real sin dejar de mirarlo.
–De acuerdo, –dijo como un chico retado por la maestra y no volvió a repetir la maniobra.

Tiempo después, en la fila de cajas del mismo supermercado, solía hacer algunos comentarios, en especial si la predecesora era una mujer y más aún si era bonita. Los decía en piamontés y en un volumen que podía ser escuchado por la destinataria o no. Creía que al hacerlos en el dialecto aseguraba su impunidad y quedaba protegido ya que era poco probable que alguien lo entendiera.
¡Barda che sei comaira! (Mirá que sos flaca.) –dijo un día, seguramente interesado en la silueta de su antecesora. No obtuvo ni un gesto ni un movimiento de recibo por su mensaje. Entonces, seguro y envalentonado, prosiguió en piamontés:
–Cuando esté arriba tuyo esos huesos me van a pinchar por todos lados.
La esfinge se dio vuelta, lo miró de arriba abajo y, sin inmutarse, dijo en perfecto castellano:
–Vos tampoco sos muy gordo.
Dejó las compras en el carrito y abandonó el campo de batalla a toda velocidad. Cuando llegó a su casa todavía le duraban las palpitaciones.

Las historias son de primera mano. Me las contó el propio protagonista, un señor conocido, mi padre.
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viernes, 17 de marzo de 2017

Junot Díaz

La maravillosa vida breve de Óscar Wao de Junot Díaz



Una novela norteamericana
La vida de Óscar, norteamericano hijo de dominicanos, un nerd angustiado por la obesidad, la marginación y los problemas de la adolescencia a los que trata de conjurar con su afición por la literatura, se entreteje con la saga de la familia de León y la historia de la República Dominicana, en especial desde 1930, con la llegada del dictador Trujillo al poder.
Escrita originalmente en inglés, la novela saca ciudadanía norteamericana con su historia de minorías, de inmigración, de seres marginales. Sus personajes son los continuadores de los de Tobacco Road, de El corazón es un cazador solitario, de Mientras agonizo y de la literatura norteamericana posterior a la crisis de 1929.  El vacío, la falta de trabajo y la frustración de aquellos personajes se han transformado en adicción a series, películas, la play, los jueguitos –el protagonista está en los finales del siglo XX–, pero la alienación y el sinsentido son iguales.


Se destacan la multiplicidad de voces y relatores, unas notas al pie que funcionan como crónica separada en las que cuenta la “verdadera historia” de la RD, el lenguaje y la fluidez del relato, al punto de dejarnos convencidos de que los dominicanos en Nueva Jersey hablan así.
Sin haber leído el original en inglés, imagino que la traducción es muy buena y facilita la lectura en ese español contaminado que al cabo de pocas páginas nos resulta muy familiar y hace que lo aceptemos por entero. Muy bien resuelta la dificultad de escribir en ese habla que no alcanza a conformar una lengua pero mezcla deliciosamente a ambas. Está explicitado desde el vamos por el autor con el epígrafe de Derek Walcott.


Un párrafo aparte para la buena intención de contraponer la novela a La fiesta del chivo (págs. 93 y 129), donde Mario Vargas Llosa publicita la versión de la CIA sobre la historia trágica de la República Dominicana. Su “verdadera” historia, bastante ajustada a los hechos, se deshace un poco cuando cae en la misma trampa que nos tendió MVL y nos dice que eso fue una “culocracia” y todo sucedió porque Trujillo era un cogedor insaciable (págs. 228/229).
Sabemos que fue una tiranía brutal, prohijada por los EEUU, y parte de un plan sistemático que incluyó a Somoza en Nicaragua, Batista en Cuba, Pérez Giménez en Venezuela, Trujillo en RD, etc. etc., con el objeto de continuar sus políticas de robo y saqueo, como lo sigue haciendo en la actualidad.


Entre los puntos menos agraciados puedo señalar: una diferencia demasiado grande en el tamaño de los capítulos que  desequilibra la estructura (varios personajes tienen más peso que el supuesto protagonista), un notorio ir de mayor a menor (el primer tercio fluye y atrapa; el segundo se muestra reiterativo, y el final es vacilante, parece que no lo puede cerrar, explica demasiado) y que los personajes sean demasiado planos (permanecen iguales a lo largo de todo el texto).

