jueves, 22 de septiembre de 2016

Con el mismo cuento 41 - Chateaubriand, Mansilla, Alencar

Romances de indi@s y cautiv@s en la Conquista y Colonización

Atala, 1801, Francisco Augusto Chateaubriand, (1768-1848).
Lucía Miranda, 1860, Eduarda Mansilla, (1834-1892).
Iracema, 1865, José de Alencar, (1829-1877).

Estas tres novelas históricas tienen la misma raíz dramática: los amores entre nativ@s y conquistador@s  y las complicaciones derivadas del encuentro de culturas tan distintas. No es casual que todas sean hijas de una corriente literaria –el romanticismo– que se impuso en Europa después de la Revolución Francesa  y, por otra parte, que compartan la globalizada perspectiva ideológica del poder hegemónico de las potencias conquistadoras y ayuden a conformar nuestra identidad de colonizados.  Cada una con sus propios matices, tanto más que se escribieron dos o tres siglos después de los hechos narrados.
 

Atala, princesa cristiana, hija de conquistador y de madre india de una tribu de la Luisiana, rescata al indio Chactas, preso de una tribu enemiga y le salva la vida. El indio se enamora perdidamente de la bella, pero ella ha hecho votos de castidad cristiana a su madre moribunda. Acorralada entre sus sentimientos y las promesas de castidad, elige el suicidio como salida. El veneno llega antes que la solución que el Padre Aubry, un misionero, encuentra para los amantes.

Lucía Miranda vive con su marido Sebastián Hurtado en el Fuerte Sancti Spíritu, en 1532, en la actual Santa Fe, República Argentina. Han venido con la expedición colonizadora de Gaboto –que  acaba de regresar a España– y conviven pacíficamente con los timbúes comandados por los caciques hermanos, Mangoré y Siripo. Mangoré se enamora de Lucía pero no consigue separarla del marido a pesar de regalos y atenciones. Termina perdiendo la paciencia, prendiendo fuego al Fuerte y muriendo en la acción junto con casi todos los españoles.
Los esposos quedan cautivos de Siripo que es ahora el nuevo enamorado. Tampoco consigue separarlos y ser correspondido en su amor, por lo que los condena a muerte: él muere bajo las flechas y ella en la hoguera, encomendándose ambos a Dios.

Iracema, princesa india de la tribu de los tabajaras, se enamora de Martín, colonizador portugués, al que ha herido y capturado. Él tiene amigos en una tribu enemiga y ella es una vestal que debe conservar su virginidad para servicios religiosos. El amor entre ellos puede más, huyen y tienen un hijo: Moacir. Poco después Martín abandona a su esposa y al recién nacido para pelear al lado de los potiguaras y ella muere.



La historia de Atala también se escribió como pieza teatral, en 1822, por José Fernández Madrid; un patriota colombiano que fue presidente del Triunvirato de su país en 1816. La novela originalmente escrita en francés y publicada en París en 1801, fue traducida al español el mismo año por Simón Rodríguez  –más conocido por ser el maestro de Simón Bolívar–  que firmaba con el seudónimo S. Robinson.

La historia de Lucía Miranda dio lugar a la primera obra de teatro Argentina: Siripo, escrita por Manuel J. de Lavardén en 1786, que se ha perdido parcialmente y de la que sólo se conserva la segunda parte. Ya en el siglo XX, la misma historia fue novelada con igual título por Hugo Wast y sirvió de argumento para una ópera de Felipe Boero.
 

Algo debe tener el tema para que la misma historia con ligeras variaciones se siga utilizando hasta hoy en diferentes países de nuestra América, incluyendo una versión Disney: Pocahontas. ¿Alguien tiene alguna hipótesis para aportar?
.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Ajedrez y cine - ¿Error de Bergman?

Ajedrez y cine – El séptimo sello

 
Entre las partidas de ajedrez más famosas de la historia del cine está la que juegan el caballero y la muerte en la película, del director sueco Ingmar Bergman, El séptimo sello.
Antonius Block (Max von Sydow), el caballero que regresa de las cruzadas, lleva las blancas y La Muerte (Bengt Ekerot), las negras, que terminan vencedoras.
No hay nada nuevo en lo dicho hasta aquí, pero si observan con atención algunas escenas de la partida encontrarán algo que pasó desapercibido por el director, el montajista y la producción del filme: en ocasiones, las piezas están mal dispuestas sobre el tablero.


