domingo, 15 de febrero de 2015

Un cuento de futbol - Zambayonny -


Este hermoso cuento sobre fútbol fue publicado en el Suplemento Ni a palos del diario Tiempo Argentino del 29 de enero de 2015. Lo reproduzco sin autorización del autor ni del editor, y lo retiraré si cualquiera de ellos lo pidiera. Lo pongo, simplemente, porque me parece de los mejores que he leído, en un campo donde han descollado Sasturain, Soriano, Sacheri entre otros.

El partido continuó
por Zambayonny

Hay partidos en los que un equipo se pone en ventaja y a partir de ese momento defiende la victoria metiendo a sus once jugadores dentro del área, renunciando a cualquier forma de ataque, con la orden estricta de hacer tiempo y reventarla.
Pese a que se supone que la mejor manera de cuidar un resultado es con la pelota en los pies y atacando periódicamente para evitar que el rival se adelante con todos sus hombres, el plan de colgarse del travesaño ha valido la pena en tantas ocasiones que muchos directores técnicos lo adoptan de inmediato sin importarles el tiempo que falte por jugar ni los insultos que puedan recibir por realizar cambios cada vez más defensivos.
Esta actitud pone muy nerviosos a los hinchas que descuentan que así no van a poder aguantar el resultado aunque van cambiando de opinión a medida que el reloj avanza y los rivales se nublan tirando miles de centros inofensivos o intentando infructuosamente gambetear a todos, presas de la incertidumbre que provoca sentir que uno está jugando contra un loco.
En algún momento esta estrategia (osada por cobarde) acaba confundiendo a la lógica y todos comienzan a sospechar que es imposible convertir un gol teniendo 11 futbolistas defendiendo dentro del área grande. Es entonces cuando el tiempo comienza a correr a favor de los que defienden.

Recuerdo un partido con estas características en que el árbitro no  permitió que el equipo en ventaja se defendiera con artilugios extras y decidió poner todo su empeño y profesionalismo en tratar de que el encuentro se siguiera jugando a pesar de todo.
Lo primero que hizo fue amonestar a los que perdían tiempo, esto lo llevó a expulsar enseguida a algunos incluyendo al arquero que aunque ya tenía amarilla prosiguió con esta actitud a sabiendas de que jamás le sacan otra a los guardametas en estos casos. El partido continuó. De inmediato los alcanza pelotas comenzaron a realizar su trabajo demasiado lento, así que también los expulsó a todos y desde ese momento cada vez que la redonda se iba del campo de juego él mismo saltaba los carteles para traerla de nuevo. El partido continuó. Cuando empezó a anochecer cortaron la luz como lo hacen habitualmente para enfriar, sin embargo el réferi llamó desde el celular a su cuñado que es electricista y lo hizo ir al estadio para que reconectara el servicio. El partido continuó. Visto y considerando que se iba a complicar mucho mantener la ventaja los hinchas se treparon al alambrado para detener el encuentro pero, lejos de eso, el árbitro se trepó del lado de adentro y les fue aflojando los dedos uno por uno para que se vayan cayendo desde las alturas pese a la asqueante cantidad de escupitajos que recibió en su rostro. El partido continuó. Minuto a minuto los jugadores que iban ganando fingían lesiones y se tiraban al suelo gritando de dolor aprovechando que el carrito con la camilla no entraba nunca, por lo tanto el juez los tomaba de los tobillos, los arrastraba hasta más allá de la línea de cal y no volvía a darles la orden de que reingresaran pese a las protestas de todo el mundo. El partido continuó. Instantes después, en lugar del típico perro que entra a la cancha para detener el juego, entró la mascota del club que era un hurón simpático, gordito y veloz, oportunamente aceitado para que sea imposible de agarrar. Al darse cuenta de esto el juez lo corrió hasta tenerlo más o menos cerca y le lanzó una patada voladora a la cabeza que mató al bicho. Entre abucheos sacó al cuerpo fuera del campo de juego. El partido continuó. Faltaba ya poco tiempo cuando desaparecieron absolutamente todos los balones, entonces el referí fue a buscar el cadáver del hurón, le arrancó la cabeza con los dientes y la arrojó a los pies de los futbolistas para que la usaran de pelota. El partido continuó.