Me habían dicho que es una novela de un escritor dominicano y que resultaba un hecho auspicioso para la literatura latinoamericana. Esto no es así, en absoluto. Es una novela norteamericana, que expone la visión que desde su cultura, vida y formación en EEUU tiene un escritor norteamericano, inmigrante, de origen dominicano sobre la diáspora y el país de sus ancestros. Pensar otra cosa sería tan ingenuo como considerar a Gonzalo Sánchez de Losada un presidente boliviano. Nada de esto invalida la novela: ficciona, resulta creíble y entretiene. El autor muestra su manejo del arte de la escritura –en la mejor tradición de la literatura norteamericana– dialogando con el lector (págs. 163, nota 17, 129), alternando humor y tragedia, mostrando la circularidad de las historias, la imposibilidad de escapar al destino y al eterno retorno. Una historia bien contada que nos lleva por caminos que vale la pena recorrer.

PD -Al final hay una perla: en el insufrible listado de agradecimientos que remarcan como otro sello más la ciudadanía norteamericana, está Farhad Ashgar, el director de cine iraní que 10 años después ganaría el Óscar y al que Trump impidió retirar el premio.
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viernes, 30 de diciembre de 2016

Breve antología de la literatura universal



Canta, oh diosa, no sólo la cólera de Aquiles sino cómo al principio creó Dios los cielos y la tierra y cómo luego, durante más de mil noches, alguien contó la historia abreviada del hombre, y así supimos que a mitad del andar de la vida, uno despertó una mañana convertido en un enorme insecto, otro probó una magdalena y recuperó de golpe el paraíso de la infancia, otro dudó ante la calavera, otro se proclamó melibeo, otro lloró las prendas mal halladas, otro quedó ciego tras las nupcias, otro soñó despierto y otro nació y murió en un lugar de cuyo nombre no me acuerdo. Y canta, oh diosa, con tu canto general, a la ballena blanca, a la noche oscura, al arpa en el rincón, a los cráneos privilegiados, al olmo seco, a la dulce Rita de los Andes, a las ilusiones perdidas, y al verde viento y a las sirenas y a mí mismo.

LUIS LANDERO, del libro Quince líneas, Editorial C. C. Faroni, España, 1996.

El texto anterior lo tomé de una antología que hizo Raúl Brasca para la Editorial del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, Buenos Aires, Argentina: Dos veces bueno 3.
Obviamente hubo otras dos anteriores, todas dedicadas a relatos breves y minificciones. Se consiguen en Buenos Aires, en el Centro Cultural de la Cooperación, Avda. Corrientes al 1500 y estoy seguro que los hará adeptos al género.
El autor logra una compactación increíble de textos clásicos y autores, veinticuatro,  muchos de los cuales estoy todavía tratando de descubrir.

La ilustración es de Raúl Olcelli. (Puente Negro en amarillo y verde)
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martes, 25 de octubre de 2016

Griseta - 2


Un lector señaló que el artículo anterior tiene una falta, que no habla de la griseta por antonomasia: Mimí Pinsón. Para saldarla, va un fragmento de la novela de Alfredo de Musset (1810-1857) donde el autor hace una descripción de las grisetas, sus vidas y sus trabajos en los talleres de costura.
Por si hubiera que sumar analogías, también Mimí tiene un tango emblemático: Mimí Pinsón, 1947, letra de José Rótulo y música de Aquiles Roggero.

