lunes, 21 de abril de 2014

Perfume francés

  
Aunque originarios de Egipto, en nuestra imaginación los perfumes están asociados a Francia y en particular a París. Hay sobradas razones para esto: la industria francesa de aromas y fragancias tiene varios cientos de años consolidando la exquisitez de sus productos.

Muchas de las marcas consagradas hacen referencia a París en su nombre:
Paris, que salió al mercado en 1983, y Parisienne, más reciente, ambos de Yves Saint Laurent.
Paris Hilton, la heredera de la cadena hotelera tiene su propia fragancia en el mercado desde hace un par de años.
Soir de Paris, de Bourjois, creada en 1928
Rococco à la Parisienne, creada en 1887 por la casa Guerlain, quizás la más antigua con nombre alusivo.





Otras hacen referencia a lugares emblemáticos de París o llevan como nombre la dirección de la boutique que las fabrica:
24 Faubourg, de la casa Hermès, situada en el 24 de la ahora calle emblema de la alta costura: Rue du Faubourg Saint-Honoré.
31 Rue Cambon, de Chanel, es la dirección de la principal boutique de la firma.
Jardins de Bagatelle, creada por la casa Guerlain en 1983, lleva ese nombre como homenaje a los jardines de un castillo del Bois de Boulogne.
Champs-Élysées, de 1996, por la famosa avenida parisina donde en el Nº 68  tiene su sede la Maison Guerlain.
 

Y ya que estamos con la casa Guerlain, en 1933 le encargaron que creara una fragancia para celebrar la creación de la compañía de aviación comercial Air France (una fusión en una sola línea de bandera de las cuatro principales compañías francesas de ese momento).
Jacques Guerlain -perfumista y gran lector- era amigo personal del piloto y escritor Antoine de Saint Exupery que acababa de sacar Vuelo nocturno, novela donde narraba su experiencia como piloto de Aéropostale y de Aeroposta Argentina en los cielos de la Patagonia entre 1929 y 1931. De allí salieron la inspiración y el nombre de la que fue por mucho tiempo una de las fragancias más emblemáticas de Guerlain: Vol de Nuit.

Como correspondía a su época, la puso en un precioso frasco de diseño art-deco donde podemos adivinar las hélices que equipaban a los aviones de entonces. Jacques decía que su idea era que la fragancia se pudiera leer con tanta emoción como la que provocaba el aroma que emanaba de la novela.

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jueves, 17 de abril de 2014

Seis tristes tigres - Títulos repetidos 7


Allá por junio de 2012 salió la última entrega de esta serie, la Nº 6, que dio lugar a jugosos comentarios. Hoy la retomamos gracias a una colaboración del escritor Osvaldo Gallone que ha tenido la amabilidad de mandarme esta “carambola a tres bandas” con un comentario que agregaré al pié.
En esta ocasión los títulos repetidos son:

Tres tristes tigres, 1967, obra de teatro de Alejandro Sievking
Tres tristes tigres, 1968, película del director Raúl Ruiz
Tres tristes tigres, 1967, novela de Guillermo Cabrera Infante

Alejandro Sievking (1934), dramaturgo y director de larga trayectoria. Emigró luego del golpe de Pinochet y del asesinato de su amigo Víctor Jara, de quien era compañero de estudios, y volvió a radicarse en Chile en 1984.
Su Tres tristes tigres es una obra de teatro costumbrista, una versión chilena de la picaresca española (rayando el esperpento) con tres buscavidas que hacen lo que pueden para sobrevivir en un Santiago hostil.
Tito -un provinciano que anda a los tirones- trabaja para Sergio, -vendedor de autos que desviste un santo para vestir a otro-,  y le presenta a Amanda, una actriz de cabaret, estriptisera, que lo cree un tipo con dinero. Los tres muestran sus miserias en la dura lucha por sobrevivir.

El cineasta chileno Raúl Ruiz hace, en 1968, una adaptación cinematográfica con el mismo título: Tres tristes tigres, con las actuaciones de Shenda Román, Nelson Villagra y Luis Alarcón. La película se presenta con gran repercusión de la crítica en el Festival de Locarno de 1969. A partir de allí se convierte en película de culto y en, para la mayoría de los críticos cinematográficos chilenos, "la mejor película de la historia del cine chileno.”


