domingo, 6 de agosto de 2017

Gente Mayor - 2 -

Poner el cuerpo


Toda su vida Roberto fue un maestro en el arte de esquivar poner el cuerpo. Cabía por entero en esa categoría que la gente común llama un vago, pero la calificación era totalmente injusta con él. Primero porque no era un tipo común, segundo porque toda su vida puso un gran esfuerzo en no hacer esas tareas u oficios que la gente llama “trabajar”, cumplir horarios, tener algún empleo fijo. Ese era su trabajo: poner el mayor celo y su creatividad al servicio de encontrar nichos y asuntos, en general muy bien remunerados, que generaban buenos negocios, de grandes volúmenes y pequeños esfuerzos, físicamente hablando. Para eso hacen falta, rapidez, inteligencia y buenas relaciones sociales. Estas le venían de  familia y el las supo mantener y aprovechar.

¿Había un excedente en la producción de azúcar? Él lo detectaba antes que nadie, encontraba dónde colocarlo y ponía en contacto a las partes. Después de una participación menor en el transporte aéreo de unos caballos logró interesar a unos millonarios sudafricanos en la compra de ejemplares Sangre Pura de Carrera, se hizo experto en pedigrís, los relacionó con studs de la provincia de Buenos Aires y se dio la gran vida por años. Con esas ganancias intentó cosas en el negocio del arte, pero se encontró con que había demasiados marchands, muchos de ellos mujeres y desistió rápido. Si una compañía naviera finlandesa quería hacer negocios en el Puerto de Buenos Aires o en la Zona Franca de Colonia o de Manaos el se las arreglaba para que su “oficina” fuera el teatro de las operaciones.
Respetaba a rajatabla su lema: “No hay que trabajar muchas horas porque eso no te deja tiempo para ganar plata.”

Junto con su esposa Raquel llevaban una vida social muy activa, iban al club al menos dos días por semana, se involucraban en todo tipo de actividades y los fines de semana los pasaban practicando deportes y viviendo allí. Pensándolo bien, este ocio estaba tan pautado y respetado que podría ser considerado otra forma de su trabajo, que incluía también el cuidado del cuerpo, del estado físico y de la silueta.
El ambiente era algo competitivo pero el grupo de parejas amigas cubría sus expectativas y generaba amistades genuinas. No corresponde que diga el nombre del club, no tiene importancia y hay muchos similares que más que un cambio funcionan como una continuación de las actividades y jerarquías semanales desde los viernes a la tarde. La obra que se representa tiene distinta escenografía pero los actores se reparten los mismos roles.

El tiempo fue pasando como siempre, sin dar señales, hasta que murió el marido de una pareja poco cercana. Aunque no se habló mucho, el asunto pegó fuerte al grupo. Hubo varias reacciones, aumentaron las actividades físicas, las visitas al médico y también; imperceptiblemente al principio, cierto grado de competencia como para que se terminara estableciendo una lista virtual de quienes estaban mejor y tenían a la muerte más lejos.
Esa comparación se estableció también al interior de las parejas, los cónyuges medían y evaluaban su salud y sus tiempos de sobrevida.
Roberto no fue la excepción  y también fue clasificado: su físico impecable y el poco desgaste al que lo había sometido en vida lo pusieron al tope de los que estaban mejor y de los hombres “que iban a enterrar a todos.”
Entre las mujeres, las fumadoras y las poco dispuestas al deporte y a los ejercicios aumentaron las sesiones de masajes y las caminatas, pero no fue suficiente para compensar a las de cuerpos cuidados por años de ejercicios y ocios burgueses.

Y un día murió Raquel, su hora le llegó entre las primeras.
La seguidilla continuó con otros amigos queridos, incluso uno muy cercano, Mario, cuya esposa, hacía unos años, había formado con Roberto una pareja que había hecho historia en los doble-mixtos del club.
Clara, a pesar de tener la misma edad que su marido, parecía más joven. Pero los años le llegan a todos, a ella también, y el tenis pasó a ser unos peloteos esporádicos.
Ella y Roberto siguieron compartiendo otras actividades y, meses después, anunciaron su casamiento al raleado grupo de amigos. A pesar de la cercanía, el tema generó sorpresas y un reacomodamiento de las relaciones y de las expectativas de sus miembros.