Inmediatamente alguien le lanzó un certero piedrazo que le abrió el cuero cabelludo y pese a que se desmayó durante algunos segundos, se puso de pie, se sacó la camiseta, se la enroscó en la cabeza en forma de venda y siguió dirigiendo bañado en sangre. El partido continuó. Al llegar a los 90 adicionó 35 minutos. Lo querían matar. Entró la policía a pegarles a todos así que llamó a su abogado, les inició un sumario por mal desempeño del deber público y los echó a la fuerza. El partido continuó. En el tumulto le robaron las tarjetas entonces si señalaba al sol (que ya no estaba porque había anochecido) era amarilla y si señalaba la sangre que le chorreaba era roja. El partido continuó. También le sustrajeron el silbato por lo tanto en cada fallo pegaba un alarido finito y penetrante que pretendía imitar el sonido del pito. El partido continuó. Alguien trajo a su esposa y amenazaron con matarla, pero el árbitro aprovechó para pedirle el divorcio. El partido continuó. De inmediato la dirigencia abrió los grifos de riego y las tomas contra incendio inundando la cancha y ahogando a los jugadores, sin embargo el árbitro no detuvo el juego hasta que una hermosa sirena lo tomó del brazo y lo rescató para siempre.
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lunes, 29 de diciembre de 2014

La sacarina y otros endulzantes artificiales

“Jadeante y plantado apoyándose en los brazos, Brown se puso a cantar con una asacarinada y gangosa voz de tenor.”
“Standing there between his propped arms, Brown began to sing in a saccharine and nasal tenor.”
William Faulkner, Luz de agosto, Cap.5. (Edic. SUR –traducción de Pedro Lecuona– y versión original)

Me sorprendió el adjetivo porque creía que la sacarina era un producto que no se usaba para la época (1932) de la novela. Fui al original en inglés y la sorpresa se duplicó.
En efecto, Faulkner usa saccharine, cuyo significado es ingenuo, algo tonto, endulzado. La palabra viene del sánscrito sarkara, griego sakkharon, latín saccharon (azúcar).
La sacarina, el endulzante artificial que se usa como sustituto del azúcar, fue descubierta en 1879 por dos químicos norteamericanos que experimentaban con derivados del alquitrán de carbón. En 1884 Falbergh solicitó la patente a su nombre –lo que le valió la enemistad  de su socio Rensem al que dejó fuera del negocio– y le puso el nombre comercial de saccharin.


A principios del siglo XX la comercializaba Monsanto pero ya había fuertes controversias acerca de la inocuidad de la sustancia dado que algunas pruebas alertaban sobre su posibilidad de generar tumores. Los estudios con ratas fueron lapidarios y dejaron claro que provocaba cáncer por lo que su consumo fue poco significativo hasta 1960. A partir de ese año hubo marchas y contramarchas sobre la autorización para consumo humano. Su uso está prohibido en algunos países, Canadá y Francia por ejemplo y en Alemania se la usa como “sustancia estimulante del apetito” en alimentos para animales  (Futtermittelverordnung vom 1992, BGBl I, p.1898). Para colmo de males, y cancerígenos aparte, una investigación en EEUU sobre 80.000 personas ha demostrado que quienes la consumen aumentan de peso frente a quienes no lo hacen (Stellman S., Garfinkel L., Prev. Med., 1986/15, p.195)