La Tres tristes tigres de Guillermo Cabrera Infante (1929-2005) fue publicada en 1967, en España, luego de un primer intento prohibido y censurado por la dictadura franquista. Una versión previa de la novela: Vista del amanecer en el trópico había obtenido el Premio Biblioteca Breve 1964, de Seix Barral.
Por su experimentación con el lenguaje y la ruptura de las formas consagradas está considerada como la novela más innovadora del boom latinoamericano. Es una recreación nostálgica de los tiempos en que La Habana era el lugar de la diversión, la vida nocturna, los cabarets y el prostíbulo de norteamericanos adinerados a la vez que un “museo del habla cubana y un coro de sus ancestros".
"Tres amigos cubanos (que, en realidad, son cuatro, como los mosqueteros)  vagan por La Habana y son una mezcla de pícaros y marginales."



Osvaldo Gallone agrega en su nota:
“Notable, ¿no?, especialmente porque me parece que no hay la más mínima posibilidad de plagio o influencia: Cabrera exiliado en España, Raúl Ruiz y Sieveking en Chile, no se conocen entre ellos, no hay internet ni correo electrónico, y los tres trabajan un tema similar al que le ponen exactamente el mismo título.”
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jueves, 10 de abril de 2014

Con el mismo cuento 21 – Horace Mc Coy y Ricardo Monti

Concursos de baile


Las obras de hoy tienen el mismo escenario: los concursos de resistencia bailando en público que se popularizaron hacia 1930. La primera es una novela y la segunda una obra de teatro.

¿Acaso no matan a los caballos? – novela de Horace Mc Coy, 1935
Marathon – texto teatral de Ricardo Monti, 1980

La novela de Mc Coy transcurre en Los Ángeles, en los años de la Gran Depresión. Gloria y Robert llegan, escapando de la crisis, con la ilusión de trabajar en el cine. Sin suerte y muertos de hambre deciden presentarse a un concurso de baile y resistencia con un premio de mil dólares a los finalistas. Una a una las parejas se van eliminando por agotamiento y el premio aparece cada vez más lejano, pero al menos tienen comida y alojamiento.
Los participantes inician un descenso a los infiernos: deben bailar sin detenerse, duermen parados unos pocos minutos y son sometidos a pruebas brutales o ridículas para satisfacción del público que asiste al espectáculo. La diversión está asegurada mientras mayor es el dolor ajeno. Los primeros reality shows hacían su presentación pública (si obviamos el Circo Romano, los quemados vivos en la Inquisición, la guillotina, etc., etc.)
La novela metaforiza a la brutal sociedad capitalista de la época que cosifica a las personas y se regodea con someterlas y hacerlas objeto de las más bajas pasiones.
Sin esperanza para ambos Robert toma una decisión trascendente por la que es condenado. La novela comienza con la lectura de esa condena y luego la historia se desarrolla como un cinematográfico flash-back.

 
Fue llevada al cine con Jane Fonda y Michael Sarrazine como protagonistas, con el nombre de: Baile de ilusiones (en España Danzad, danzad malditos) (They shoot horses, don’t they?), EEUU, 1969, dirección de Sidney Pollack, 120 min. 

 
La obra de teatro está ambientada en la Argentina de 1932.
Cinco parejas participan en un concurso de baile mientras un animador dirige y sostiene el espectáculo con la ayuda de un guardaespaldas que acicatea y castiga agresivamente a los infractores de reglas que se modifican a conveniencia del espectáculo. Son las finalistas a un indefinido premio, otras han caído y abandonado con anterioridad.
Los participantes son humillados, pueden irse pero no lo hacen. Hay algo más que la violencia impulsando a los competidores a seguir “en el baile”: las miserias y pequeñeces a las que nos resulta muy difícil renunciar a nosotros, los miembros de la clase media (o simplemente a los humanos.)
Eso es lo mejor de la obra; lo más flojo a mi modo de ver es que toca demasiados temas (tiene 21 escenas) y fuerza la introducción de “supuestos mitos fundantes argentinos” como posible origen de todos nuestros males. Allí pierde universalidad y quiere abarcar más cosas de las que puede una obra de teatro. Como dice el animador al final: “Señores, si no fuera ridículo, esto sería una tragedia. ¡Y sigue el baile, damas y caballeros, sigue el baile!