Al principio hubo una cierta euforia y todos se apropiaron de ese plus de años que la formación de la nueva pareja genera de inmediato. Algunos que estaban “sueltos” repensaron si, tal vez, no valdría la pena una prueba, al menos. Creo que hubo un par de intentos que pasaron los seis meses. Otro fue rechazado de cuajo por los familiares (herederos) que vieron peligrar sus derechos.
En un par de años, las cosas volvieron a la normalidad. Habían pasado dos años nomás, pero hay que ver lo que son dos años a cierta altura de la vida. Los que todavía comprendían sentían exacerbada la competencia y los otros… de los otros no hay mucho para decir.
Casi naturalmente murió Roberto. Un mes después, en el club, Clara estaba sentada con Miriam tomando sol y le comentó: “Creo que Roberto tenía dudas acerca del cuál de los dos iba a morir primero. Pero ahora que estamos acá, vos y yo, conversando, recuerdo un dicho que tenía siempre en la boca cuando moría alguien: “El que se muere, pierde.””
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viernes, 28 de julio de 2017

Con el mismo cuento 43 - Crímenes bien pensados

 … y mejor ejecutados.


Apollinaire, Borges, Saki (H. H. Munro)

Los cuentos reunidos hoy, absolutamente distintos, comparten las historias de unos asesinatos muy bien concebidos y ejecutados. La idea de agruparlos por su temática común es de Miss Marple, una fina lectora y asidua visitante del blog. De modo que queda aquí constancia de mi agradecimiento y de su talento.

Sredni Vashtar, de Saki (H. H. Munro, inglés, (1870 Birmania-1916 Francia)
El bergantín holandés, de Guillaume Apollinaire (1880-1818)
Emma Zunz, de Jorge Luis Borges (1899 Buenos Aires -1986 Ginebra)

Pertenecen al género policial clásico e incluyen una vuelta de tuerca adicional: la desilusión (o cierto esperanzado entusiasmo) que causan al poner en evidencia la impunidad lograda por los interesados. No encontrarán acá ese límite preciso entre malos y buenos y la tranquilidad de que los asesinos hayan quedado a buen reparo y por muchos años en la cárcel.
Si leemos policiales buscando claves que nos permitan sentirnos más seguros en nuestro peligroso mundo les adelanto que no las conseguirán pero, a cambio, tendrán un poco de humor y estímulo para nuestras fantasías más ocultas.
 

A El bergantín holandés se lo conoce también como El marinero de Amsterdam o El mono y el loro. Un juego divertido del autor, a tono con los relatos policiales de su época.  

Saki quedó huérfano de madre cuando era muy pequeño y fue criado por unos parientes puritanos, muy rígidos, en Inglaterra. Sredni Vastar, uno de sus más conocidos cuentos, además de su tema central muestra huellas de aquella dolorosa experiencia.

Borges publicó Emma Zunz en la Revista Sur en 1948 y al año siguiente lo incluyó en su libro El Aleph. Está narrado con tanta maestría que logra la indulgencia de los lectores para la protagonista haciendo que olvidemos el centro de los sucesos.
 
http://ciudadseva.com/texto/sredni-vashtar/
http://ciudadseva.com/texto/el-marinero-de-amsterdam/
http://files.lau-mirsa.webnode.es/200000010-b999eba943/EMMA%2520ZUNZ.pdf
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lunes, 24 de julio de 2017

Flaubert y Barnes

El loro de Flaubert y el de Barnes





Eduardo Berti escribió “66 notas preparatorias para una conferencia sobre el tema de la identidad”, inspiradas en las “99 notas preparatorias”, forma inventada por Fredéric Forte. Ambos pertenecen al grupo de experimentación OuLiPo, fundado en 1960, que explora la producción de obras con reglas que limitan y ponen restricciones al uso de la lengua.
Con la debida falta de respeto he intentado hacer algunos comentarios al jugoso libro de Julian Barnes El loro de Flaubert en un ejercicio similar, reemplazando “notas preparatorias” por “plumas” en uso o desprendidas del animal.

