sábado, 14 de julio de 2018

Con el mismo cuento 51 – Pirandello y Unamuno


Enrique IV y El otro


Habiendo superado los cincuenta artículos, vale recordar la idea original de esta serie: reunir obras que tengan alguna conexión en su temática o abordaje. Encontrar esas reescrituras, homenajes, parodias amorosas y de las otras, conscientes o inconscientes, que muestran que, desde el fondo de los tiempos, a los humanos nos afligen cuestiones parecidas. Hoy toca el turno a dos grandes de la Literatura, ¡que los disfruten!

Enrique IV, teatro (1922) de Luigi Pirandello (1867-1936).
Estrenada en 1922 en el Manzoni de Milán con gran éxito.

El otro, teatro (1926), de Miguel de Unamuno (1864-1936)
Estrenada en Berlín en 1828, en Madrid en 1932 con Margarita Xirgu y en Buenos Aires en 1934 con Lola Membrives.

El primero en darse cuenta del interés de ambos autores por los mismos temas fue ¡el propio Unamuno!  En 1923 –antes de escribir El otro– publica en el diario La Nación de Buenos Aires su artículo “Pirandello y yo” donde admite que la afinidad de ambos es un “fenómeno curioso que se ha dado muchas veces en la historia del arte, de la ciencia o la filosofía… dos espíritus, sin conocer sus sendas obras, sin ponerse en relación… un mismo camino… hayan tramado análogas conclusiones… llegado a los mismos resultados.  …es algo que flota en el ambiente… o late en las profundidades de la historia y que busca quien lo revele”.
Las dos obras son absolutamente singulares y distintas pero tienen especiales coincidencias; en su temática: la locura, el otro, la identidad, la muerte y en su forma: ambas trascurren en un espacio cerrado en el que hay encierro, crimen y locura.

El protagonista de Pirandello, después de un accidente, cree ser Enrique IV, el monarca germano, y el resto de los personajes le sigue la corriente. Después de doce años recupera la cordura pero opta por fingir no haberla recobrado para no ser imputado por un crimen que comete. Toca la compleja relación entre el personaje y el ser, entre ficción y verdad. La locura está más cerca de la verdad que la excesiva adaptación de los cuerdos. Todos los personajes tienen nombre menos el protagonista: al ser rotulado loco, no lo tiene, no ES.

Ernesto, encuentra a Cosme (¿o a Damián, su  hermano gemelo?), esposo de su hermana Laura, en estado de locura. Ha recibido la visita de su idéntico hace una semana y lo ha matado, pero no se sabe quién es el sobreviviente. Se agrega Damiana, esposa del otro mellizo, que viene a buscarlo. Un médico y el Ama intentan infructuosamente resolver el misterio por distintos caminos. Con cierto tinte policial, dudan entre aclararlo o “enterrar el tema” en el ámbito familiar. Unamuno tampoco nombra a su protagonista: este se autodenomina, EL Otro.

Dice Ana Martínez Peñuela: “Existe un paralelismo entre los personajes de ambas obras: hay un personaje que organiza la escena (no olvidemos que para ambos autores la vida es teatro y el teatro es vida) y que va a estar representado por el cuñado de El Otro, Ernesto, y por el sobrino del personaje que se va a creer Enrique IV al que llamaré X, Di Nolli.
Hay dos médicos, tachados de alienistas, dispuestos a curar la locura de El Otro, Juan, y de X, Dr. Genoni ; dos mujeres en cada obra que responden al desdoblamiento de la mujer en Laura y Damiana y en Matilde y Frida; y por último, el doble de El Otroel Uno, y el antagonista de X, Belcredi .
Su completo análisis de la relación entre ambas obras se puede leer en este enlace:
Otro análisis muy interesante de El otro aquí:_


Enrique IV de Pirandello, aquí:
El otro de Unamuno, aquí:

La foto es de la bella puesta de Enrico IV dirigida por Carlo Cecchi en Florencia.
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sábado, 7 de julio de 2018

El peso de la Deuda Externa


Tomando como base a los billetes de 100 U$S podemos calcular el peso en Kg de la Deuda Externa de algunos países para darnos otra idea sobre el tamaño de la desesperanza.