Lo cierto es que el uso de la sacarina y otros endulzantes artificiales creados a posteriori con la intención de ser más inocuos y sacarles el gusto metálico/amargo que los caracteriza tuvieron un desarrollo comercial muy grande a partir de 1960 en coincidencia con las represalias militares y económicas que los EEUU aplicaron a Cuba y que culminaron con la aplicación del bloqueo comercial total que continúa hasta hoy, fines de 2014. Lo primero que hicieron los yanquis fue reducir la cuota de azúcar que compraban a la isla y llevarla a cero en 1962.
A partir de allí, se empezaron a relajar las restricciones y normas que la FDA aplica a los edulcorantes artificiales, porque como dice un sarcástico dicho entre nutricionistas: “Entre el cáncer del comunismo y el de páncreas, la elección no admite dudas: el de páncreas.”



Si algún lector está entre los consumidores de sacarina (y otros edulcorantes) le pido disculpas, esta nota no tiene por objeto alarmarlo en absoluto, las pruebas son escasas y las dosis que realmente producen cáncer son altas, de modo que si lo suyo es un sobrecito que otro y alguna gaseosa light cada tanto, no es para preocuparse. Lo que sí, no espere rebajar un solo gramo por su uso. Lo único que con seguridad va a disminuir es su dosis de placer.
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martes, 23 de diciembre de 2014

Predicciones


Las predicciones son un tema espinoso, en especial si se hacen observando la partícula “pre”. Los diarios y revistas están llenos de aciertos observados después de ocurridos los sucesos. “Fulano predijo que el Papa iba a ser sudamericano”, “La reelección de Dilma fue anticipada por…”, por todos, menos por los monopolios de la información que hasta un mes antes intentaron vendernos como ganadora a una evangelista ¡que salió tercera entre tres postulantes!
Descifrar qué nos espera en el futuro es algo profundamente humano y no sólo una característica de los ansiosos.
Arthur Clarke, el autor de ciencia ficción en uno de cuyos libros se basó 2001, Odisea del Espacio, vaticinó una serie de acontecimientos que se cumplieron (misiones espaciales, satélites de comunicación) y otros a los que le erró fiero (en 1971 adelantó que los norteamericanos llegarían a Marte, en misión tripulada, para 1994); de los cuales el mismo se reía diciendo “nadie puede predecir el futuro.”

Lo que sí consideraba factible era extrapolar “futuros posibles” y dejó una serie de hechos que ocurrirían entre los años 2000 y 2100. Adelanto algunos y me detendré en dos de ellos:  
2019, un meteorito impacta en el Polo Norte y el maremoto produce daños considerables en Canadá y Groenlandia.
2030,  avances neurológicos permiten la comprensión total del funcionamiento cerebral. Mediante un casco metálico es posible interactuar con el cerebro propio y con mentes ajenas. Esto produce una revolución en la Abogacía, dado que resulta imposible mentir deliberadamente en los interrogatorios. Como sólo funciona con la cabeza rapada, la producción de pelucas se convierte en una industria pujante.
2040, se pone a punto un Replicador Universal. No hay objeto, por complejo que sea, que no pueda duplicarse.
2010, se desarrollan los primeros generadores cuánticos –desde grandes potencias hasta equipos portátiles– que pueden producir electricidad indefinidamente. Las centrales eléctricas comienzan a cerrar.
2016, como consecuencia del desarrollo anterior se suprimen las monedas y el Megavatio-hora es la unidad de cambio utilizada para el intercambio de bienes en todo el mundo.

Imagino que ya se han reído a cuenta con su ironía sobre abogados y fabricantes de pelucas de la predicción del 2030. La predicción del 2010 no se cumplió y todavía andamos penando con el petróleo y sus daños colaterales (invasión/destrucción de los pueblos de Irak, Libia, Palestina, etc. etc.)