- I -
     Entre los estudiantes que cursaban el año pasado en la Escuela de Medicina había uno llamado Eugenio Aubert. Era de buena familia, y apenas contaría diecinueve años. Sus padres, que residían allá en la provincia, le pasaban una pensión modesta, aunque suficiente para él.
En el trabajo era el primero; mas si se trataba de una noche de alegría -una cena en el Molino o un baile en la Cabaña-, la Madamita se encogía de hombros y se recluía en su pensión. Y -cosa inaudita entre estudiantes- aunque su juventud y su figura le hubieran proporcionado un gran éxito, no sólo no tenía ninguna amante, sino que jamás se le vio pasear frente al taller de una modista, ocupación inmemorial en el Barrio Latino. Las beldades que pueblan los alrededores de Santa Genoveva y prodigan su amor entre los escolares le inspiraban una especie de repugnancia odiosa. Las miraba como a una raza aparte, perniciosa, ingrata y depravada, nacida para sembrar por todas partes el mal y la desgracia, a cambio de algunos placeres.
     Inútil decir que los amigos de Eugenio se burlaban continuamente de su moral y sus escrúpulos. Marcelo -un camarada sin otra ocupación que gozar de la vida- solía preguntarle:
     -¿Qué pueden probar una falta o un accidente que han sucedido una vez por casualidad?
     -Que debemos abstenernos- respondía Eugenio-, por si sucede otra.
     -Falso razonamiento -replicaba Marcelo-; argumento falso que cae por su base. ¿Por qué vas a guiarte?
     -Yo digo y sostengo -continuaba Marcelo- que se puede y se debe hacer el elogio de las grisetas, y que, con moderación, su trato es beneficioso. Primero, porque son virtuosas, pues se pasan el día confeccionando trajes, lo más indispensable al pudor y a la modestia; segundo, porque son honestas, pues no hay maestra que no recomiende a sus oficialas un trato exquisito para sus clientes; tercero, porque, acostumbradas a tener entre manos finas holandas y ricas telas, cuyos deterioros las descuentan, son cuidadosas y limpias; cuarto, porque beben ratafia, lo que las hace sinceras; quinto, porque son económicas y frugales, ya que las cuesta mucho ganar más de un franco, y si en ocasiones se muestran glotonas y gastadoras, jamás arriesgan su propio dinero; y sexto, por su natural alegría, pues, dedicadas a un trabajo tedioso, como pez en el agua saltan gozosas al acabar su tarea. Otra de sus grandes ventajas es la seguridad de que no nos persiguen, porque, clavadas a una silla de la que no han de moverse, las es imposible ir tras los pasos de su amante como hacen las damas de la alta sociedad.
Tienen, es verdad, el inconveniente del hambre y la sed a todas horas, precisamente a causa de su temperamento ardiente; mas ya es sabido que se las puede contentar saciando sus deseos con un vaso de cerveza y un cigarrillo; cualidad preciosa que muy raramente se da en el matrimonio. En fin, insisto en que son buenas, agradables, fieles y desinteresadas, y en que es muy lamentable que algunas acaben en el hospital.

Alfredo de Musset, Mimí Pinsón, fragmento del Cap. I
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martes, 18 de octubre de 2016

Griseta -1-


Griseta es una joven de condición humilde que ejerce la libertad sexual (Nuevo diccionario lunfardo de José Gobello).
La palabra viene del francés grisette: obrera. Primero se llamó así a una tela gris, algo ordinaria, con la que se hacían los delantales y la ropa de trabajo que usaban esas obreras y los empleados de almacenes y talleres; de allí pasó a ser el sustantivo que las nombra.
Hacia el 1700, en Francia, se llamaba así a las bordadoras y costureras a las que les atribuían actitudes de “liviandad” o de “dejarse seducir fácilmente” (¡¿?!). La palabra pasó a ser sinónimo de “mantenida”.
En la Argentina hay un hermoso tango que las evoca y homenajea relacionándolas con las heroínas de las novelas románticas de mitad del S XIX, La Boheme, Manon Lescaut y La dama de las camelias. (Ver la entrada del 10 de diciembre de 2009 http://lapulpera.blogspot.com.ar/2009/12/literatura-y-longevidad.html).

Fueron  el resultado o consecuencia de la irrupción de la mujer en las primeras formas de trabajo organizado en pequeños talleres, típicos de los finales del feudalismo y principios de la Revolución Industrial. El poder conseguido en el trabajo y el roce social las hacía aspirar a mejores condiciones de vida y el dinero que faltaba lo conseguían intercambiando favores con burgueses, aceptando sus galanteos y sostén económico. La moda de tener una amante francesa llegó a la Argentina muchos años después, de la mano de los hijos de las familias patricias que iban a Europa a tirar manteca al techo y de las políticas migratorias de la generación del 80.
 