Si consideramos a la deuda externa de la República Argentina en un valor aproximado a los 150.000 Millones de U$S = 150 x 109 U$S o 1500 Millones de billetes de 100 U$S. Como cada billete de 100 pesa 1 gr, podemos concluir que el peso de la deuda es:
        1,5 x 109 gr = 1,5 x 106 Kg = 1,5 x 103 Ton = 1500 toneladas de billetes de U$S 100

Ahora veamos la deuda externa de E.E.U.U., que Trump mediante es de U$S 21.000.000.000.000 = 21 x 1012  que en buen romance significa 21 billones de dólares, lo  que en el gran país del norte llaman 21 trillions. En billetes de 100 pesaría 21 x     1010 gramos,
      21 x 1010 gr = 21 x 107 Kg = 21 x 104 Ton = 210.000 toneladas de billetes de U$S 100

Es decir 140 veces más grande que la deuda externa que nos está dejando Macri a los argentinos y casi 500 veces más grande a la que recibió en Diciembre de 2015.
Podemos sacar algunas conclusiones:
·         La deuda externa argentina se puede llevar en un barco pequeño, del tamaño de una chata arenera de las que andan por el río.
·         La deuda externa de los EEUU no se puede acomodar ni en el barco más grande del mundo. Hacen falta 5 barcos de los Panamax (290 m eslora , 33 de manga), los mayores que admitía el canal.
·         Incluso si se calcula la deuda per capita resulta mucho mayor la de los virtuosos estadounidenses que la de los pecadores sudacas.

Lo que no cabe duda es que se trata de un gran bleuf y de que el que reparte las cartas es el mismo que las imprime. Si hacía falta algún dato adicional para confirmar que se trata de una macabra matufia, podemos agregar que Luxemburgo tiene una deuda per capita de más de 6 millones de U$S por persona, encabezando el listado de las guaridas fiscales junto con Mónaco 400.000, Malta 230.000, Suiza 200.000, Mauricio (las islas, no el cretino) 150.000 y otros refugios de operaciones ilegales.
Todo esto me hace recordar una frase de Friedrich Dürrenmatt, dramaturgo suizo, que decía “Suiza es un proxeneta administrando un prostíbulo que se empeña en hacernos creer que él, las pupilas y los clientes son vírgenes”.
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martes, 26 de junio de 2018

Con el mismo cuento 50 – Enoch Soames


Enoch Soames, cuento (1919) de Sir Henry Maximilian Max Beerbohm (1872-1956)
Enoch Soames (¿-1897), cuento (1977) de Marco Denevi (1922-1998)

Debemos agradecer la difusión del cuento original a Silvina Ocampo, Borges y Bioy Casares que lo tradujeron e incluyeron en su Antología de la literatura fantástica de 1940.
Un escritor mediocre que se considera un genio incomprendido, Enoch Soames, pacta con el diablo –a cambio de su alma– un viaje al futuro para verificar su fama cuando la posteridad lo reconozca. El 3 de junio de 1897 parte por unas horas al siglo siguiente para comprobar que en toda la Biblioteca del Museo Británico hay una sola mención a él, como personaje de ficción de un cuento –que es el que estamos leyendo– que escribirá más adelante un amigo suyo, casualmente el narrador. Este, que se llama igual que el autor, Max Beerbohm, sabe que el pacto es una matufia condenada a frustrar una vez más al pobre Soames, que retorna sin fama y traicionado. Pero es poco lo que puede hacer y, finalmente, se lo lleva el diablo.
El juego entre literatura y metaliteratura es delicioso. El autor agrega personajes reconocidos de la época, algunos amigos suyos, dibujantes, editores, fotógrafos con lo que diluye los límites entre la realidad y la ficción. Cuando Soames le reprocha la traición de que va a escribir un cuento donde lo pone como un personaje, el autor lo desmiente diciendo que él es un ensayista, que jamás escribió cuentos como el que le atribuye. Lo que es absolutamente cierto, salvo por el hecho de que lo estamos leyendo. Ficción y realidad, sueño y fantasía, recuerdos contradictorios; todo se funde y nos deja pensando.