Plumas brillantes, opacas, perdidas.

1 – El loro de Barnes deslumbra, causa admiración. Su pluma ironiza, nos hace ver colores y detalles muy interesantes. Es un Ave del Paraíso.

2 – En ocasiones se excede en su mordacidad y el humor se vuelve algo vitriólico. Como cuando se pavonea en el capítulo del examen, ahí se convierte en un Pavo Real.

3 – El loro de Barnes pierde las plumas pero no las mañas.

4 – El hecho de que yo esté escribiendo esto muestra que cualquier cacatúa sueña con la pluma de los grandes plumíferos y con ser un Ave Lira.

5 – La primer pluma que le falta al Loro de Barnes es una llamada Contra Saint Beuve, de M. Proust. Incluso comienza el libro hablando del proyecto del mismo, como el de Marcel, y ronda la misma pregunta: ¿Por qué no nos basta con los libros y seguimos la vida de los escritores? ¿Por qué compramos pelos, fetiches, autógrafos, chismes?

6 – La segunda son las Apostillas a El nombre de la Rosa de Umberto Ecco. El italiano reflexiona sobre esa pregunta diciendo “El autor debería morirse después de haber escrito su obra. Para allanarle el camino al texto.”
Pero nadie se quiere morir así y menos sabiendo que la vaca todavía puede dar un poco de leche. Al fin y al cabo quién no se contradice algunas veces en su vida.

7 – ¡Qué trío de pájaros! Hay un refrán inglés que dice: Birds of the same feathers fly together  (Pájaros con las mismas plumas vuelan juntos). La anterior confirma lo pertinente de la expresión.

8 – Los diferencia cómo maneja cada uno sus contradicciones: Proust, las ignora. Dice que sólo el texto interesa y escribe un ladrillo de chismes y procedimientos criticando lo que termina haciendo. Ecco, dice que el autor “debería” morirse y dejar el camino libre pero, a pesar de esos buenos propósitos, continúa escribiendo muy solemne. Barnes las trae a la superficie, las toma en solfa y aprovecha para escribirlas y divertirse.

9 – El libro es muy borgiano en eso de no citar al inspirador, dar señales equívocas y dejar algunos pocos rastros para que el crimen no sea perfecto.

10 – ¿Qué crimen? El de escribir un libro, una biografía, algo que pretenda ser objetivo o captar la realidad. ¿Qué realidad?  Bueno, paremos acá. Todo sabemos que al fin nada es cierto… (Catulo Castillo, A Homero, tango. – Se refiere a Homero Manzi, no al griego. ¡Ojo!)

11 – Hablando de tangos hay uno que viene a cuento: Qué querés con ese loro, tango satírico de 1929, de Manuel Romero y Enrique Delfino. Lo popularizó una gran cantante y actriz: Sofía La Negra Bozán. Habla de un tipo que se engancha con una bataclana y su mujer la desvaloriza llamándola loro. Pero el tipo se las pica y se libera del yugo conyugal. Disculpas por la redundancia.

12 – El tipo sería lo que hoy llamamos un viejo verde. Ese color “verde” que se atribuye a los viejos libidinosos y a los chistes con alusiones sexuales no viene del color de las plumas de los loros sino del latín viridis que significa vigoroso y ya la usó Virgilio en su Eneida canto IV: la vejez de Dios es briosa y verde.

13 – Es que loro viejo no aprende a hablar.

………..

23 – Más vale loro embalsamado que cien volando.

24 – La literatura es nutricia, como la leche.

25 – La leche sale, mejor dicho la sacamos, de las ubres.