 

Los jugadores deben tener una casilla color blanco en el extremo derecho. Como tiene 64 casilleros lo que ocurre es que, para la escena, las piezas fueron dispuestas con el tablero girado 90º de la posición correcta.
Las escenas se filman muchas veces y en la película, generalmente, las piezas están bien dispuestas, con la casilla blanca a la derecha, como se ve en la otra foto. Pero en la copia que he visto yo, la posición de las piezas aparece cambiada en ocasiones. Incluso cuando la muerte anuncia que está por dar mate en la próxima jugada, hay dos enfoques de la misma escena -con la cámara detrás de uno y otro jugador- en que el tablero aparece en posiciones invertidas. El rey blanco, que está por recibir jaque mate, aparece en la casilla blanca en un enfoque y en la negra en el siguiente.

 
Más o menos llamativa, la anécdota no quita valor alguno a la película. Para ayudar a decidir a algún lector a verla les pongo una síntesis del argumento: después de diez años de combatir en las cruzadas, el caballero Antonius Block y su escudero regresan a Suecia. La peste negra asola Europa. Antonius se encuentra con La Muerte que lo reclama. Para ganar tiempo, y con la esperanza de obtener respuestas a sus dudas sobre las grandes cuestiones de la vida, la muerte, y de la misma existencia de Dios, le propone jugar una partida de ajedrez. El diálogo es muy interesante, pero les adelanto que la esperada palabra del supremo no llega… porque como escribió Miguel Hernández: “Y Dios dirá, que está siempre callado”.
Es en blanco y negro, de 1957 y dura 95 minutos.
Por si ustedes también dudan, agrego que pueden ver a una muy joven Bibi Anderson.

Fernando Terreno
. 

sábado, 27 de agosto de 2016

Humor 102 - Humor religioso y buenos consejos



1‒ Converso
Jaime, judío religioso, está muy enojado con Dios y reclama su presencia con vehemencia un sábado, durante el servicio, en el templo. Para su sorpresa, se le aparece el mismo Dios en persona.
‒ ¿Qué te pasa qué estás tan molesto?
‒ Mi hijo Isaac se convirtió al catolicismo. ¿Por qué me hiciste esto?
‒ Primero, no “te lo hice”, las cosas pasan; y segundo, no me parece una cosa tan terrible... sin ir más lejos, a mí me pasó lo mismo.
La respuesta lo deja pensando un instante, pero vuelve a la carga.
‒ Y vos, ¿cómo te lo tomaste? ¿Qué hiciste?
‒ Cuando me repuse de la sorpresa escribí un Nuevo Testamento.

2‒ Retiro
Un hombre golpea a las puertas de un convento y un hermano lo atiende a través de la mirilla.
‒ ¿Qué desea el señor?
‒ Vengo para hacer un retiro.
‒ ¿Espiritual o en efectivo?


Para terminar, unos consejos para que tengas una vida plena:
1. Perdona a tu enemigo, pero recuerda siempre el nombre del desgraciado.
2. El alcohol no resuelve los problemas, pero reconozcamos que la leche de vaca tampoco.
3. Si ayudas a alguien que está en problemas, se acordará de vos cuando esté en problemas de nuevo.

 

Como es habitual, los cuentos han sido honorablemente sustraídos. Al Lolo Amengual (el 1) y a Tony de La buena medida, La Boca (el 2). Los consejos son del sacrílego de Kiko Garrido. Tres días de indulgencia para todos.
Las viñetas son de Bennett y de Montt.
.

miércoles, 13 de julio de 2016

Paulo Mendes Campos

Relatores y relatos deportivos

 
El poeta, cronista, y periodista mineiro Paulo Mendes Campos (1922-1991) mostraba su talento borrando los límites entre los géneros. Tanto escribía poemas o crítica literaria como unas apostillas sobre fútbol que desbordaban calidad. Esas columnas se llamaban O gol é necessário y el título de una de ellas pasó a ser su “marca registrada”: “Didi, coisa mental”, dedicada al gran mediocampista de la Selección de Brasil campeona del mundo en 1958 y 1962, Waldir Didí Pereira.

Entre muchas elegí la que sigue, por su toque humorístico y porque pone de manifiesto las dificultades de traducir lo intraducible: la lengua. La traducción es mía (con las debidas disculpas) y más abajo está el original en portugués.