Denevi escribe prácticamente el mismo cuento en una parodia doble: a Beerbohm y a Borges y su Pierre Menard. La diferencia estriba en que su narrador supone real a Soames y este consigue –con la estrategia del arreglo con el diablo– que Beerbohm lo rescate de un olvido seguro. Pero llega 1914 y la Primera Guerra sume todo lo anterior  en el descrédito: “la impostura de Beerbohm se toma por ficción literaria”. Todo vuelve a fojas cero. El Diablo triunfa, el talento y la gloria son degradados por la imbecilidad y el sin sentido. El narrador de Denevi es el único que trata, infructuosamente, de desbaratar el plan diabólico y colocar a los poetas en el Olimpo. Pero fracasará y su vanidad también sufrirá esa dura lección.


Una apostilla para terminar: el 3 de junio de 1997, el Museo Británico se llenó de gente que fue a verificar si Soames andaría por allí, tal como lo aseguraba el cuento. Con humor, flema y puntualidad británicos, a las 2 de la tarde apareció un personaje solicitando ver las fichas de autores que empezaran con SO…  Vestido de época, revisó minuciosamente la información y desapareció misteriosamente, con algo de ayuda del personal del museo. Merecido homenaje a un cuento extraordinario.

El de Beerbohm se lee en cualquiera de estos enlaces:
El de Denevi pertenece a su libro Reunión de desaparecidos, Ediciones Macondo.
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miércoles, 20 de junio de 2018

Diciembre de 2001












Espero no desilusionar a los que llegaron acá pensando encontrar algún comentario relacionado con la gran crisis económica que tuvimos en la República Argentina y que desembocó en la declaración de default a la deuda externa y, posteriormente, en un periodo de desendeudamiento, crecimiento económico y afirmación de derechos de más de una década.

Nada de eso. Se trata de un tema literario del que resultará tentador, para los argentinos, hallar puntos comunes con aquella situación. Me refiero concretamente a Diciembre de 2001 – La mañana verde, una de las historias de Crónicas marcianas de Ray Bradbury. El libro, –una ciencia ficción futurista de 1946/50–, reúne episodios de la conquista de Marte por parte de los terrestres que suceden desde Enero de 1999 hasta Octubre de 2026. Como todas las buenas obras del género asombra por su carácter poético y anticipatorio, a la vez que le caben las generales de la ley: el futuro llega y descoloca.


Los títulos de las historias pueden ser leídos como un sarcástico y demoledor anticipo de la ficción literaria sobre la cruda realidad:
            Enero de 1999 – El verano del cohete (léase: El verano “al cuete”)
            Marzo de 2000 – El contribuyente
            Diciembre de 2001 – La mañana verde
            Abril de 2005 – Usher II
            Abril de 2026 – Los largos años
Me permití remarcar en negrita dos historias. La mañana verde, como una metáfora de lo que nos pasó: el protagonista, a pesar de todo, planta árboles y sueña un futuro mejor y Usher II por el homenaje a Poe y su claridad. Los largos años es un demoledor relato sobre la soledad. Borges hallaba 2004 – La elección de los nombres y Abril de 2000 – La tercera expedición como los más alarmantes y verosímiles. Cualquiera de ellas nos transporta a una situación inesperada e interesante.
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jueves, 14 de junio de 2018

Con el mismo cuento 49 – E. A. Poe y R. Bradbury












La caída de la casa Usher, 1839, cuento de Edgard Alan Poe
Abril de 2005 ‒ Usher II, 1950, episodio de Crónicas Marcianas de Ray Bradbury.