El proyecto ITER, del año 2006, para construcción de un reactor nuclear de fusión, que se lleva a cabo en Cadarache- Francia sobre un invento ruso, originalmente iba a empezar a operar en 2016 pero la fecha de puesta en marcha acaba de ser pospuesta para el 2022. Del consorcio participan siete miembros principales: Japón, Rusia, Unión Europea, China, Estados Unidos, India y Corea del Sur y tiene un presupuesto de 13.000 millones de Euros. Por diferentes problemas el resultado está en el aire y cunde el descontento entre los socios. El 2015 el proyecto estrenará nuevo director general que tendrá el gran desafío de vencer el estigma que rodea al desarrollo: “A la fusión siempre le faltan cincuenta años” se dice con sarcasmo en el ambiente científico.

La que sí se empezó a cumplir antes del plazo es la del 2016, la sustitución de las monedas por un nuevo patrón universal: el Megavatio-hora. Pioneros en esta progresiva acción fueron los gobiernos de Paraguay y Argentina que, en el año 2006, a propuesta de los Presidentes Néstor Kirchner y Nicanor Duarte Frutos, saldaron las cuentas pendientes entre ambos países por la construcción de la Central Hidroeléctrica de Yacyretá utilizando esa unidad para todos los costos involucrados en la negociación. Los valores de ese intercambio rondaron los 30 a 35 U$S por Megavatio-hora totalmente en sintonía con los valores internacionales de la energía.
 

Como no quiero ser menos pronostico que esta nota termina cuatro renglones más abajo.
En este enlace un artículo sobre el reactor de fusión:
El de la foto es Ray Bradbury (disculpas Arthur).
La viñeta es del gran Montt.
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viernes, 19 de diciembre de 2014

Navidad y Fin de Año


La proximidad de Navidad y Fin de Año desata una vorágine que nos arrastra y cambia el espíritu festivo y de celebración original en una especie de castigo o situación desagradable por la que hay que pasar, causante de estrés y otros desajustes, cuya superación insume un tiempo considerable
Lo primero que se me ocurrió es echarle la culpa de todo esto a las técnicas de marketing y otras porquerías globalizadas que nos envía el gran imperio del norte con tal de vendernos cualquier cosa (cubitos a los esquimales, naranjas a los paraguayos y otras lindezas). Pero debo confesar que me he equivocado por completo.
 
El fenómeno tiene causas múltiples y más complejas, como lo prueba este artículo, de ¡1836!, de Mariano José de Larra. El español, que se hizo famoso con su seudónimo Fígaro, publicó unas páginas donde criticaba con acidez las costumbres y conductas políticas de la época.

La nochebuena de 1836 (fragmento):
El número 24 me es fatal; si tuviera que probarlo diría que en día 24 nací. Doce veces al año amanece, sin embargo, día 24; soy supersticioso, porque el corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer; sin duda por esa razón creen los amantes, los casados y los pueblos a sus ídolos, a sus consortes y a sus gobiernos, y una de mis supersticiones consiste en creer que no puede haber para mí un día 24 bueno. El día 23 es siempre en mi calendario víspera de desgracia, y a imitación de aquel jefe de policía ruso que mandaba tener prontas las bombas las vísperas de incendios, así yo desde el 23 me prevengo para el siguiente día de sufrimiento y resignación, y, en dando las doce, ni tomo vaso en mi mano por no romperle, ni apunto carta por no perderla, ni enamoro a mujer porque no me diga que sí, pues en punto a amores tengo otra superstición: imagino que la mayor desgracia que a un hombre le puede suceder es que una mujer le diga que le quiere. Si no la cree es un tormento, y si la cree... ¡Bienaventurado aquel a quien la mujer dice no quiero, porque ése, a lo menos, oye la verdad!
...
En este enlace se puede leer completo:
 
Otro que se ocupó de la pesadilla de estas festividades fue John Updike, que escribió Los doce terrores de la Navidad unas deliciosas apostillas que, para frutilla del postre, vienen acompañadas con ilustraciones de Edward Gorey.  No se podría haber buscado una combinación mejor para escribir e ilustrar el lado negro y terrorífico de las inocentes fiestas que alegran esta parte del calendario.
Adelanto un par de ellas para que vayan degustando:
 