Ida Gruget, la “autora” de la carta de la entrada “Con el mismo cuento 42”, es una de ellas y Balzac la describe de esta forma:
La tal demoiselle era ese tipo de mujer que solo se encuentra en París. Se hace en París como el barro, como el pavimento, como…
Era aquella una griseta de París, pero la griseta en todo su esplendor; la griseta que va en coche, feliz, joven, bella, fresa pero griseta al fin y griseta con garras, con tijeras, osada como una española, gruñona como una inglesa gazmoña, que reclama sus derechos conyugales, coquetea como una gran dama, mas franca y dispuesta a todo; una verdadera leona, salida del pisito donde tantas veces soñara con las cortinas de indiana encarnada, el mueble forrado en terciopelo de Utrecht, la mesita del té, el gabinete de porcelana con asuntos pintados, la causeuse, la alfombrilla de moqueta, el reloj de alabastro… en una palabra, con todos los goces de la vida de las grisetas; la mujer de su casa, antigua griseta también, pero griseta con bigote y perilla, con las visitas al teatro, las castañas a discreción, los trajes de seda y los sombreros; en una palabra, todas las felicidades calculadas en el obrador de las modistas, menos el coche, que no aparece en los ensueños del obrador, sino como el bastón del mariscal en los del soldado raso.

Honorato de Balzac, Ferragus,  jefe de los devorantes, 1833, Obras completas, Tomo V, pág. 227. Editorial Aguilar.
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jueves, 13 de octubre de 2016

Humor 103 - Medicina, cultura y actualidad


1‒ Colón
Un día como hoy, hace 524 años, Cristóbal Colón paseaba por los manglares cuando observó cómo un indígena se metía una banana en el culo. Corroído por la curiosidad hizo lo mismo en la soledad de su camarote.
Más de 500 años después a este tipo de prácticas anales con introducción de aparatos se las conoce como “Colón nos copia”.
A ver si aprendemos un poquito de historia que la cultura no hace daño.

2‒ Virus al ataque
 Se reúnen el virus del VIH con los bacilos de la Meningitis y el Cólera y deciden atacar a Mauricio Macri.
Va primero el meningococo. Al volver le preguntan cómo le fue.
-Mal, me cagó. ¡El tipo no tiene cerebro!
-Dejámelo a mí, -dice VIH y parte a cumplir su misión.
Al rato regresa y sus colegas lo interrogan:
-¿Y…?
-Mal, mal. Fue imposible entrarle, está rodeado de forros.
-Ahora se las va a ver conmigo, -dice el vibrión colérico y parte.
Al rato vuelve cabizbajo.
-¿Cómo te fue?
-¡No pude hacer nada! Este Macri es muy hábil. Se manda una cagada tras otra, ¡pero siempre se lava las manos!


Estos cuentos fueron robados a eminentes galenos que prefieren conservar el anonimato… y sus puestos en el (des)gobierno. Gracias doctor NN y doctora NN.
La viñeta es de Guillo.
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sábado, 8 de octubre de 2016

Con el mismo cuento 42 - Balzac y César Bruto

Ferragus, jefe de los devorantes (frag.)
¡Enrique!
En el número de sacrificios que yo me abia impuesto por ti, figuraba el de no darte jamás noticias mias; pero una voz irresistible meordena acerte conocer tus crimenes para conmigo. Ya se de antemano que tu alma, en callesida por el visio, no se dignará compadecerme. Tu corasón es sordo a la censibilidad. ¿No lo es a los gritos de la naturalesa? Pero ¿ké mas da? Yo debo desirte hasta ké punto te has hecho culpable…
…prométeme ke me perdonarás el camino ke boy a emprender. Mi amor me ha dado valor y me sostendrá en la birtud.
No olvides nunca ke mi suerte es obra tuya y júsgate. Ya que el sielo no no kiere castigarte por tus culpas, de rodiyas…
Pero por favor, escríbeme ensegida una palabra, que me dará el valor que necesito para soportar mis azbersidades. Adiós, autor de todos mis males, pero el hunico amigo que mi corasón ha elegido y que gamás olvidará,
Ida.