El cuento de Bradbury es un delicioso homenaje al de Poe, al punto que comienza y finaliza con los mismos párrafos. Allí terminan las coincidencias y cada uno sigue su propio camino, uno por el terror del gótico y el otro, por el de una ciencia ficción que disimula una declaración de amor.
Además de la explícita cita, desde el título, a La caída de la casa Usher hay numerosas referencias a otros cuentos de Poe: Los asesinatos de la calle Morgue, El pozo y el péndulo, El tonel de amontillado y más, que una lectura cuidadosa permitirá descubrir. La quema de libros y la censura es uno de sus puntos centrales.
Más allá del reconocimiento al Maestro, la historia es indudable precursora de Fahrenheit 451 que escribiría tres años después.
Y por si todo eso no fuera suficiente hay menciones a viejos conocidos, La bella durmiente,
Blancanieves, Alicia en el país de las maravillas y alguna  frase de Shakespeare. Una perlita: el protagonista se llama William Stendhal, como para que vayamos teniendo en cuenta desde el vamos por dónde va el corazón del autor.
Resumiendo: un banquete para el alma.


Del cuento original se ha escrito y analizado tanto y tan bien que lo mejor será remitirse a los trabajos que hay subidos a la internet. Abajo hay dos enlaces a los textos, pero si alguno estuviera con un ataque de fiaca o no encontrara los lentes para ver desde cerca, La caída… fue llevada al cine en 1960 con Vincent Price y dirección de Roger Corman y Usher II se puede ver en Youtube como una serie de TV con guión del mismo Bradbury. Dura 23 minutos.

La caída de la casa Usher:

Usher II:
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domingo, 3 de junio de 2018

Cuentos de peluquería


Salvación de Yayá, 1977, cuento de Marco Denevi, de su libro Reunión de desaparecidos.
El peluquero y Falsa promesa, 2016, cuentos de Alejandra Zina, de su libro Hay gente que no sabe lo que hace, Paisanita Editora, Buenos Aires.

La peluquería de Denevi es de los años 30 del siglo XX y le permite jugar con lo masculino y lo femenino. El universo de los sicilianos se entremezcla con su clientela extranjera o vernácula y la incorporación de una manicura viene a ensanchar ese mundo hasta límites impensados. Aparecen el amor y el simulacro de la sexualidad. Un ejemplo de cuento clásico hasta en su desenlace de tragedia griega: todo se derrumba y cae, menos la reflexión sobre qué es la identidad y qué es el amor.

Las de Alejandra Zina son más cercanas. Tienen peluquera, coiffeur o estilista, pero la vida pasa por ellas y nos vemos reflejados, al punto de sorprendernos, más que cuando nos miramos al espejo. Es que ella ve esos detalles de nuestras miserias y grandezas que nos enfrentan a nuestra propia vulnerabilidad.  Además, cuando ya creemos saber por dónde va la cosa, hace una finta y sale para otro lado dejándonos sin sosiego.


Salvación de Yayá (fragmento)
            ¿Alguien conoció la peluquería de Doménico Scaricamusuzzo, alias Musú? Estaba ubicada (hablo de los años 30) en la calle San Martín, en el barrios de los Bancos, de las agencias de cambio y de las oficinas de los corredores de Bolsa, un barrio que en los días hábiles parece de fiesta y en los días de fiesta, un cementerio. Allí abrió Musú su peluquería.
            No se equivocó. Una clientela fija, estable, de hombres de negocios, de hombres formales, de buen pasar, algunos extranjeros, dos o tres ingleses (fue uno de estos ingleses el que un día lo llamó Musú, porque ningún inglés, salvo que haya enloquecido antes, sería capaz de pronunciar el apellido Scaricamusuzzo, y aquel Musú les pareció a todos, incluido Musú, tan bello, tan musical…
...         Estaba, pues, don Musú. Estaban los ocho oficiales. Estaba Nicola. Diez sicilianos. Y entre los diez sicilianos estaba Yayá. La mejor manicura del mundo, sin discusión. No arreglaba las uñas, las cambiaba por otras. En el lugar de la uña ponía un pétalo de rosa, la escama de una sirena. Húmeda de rocío o seca y pulida como un trocito de mármol de Carrara.