Marathón se presentó en el Teatro Payró en 1980 con dirección de Jaime Kogan y se repuso en varias ocasiones, la última en el teatro Cervantes, en 2010 con dirección de Villanueva Cosse. El hallazgo de la similitud entre los dos textos es mérito de Hugo Paredero que la comentó hace unos años en su programa de Radio Nacional.

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domingo, 6 de abril de 2014

Con el mismo cuento 20 – Hawthorne y Eduardo Berti

Querida, voy al quiosco y vuelvo…


La frase –que dicha con picardía a sus esposas juega con el deseo de los maridos de huir, de desaparecer… al menos por un tiempo– ha alcanzado una popularidad increíble. Tanto o más increíble por estar originada en un cuento poco leído de un autor casi desconocido para la gran mayoría que la usa.

El cuento se llama Wakefield y el autor Nathaniel Hawthorne (1804-1864).
El señor Wakefield sale de viaje por unos días… pero regresa a su casa veinte años después, tan campante como si hubiera ido a la esquina a comprar cigarrillos. Mientras tanto cambia algunos rasgos, se instala en una casa a la vuelta de la suya desde donde puede ver su viejo hogar con frecuencia, la familia se va acostumbrando, la esposa pasa a la condición de supuesta viuda y la vida continúa.
El cuento es una concisa obra maestra –5 páginas A4–. Las primeras 15 líneas son un resumen del argumento y después viene el desarrollo, que aumenta nuestro interés a pesar de habernos mostrado ya el desenlace, culminando con un final en manos del lector, que no tiene una sola palabra sobre lo que pasa una vez que atraviesa la puerta en su regreso.

Se dice que el tema del cuento es ¿por qué se fue Wakefield? Es posible, pero  haber captado ese deseo de desaparecer (que debe ser tan propio de hombres y mujeres como para que haya tomado tanta difusión) es, para mí, uno de sus mayores méritos; y reflexionar sobre la cuestión en un cuento, lo es más todavía.
Al respecto me viene a la cabeza la frase de San Pablo: “quiero disolverme” (Carta a los filipenses, 1- 23,24) interpretada por unos como el deseo de morir y por otros como que cuando el amor es muy grande el amante quiere disolverse en el ser amado.


Pero volvamos al cuento. Solamente conocemos lo que le pasa a Wakefield, muy poco es lo que se dice sobre la esposa. Partiendo de allí, Eduardo Berti (1964) escribió una novela excelente: La mujer de Wakefield, Ed. Tusquets, 248 pág., 1999.
La mujer deja su papel secundario y pasa a ser la protagonista. La Londres de 1820 también aparece y da el marco adecuado, pero Mrs. Wakefield no es sólo la mujer agobiada, triste, en crisis y ensanchando su cintura de Hawthorne. La de Berti es una mujer que se va rehaciendo, tiene un pretendiente, es inteligente al punto que sabe dónde está su marido y se pregunta que buscará con eso el pobrecito. Mientras el Wakefield de Hawthorne sólo se mira a sí mismo, la Mrs. Wakefield de Berti ocupa el mundo que la rodea y prefigura a todas las feministas inglesas que luchando con tesón consiguieron el voto, los derechos y la igualdad con el otro género, con los varones.
La novela de Berti termina con una referencia deliciosa: si cualquier historia puede reescribirse o admite otra versión “… la que acaba de ocupar este libro muy pronto ha de tornarse –si no ha ocurrido ya– en una historia dos veces contada.”

Podríamos decir tres veces al menos, ya que Fabienne Bradu, escritora francesa residente en México desde 1979, ha publicado en 2005 un artículo en el Nº 19 de la Revista de la Universidad Autónoma de México, titulado Mrs. Wakefield. Es mitad un análisis y mitad una reconstrucción del cuento de Hawthorne en 3 o 4 páginas donde a partir de la segunda ficciona a la propia señora Wakefield y le da unas características asombrosamente iguales a las que toma en la novela de Berti, incluso la enamora del mismo personaje. Sintetizando, parece un resumen de la novela. ¡La pucha con la influencia! (O con los olvidos de tomar la pastilla para la memoria o con tomarla dos veces el mismo día.)