26 – Las ubres son ubérrimas. Y las palabras cambian con el tiempo. Antes uber y ubérrimo  hacían pensar en un festín de alimentos, fertilidad y abundancia; ahora, en un conflicto entre autos de alquiler y taxistas.

…………….

32 – Una de las plumas más hermosas del loro de Barnes es la irónica puntualización de las diferencias entre “coincidencias” y “casualidades” en las investigaciones de los biógrafos sobre sus biografiados. El delirio los lleva a ver cosas donde no hay nada. (Cap. 5)

33 – Otra pluma brillante es la del capítulo 3: el biógrafo se encuentra ante la imposibilidad de escribir la biografía de Flaubert pues su fuente principal, unas cartas que iba a adquirir, fueron quemadas. El narrador cambia y termina hablando de sí mismo, escribiendo su autobiografía.

34 – Lo anterior está en línea con esa idea de que leemos para ir seleccionando partes de nuestra biografía. Buscando nuestra propia identidad.

………………

39 – Los lectores disfrutamos del virtuosismo de Barnes que maneja la zurda y la derecha con igual contundencia. Tan pronto te tira un cross certero de teoría literaria como un uppercut de ensayo o te hipnotiza contando un viaje en transbordador. Además ya ha encontrado un hobby para cuando cuelgue la pluma: la taxidermia.

40 – El pobre loro termina todo desplumado. Las polillas y el paso del tiempo se ensañaron con él, tan cruelmente, como los escritores con sus venerados precursores.

Fernando Terreno
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jueves, 20 de abril de 2017

Gente mayor


A partir de cierta edad, junto con los años, llega una sensación de impunidad. Se manifiesta en formas muy variadas: adelantarse en la fila del banco, cruzar la calle por donde sea o cuando el semáforo acaba de cambiar, hacer comentarios –en general a desconocidos– que no se hubieran permitido en otros tiempos. No todos los mayores sufren estos impulsos de guardadas rebeldías pero, cuando llegan, no discriminan sexo: ocurren tanto en mujeres como en hombres.

Algunas damas lanzan piropos directos y subidos de tono a sus circunstanciales interlocutores, sin discriminación de edades y situaciones, causando intrigas y sorpresas.
Otras veces, los comentarios son francamente provocativos. Señores que uno diría serios, desordenan estanterías de negocios, trastocan etiquetas o sustraen honorablemente una perilla del artefacto en exhibición. Pareciera que, más que buscar una reacción del aludido/a, quisieran reafirmar su autoestima o dejar sentada una demanda de atención, de decir “todavía estoy aquí y…”

Claro que esa repentina osadía tiene sus límites, las palabras se dicen a media voz, la perilla se deja escondida en otra estantería ante la menor sospecha de haber sido visto, la caca del perro, que se pensaba dejar como regalito, se recoge velozmente si aparece algún vecino a la vista. Hay suficiente experiencia en los actores como para evitar ser sorprendidos con el cuerpo del delito, desentenderse ante el menor atisbo de que la situación se puede complicar y un especial talento –que también se desarrolla en paralelo– para hacerse los zonzos.

Un señor había tomado la costumbre de cambiar en el supermercado las pequeñas etiquetas con el precio y ponerle a un vino de calidad las del vino Toro, el más barato por esos tiempos. Los códigos de barras no habían aparecido todavía. Metía una botella en el resto de su compra, pagaba y luego, en su casa, la disfrutaba con multiplicado placer. Repitió la operación algunas veces hasta que la cajera, harta, separó la botella, lo miró fijamente y la facturó al precio real sin dejar de mirarlo.
–De acuerdo, –dijo como un chico retado por la maestra y no volvió a repetir la maniobra.