Esplicasiones de una Señora que sescapa con otro (frag.)
Negro:
te pido por fabor de que no tomés a mal que yo agarre mis prendas de vestir y me vaya del cotorro, ni que pensés de mí con lijeresa, aplicándome tal o cual metáfora dibna de mejor suerte… ¡Te juro que me voy para tu bien, negrO, y que algún día vas a comprender todo el tremendo sacrificio que hago para que triunfés con tu concomitansia de poetA y de conpositor de música, todo lo cual hoy andás bastante flojo y sin poder encontrar un tema para un gran tango que te haga venir popular y honbre de plata!
            ¡Adiós negrO, no mechés la culpa de nada y pensá que todo lo hago para que triunfés con una cansión en contra mía… ¡Ha, y apurate que te van a desalojar antes del 30!
            Se despide de vos, tu tierna conpaniera quescapás de haser cualquier cosa parayudarte, Camila (haora gladiS”).


El autor del primero es Honorato de Balzac (1799-1850) y pertenece a su novela Ferragus, jefe de los Devorantes, publicada en 1833 y más tarde incluida en las Escenas de la vida parisiense de La comedia humana.
César Bruto (Carlos Warnes, 1905-1984) es el autor del segundo fragmento, incluido en su libro El secretario epistolárico de 1955.
Fue periodista, escritor y humorista, autor de obras hermosas entre las que se destacan las que hizo en colaboración con el dibujante Oski: El medisinal brutoski ilustrado y Los grandes Inbentos deSte mundo.
Dueño de un humor desopilante, tenía muchos admiradores por ese estilo de “crear un nuevo idioma rompiendo con la ortografía y la sintaxis”. Cortázar era uno de ellos, al punto de incluir un texto suyo como proemio de Rayuela.
Sin negar en absoluto su fino humor y su creatividad, me parece que hay una deliciosa presencia del francés en su “original” estilo.

Como hace un tiempo que no hablamos del tema de “la influencia” vale hacer un pequeño repaso: es, según Harold Bloom, la tensión de la pugna entre el escritor y todos sus antecesores, en la cual se evidencian «las sombrías verdades de la competencia y la contaminación».
Para el creador del concepto, cualquier obra literaria actual lee de manera errónea –y creativa- y por lo tanto reinterpreta a los textos anteriores.
J. L. Borges también reflexionó sobre el punto, en Kafka y sus precursores, postulando que todo gran escritor crea a sus precursores.
O como dijo, en criollo, González Tuñón: “En el arte no hay influencias, hay fatalidades de la afinidad.”




El frag. de Balzac está tomado del tomado de: Obras Completas, Tomo V, trad. de Rafael Cansinos Assens, Ed. Aguilar. (páginas 207/208)
El de César Bruto se puede leer completo aquí:
http://aquimequedo.com.br/2009/03/31/esplicasiones-de-una-senora-que-sescapa-con-otro/
El hallazgo de la similitud de los estilos es de Susana Pettinati a quien corresponden los créditos y mi agradecimiento.
Las ilustraciones son de Rep (Miguel Repiso) y Picasso.
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jueves, 22 de septiembre de 2016

Con el mismo cuento 41 - Chateaubriand, Mansilla, Alencar

Romances de indi@s y cautiv@s en la Conquista y Colonización

Atala, 1801, Francisco Augusto Chateaubriand, (1768-1848).
Lucía Miranda, 1860, Eduarda Mansilla, (1834-1892).
Iracema, 1865, José de Alencar, (1829-1877).

Estas tres novelas históricas tienen la misma raíz dramática: los amores entre nativ@s y conquistador@s  y las complicaciones derivadas del encuentro de culturas tan distintas. No es casual que todas sean hijas de una corriente literaria –el romanticismo– que se impuso en Europa después de la Revolución Francesa  y, por otra parte, que compartan la globalizada perspectiva ideológica del poder hegemónico de las potencias conquistadoras y ayuden a conformar nuestra identidad de colonizados.  Cada una con sus propios matices, tanto más que se escribieron dos o tres siglos después de los hechos narrados.
 