Charla breve
Ed Sá cita una frase insuperable del anecdotario futbolístico. Yo la sé de memoria, más larga, tal como la dijo un locutor deportivo: “Entra a la alfombra verde el facultativo esmeralda para revisar la lesión del hijo del Divino Maestro, rueda motriz del eleven perico”.
Se cuenta que un norteamericano, graduado en lengua portuguesa en la Universidad de Florida, vino a Brasil para perfeccionar sus conocimientos. Para familiarizarse con el lenguaje coloquial se puso a escuchar transmisiones deportivas y se topó con aquella frase. Se rompió la cabeza tres días seguidos tratando de descifrar el enigma sin conseguir resultados hasta que un hincha habituado a la jerga radial le acercó la traducción: Alfombra verde – campo de juego;  facultativo esmeralda – médico del Palmeiras (camiseta verde); hijo del Divino Maestro – Adhemir da Ghia, hijo del veterano astro Domingos da Ghia; rueda motriz – jugador del medio campo; eleven perico – once de los loritos (equipo del Palmeiras).

Bate-pronto
Ed Sá cita uma frase insuperável do anecdotario futebolístico. Eu a sei de cor, mais longa, nestes termos do locutor: “Adentra o tapete verde o facultativo esmeraldino a fim de pensar a contusão do filho do Divino Mestre, mola propulsora do eleven periquito”.
Conta-se que um americano, depois de graduar-se em língua portuguesa na Universidade da Flórida, veio ao Brasil em viagem de aperfeiçoamento. Para familiarizar-se com a linguagem coloquial, dedicou-se a ouvir trasmissões esportivas e por acaso foi contemplado com aquela frase. Ficou de cuca fundida durante três días, vasculhando compêndios, até que um brasileiro lhe forneceu o seguinte glosario: tapete verde – campo; facultativo esmeraldino – médico do Palmeiras;  filho do Divino Mestre – Adhemir da Ghia, filho do veterano Domingos da Ghia; mola propulsora – jogador do meio de campo; eleven periquito – quadro do Palmeiras.
 
 
Las ilustraciones son de Verediana Scarpelli. En su blog pueden ver más cosas:
La diagramación del Diário es de Daniel Trench.
.

viernes, 8 de julio de 2016

Botines


Los primeros zapatos usados para jugar al fútbol merecían el nombre de botines: eran unas botas de caña corta, apenas por arriba del tobillo, que aparecieron hacia 1880. Tenían puntera de acero y pesaban casi un kilogramo.
Hacia 1890 se le agregaron los tapones, que para 1920 ya eran intercambiables de acuerdo al estado de la cancha, el clima o el “tratamiento” que se daría a los rivales.
Hacia 1950 se les acortó la caña y pasaron a tener la forma “actual” que deja el tobillo al descubierto. Esto y el uso de cueros más delgados llevó el peso a 500 gramos.
Desde ahí en adelante, cada diez años aproximadamente, se introducen variantes y diseños que los transforman en “estrellas” del espectáculo.


En 1970 Pelé usa la primer versión personalizada, fabricada especialmente para él. En 1980 Beckenbauer adopta un modelo con suela de poliuretano que pesa sólo 270 gramos. Para 1990 los tapones dejan de ser redondos, se alargan y continúa la baja de peso: ¡200 gramos!
En el 2000 la “lengua” sale y tapa los cordones. Distintas marcas se disputan y hacen contratos de uso exclusivo de sus calzados, que se muestran en las repeticiones de los goles disputando cámara con los jugadores.

Hacia el 2010 ¡vuelven a tener forma de botita, con la caña sobre el tobillo! A pesar de eso pesan 150 gramos, pueden no tener cordones y son de colores vivos,  en ocasiones fosforescentes. Incluso algunos jugadores usan uno de cada color para identificarse o dar valor comercial “agregado” a su imagen.
Entonces sucede algo casi gracioso: muchos jugadores se “avivan” de que la extrema visibilidad de sus calzados hace que sus infracciones sean más fáciles de advertir por los árbitros y la televisión; entonces llegamos a los modelos 2016: se vuelven a usar de color negro (u otro que se disimule), bien clásicos, sigue la forma de botita pero la caña es tejida para hacerlos más livianos aún. Es decir que, al cabo de 80 años, los botines vuelven a ser botines.

miércoles, 15 de junio de 2016

El emperrado o El bufido luminoso - (Primera parte)

El  cuento de hoy va en dos partes con la intención de mantener cierta uniformidad en el tamaño de las entradas.