El peluquero (fragmento)
            Lo conocí en Adriano Coiffeur, era el mejor y todas preferíamos esperar que nos atendiera él. Cuando decidió abrir su propia peluquería, justo a la vuelta, deslizó la tarjeta de su mano a la mía como una cita secreta mientras me hablaba de cualquier otra cosa.
            Walter fue mi peluquero durante casi quince años, el mismo que llevo viviendo en esta calle de Almagro. Nos veíamos una vez por mes, pero el tiempo hizo algo sólido entre nosotros.
       
Walter sabía manipular mi pelo y mis recuerdos. Si estábamos solos, cerca de la hora del cierre, cuando el único cliente que podía caer era el oficinista que pedía maquinita en la barba y en la cabeza, prendíamos un Marlboro cada uno y tomábamos un café...
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martes, 29 de mayo de 2018

Títulos repetidos 14 - La Gaviota


La Gaviota, novela (1849) de Fernán Caballero (1796-1877)
La Gaviota, obra de teatro (1896) de Anton Chejov (1860-1904)
La Gaviota, obra de teatro, (1903), de Nicolás Granada (1840-1915)  editó Plus Ultra
La Gaviota, novela (1943, editada por Salamanca en 2011), de Sandor Marai (1900-1989)

La primera sorpresa de los títulos reunidos hoy es que Fernán Caballero es mujer. Tras ese seudónimo tan masculino y singular encontramos una persona no menos singular. Nacida en Suiza, hija de un alemán hispanófilo y una española, recibió una educación católica y después de vivir un tiempo en Alemania se radicó en el sur de España. Su verdadero nombre era Cecilia Böhl al que cambió, “para el público”, por ese otro de “sabor antiguo y caballeresco… trocando las modestas faldas de Cecilia por los castizos calzones de Fernán Caballero.”
Resulta llamativo que una mujer antiliberal y conservadora a ultranza haya causado una revolución en las letras españolas y, con su costumbrismo, sido la precursora de la novela realista española. Lo mismo pasó con su vida: el apego a las tradiciones, la monarquía y a la iglesia no se condicen con haberse casado tres veces, la última con un joven 18 años menor que ella. Si hacía falta algún dato más, escribió La Gaviota en francés y la protagonista es la hija de un pescador  a la que casan con el Dr. Stein, al que ella abandona por haberse enamorado de un torero…














Chejov estrenó La Gaviota en San Petersburgo en 1896. Nina, aspirante a actriz, estrena una obra escrita por Trepliov, joven dramaturgo, hijo de Irina, una actriz consagrada que critica duramente a ambos. Alentada por otros va a la gran ciudad con esperanzas de triunfar en el arte pero al cabo de dos años vuelve vencida al pueblo natal. Todos los personajes ocultan sus sentimientos, quieren a unos y se casan con otros formando parejas frustradas. Para terminar la velada, Trepliov no soporta el fracaso y se suicida y Nina termina en la pobreza. Ambientada en la aristocracia de finales del zarismo, parece anticipar la caída del Régimen.
En el Acto I hay un hermoso juego de cajas chinas o de teatro dentro del teatro: el telón abre sobre un jardín en el que se va a representar otra obra de teatro, el autor habla desde ese escenario con su madre (que está entre el público) intercambiando  frases de Hamlet, obra donde a su vez Shakespeare hace representar otra obra…

La de Nicolás Granada fue estrenada apenas escrita, en noviembre de 1903, en el Teatro de la Comedia, por la Compañía de los Hermanos Podestá con Orfilia Rico en el protagónico.  