Santa Claus:
¿Por qué alguien medio normal querría vivir en el Polo Norte sobre un montón de placas de hielo flotantes? O quedarse despierto toda la noche volando por el cielo distribuyendo regalos a niños de dudoso mérito?  Hay un punto en el que el altruismo se vuelve enfermizo. O bien es un siniestro encubrimiento para una estafa internacional; un hombre sin domicilio plausible, sin ninguna fuente aparente de riqueza, baja por la chimenea después de la medianoche, mientras que los decentes ciudadanos, respetuosos de la ley, están metidos en sus camas ¿no es esto, al menos, motivo de alarma?
 
 
Miedo a no regalar suficiente.
Conduce a los mareos en los centros comerciales, a las fracturas de pie en las escaleras mecánicas, al esguince de pulgar y de muñeca durante la manipulación de paquetes, a las lesiones faciales y de ojos en los autobuses embotados de gente y a la sensación de desorientación y de empobrecimiento inminente.
 
Hay más acá:

¡Felicidades!
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martes, 16 de diciembre de 2014

Con el mismo cuento - Catálogo

He reunido los treinta primeros artículos de la serie "Con el mismo cuento..." en una planilla que permita una rápida visualización -y eventual búsqueda- de temas y autores. Dado que resulta imposible subirla aquí, la enviaré a quien la pida en los comentarios.
Les adelanto que Borges con 9, Quiroga con 6, Fontanarrosa y Monterroso con 4 figuran entre los autores más visitados/visitadores de sus colegas.

La Pulpera.blogspot.com
Con el mismo cuento
Resúmen Nº 1 al 30
Fecha  Autores Cuentos / Obras
1 10-may-08 Bierce, Ambrose                                     El puente sobre el Río del Búho
    Quiroga, Horacio El hijo
    Hemingway, Ernst Las nieves del Kilimanjaro
    Borges, Jorge Luis El milagro secreto
2 31-may-08 Quiroga, Horacio A la deriva
    Fontanarrosa, Roberto La yacareguazú
    Monterroso, Augusto El dinosaurio
    Martino, Alejandro Veinticinco variaciones sobre un cuento de A. Monterroso
3 30-dic-09 Andrade, Mario de Morais El pavo de navidad (O perú de natal)
    Drumond de Andrade, Carlos  El pavo 
4 15-ago-11 Bocaccio, Giovanni Séptima Jornada -Novela segunda - Decamerón
    Juceca - Castro, Julio César Por el tabaco y la yerba
5 1 set 2011 Crane, Stephen El hotel Azul
    Hemingway, Ernst Los asesinos
    Borges, Jorge Luis El sur
    García Márquez, Gabriel Cita en Samarra
    Cocteau, Jean El jardinero de Ispaham
6 06-oct-11 Perrault, Charles Caperucita Roja
    Grimm, Hermanos Caperucita Roja
    Mansfield, Katharine La joven institutriz