Tiempo después, en la fila de cajas del mismo supermercado, solía hacer algunos comentarios, en especial si la predecesora era una mujer y más aún si era bonita. Los decía en piamontés y en un volumen que podía ser escuchado por la destinataria o no. Creía que al hacerlos en el dialecto aseguraba su impunidad y quedaba protegido ya que era poco probable que alguien lo entendiera.
¡Barda che sei comaira! (Mirá que sos flaca.) –dijo un día, seguramente interesado en la silueta de su antecesora. No obtuvo ni un gesto ni un movimiento de recibo por su mensaje. Entonces, seguro y envalentonado, prosiguió en piamontés:
–Cuando esté arriba tuyo esos huesos me van a pinchar por todos lados.
La esfinge se dio vuelta, lo miró de arriba abajo y, sin inmutarse, dijo en perfecto castellano:
–Vos tampoco sos muy gordo.
Dejó las compras en el carrito y abandonó el campo de batalla a toda velocidad. Cuando llegó a su casa todavía le duraban las palpitaciones.

Las historias son de primera mano. Me las contó el propio protagonista, un señor conocido, mi padre.
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viernes, 17 de marzo de 2017

Junot Díaz

La maravillosa vida breve de Óscar Wao de Junot Díaz



Una novela norteamericana
La vida de Óscar, norteamericano hijo de dominicanos, un nerd angustiado por la obesidad, la marginación y los problemas de la adolescencia a los que trata de conjurar con su afición por la literatura, se entreteje con la saga de la familia de León y la historia de la República Dominicana, en especial desde 1930, con la llegada del dictador Trujillo al poder.
Escrita originalmente en inglés, la novela saca ciudadanía norteamericana con su historia de minorías, de inmigración, de seres marginales. Sus personajes son los continuadores de los de Tobacco Road, de El corazón es un cazador solitario, de Mientras agonizo y de la literatura norteamericana posterior a la crisis de 1929.  El vacío, la falta de trabajo y la frustración de aquellos personajes se han transformado en adicción a series, películas, la play, los jueguitos –el protagonista está en los finales del siglo XX–, pero la alienación y el sinsentido son iguales.


Se destacan la multiplicidad de voces y relatores, unas notas al pie que funcionan como crónica separada en las que cuenta la “verdadera historia” de la RD, el lenguaje y la fluidez del relato, al punto de dejarnos convencidos de que los dominicanos en Nueva Jersey hablan así.
Sin haber leído el original en inglés, imagino que la traducción es muy buena y facilita la lectura en ese español contaminado que al cabo de pocas páginas nos resulta muy familiar y hace que lo aceptemos por entero. Muy bien resuelta la dificultad de escribir en ese habla que no alcanza a conformar una lengua pero mezcla deliciosamente a ambas. Está explicitado desde el vamos por el autor con el epígrafe de Derek Walcott.


Un párrafo aparte para la buena intención de contraponer la novela a La fiesta del chivo (págs. 93 y 129), donde Mario Vargas Llosa publicita la versión de la CIA sobre la historia trágica de la República Dominicana. Su “verdadera” historia, bastante ajustada a los hechos, se deshace un poco cuando cae en la misma trampa que nos tendió MVL y nos dice que eso fue una “culocracia” y todo sucedió porque Trujillo era un cogedor insaciable (págs. 228/229).
Sabemos que fue una tiranía brutal, prohijada por los EEUU, y parte de un plan sistemático que incluyó a Somoza en Nicaragua, Batista en Cuba, Pérez Giménez en Venezuela, Trujillo en RD, etc. etc., con el objeto de continuar sus políticas de robo y saqueo, como lo sigue haciendo en la actualidad.


Entre los puntos menos agraciados puedo señalar: una diferencia demasiado grande en el tamaño de los capítulos que  desequilibra la estructura (varios personajes tienen más peso que el supuesto protagonista), un notorio ir de mayor a menor (el primer tercio fluye y atrapa; el segundo se muestra reiterativo, y el final es vacilante, parece que no lo puede cerrar, explica demasiado) y que los personajes sean demasiado planos (permanecen iguales a lo largo de todo el texto).