Atala, princesa cristiana, hija de conquistador y de madre india de una tribu de la Luisiana, rescata al indio Chactas, preso de una tribu enemiga y le salva la vida. El indio se enamora perdidamente de la bella, pero ella ha hecho votos de castidad cristiana a su madre moribunda. Acorralada entre sus sentimientos y las promesas de castidad, elige el suicidio como salida. El veneno llega antes que la solución que el Padre Aubry, un misionero, encuentra para los amantes.

Lucía Miranda vive con su marido Sebastián Hurtado en el Fuerte Sancti Spíritu, en 1532, en la actual Santa Fe, República Argentina. Han venido con la expedición colonizadora de Gaboto –que  acaba de regresar a España– y conviven pacíficamente con los timbúes comandados por los caciques hermanos, Mangoré y Siripo. Mangoré se enamora de Lucía pero no consigue separarla del marido a pesar de regalos y atenciones. Termina perdiendo la paciencia, prendiendo fuego al Fuerte y muriendo en la acción junto con casi todos los españoles.
Los esposos quedan cautivos de Siripo que es ahora el nuevo enamorado. Tampoco consigue separarlos y ser correspondido en su amor, por lo que los condena a muerte: él muere bajo las flechas y ella en la hoguera, encomendándose ambos a Dios.

Iracema, princesa india de la tribu de los tabajaras, se enamora de Martín, colonizador portugués, al que ha herido y capturado. Él tiene amigos en una tribu enemiga y ella es una vestal que debe conservar su virginidad para servicios religiosos. El amor entre ellos puede más, huyen y tienen un hijo: Moacir. Poco después Martín abandona a su esposa y al recién nacido para pelear al lado de los potiguaras y ella muere.



La historia de Atala también se escribió como pieza teatral, en 1822, por José Fernández Madrid; un patriota colombiano que fue presidente del Triunvirato de su país en 1816. La novela originalmente escrita en francés y publicada en París en 1801, fue traducida al español el mismo año por Simón Rodríguez  –más conocido por ser el maestro de Simón Bolívar–  que firmaba con el seudónimo S. Robinson.

La de Lucía Miranda dio lugar a la primera obra de teatro Argentina: Siripo, escrita por Manuel J. de Lavardén en 1786, perdida parcialmente y de la que sólo se conserva la segunda parte. Ya en el siglo XX, la  historia fue reescrita por Hugo Wast y sirvió de argumento para una ópera de Felipe Boero.
 

Algo debe tener el tema para que con ligeras variaciones se siga utilizando hasta hoy en diferentes países de nuestra América, incluyendo una versión Disney: Pocahontas. ¿Alguien tiene alguna hipótesis para aportar?
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miércoles, 31 de agosto de 2016

Ajedrez y cine - ¿Error de Bergman?

Ajedrez y cine – El séptimo sello

 
Entre las partidas de ajedrez más famosas de la historia del cine está la que juegan el caballero y la muerte en la película, del director sueco Ingmar Bergman, El séptimo sello.
Antonius Block (Max von Sydow), el caballero que regresa de las cruzadas, lleva las blancas y La Muerte (Bengt Ekerot), las negras, que terminan vencedoras.
No hay nada nuevo en lo dicho hasta aquí, pero si observan con atención algunas escenas de la partida encontrarán algo que pasó desapercibido por el director, el montajista y la producción del filme: en ocasiones, las piezas están mal dispuestas sobre el tablero.


 

Los jugadores deben tener una casilla color blanco en el extremo derecho. Como tiene 64 casilleros lo que ocurre es que, para la escena, las piezas fueron dispuestas con el tablero girado 90º de la posición correcta.
Las escenas se filman muchas veces y en la película, generalmente, las piezas están bien colocadas, con la casilla blanca a la derecha, como se ve en la otra foto. Pero en la copia que he visto yo, la posición de las piezas aparece cambiada en ocasiones. Incluso cuando la muerte anuncia que está por dar mate en la próxima jugada, hay dos enfoques de la misma escena -con la cámara detrás de uno y otro jugador- en que el tablero aparece en posiciones invertidas. El rey blanco, que está por recibir jaque mate, aparece en la casilla blanca en un enfoque y en la negra en el siguiente.