jueves, 11 de diciembre de 2014

Microcuentos 6 - Fernando Iwasaki

                                                       PETER PAN
Cada vez que hay luna llena yo cierro las ventanas de casa, porque el padre de Mendoza es el hombre lobo y no quiero que se meta en mi cuarto. En verdad no debería asustarme porque el papá de Salazar es Batman y a esas horas debería estar vigilando las calles, pero mejor cierro la ventana porque Merino dice que su padre es Joker, y Joker se la tiene jurada al papá de Salazar.
Todos los papás de mis amigos son superhéroes o villanos famosos, menos mi padre que insiste en que él sólo vende seguros y que no me crea esas tonterías. Aunque no son tonterías porque el otro día Gómez me dijo que su papá era Tarzán y me enseñó su cuchillo, todo manchado con sangre de leopardo.
A mí me gustaría que mi padre fuese alguien, pero no hay ningún héroe que use corbata y chaqueta de cuadritos. Si yo fuera hijo de Conan, Skywalker o Spiderman, entonces nadie volvería a pegarme en el recreo. Por eso me puse a pensar quién podría ser mi padre.
Un día se quedó frito leyendo el periódico y lo vi todo flaco y largo sobre el sofá, con sus bigotes de mosquetero y sus manos pálidas, blancas blancas como el mármol de la mesa. Entonces corrí a la cocina y saqué el hacha de cortar la carne. Por la ventana entraban la luz de la luna y los aullidos del papá de Mendoza, pero mi padre ya grita más fuerte y parece un pirata de verdad. Que se cuiden Merino, Salazar y Gómez, porque ahora soy el hijo del Capitán Garfio.


Fernando Iwasaki, Ajuar funerario, Madrid, Páginas de Espuma, 2004.
También publicado en México, Secretaría de Educación Pública, Colofón, 2006.
Y en Francia, Mobilier Funéraire, Burdeos, Cataplum Editions, 2010.


Nacido en Perú en 1961, radicado en Sevilla, autor prolífico en géneros varios: Inquisiciones peruanas, Helarte de Amar, España aparta de mí estos premios, Mi poncho es un kimono flamenco, entre muchos otros.
Es colaborador frecuente del diario ABC, cuestión que no es el único de sus defectos ni la peor de sus iniquidades –también participó de la campaña electoral de Vargas Llosa–, pero escribe que da gusto leerlo.

Ha declarado en una entrevista que se puede ver en el enlace: “Ahora bien, todo lo que yo escribo supone un trabajo con el lenguaje que le debe muchísimo a mi devoción por Guillermo Cabrera Infante, amén de una mirada irónica y un tono humorístico que me obliga a reconocer mis deudas con Alfredo Bryce Echenique, Jorge Ibargüengoitia, Julio Cortázar, Guillermo Cabrera Infante, Jardiel Poncela, Julio Camba y Wenceslao Fernández-Flórez.”
Ajuar funerario acá:
La ilustración es del gran Fernando Vicente.
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domingo, 7 de diciembre de 2014

Con el mismo cuento 30 - Monterrroso y Fontanarrosa

Más covers de La Odisea

Recurrir a la tradición griega, y más específicamente al mundo mitológico de la Odisea, es un hábito común a muchos autores. Ya hemos visto versiones de Torri, Kafka y Denevi sobre el episodio de las sirenas y de Moravia, Denevi y Monterroso sobre Penélope y sus tejidos. Hoy volvemos con otra versión de Monterroso sobre el tema y una del Negro, –en forma de historieta–, donde las sirenas le cantan el bolero “Acércate más”. Se llama La Odisea no es un bicho y es parte del libro Los clásicos según Roberto Fontanarrosa de Ediciones de la Flor.


La sirena inconforme, cuento de Augusto Monterroso
La Odisea, de Roberto Fontanarrosa

La sirena inconforme
Usó todas sus voces, todos sus registros; en cierta forma se extralimitó; quedó afónica quién sabe por cuánto tiempo.
Las otras pronto se dieron cuenta de que era poco lo que podían hacer, de que el aburridor y astuto Ulises había empleado una vez más su ingenio, y con cierto alivio se resignaron a dejarlo pasar.
Ésta no; ésta luchó hasta el fin, incluso después de que aquel hombre tan amado y deseado desapareció definitivamente.
Pero el tiempo es terco y pasa y todo vuelve.
Al regreso del héroe, cuando sus compañeras, aleccionadas por la experiencia, ni siquiera tratan de repetir sus vanas insinuaciones, sumisa, con la voz apagada, y persuadida de la inutilidad de su intento, sigue cantando.
Por su parte, más seguro de sí mismo, como quien había viajado tanto, esta vez Ulises se detuvo, desembarcó, le estrechó la mano, escuchó el canto solitario durante un tiempo según él más o menos discreto, y cuando lo consideró oportuno la poseyó ingeniosamente; poco después, de acuerdo con su costumbre, huyó.
De esta unión nació el fabuloso Hygrós, o sea “el Húmedo” en nuestro seco español, posteriormente proclamado patrón de las vírgenes solitarias, las pálidas prostitutas que las compañías navieras contratan para entretener a los pasajeros tímidos que en las noches deambulan por las cubiertas de sus vastos trasatlánticos, los pobres, los ricos, y otras causas perdidas.