Me habían dicho que es una novela de un escritor dominicano y que resultaba un hecho auspicioso para la literatura latinoamericana. Esto no es así, en absoluto. Es una novela norteamericana, que expone la visión que desde su cultura, vida y formación en EEUU tiene un escritor norteamericano, inmigrante, de origen dominicano sobre la diáspora y el país de sus ancestros. Pensar otra cosa sería tan ingenuo como considerar a Gonzalo Sánchez de Losada un presidente boliviano. Nada de esto invalida la novela: ficciona, resulta creíble y entretiene. El autor muestra su manejo del arte de la escritura –en la mejor tradición de la literatura norteamericana– dialogando con el lector (págs. 163, nota 17, 129), alternando humor y tragedia, mostrando la circularidad de las historias, la imposibilidad de escapar al destino y al eterno retorno. Una historia bien contada que nos lleva por caminos que vale la pena recorrer.

PD -Al final hay una perla: en el insufrible listado de agradecimientos que remarcan como otro sello más la ciudadanía norteamericana, está Farhad Ashgar, el director de cine iraní que 10 años después ganaría el Óscar y al que Trump impidió retirar el premio.
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viernes, 30 de diciembre de 2016

Breve antología de la literatura universal



Canta, oh diosa, no sólo la cólera de Aquiles sino cómo al principio creó Dios los cielos y la tierra y cómo luego, durante más de mil noches, alguien contó la historia abreviada del hombre, y así supimos que a mitad del andar de la vida, uno despertó una mañana convertido en un enorme insecto, otro probó una magdalena y recuperó de golpe el paraíso de la infancia, otro dudó ante la calavera, otro se proclamó melibeo, otro lloró las prendas mal halladas, otro quedó ciego tras las nupcias, otro soñó despierto y otro nació y murió en un lugar de cuyo nombre no me acuerdo. Y canta, oh diosa, con tu canto general, a la ballena blanca, a la noche oscura, al arpa en el rincón, a los cráneos privilegiados, al olmo seco, a la dulce Rita de los Andes, a las ilusiones perdidas, y al verde viento y a las sirenas y a mí mismo.

LUIS LANDERO, del libro Quince líneas, Editorial C. C. Faroni, España, 1996.

El texto anterior lo tomé de una antología que hizo Raúl Brasca para la Editorial del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, Buenos Aires, Argentina: Dos veces bueno 3.
Obviamente hubo otras dos anteriores, todas dedicadas a relatos breves y minificciones. Se consiguen en Buenos Aires, en el Centro Cultural de la Cooperación, Avda. Corrientes al 1500 y estoy seguro que los hará adeptos al género.
El autor logra una compactación increíble de textos clásicos y autores, veinticuatro,  muchos de los cuales estoy todavía tratando de descubrir.

La ilustración es de Raúl Olcelli. (Puente Negro en amarillo y verde)
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martes, 25 de octubre de 2016

Griseta - 2


Un lector señaló que el artículo anterior tiene una falta, que no habla de la griseta por antonomasia: Mimí Pinsón. Para saldarla, va un fragmento de la novela de Alfredo de Musset (1810-1857) donde el autor hace una descripción de las grisetas, sus vidas y sus trabajos en los talleres de costura.
Por si hubiera que sumar analogías, también Mimí tiene un tango emblemático: Mimí Pinsón, 1947, letra de José Rótulo y música de Aquiles Roggero.