El emperrado o El bufido luminoso
Alguien hizo la primera casa al lado de las vías recién tendidas. No está claro si ya estaba el tanque de agua para las locomotoras, es posible que sí. Del otro lado también edificaron y, poco después, se construyó una tercera casa, pegada a la anterior. De acuerdo con el número de viviendas terminadas, el otro lado iba cambiando alternativamente de lugar: un tiempo quedaba al Norte y a los pocos meses al Sur.
Un hecho ajeno fijó la ubicación definitiva del otro lado: el gobierno construyó, a lo largo de la línea ferroviaria, un camino consolidado que llegaba hasta la cabecera del partido. Así, este lado, el lado del camino, resultó bendecido, mientras el otro quedó con las manos vacías. El pueblo nació uno y doble al mismo tiempo, partido por la línea infinita. Debe haber pocas cosas más simétricas que un par de paralelas, sin embargo, hay quien dice hoy que ahí había una marca, una señal inexorable.

Cierta combinación de desorden, espontaneidad y azar acompañó el crecimiento urbano. Había algo de duplicación en el desarrollo, y también algunas especificidades. La iglesia estaba de un lado y el club social y deportivo del otro. La comisaría quedó de este lado, lo mismo que el Edificio Municipal. La estafeta de Correos y la Sociedad Italiana, del otro. Se fueron abriendo Almacenes, verdulerías, mercerías, carnicerías, peluquerías y boliches, repartidos en forma más o menos pareja. Panaderías había tres, demasiadas para un pueblo tan chico, pero dos hacían reparto por toda la colonia. El tanque fue playón de carga, apeadero y terminó siendo Estación. La pavimentación del camino que pasó a ser ruta consolidó, definitivamente, las asimetrías. Los integrantes de las fuerzas vivas –que se agrupaban en el Centro Comercial–, previsoramente, se habían ido mudando hacia el lado que terminó favorecido. Imperceptiblemente se fueron formando dos bandos.

El primero que reveló el malestar que se iba haciendo carne entre los que quedaron del otro lado fue Mateo Albanese, dueño y maestro de pala de una de las panaderías. El tipo podría haberse quedado callado –su negocio estaba de este lado–, pero ya se sabe que los panaderos son rebeldes y anarquistas. Dijo en el bar: “Así como en Norteamérica la guerra de secesión partió el país al medio y dio la victoria a los del norte, así el pavimento ha terminado por privilegiar a los que vivimos de este lado y dejará cada vez más en el olvido a los del otro lado. Ese será para siempre el lado pobre”. Estas palabras estuvieron a punto de darle la intendencia en las elecciones siguientes, de no ser porque su agudeza intelectual no estaba acompañada en igual medida por algo de flexibilidad y conocimiento de la gente.  Una característica de los anarquistas, dijo el que le ganó que era miembro del Centro Comercial y vivía de este lado.

Con los años el pueblo fue creciendo hacia ambos lados pero, por más que parezca una cuestión natural, en la evolución siempre hay hijos y entenados. De este lado, del lado del camino, las cosas siempre fueron más fáciles. Allí llegaron primero los servicios de luz, la distribución de agua potable, los pocos teléfonos. Al otro lado también iban llegando, pero con cierto retraso y merma en la calidad, cantidad o lo que fuera que remarcaba la diferencia. El otro lado pasó a ser el lado del después.
El basural y el matadero municipal se hicieron del lado del después, eso sí, fuera del ejido urbano. El cementerio, del lado del camino. Sería injusto decir que todas las bondades estaban de una parte y las siete plagas de la otra.
La sucursal del Banco pareció a mucha gente un acto de reparación: un edificio nuevo se inauguraba en el lado del después. La Escuela Secundaria vino a compensar la anomalía, abrió sus puertas del lado del camino.
 
La división, esa línea fatal, daba vueltas de tanto en tanto en la cabeza de la gente que por alguna u otra razón se topaba con ella. Una maestra hizo redactar composiciones sobre la Patria, el progreso y la unión que el ferrocarril traía a los pueblos. Se hizo célebre la de un alumno con una frase que decía: El toro metálico recorre la llanura a los bufidos dejando un surco profundo hacia un futuro luminoso. Nunca se supo de dónde la había copiado la mamá, pero lo concreto es que el futuro luminoso no llegó, y menos para los afectados directos por el capricho económico-geográfico.
.............................................

.