La novela de Marai, escrita en 1943, en plena ocupación de Hungría por los nazis, retrata el comportamiento de la decadente burguesía que no había  terminado de recomponerse en el período entre ambas guerras. Un funcionario del gobierno dicta una orden trascendente mientras se involucra con una joven muy parecida a una antigua amante suya, ya fallecida. El espejismo del amor y la ambigüedad de los sentimientos se trama con el derrumbe del modelo social que venía cayendo desde finales del imperio austrohúngaro. Posiblemente de ese núcleo, compartido con Chejov, haya tomado el nombre de su novela.
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jueves, 17 de mayo de 2018

Todos y todas



He escuchado varios discursos que dio Charles De Gaulle en 1967 y 1968. Todos comenzaban y terminaban igual:
Francesas y franceses
‒ ¡Viva la República! ¡Viva Francia!

La Dra. Cristina Fernández de Kirchner comenzaba sus discursos, generalmente, de esta manera:
‒ Muy buenos días a todos y todas,…

Los medios criticaban acerbamente la cuestión desde diferentes puntos de vista que iban desde lo político, pasaban por cuestiones de género y llegaban hasta el supuesto mal uso de la gramática, la sintaxis, en fin de cuentas: de la lengua.
Sus discursos, con un modo de hablar que no gustaba a mucha gente, irritaba a otros –entre los que me encuentro–  son muy sólidos, claros, pedagógicos y sin eufemismos. Dice las cosas claras y eso es imperdonable para los que usan las palabras para confundir y ocultar sus estafas, contrabandos y todo tipo de trapisondas. Recuerdo uno, en que dijo: "Los buitres son chupadores de sangre internacionalmente reconocidos”, refiriéndose a los Fondos usureros y especuladores del sistema financiero.

El diario La Nación, con la firma de una de sus periotudistas, publicó un “análisis” donde contaban cuántas veces usaba cada palabra, cada artículo, etc., etc.
No recuerdo que La Nación hubiera se hubiera empeñado, con la misma vehemencia, con los discursos del Gral. De Gaulle ni con los del Presidente Macri, llenos de furcios, de atractividades y otras lindezas por el estilo.
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lunes, 14 de mayo de 2018

Pum en el ojo


Lo único permanente en el habla es el cambio. El uso y significado de tal o cual frase va modificándose con el tiempo y, ciertas maneras de referirse a algo fechan sin discusiones a los textos.
La expresión ¡Pum en el ojo! se usaba, en la Argentina, allá por las décadas del 20 y 30 del siglo 20.  En medio de una conversación indicaba al interlocutor que su comentario había sido acertado, que “había dado en el clavo” o que el aludido se sentía alcanzado por él.

Juan Filloy lo usa en reiteradas ocasiones en su novela Op Oloop. Por ejemplo en las páginas 129 (habla Peñaranda), 150 (la dice el estudiante) y 169 (Peñaranda, de nuevo). Los números de páginas refieren a la edición de Paidós con prólogo de Bernardo Verbitsky.
Años más tarde, en 1961, Aurelio Ferretti (1907-1963) –dramaturgo argentino– escribió una obra de teatro con ese título: ¡Pum, en el ojo! que publicó la Editorial Quetzal.

Ahora, el Presidente, cuando es encontrado en situaciones embarazosas, cosa que ocurre cada vez con más frecuencia, la ha reemplazado por “Mala mía” o “Esa te la debo”. Ese lenguaje, posiblemente sugerido por Durán Barba, no es originalmente muy argentino. Nosotros usamos “tocado”  o “submarino hundido” si el argumento es irrebatible. Otros dicen touchè, directamente en francés, expresión proveniente de la esgrima, donde un contendor avisa al otro que lo ha alcanzado o este reconoce el hecho.
Al responder “Esa te la debo” el Presidente nos está engrupiendo. Esta última palabra, de origen lunfardo, viene del genovés groppo: nudo, moño, atado, envuelto; que es lo más ajustado a los engañosos “paquetes” que nos intenta hacer tragar.
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Portadas de la revista de sátira política chilena TOPAZ:
Pum en el ojo – Nº 72 de diciembre de 1932
Los dictadores Uriburu e Ibáñez – año 1931