Los clásicos según Roberto Fontanarrosa, Ediciones De la Flor
Allí está La Odisea en forma de historieta.

Una linda página sobre La Odisea en historietas, películas, Kartún, los Simpsons, etc.
Se titula: Relatos de viajeros.
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jueves, 4 de diciembre de 2014

La cabeza de GENIOL


Durante una charla del Arq. Lorenzo Amengual sobre la tradición ilustrativa y la cultura popular, donde también aportaron lo suyo la Lic. Marcela González, la cantante Lucrecia Merico y Carlos Gardel (escuchamos El quinielero en una grabación del tiempo del jopo); el conferenciante contó la historia de “la cabeza de Geniol”. Con su autorización la reproduzco aquí:
 

Cabecitas de papel (por Lorenzo Amengual)
El suizo Weber fundó en 1910 la agencia de publicidad Exitus e importó a Buenos Aires dos calificados afichistas. Uno de sus principales clientes era el Laboratorio Suarry que en la Argentina procesaba aspirina con la marca Geniol. Su dueño, el farmacéutico Suárez Zabala, era un cascarrabias a quién los excepcionales dibujantes de Exitus, Lucien Achille Mauzán y Gino Bacasille, no lograban complacer. Cansados de que el industrial les rechace todas las ideas y suponiendo que lo habían perdido como cliente, decidieron vengarse. Realizaron una caricatura del empresario donde lucía de perfil con su cráneo sembrado de clavos y tornillos, su oreja apretada con una prensa y su nariz atravesada con un  alfiler de gancho. A pesar de tal tormento, sonreía con placidez. Cuando Suárez Zavala vio el dibujo, en lugar de indignarse, festejó la creación y exigió que se utilice esa caricatura para un afiche. Corría el año l925, había nacido del lápiz de Mauzán la cabeza ícono de la publicidad nacional. En 2008 realicé una versión esgrafiada de esta imagen para ilustrar mi Cábala Criolla.

 
Cabecita de yeso (cari’ yeso, en cordobés) (por Lorenzo Amengual)
Para completar la saga de la cabeza ícono del kitsch nacional
Tras el éxito del afiche, aparece como un producto promocional el modelo corpóreo que adornó tantas farmacias. La estatuita fue encargada a la agencia de publicidad Pum en el ojo de un tal Lausan y la realizó un joven grabador, fotógrafo y dibujante triestino: Sergio Hocevar. Radicado en Mendoza, adoptó luego el nombre artístico de Sergio Sergi, abandonó la publicidad y se convirtió en fecundo artista, grabador y gran maestro. Fueron muchos sus alumnos sobresalientes, entre ellos Ricardo Supisiche en Santa Fe; Carlos Alonso y Quino en Mendoza.