Un adelanto de la novela aquí:
http://www.bn.gov.ar/abanico/A81110/berti-wakefield.html
http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/1905/pdfs/36-40.pdf

miércoles, 2 de abril de 2014

Con el mismo cuento 19 – Hawthorne y Stephen King


El diablo en persona
Si se pagaran “derechos de inspiración” sus herederos serían ricos. Si cada uno de sus “admiradores” le tuviera que hacer una ceremonia de homenaje, sus restos no tendrían el merecido descanso. Nathaniel Hawthorne (1804-1864) es, sin dudas, uno de los escritores más recreados por sus colegas.
Hoy reunimos dos cuentos de temática similar:

            El joven Goodman Brown, 1837, Nathaniel Hawthorne.
            El hombre del traje negro, 1995, Stephen King.


El primero, considerado uno de los mejores de la narrativa estadounidense, retrata el lado oscuro de la sociedad puritana y la falsedad oculta en los mecanismos represivos. Va más allá al señalar la relación directa de la religión, la fé y el concepto de pecado -como “veneno inagotable” y “fuente de todas las artes perversas”, mayor “a cualquier poder humano”-, con la hipocresía de las personas y la sociedad formada sobre esas bases.
Pertenece al libro Cuentos dos veces contados (Twice-Told Tales) que, con traducción de Eduardo Goligorsky y prólogo de Elvio Gandolfo, publicó El cuenco de plata en 2013. Fíjense en el título y díganme si el autor no se adelantaba a los acontecimientos (esta serie seguirá con otros casos…)


El segundo, es una imitación/homenaje algo exacerbada, por el que en 1995 le dieron a su autor el World Fantasy Award  y que en 2002 integró a su libro de cuentos Todo es eventual: 14 relatos oscuros. King (1947), cuyas novelas Carrie (1974) y El resplandor (1977) fueron llevadas al cine y le dieron gran prestigio, es un autor muy sólido, tiene una obra muy grande especialmente destacada en el género de terror y lo fantástico. Su libro Mientras escribo, en el que relata cómo trabaja los textos y algunos de sus trucos literarios, es muy interesante.

Ambos son cortos, 8 y 11 páginas A4 respectivamente. Como siempre, vale la pena leerlos y sacar las propias conclusiones (las comparaciones no serán consideradas odiosas en el ámbito de La Pulpera).
El mérito de señalar las relaciones entre ambos cuentos corresponde a Elvio Gandolfo, al menos yo lo tomé de su prólogo al libro de Hawthorne, ediciones El cuenco de plata.

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viernes, 21 de marzo de 2014

El sentido de las agujas del reloj

Convención
El sentido de las agujas del reloj

¡Ahijuna con las convenciones!
La palabra tiene varios significados. Algunos que podemos reunir atrás de la idea de acuerdo para hacer o aceptar algo y otros relacionados con Asambleas o Reuniones de partes para discutir programas o condiciones, casi siempre originados en desacuerdos.
Hay convenciones de todo tipo que forman parte de nuestras vidas sin que hayamos hecho nada por adoptarlas o ahuyentarlas. Muchas se originan en costumbres que se han ido arraigando, otras en la comodidad o simplemente en la conveniencia. El asunto es que están allí y vinieron para quedarse.

Una de las que más me intrigaron, quizás por unos problemas de lateralidad que arrastro desde la adolescencia, es el sentido de las aguas del reloj. ¿Qué sentido tiene que las agujas del reloj giren en ese sentido? ¿A quién se le ocurrió hacer girar las agujas del reloj para ese lado y no para el otro?
Hace poco me topé con la respuesta: cuando los artesanos empezaron a hacer los primeros relojes con agujas y engranajes se encontraron con la disyuntiva y adoptaron el mismo sentido en que avanzaban las horas en los relojes de sol.


Esto nos dice un par de cosas más sobre el punto: esos relojeros vivían en el hemisferio norte. Si hubieran vivido por estos pagos, las cosas hubieran sido exactamente al revés. También nos dice que ese mismo sentido -al que se lo  llamó “derecho”- se utilizó en las roscas de los tornillos y en el disco de los teléfonos. A las roscas cuyos filetes avanzan girando en el otro sentido se las llama “izquierdas”.
Otra cosa de la que nos habla esta convención es que, si esto le ha parecido interesante, usted está (lo siento mucho) con demasiados años encima. Los niños actuales no usan relojes de aguja y desconocen por completo la existencia de teléfonos con dial giratorio como pueden ver y divertirse buscando en Youtube: kids react rotary pones.