El emperrado o El bufido luminoso - (Última parte)

........................................
Los pobladores del lado del después parecían resignados o conformes con lo que la vida les había deparado y, sin embargo, una cierta altivez o un leve gesto de firmeza los unía ante el infortunio. Su mansedumbre rara vez se alteraba, y si cada tanto asomaba algún signo de rebeldía, el tiempo se encargaba de atenuarlo hasta que pasaba desapercibido. Por solidaridad, simpatía, noviazgos u otros hechos menores, a este grupo adherían también habitantes del lado del camino. Para la época en que el ramal fue clausurado, su situación se agravó. El surco profundo mostraba no tener fondo.

Justo es decir que también hubo gente que vivía muy tranquila, como si ignorara o no le afectara para nada la cuestión. Y no era sólo un tema de ubicación. No es fácil de entender pero hay gente así, que parece vivir queriendo estar siempre de los dos lados y a la vez.
Otros hacían grandes esfuerzos por disimular o restarle entidad al problema. Recurrían a todas las estrategias imaginables: desde hacer que la procesión recorriera tantas cuadras de un lado como del otro, hasta arreglar las dos plazas simultáneamente y ocuparse de que el concurso floral se hiciera un año en una y el siguiente en la otra. Las fiestas patronales alternaban rigurosamente la sede del festejo. Tanto empeño hacía que muchos se preguntaran si con el mismo trabajo no se hubieran podido hacer obras que acortaran las odiosas diferencias.

Los ritmos de la vida cotidiana terminaron imponiendo su propia dinámica. Los lugareños iban y venían, cruzaban, atravesaban de un lado al otro en función de sus necesidades, quehaceres y avatares, a su libre albedrío. En esos momentos, prácticamente nadie se acordaba de la existencia de la frontera. La línea se esfumaba, desaparecía.
La excepción fue Tino Rolandi. Es él quien merece que esto sea contado, porque con su actitud casi inverosímil trajo algo extraño y perturbador a la historia de ese pueblo en el medio de la llanura. Anunció con determinación, cuando todavía era casi un chico: Nunca cruzaré a ese lado, jamás. Toda mi vida me voy a quedar acá. Voy al médico acá, compro pan acá, trabajo acá. Hasta ahora no necesité nunca nada de aquel lado, así que puedo pasarme el resto de mi vida sin ellos.

Hasta donde es posible saberlo, cumplió su consigna al pie de la letra. Toda su existencia se desarrolló en la mitad a la que Dios acostumbraba olvidar o visitar con tardanza, el lado del después. Allí fue a la escuela primaria –no hizo la secundaria para no tener que cruzar–, allí tuvo el noviazgo, allí hacía todas las compras necesarias, allí puso su tallercito. Cuando por cualquier motivo tenía que ir a la ciudad, hacía media legua en bicicleta, la dejaba en el rancho de un amigo cerca del camino y allí esperaba el colectivo. Parecía sentirse libre en su propia restricción. 

Al principio lo tomaron a la chacota, pero con el paso de los años se fue haciendo evidente que la cosa iba en serio. Ya se le va a pasar, es una forma de llamar la atención,  se decía en los primeros tiempos. Pero cuando el tipo convirtió eso en una razón de vida, las opiniones sobre los motivos de su proceder se dividieron. Una testarudez. Un acto de rebeldía. Lo hace de aburrido, para matizar la vida de nuestro pago chico. Hay ideología allí. Es capricho, pura locura. Una firme convicción. Un desgraciado. Un tipo muy inteligente. Un toque de atención para las autoridades. Una prueba de la estupidez humana. Un llamado a rebelarse contra las injusticias. Si se habrán escuchado cosas…

A unos chicos que llegaron como hinchada desde un pueblo vecino les dijo claramente: “Lo hago porque a nosotros nos joden y yo me voy a encargar de que no quede en el olvido”.
Seguramente los motivos fueron cambiando a lo largo de su vida. A lo mejor al principio fue nomás un capricho o una broma que terminó convenciendo al bromista. Más tarde, la cosa fue tomando otros matices. Cuando supo que iba a morir pidió a sus amigos que lo sepultaran en el pueblo vecino. Dijo: “No voy a andar cambiando de ideas a último momento”.