Lo que sigue es mío. Lolo estás disculpado por cualquier macanazo.
Fernando Terreno
*Geniol, la marca comercial con que se vendía la aspirina en la República Argentina era el producto estrella de Laboratorios Suarry (Suárez Zabala y Dubarry).
El laboratorio se fundó en 1927 y tiempo después se trasladó al edificio que actualmente ocupa la escuela ORT en la Avda. del Libertador de la Ciudad de Buenos Aires.
Fueron pioneros en usar publicidad por todos los medios a su alcance y eran líderes en productos de venta sin receta.
Además de la célebre cabeza y de los afiches pasaban por radio un jingle que se hizo famoso, una milonga de 1931, que decía:
 
Venga del aire o del sol,
del vino o de la cerveza,
cualquier dolor de cabeza
se corta con un Geniol

Algunos dicen que la cantaba Gardel, otros que era Juan Carlos Marambio Catán (el autor de Acquaforte y Tortazos). Lo cierto es que el jingle estuvo en el aire por más de 25 años.
Para finalizar, les diré que en la farmacia de mi pueblo había una de esas famosas cabezas y que había sido bautizada por el farmacéutico como Enrique Roasio – nombre de un vecino– porque decía que eran tan parecidos que sin duda alguna debía haber sido el modelo. Y de eso pueden dar fe Rolando Mazzone, Alceo Barbisán y otros amigos de La Playosa.
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lunes, 1 de diciembre de 2014

Con el mismo cuento 29 - Faulkner y Poe


La caída de la casa Usher (1839), Edgar Allan Poe.
            ¡Abasalón, Abasalón! (1936), William Faulkner, Cap. IX.

El capítulo con que Faulkner cierra su novela y el cuento de Poe giran alrededor de un mismo tema: la desaparición de una estirpe familiar coincide con el derrumbe de la casa que los albergaba y era el símbolo de su poderío.
Los cien años que separan ambas obras se ven en el estilo y el abordaje del concepto de “la enfermedad” pero son muchos más los temas que las unen: la locura, el incesto, la oscuridad, la represión y, en especial, el gótico y lo fantástico. En este sentido, ambas son herederas de la literatura inglesa (y alemana) del comienzos del siglo XIX.
 
En su cuento Poe agrega  referencias intertextuales, incluyendo otros géneros literarios como un poema suyo que había publicado tiempo antes: El palacio encantado. Las lecturas intercaladas de otro texto, que van haciendo los protagonistas, anuncian el desenlace.
La parte de las referencias literarias parece escrita por J.L. Borges. No sé si estarán de acuerdo pero, por favor, lean las líneas que siguen y después me dicen:
Nuestro libro favorito era un pequeño volumen en octavo del Diccionario Inquisitorum, por el dominico Eymeric de Geronne; y había pasajes de Pomponio Mela, acerca de los viejos sátiros africanos y egibanos, con los cuales Usher soñaba horas enteras. Pero encontraba su principal deleite en la lectura cuidadosa de un rarísimo y curioso libro gótico en cuarto – el manual de una iglesia olvidada– las Vigiliae Mortuorum secundum Chorum Ecclesiae Maguntinae.

 
Con ¡Absalón, Absalón! Faulkner cierra la serie de sus novelas situadas en el literario Condado de Yoknapatawpha. Entronca el derrumbe de la familia Sutpen con el del sur derrotado en la Guerra de Secesión. Los hechos exceden ese periodo, pero ese Sur aparece como un destino trágico del cual es imposible desprenderse.
El título del libro está inspirado en un episodio de la Biblia (Reyes, libro de Samuel): Absalón, uno de los hijos del Rey David, mató a su hermano Amnón porque este había tenido relaciones con su hermana Tamara. También sublevó a su ejército contra el de su padre y al enterarse éste de que había muerto en la batalla pronunció las célebres palabras ante el dolor de lo irremediable.
Pero el tema de hoy refiere únicamente al capítulo con que se cierra el libro y que podemos leer como una unidad independiente. Así como él está presente en tantos autores: “Cuando se examina la ficción moderna que se ha escrito en Europa en el último medio siglo, se encuentra la huella de Faulkner por todas partes” (Alberto Moravia) o  “Todos pasamos por la casa de Faulkner” (Augusto Roa Bastos); a mí me parece ver el rastro de Poe en esta parte de su novela.

 
La caída de la casa Usher se puede leer en este enlace:
¡Absalón, Abasalón! Se lee aquí:
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