Como todo debe finalizar voy a terminar esto, sin dejar de notar que hacerlo también es una convención. Las convenciones son construcciones arbitrarias o abstractas, la única concreta que conozco es la calle Convención de la ciudad de Montevideo, lo cual me da una oportunidad de saludar cordialmente a los amigos uruguayos de esta página. ¡Salud!
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viernes, 14 de marzo de 2014

De mi barrio


Dios los cría y ellos se juntan.
Escritores y artistas han coincidido en tiempos y lugares agrupándose en pequeños vecindarios en los que la suma de talentos reunidos resulta increíble. Eso pensaba cuando leí, en la sorprendente La Cueva de Susana, Mujeres de la Rive Gauche: Gertrude Stein (el enlace abajo).
La casa del 27 Rue des Fleures de París fue el lugar de reunión de Zelda y F. Scott Fitzgerald, Matisse, Picasso, Braque, Gaugin, Hemingway, Ezra Pound, John Dos Passos entre muchos otros. Estaba ubicada en el medio entre Saint Germain des Prés y Momparnasse, los dos barrios donde se concentraron los intelectuales en la primera mitad del siglo XX (hasta el mismo Lenin jugaba al ajedrez en la zona, en la Closerie des Lilas).

Tiempo antes, en el 1800, el punto de moda estaba en un barrio del otro lado del Sena: Marais. El centro de esta zona es la Plaza de los Vosgos (Place des Vosges) donde vivió Víctor Hugo y entre los vecinos estuvieron Teófilo Gautier y Alphonse Daudet. Las modas duraban un poco más en aquellos tiempos, un par de siglos antes paraban por  allí el cardenal Richellieu y una vecina inquietante: Madame de Sévigné.

Si de concentración hablamos, difícil es batir la marca del Barrio de las Letras de Madrid. En pleno Siglo de Oro, en un radio de 200 metros coincidieron Lope de Vega, Quevedo, Góngora y Cervantes. La Real Academia y la Comunidad de Madrid auspician Letras y espadas un paseo teatralizado donde, acompañados por actores vestidos de época, se realiza un recorrido por el antiguo barrio. Parte y regresa desde la casa Museo Lope de Vega que administra y gestiona la que lustra y da esplendor (No, el pul-oil no. La de las letras). Averigüen días y horarios si van a Madrid.

Decía que parecía imbatible la marca de los madrileños pero “siempre encuentra aquel que teje otro mejor tejedor” (Martín Fierro). Hay un lugar donde la concentración y la cercanía es superlativa. La lista de los nombres causa verdadera impresión: Alfredo de Musset, Chopin, Colette, Beaucharmais, Proust, Vallejo, Benjamín Constant, Moliere -uno de los primeros ocupantes- , Wilde, Baudelaire, la misma Gertrude Stein y hasta Abelardo y Eloísa. Es el cementerio Père-Lachaise de Montmatre.
La compañía parece de excepción pero -uno se encariña con lo conocido- prefiero el aire de acá.




Esta entrada está dedicada a mi amiga Norma Gregori, que hace una versión maravillosa del tango De mi barrio.
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lunes, 10 de marzo de 2014

Apu


En 1955 el director indio Satyajit Ray presentó su película Pather Panchali (La canción del camino) sobre la historia de una familia pobre de brahmanes en un pueblo de Bengala. La película tuvo gran difusión en occidente y fue para todos nosotros la representación de la República de la India.


La saga familiar continuó con Aparajito (El invencible) y Apur Sansar  (El mundo de Apu), de 1959, completando lo que el autor llamó: trilogía de Apu.
La filmación de la primera tuvo un sinfín de dificultades. Se trataba de la adaptación por un desconocido de una novela bengalí de gran popularidad, pero a poco de su estreno tuvo tal aceptación que fue seleccionada para el Festival de Cannes y convirtió a su director en una celebridad y al autor de la música, Ravi Shankar, en otra.
En la primera nace Apu, hijo de Harihari –el padre sacerdote– y Sarbojaya, la madre. En la segunda Apu se convierte en un estudiante brillante a pesar de la pobreza agravada por la muerte del padre. En la última es Apu el que se casa y su esposa Aparna muere durante el parto de su hijo.
Apu es el gran maestro de la ceremonia, el personaje central en cuyo derredor se van enlazando todos los acontecimientos de la vida.