Fernando Terreno
.

martes, 7 de junio de 2016

Flor de lino - Con el mismo verso -5-

María Rosario Cipriota y Homero Expósito


María Rosario Cipriota fue docente, escritora de teatro infantil y poeta. Su obra más conocida, el libro de lectura FLOR de LINO, se usaba en la década del cuarenta, en primer grado superior, en las escuelas primarias. Era una de las “patas pedagógicas” de la construcción del concepto de Nación y de integración de los inmigrantes que se llevó adelante desde el Ministerio de Educación de la República Argentina.
Comienza con esta poesía:
Flor de Lino

Pequeñita, delicada,
¡flor de lino!
Eres joya de los campos
argentinos.

-¿Quién colores tan hermosos
te prestó?
-La República Argentina
me los dió. 

Es por eso que me arraigo
con amor.
¡Esta tierra me ha robado
el corazón!


Homero Aldo Expósito (1918-1987), poeta, fue uno de los más originales y finos letristas de música popular -especialmente de tango- de todos los tiempos. Entre otras joyas, escribió Trenzas, Afiches, Percal, Pequeña, Naranjo en flor y Vete de mí; a las que pusieron música los autores más excelsos del género. En 1947 compuso con música de Héctor Stamponi este vals

Flor de lino

Deshojaba noches esperando en vano que le diera un beso,
pero yo soñaba con el beso grande de la tierra en celo.
Flor de Lino,
que raro destino
truncaba un camino
de linos en flor...
Deshojaba noches cuando la esperaba por aquel sendero,
llena de vergüenza, como los muchachos con un traje nuevo:
¡cuántas cosas que se fueron,
y hoy regresan siempre
por la siempre noche
de mi soledad!

Yo la vi florecer como el lino
de un campo argentino maduro de sol...
¡Si la hubiera llegado a entender
ya tendría en mi rancho el amor!
Yo la vi florecer, pero un día,
¡mandinga la huella que me la llevó!
Flor de Lino se fue
y el hoy que el campo está en flor
¡ah malhaya! me falta su amor.

Hay una tranquera por donde el recuerdo vuelve a la querencia,
que el remordimiento de no haberla amado siempre deja abierta:
Flor de Lino,
te veo en la estrella
que alumbra la huella
de mi soledad...
Deshojaba noches cuando me esperaba como yo la espero,
lleno de esperanzas, como un gaucho pobre cuando llega al pueblo,
flor de ausencia, tu recuerdo
me persigue siempre
por la siempre noche
de mi soledad...

Me gusta jugar con la fantasía de que el amor trunco o el desamor a que remite la letra pueda haber sido el de alguna compañera de escuela del poeta, con la que hubiera compartido el texto y su temprana lectura. O que el nombre del libro haya sido el apodo de alguna escolar enamorada, no correspondida y, por siempre presente entre el desasosiego y la nostalgia.
Fernando Terreno
.

viernes, 3 de junio de 2016

Con el mismo verso -4- Darío y Lugones

Metempsicosis
(Teoría de la trasmigración de las almas. Reencarnación)
  

La hermandad de los poemas de esta entrega va más allá del hecho de tener el mismo título, Metempsicosis, y de ser emblemas del modernismo. Los autores eran amigos, las ciencias ocultas los atraían, se tenían mutua admiración aunque más tarde las relaciones se agriaron. Lugones lo llamaba maestro y, para los años en que escribieron estos poemas, ambos creían en la reencarnación.

Rubén Darío (1867-1916) lo escribió en París en 1893 y lo publicó por primera vez en México en 1898.  Tenía entonces siete estrofas, en 1907 le suprimió la cuarta quedando su versión definitiva así:

Metempsicosis

Yo fui un soldado que durmió en el lecho
de Cleopatra la reina. Su blancura
y su mirada astral y omnipotente.
     Eso fue todo.

¡Oh mirada! ¡Oh blancura! y ¡Oh, aquel lecho
en que estaba radiante la blancura!
¡Oh, la rosa marmórea omnipotente!
     Eso fue todo.

Y crujió su espinazo por mi brazo;
y yo, liberto, hice olvidar a Antonio.
(¡Oh el lecho y la mirada y la blancura!)
     Eso fue todo.

Yo, Rufo Galo, fui soldado y sangre
tuve de Galia, y la imperial becerra
me dio un minuto audaz de su capricho.
     Eso fue todo.

¿Por qué en aquel espasmo las tenazas
de mis dedos de bronce no apretaron
el cuello de la blanca reina en brama?
     Eso fue todo.