 
Más o menos llamativa, la anécdota no quita valor alguno a la película. Para ayudar a decidir a algún lector a verla les pongo una síntesis del argumento: después de diez años de combatir en las cruzadas, el caballero Antonius Block y su escudero regresan a Suecia. La peste negra asola Europa. Antonius se encuentra con La Muerte que lo reclama. Para ganar tiempo, y con la esperanza de obtener respuestas a sus dudas sobre las grandes cuestiones de la vida, la muerte, y de la misma existencia de Dios, le propone jugar una partida de ajedrez. El diálogo es muy interesante, pero les adelanto que la esperada palabra del supremo no llega… porque como escribió Miguel Hernández: “Y Dios dirá, que está siempre callado”.
Es en blanco y negro, de 1957 y dura 95 minutos.
Por si ustedes también dudan, agrego que pueden ver a una muy joven Bibi Anderson.

Fernando Terreno
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sábado, 27 de agosto de 2016

Humor 102 - Humor religioso y buenos consejos



1‒ Converso
Jaime, judío religioso, está muy enojado con Dios y reclama su presencia con vehemencia un sábado, durante el servicio, en el templo. Para su sorpresa, se le aparece el mismo Dios en persona.
‒ ¿Qué te pasa qué estás tan molesto?
‒ Mi hijo Isaac se convirtió al catolicismo. ¿Por qué me hiciste esto?
‒ Primero, no “te lo hice”, las cosas pasan; y segundo, no me parece una cosa tan terrible... sin ir más lejos, a mí me pasó lo mismo.
La respuesta lo deja pensando un instante, pero vuelve a la carga.
‒ Y vos, ¿cómo te lo tomaste? ¿Qué hiciste?
‒ Cuando me repuse de la sorpresa escribí un Nuevo Testamento.

2‒ Retiro
Un hombre golpea a las puertas de un convento y un hermano lo atiende a través de la mirilla.
‒ ¿Qué desea el señor?
‒ Vengo para hacer un retiro.
‒ ¿Espiritual o en efectivo?


Para terminar, unos consejos para que tengas una vida plena:
1. Perdona a tu enemigo, pero recuerda siempre el nombre del desgraciado.
2. El alcohol no resuelve los problemas, pero reconozcamos que la leche de vaca tampoco.
3. Si ayudas a alguien que está en problemas, se acordará de vos cuando esté en problemas de nuevo.

 

Como es habitual, los cuentos han sido honorablemente sustraídos. Al Lolo Amengual (el 1) y a Tony de La buena medida, La Boca (el 2). Los consejos son del sacrílego de Kiko Garrido. Tres días de indulgencia para todos.
Las viñetas son de Bennett y de Montt.
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miércoles, 13 de julio de 2016

Paulo Mendes Campos

Relatores y relatos deportivos

 
El poeta, cronista, y periodista mineiro Paulo Mendes Campos (1922-1991) mostraba su talento borrando los límites entre los géneros. Tanto escribía poemas o crítica literaria como unas apostillas sobre fútbol que desbordaban calidad. Esas columnas se llamaban O gol é necessário y el título de una de ellas pasó a ser su “marca registrada”: “Didi, coisa mental”, dedicada al gran mediocampista de la Selección de Brasil campeona del mundo en 1958 y 1962, Waldir Didí Pereira.

Entre muchas elegí la que sigue, por su toque humorístico y porque pone de manifiesto las dificultades de traducir lo intraducible: la lengua. La traducción es mía (con las debidas disculpas) y más abajo está el original en portugués.