Matt Groening tomó de allí el nombre Apu para su arquetipo de inmigrante indio en EEUU, el simpático dueño del supermercado donde la familia Simpson hace sus compras. A lo que podríamos agregar una serie de precisas y delicadas puntualizaciones del guión como la aplicación exagerada al trabajo, su fe hindú, la adoración a Ganesha, el matrimonio concertado con su esposa Manjula y, especialmente, esa tonada característica para su pronunciación del inglés que redondean la composición de un personaje entrañable de la serie.
Para nosotros los argentinos resulta sorprendente que muchas de las características dadas al personaje de Apu podamos trasladarlas a los inmigrantes chinos y coreanos que son, mayoritariamente, los propietarios de los supermercados de barrio por estos pagos, nuestros equivalentes al kwik-e mart que atiende Apu en Springfield. La diferencia principal radica en que, en su mayoría, las dependientes a cargo de estos mercados en la Argentina son mujeres (como Flor de Li, la coreana que con tanto talento interpretaba Juana Molina en la televisión).

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jueves, 6 de marzo de 2014

Historia estúpida de la literatura


El libro es un festín humorístico que reúne artículos donde Enrique Gallud Jardiel toma en solfa desde los clásicos de la literatura universal hasta los talleres literarios con una parada especial en los suplementos culturales de los diarios.
Tras el anunciado propósito de demoler el templo de la literatura va arrojando su mirada irónica con tanto amor que acaba construyendo una deliciosa campana protectora a su alrededor. Es que el humor transmuta el vitriolo en ambrosía, los dardos en flechas de Cupido y la risa todo lo cura y hace soportable.

Lo difícil del libro es decidir el lugar que merece. Uno posible es el baño, dado que los artículos son cortos, se pueden leer al azar y la risa colabora de manera increíble en nuestras tareas. Otro es la mesa de luz, pues ayuda a combatir el insomnio y mantener la intriga en la pareja (cuando su compañero la observe dormir con una sonrisa.) No lo recomiendo para equilibrar la pata corta de la mesa dado que, sin ser muy largo, sus 160 páginas no lo hacen práctico para eso. Si las dudas continúan, póngalo en la biblioteca cerca de esos que han terminado siendo sus amigos queridos.

Los absurdos y disparatados trabajos están agrupados en cuatro secciones: ensayos de crítica más que menos irreverentes (Los bolsillos de Robinson Crusoe y La misoginia del bolero, entre otros) reseñas falsas (La Ilíada, Hamlet, El nombre de la rosa, etc.), burlas a los talleres de escritura y, lo mejor para mí (a lo mejor mañana cambio de opinión), unas parodias y textos apócrifos de clásicos del Siglo de Oro y de Galdós, Cortázar, etc.

El camino más corto para encontrarse con el libro es comprarlo pero, por si usted no viviera en España o cualquier otra circunstancia se interpusiera voy a hacer dos cosas: elegir unos fragmentos y poner un enlace a HUMORADAS, el Blog del autor, donde con paciencia podrá encontrar algunos de ellos.

Alonso de Ercilla
La araucana

Dijo Valdivia: «Ínclitos hispanos,
honra y orgullo de cualquier milicia:
me pesa, porque os quiero como a hermanos,
tener que daros una cruel noticia;
en nuestra guerra con los araucanos
variará nuestra dieta alimenticia
y habremos de ser parcos como ascetas
porque se han acabado las galletas.»


FICCIÓN AL DESNUDO
Poco y erróneo se ha dicho sobre la inmensa galería de personajes que pueblan esa cosa imprecisa que es la literatura universal. Se impone un destripamiento objetivo de toda la galería de personajes literarios, aunque empezaremos por unos pocos, para no cansarnos.

D’Artagnan era tan tímido que se sumó a los tres mosqueteros y les siguieron llamando «los tres mosqueteros»

Sancho Panza era enormemente cretino. Porque don Quijote hacía de caballero andante porque estaba loco. Pero Panza no estaba loco y también se marchó con él, así es que díganme qué otra explicación le encuentran.