martes, 8 de mayo de 2018

Cocoliche y sainete


El actor Celestino Petray imitaba con facilidad a los italianos acriollados, entre ellos a un peón calabrés llamado Francisco Cocoliche y a su modo de hablar. Ambos pertenecían a la compañía de los hermanos Podestá. Por ese entonces, año1886, los Podestá representaban en el circo una versión casi muda del Juan Moreira de Eduardo Gutiérrez, a la que le fueron incorporando diálogos para hacerla más entendible.
“Una noche, sin aviso previo, Petray irrumpió en el 2º acto llevando un caballo de las riendas y cuando Gerónimo Podestá lo vio, le dijo:
¡Adiós, amigo Cocoliche! ¿Cómo le va? ¿De dónde sale tan empilchado?
A lo que Petray respondió:
¡Vengue de la Patagonia co este pareciere macanudo, amique!
La cosa produjo una explosión de risa que duró largo rato. Petray continuó:
Me quiame Francisque Cocoliche, e songo cregollo gasta lo güese dela taba e la canilla de lo caracuse, amique, afficate la parata…
Y se contoneaba coquetamente.
¡Quién iba a suponer que de aquel episodio improvisado saldría un vocablo nuevo para el léxico popular!”
Esto cuenta José Podestá en sus memorias de 1930, tituladas Medio siglo de farándula.
Así nació, para el teatro argentino, el cocoliche, esa manera de hablar con que nos torturan en la actualidad dramaturgos excelentes y de los otros. Insisten con un habla que no manejan, para la que no tienen oído –sobre todo porque desapareció hace casi ochenta años– y a la que debieran suplantar por cualquiera otra que resulte verosímil, la lengua italiana, posiblemente.
Para colmo de males, la vice Presidenta está intentando ponerlo de nuevo de moda. Haciendo gala de su “manejo del italiano”, intentó hablar en la lengua del Dante en una visita a Macerata (Le Marche, Italia) y le salió un ridículo cocoliche que hizo recordar a la parodia del argentino que llevaba su familia a Italia. La hacía Enrique Pinti, que pedía en un bar: Motzzo, per la nena camone.
¿O nos estará dando una sutil señal de que en lugar de gobernar están representando un sainete?


El entrecomillado lo tomé de: Cocoliche y lunfardo de Ulysse le Bihan – Universidad de Oslo
Y de acá:
Juan Moreira - Versión completa de José Podestá
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jueves, 3 de mayo de 2018

Supersticiones


Concierto supersticioso


1 - Al parecer, el gran físico Niels Bohr tenía una herradura en la puerta de su casa. Cuando alguien le preguntó si realmente creía que las herraduras traían buena suerte, contestó:
– No, pero me han dicho que dan suerte incluso a los que no creen en ellas.

2 - El gran navegante argentino Hormiga Negra tenía un instrumento para medir la lluvia colgando del popel de su barco. Consistía en un pequeño atado de crines de burro que según él tenía un funcionamiento increíble, incluso mantenía un registro de eventos durante cierto tiempo: “Si salgo y está mojado, indica que está lloviendo o que ha estado lloviendo hasta hace 1 o 2 horas.”