Yo fui llevado a Egipto. La cadena
tuve al pescuezo. Fui comido un día
por los perros. Mi nombre, Rufo Galo.
     Eso fue todo.
Rubén Darío
 


Leopoldo Lugones (1874-1938), publicó su primer libro, Las montañas de oro, en 1897. A él pertenece Metempsicosis, un largo poema escrito en prosa, del que Darío dijo “…pudiera ser firmado por Dante…”
Acá va un fragmento, puesto en versos. Quien quiera leer el original haga clic en este enlace:

Metempsicosis
 
Era un país de selva y amargura;
un país con altísimos abetos,
con abetos altísimos, en donde
ponía quejas el temblor del viento.
Sus colmillos brillaban en la noche
pero sus ojos no, porque era ciego.
Su boca abierta relumbraba, roja
como el vientre caldeado de un brasero;
y mis ojos miraron en la sombra 
una cruz nueva, con sus clavos nuevos,
que era una cruz sin víctima, elevada
sobre el oriente de un incendio,
aquella cruz sin víctima ofrecida
como un lecho nupcial.  ¡Y yo era un perro!
Leopoldo Lugones
.

sábado, 14 de mayo de 2016

Ajenjo - Suissé - Pernod


El vaso cónico, de vidrio grueso, está lleno hasta el borde de un líquido lechoso verde claro, aromático y dulzón. El tipo que paladea su frescura, casi siempre un inmigrante que ha venido a “fare l’América”, se embriaga para ahogar los trabajos duros y las hondas penas del exilio. La escena se multiplica en las otras mesas del boliche mientras se escuchan canzonettas a capella  o acompañadas por algún acordeón; cantos de borrachos, monocordes, repetidos como si fuera música litúrgica. Va anocheciendo, el último sulky vuelve “pa’ las casas”; su silueta desaparece en la oscuridad. Hacia 1950 también desapareció la costumbre de tomar ajenjo. Lo único que ha quedado es una multinacional y unas pocas palabras, algunas en el lunfardo.

Las encontramos en varios tangos: (Carancanfunfa se hizo al mar con tu bandera/y en un pernó mezcló a París con Puente Alsina), El Choclo; (Vamos que en sus aventuras/viví una locura/de amor y Suissé), El pescante; (Suena un tango compañero/…/y sé que no ha de llegar/ y en esta copa de ajenjo/en vano pretendo mis penas ahogar), Copa de ajenjo.
Suissé alude al país en que se fabricaba originalmente, pernó es apócope de Pernod, una de las marcas más conocidas. Ambas se acentuaban agudas por facilidad de pronunciación o necesidades de la métrica poética.

La Artemisia Absynthium, una estrella entre las plantas medicinales, está llena de virtudes, tiene numerosas aplicaciones curativas, delicioso sabor amargo, es resistente y humilde: olvida su nombre aristocrático y se deja llamar, simplemente, ajenjo. En Alemania se la conoce como wermut kraut, de donde viene nuestra palabra vermú que refiere a esas bebidas compuestas por vinos a los que se le agregan licores de ajenjo, carqueja y otras hierbas y se toman como aperitivos.
Se la conoce desde la antigüedad –está citada en la Biblia– pero tuvo su auge a partir del S XVIII en los países de Europa central al ser incluida en la farmacopea y, sobre todo, por participar en casi todos los licores de hierbas que se difundieron en forma explosiva junto con el desarrollo de los alambiques y la destilación.

Si la concentración de aceite de ajenjo era muy alta, los licores tenían efectos indeseables: provocaban mareos, convulsiones, temblores, adicción, daños cerebrales irreversibles e incluso la muerte. Eso hizo que Suiza –donde primero los desarrolló un médico con el nombre de elixir de absinthe– y Francia –donde a partir de 1797 los fabricó el licorista Henry Louis Pernod– terminaran prohibiendo su venta.
Esto ocurrió después de la 1º Guerra Mundial, con la industria licorera floreciendo: había más de doscientos fabricantes, pero la mayor parte de los 35 millones de litros por año que se consumían los seguía proveyendo la firma Pernod, cuyo producto incluía enebro, hinojo y nuez moscada.