Charla breve
Ed Sá cita una frase insuperable del anecdotario futbolístico. Yo la sé de memoria, más larga, tal como la dijo un locutor deportivo: “Entra a la alfombra verde el facultativo esmeralda para revisar la lesión del hijo del Divino Maestro, rueda motriz del eleven perico”.
Se cuenta que un norteamericano, graduado en lengua portuguesa en la Universidad de Florida, vino a Brasil para perfeccionar sus conocimientos. Para familiarizarse con el lenguaje coloquial se puso a escuchar transmisiones deportivas y se topó con aquella frase. Se rompió la cabeza tres días seguidos tratando de descifrar el enigma sin conseguir resultados hasta que un hincha habituado a la jerga radial le acercó la traducción: Alfombra verde – campo de juego;  facultativo esmeralda – médico del Palmeiras (camiseta verde); hijo del Divino Maestro – Adhemir da Ghia, hijo del veterano astro Domingos da Ghia; rueda motriz – jugador del medio campo; eleven perico – once de los loritos (equipo del Palmeiras).

Bate-pronto
Ed Sá cita uma frase insuperável do anecdotario futebolístico. Eu a sei de cor, mais longa, nestes termos do locutor: “Adentra o tapete verde o facultativo esmeraldino a fim de pensar a contusão do filho do Divino Mestre, mola propulsora do eleven periquito”.
Conta-se que um americano, depois de graduar-se em língua portuguesa na Universidade da Flórida, veio ao Brasil em viagem de aperfeiçoamento. Para familiarizar-se com a linguagem coloquial, dedicou-se a ouvir trasmissões esportivas e por acaso foi contemplado com aquela frase. Ficou de cuca fundida durante três días, vasculhando compêndios, até que um brasileiro lhe forneceu o seguinte glosario: tapete verde – campo; facultativo esmeraldino – médico do Palmeiras;  filho do Divino Mestre – Adhemir da Ghia, filho do veterano Domingos da Ghia; mola propulsora – jogador do meio de campo; eleven periquito – quadro do Palmeiras.
 
 
Las ilustraciones son de Verediana Scarpelli. En su blog pueden ver más cosas:
La diagramación del Diário es de Daniel Trench.
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viernes, 8 de julio de 2016

Botines


Los primeros zapatos usados para jugar al fútbol merecían el nombre de botines: eran unas botas de caña corta, apenas por arriba del tobillo, que aparecieron hacia 1880. Tenían puntera de acero y pesaban casi un kilogramo.
Hacia 1890 se le agregaron los tapones, que para 1920 ya eran intercambiables de acuerdo al estado de la cancha, el clima o el “tratamiento” que se daría a los rivales.
Hacia 1950 se les acortó la caña y pasaron a tener la forma “actual” que deja el tobillo al descubierto. Esto y el uso de cueros más delgados llevó el peso a 500 gramos.
Desde ahí en adelante, cada diez años aproximadamente, se introducen variantes y diseños que los transforman en “estrellas” del espectáculo.


En 1970 Pelé usa la primer versión personalizada, fabricada especialmente para él. En 1980 Beckenbauer adopta un modelo con suela de poliuretano que pesa sólo 270 gramos. Para 1990 los tapones dejan de ser redondos, se alargan y continúa la baja de peso: ¡200 gramos!
En el 2000 la “lengua” sale y tapa los cordones. Distintas marcas se disputan y hacen contratos de uso exclusivo de sus calzados, que se muestran en las repeticiones de los goles disputando cámara con los jugadores.

Hacia el 2010 ¡vuelven a tener forma de botita, con la caña sobre el tobillo! A pesar de eso pesan 150 gramos, pueden no tener cordones y son de colores vivos,  en ocasiones fosforescentes. Incluso algunos jugadores usan uno de cada color para identificarse o dar valor comercial “agregado” a su imagen.
Entonces sucede algo casi gracioso: muchos jugadores se “avivan” de que la extrema visibilidad de sus calzados hace que sus infracciones sean más fáciles de advertir por los árbitros y la televisión; entonces llegamos a los modelos 2016: se vuelven a usar de color negro (u otro que se disimule), bien clásicos, sigue la forma de botita pero la caña es tejida para hacerlos más livianos aún. Es decir que, al cabo de 80 años, los botines vuelven a ser botines.