A Godot le robaban frecuentemente el reloj y por eso llegaba siempre
tarde a todas partes o no llegaba en absoluto.


Más en:
http://humoradas.blogspot.com.ar/
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domingo, 2 de marzo de 2014

Forzudos

Zampanó, Maciste, Charles Atlas, Lotario


Questa  catena, di ferro crudo, più forte dell’accaio… saco pecho y fanfarroneo al menos una vez por verano, en malla y tomando sol durante las vacaciones. Los que conocen a qué alude la frase se ríen con la humorada y los que no, miran sin comprender.
La decía Zampanò (Anthony Quinn), el artista ambulante de La strada (F. Fellini, 1957), cuando hacía su rutina de forzudo y rompía unas cadenas que le rodeaban el pecho con la fuerza de sus poderosos músculos.


Hace ya unos años, Hugo Martínez, un amigo y compañero de estudios  traía a las conversaciones a su propio forzudo: Maciste.  Fue recién la semana pasada, leyendo Piazza d’Italia de Antonio Tabucchi, cuando encontré al verdadero Maciste: un esclavo gigantón que junto al romano Fulvio rescataban a la noble y joven Cabiria de manos de los cartagineses en la película Cabiria. Filmada en 1914, alentaba las fantasías imperiales de los italianos y fue la primera en iniciar las superproducciones históricas que siguieron con El nacimiento de una nación (EEUU, 1915, D.W. Griffith) y continuaron de moda hasta hace poco.
El personaje fue interpretado por Bartolomeo Pagano, un estibador portuario, que se hizo muy famoso y terminó siendo lo más recordado del film.


En nuestra adolescencia, algún amigo se ponía en pose, endurecía su escuálida figura y decía: -Yo también fui un alfeñique. Con la muletilla dicha, cualquier flaco se adelantaba a la cargada de los amigos en los 50, 60 y 70.
Era el Leit-motiv de las propagandas del curso de físico-culturismo de Charles Atlas, apodo de un italiano que se mudó a EEUU y, para superar el sentimiento de inferioridad por su poco desarrollo corporal, se hizo adicto al gimnasio en Brooklyn donde seguía el método Swoboda que se vendía por correo. Llegó a tener una musculatura considerable y ser millonario, fruto del éxito mundial de su propio método cuyos avisos aparecían en historietas y se vendían por correo. Se llamaba Angelo Siciliano, había nacido en Calabria y el seudónimo lo tomó del titán Atlas, a cuya estatua decían que se parecía.


Esto de las historietas me ha traído la imagen de otro forzudo: el grandote Lothar, ayudante de Mandrake, el mago. En algunas traducciones lo llamaban Lotario y nos reíamos de él por dos motivos: por las supuestas relaciones homosexuales que le atribuíamos a él con su jefe y por las resonancias de su nombre con la palabra otario, usada en nuestro lunfardo como sinónimo de tonto.
La serie podría continuar con otros musculosos que dan vueltas por mi cabeza, pero vamos a terminar aquí. No vaya ser que venga Hércules a reclamar su lugar y pretenda forzar las cosas.
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martes, 25 de febrero de 2014

Orillas


Mientras Celina Murga hablaba de su nueva película en Reunión Cumbre (Radio Nacional, sábados de 13 a 15 hs.), el título me trajo ecos de otros similares:

La tercera orilla, 2014, película dirigida por Celina Murga
La cuarta orilla, 1920, Libia según Mussolini y los fascistas italianos
El río sin orillas, 1991, de Juan José Saer
La otra orilla, 1995, de Julio Cortázar
Las dos orillas, 1992, de Carlos Fuentes

La tercera orilla, 2014, arg., película dirigida por Celina Murga, 92 min.
Su estreno por estos pagos es inminente aunque ya se presentó en el Festival de Berlín.
Cuenta la historia de un padre (un médico de provincia con una doble vida) y su hijo. Está contada desde el punto de vista del muchacho, un adolescente de 16 años, que decide dejar de lado el camino que su padre tiene pensado para él. Se desarrolla en Concepción del Uruguay, donde fue filmada.