3 – En la revista Scienza e Paranormale se citan algunas especulaciones “numerológicas” que se han hecho en relación al 11 de septiembre de 1993: New York City tiene 11 letras, Afghanistan tiene 11 letras, Ramsin Yusef, el terrorista que había amenazado con destruir las torres, tiene 11 letras, George W. Bush, el terrorista que destruyó gran parte del mundo, tiene 11 letras, las dos torres gemelas formaban un 11, Nueva York es el undécimo estado, el primer avión que se estrelló contra las torres era el vuelo número 11, dicho vuelo transportaba 92 pasajeros y 9+2 son 11, el vuelo 77 que se estrelló también contra las torres llevaba 65 pasajeros y 6+5=11, la fecha 9/11 es igual al número para las emergencias estadounidense, 911, cuya suma interna da 11. Y sigue la cábala.
¿Cuáles son las objeciones a estas coincidencias aparentemente prodigiosas?
New York tiene 11 letras si se le agrega City, Afghanistán tiene 11 letras pero los secuestradores provenían de Arabia Saudita, Egipto, Líbano y los Emiratos Árabes, Rasmin Yusef tiene 11 letras sólo si utiliza expresamente una transliteración determinada, pero si en vez de Yusef se hubiera transliterado Yussef el juego no habría funcionado. El vuelo 77 no llevaba 65 sino 59 pasajeros, etc., etc., etc.
… para hacer las cuentas lo numerológico tuvo que limar asperezas,…


Los tres ítems de hoy tienen en común el recurrente intento de los humanos de descifrar signos y encontrar explicaciones para tratar de entender el mundo.
El 1, que tomé del blog: https://pseudopodo.wordpress.com/2008/07/31/bohr-y-la-herradura/ muestra una de las formas del razonamiento científico, la puesta en contradicción de dos enunciaciones. O una fina ironía, si lo prefieren.
El 2, que escuché personalmente, es una muestra acabada de sentido común y un desafío a tanta tecnología innecesaria.
El 3, es un fragmento de una conferencia de Umberto Ecco en el Festival de Matemáticas del año 2008 en Roma, titulada: Falacias de la numerología (el agregado en itálica es mío). Allí se despacha, con humor y fundamentos, contra todo tipo de chantas, numerólogos, cabalistas, adivinadores, gematristas y otras alimañas.
Ustedes tendrán que elegir el sistema de análisis y relaciones que estimen más adecuado, pero sean cuidadosos porque se corre el riesgo de creer en las cifras del INDEC de Todesca-Macri o en la lluvia de inversiones.
¡Que la inocencia nos valga!

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miércoles, 25 de abril de 2018

Rusia 2018 reúne a Borges, Henry Ford y Maradona



Cuando la pelota empiece a dar vueltas en el partido de fútbol entre la Selección Argentina y la Selección de Croacia, el 21 de junio de 2018, en el hermoso y flamante estadio techado de la ciudad de Nijni Novgorod, agregaremos una cuenta más al collar que nos une con las fascinantes ciudades “orientales”.
Serena, enclavada en la confluencia del Oká y del Volga, la ciudad tiene una historia muy rica y un hijo que se destaca entre muchos: el escritor Máximo Gorki. Tan venerado que, durante más de cincuenta años, llevó su nombre: se llamó Gorki hasta 1990.
El primero entre nosotros en acercarla para estos pagos fue Jorge Luis Borges, en su artículo El truco*, de 1928. Allí la nombra, como parte de un chiste “judío”, en realidad una ligera modificación a uno que Freud había publicado en 1905 y al que copió sin citar la fuente, como era habitual en él.
Otra curiosidad es que en Nijni Novgorod se estableció, en 1929, la primera fábrica de autos rusa, la GAZ, con ayuda y soporte técnico de la FORD Motor Company. Produjo más de cien mil Ford A  y, entre 1936 y 1942, otro tanto del Ford B con el nombre de GAZ M1, la “M” en honor a Molotov.
Y, para terminar la velada, podemos agregar al gran Diego A. Maradona que, junto con Víctor Hugo Morales comentarán los partidos por Telesur, de modo que tenemos por delante miradas interesantes y disfrute asegurado.
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*…los baratijeros Mosche y Daniel que en mitad de la gran llanura de Rusia se saludaron:
-¿Adónde vas, Daniel?, -dijo el uno.
-A Sebastopol, -dijo el otro.
-¡Mientes, Daniel. Me respondes que vas a Sebastopol para que yo piense que vas Nijni-Novgórod, pero lo cierto es que vas realmente a Sebastopol. ¡Mientes, Daniel!
Jorge Luis Borges, El truco, de El idioma de los argentinos, 1928.

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