De superar la prohibición se encargó un comerciante de vinos que desarrolló una nueva receta sustituyendo gran parte del ajenjo por anís verde, anís estrellado y regaliz. El comerciante, que además era pintor, se llamaba Paul Ricard y el preparado Pastis (de pâté, mezcla en provenzal.) Con el eslogan: Le vrai Pastis de Marseille y una publicidad basada en hermosos carteles que el mismo Ricard diseñaba, en pocos años alcanzó un gran éxito y llevó las ventas a más de 100 millones de litros anuales.   
Pernod, fundada en 1805, y Ricard, en1932, se fusionaron en 1975 y formaron Pernod-Ricard, actualmente el segundo gigante mundial del rubro bebidas alcohólicas. Cognacs, brandies, aperitivos, vinos, whiskies, vodkas, rones o cualquier bebida que se le ocurra es fabricada o comercializada por el grupo en casi todos los rincones del mundo.


Quien esté interesado en una historia detallada del ajenjo puede leer el lindo artículo que escribió Eduardo Berti:
http://cinabrio.over-blog.es/article-el-hada-verde-la-absinta-en-el-arte-78908957.html
Otras referencias:
http://www.todotango.com/historias/cronica/507/El-frances-en-el-tango:-pernod/
https://es.wikipedia.org/wiki/Artemisia_absinthium
http://www.francefeel.com/es/En-francia/32/Paul-Ricard-inventor-del-Pastis-de-Marsella


Tangos que hablan del ajenjo:
Aquellas farras, Argañaraz (Tango) 1930 Cadícamo y Firpo
El pescante (Tango) 1934, Manzi y Piana
Copa de Ajenjo (Tango) 1937 Pesce y Canaro
Siempre París (Tango) 1942 Homero y Virgilio Expósito
El choclo (Tango) 1947 Discépolo  y Villoldo
A tu recuerdo (Tango) 1954 Blasco y Vilar
.

lunes, 9 de mayo de 2016

Con el mismo verso 3 - Carriego y Cadícamo

De todo te olvidas (Novias desmemoriadas)
 

 
 
 


Con la misma idea de reunir cuentos con cierto parentesco, hoy traemos dos poemas hermanos. El primero es de Evaristo Carriego (1883-1912) y el segundo de Enrique Cadícamo (1900-1999).
"Tu secreto" cuenta la revelación de un amor a través de la lectura (¡robada!) de un diario íntimo. Pertenece al capítulo “Los ofertorios galantes” de su libro “Las misas herejes” de 1908.
Cadícamo reescribe el poema de Carriego con más sutileza: el narrador no devela el secreto pensamiento de la enamorada. Sí devela el “préstamo”, al mencionar al autor del original y citar dos de sus obras. La otra es “La costurerita que dio el mal paso”.  De paso se nota también la “influencia” de Rubén Darío y un nuevo “homenaje” a su Sonatina.

Tu secreto (1908)
¡De todo te olvidas! Anoche dejaste
aquí, sobre el piano que ya jamás tocas,
un poco de tu alma de muchacha enferma:
un libro, vedado, de tiernas memorias.

Íntimas memorias. Yo lo abrí, al descuido,
y supe, sonriendo, tu pena más honda,
el dulce secreto que no diré a nadie:
a nadie interesa saber que me nombras.

...Ven, llévate el libro, distraída, llena
de luz y de ensueño. Romántica loca...
¡Dejar tus amores ahí, sobre el piano!...
De todo te olvidas, ¡cabeza de novia!



De todo te olvidas (Cabeza de novia), Tango, 1929

De un tiempo a esta parte, muchacha, te noto
más pálida y triste... Decí ¿qué tenés?
Tu carita tiene el blancor del loto
y yo, francamente, chiquita, no sé...
¿Qué pena te embarga? ¿Por qué ya no ríes
con ese derroche de plata y cristal?
Tu boquita, donde sangraron rubíes,
hoy muestra una mueca, trasuntando un mal...

El piano está mudo.
Tus ágiles manos
no arrancan el tema
del tango tristón...
A veces te encuentro
un poco amargada,
llorando, encerrada,
en la habitación.
Y he visto, extrañando,
que muy a menudo,

"de todo te olvidas",
cabeza de novia,
¡nimbada de amor!


¿Qué es lo que te pasa? Cuéntame; te ruego
que me confidencies tu preocupación...

Acaso tu pena es la que Carriego,
rimando cuartetas, a todos contó.

"De todo te olvidas, cabeza de novia",
pensando en el chico que en tu corazón
dejó con sus besos sus credos amantes,
como un ofertorio de dulce pasión...

Cantado por Gardel, acá:
https://www.youtube.com/watch?v=PPqHXomEVVA

.