La cuarta orilla
En la Italia fascista de Mussolini la propaganda exaltaba los viejos mitos del imperio romano del que se decían herederos naturales. Para justificar la invasión a África –de donde todavía hoy la civilizada europa continúa robando petróleo y gas– se referían a ella como a la cuarta orilla del Mare Nostrum. En nombre de aquellos “antiguos derechos” invadieron Libia, la sometieron con el uso de armas químicas, internaron a sus habitantes en campos de concentración y, cuando perdieron la 2ª guerra, hicieron acuerdos con el Rey Idriss y luego con Kadhafi para continuar el expolio. Incluso firmaron un Tratado de Amistad con el gobierno libio de Kadhafi en el 2008. Acuerdo que rompieron cuando Estados Unidos y la OTAN decidieron entrar como “nuevos socios en el negocio” y asesinar a Kadhafi.

El río sin orillas, 1991, de Juan José Saer
El personaje central del libro es el Río de la Plata. Hay reflexiones sobre el descubrimiento, la conquista española, las corrientes inmigratorias, la mezcla de razas, las comidas, las costumbres a lo largo de los siglos hasta la llegada de la dictadura del 76. Difícil de etiquetar, anda entre el ensayo, la crónica, las misceláneas –como el capítulo dedicado al asado– en un conjunto más que interesante.

La otra orilla, de Julio Cortázar
La otra orilla es una selección de textos de Cortázar, publicada póstumamente en 1995. Escritos entre 1937 y 1945, son historias cortas de ficción que el autor se negó a publicar por considerarlos superados por sus trabajos posteriores. 

Las dos orillas, de Carlos Fuentes
Jerónimo de Aguilar -náufrago de una fallida expedición anterior a la de Hernán Cortéz-, que sobrevivió entre los mayas, relata esta historia alrededor de la Conquista de México. Lo hace mirando hacia atrás, desde su sepultura.  En ella Gonzalo Guerrero -el otro sobreviviente- encabeza una expedición de ficción que desembarca en Cádiz y conquista España con la ayuda de árabes y judíos. El cuento está en el libro El naranjo o los círculos del tiempo.
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viernes, 21 de febrero de 2014

Rejas

Entre todas las cosas que fabricaban los herreros; utensilios de cocina, armaduras, espadas, herraduras, etc.; las que peor connotación han tenido son las rejas. La mayoría las asociamos con la palabra encierro por lo que lo mejor es mirarlas desde afuera.
También las hay que son verdaderas obras de arte. Es cuando se da la increíble conjunción de dos artistas, el plástico y el herrero. A estas podemos apreciarlas por ambos lados.
 

Gualeguay – Entre Ríos – Rep. Argentina
La casa Costa, ubicada en una de las esquinas de la céntrica Plaza Constitución, fue construida en 1913 para don Arturo Costa y tiene una reja al frente que llama la atención por su hermosura. El diseñador fue el pintor Cesáreo Bernaldo de Quiróz, hermano de la dueña de casa, y construida por el gualeyo Nicolás Epele en su taller de herrería artística.
En 1937 la compró don Nicolás Berisso y hoy continúa siendo de su familia. Bien vale una visita si llegan a pasar por allí.


San Salvador – Bahía – Rep. Fed. do Brasil
Praça dois de julho
La reja que rodea la plaza y los portones saltan a la vista como algo hermoso y distinto. Su diseñador fue un reconocido pintor brasileño, bahiano hasta la médula, nacido (casualmente) en la Argentina, en la ciudad de Lanús: Héctor Julio Páride Bernabó (1911-1997) conocido como Carybé.



Museo de Arte Moderno
También las bellas rejas de este museo fueron diseñadas por Carybé, nombre de un pez de agua dulce que él tomó por seudónimo. Carybé estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Río de Janeiro y se mudó a Salvador hacia 1950 donde formó parte de la vanguardia cultural modernista, junto a Jorge Amado, Mario Cravo, Glauber Rocha y Dorival Caymmi entre otros.
Desconozco al herrero y al taller donde se construyeron. El museo está ubicado en el Solar do Unhao, sobre la costa del mar.



Para terminar la velada, aquí pueden escuchar O que é que a bahiana tem, por Dorival Caymmi:
https://www.youtube.com/watch?v=ATRYXkvBkKM&noredirect=1
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