- I -
     Entre los estudiantes que cursaban el año pasado en la Escuela de Medicina había uno llamado Eugenio Aubert. Era de buena familia, y apenas contaría diecinueve años. Sus padres, que residían allá en la provincia, le pasaban una pensión modesta, aunque suficiente para él.
En el trabajo era el primero; mas si se trataba de una noche de alegría -una cena en el Molino o un baile en la Cabaña-, la Madamita se encogía de hombros y se recluía en su pensión. Y -cosa inaudita entre estudiantes- aunque su juventud y su figura le hubieran proporcionado un gran éxito, no sólo no tenía ninguna amante, sino que jamás se le vio pasear frente al taller de una modista, ocupación inmemorial en el Barrio Latino. Las beldades que pueblan los alrededores de Santa Genoveva y prodigan su amor entre los escolares le inspiraban una especie de repugnancia odiosa. Las miraba como a una raza aparte, perniciosa, ingrata y depravada, nacida para sembrar por todas partes el mal y la desgracia, a cambio de algunos placeres.
     Inútil decir que los amigos de Eugenio se burlaban continuamente de su moral y sus escrúpulos. Marcelo -un camarada sin otra ocupación que gozar de la vida- solía preguntarle:
     -¿Qué pueden probar una falta o un accidente que han sucedido una vez por casualidad?
     -Que debemos abstenernos- respondía Eugenio-, por si sucede otra.
     -Falso razonamiento -replicaba Marcelo-; argumento falso que cae por su base. ¿Por qué vas a guiarte?
     -Yo digo y sostengo -continuaba Marcelo- que se puede y se debe hacer el elogio de las grisetas, y que, con moderación, su trato es beneficioso. Primero, porque son virtuosas, pues se pasan el día confeccionando trajes, lo más indispensable al pudor y a la modestia; segundo, porque son honestas, pues no hay maestra que no recomiende a sus oficialas un trato exquisito para sus clientes; tercero, porque, acostumbradas a tener entre manos finas holandas y ricas telas, cuyos deterioros las descuentan, son cuidadosas y limpias; cuarto, porque beben ratafia, lo que las hace sinceras; quinto, porque son económicas y frugales, ya que las cuesta mucho ganar más de un franco, y si en ocasiones se muestran glotonas y gastadoras, jamás arriesgan su propio dinero; y sexto, por su natural alegría, pues, dedicadas a un trabajo tedioso, como pez en el agua saltan gozosas al acabar su tarea. Otra de sus grandes ventajas es la seguridad de que no nos persiguen, porque, clavadas a una silla de la que no han de moverse, las es imposible ir tras los pasos de su amante como hacen las damas de la alta sociedad.
Tienen, es verdad, el inconveniente del hambre y la sed a todas horas, precisamente a causa de su temperamento ardiente; mas ya es sabido que se las puede contentar saciando sus deseos con un vaso de cerveza y un cigarrillo; cualidad preciosa que muy raramente se da en el matrimonio. En fin, insisto en que son buenas, agradables, fieles y desinteresadas, y en que es muy lamentable que algunas acaben en el hospital.

Alfredo de Musset, Mimí Pinsón, fragmento del Cap. I
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martes, 18 de octubre de 2016

Griseta -1-


Griseta es una joven de condición humilde que ejerce la libertad sexual (Nuevo diccionario lunfardo de José Gobello).
La palabra viene del francés grisette: obrera. Primero se llamó así a una tela gris, algo ordinaria, con la que se hacían los delantales y la ropa de trabajo que usaban esas obreras y los empleados de almacenes y talleres; de allí pasó a ser el sustantivo que las nombra.
Hacia el 1700, en Francia, se llamaba así a las bordadoras y costureras a las que les atribuían actitudes de “liviandad” o de “dejarse seducir fácilmente” (¡¿?!). La palabra pasó a ser sinónimo de “mantenida”.
En la Argentina hay un hermoso tango que las evoca y homenajea relacionándolas con las heroínas de las novelas románticas de mitad del S XIX, La Boheme, Manon Lescaut y La dama de las camelias. (Ver la entrada del 10 de diciembre de 2009 http://lapulpera.blogspot.com.ar/2009/12/literatura-y-longevidad.html).

Fueron  el resultado o consecuencia de la irrupción de la mujer en las primeras formas de trabajo organizado en pequeños talleres, típicos de los finales del feudalismo y principios de la Revolución Industrial. El poder conseguido en el trabajo y el roce social las hacía aspirar a mejores condiciones de vida y el dinero que faltaba lo conseguían intercambiando favores con burgueses, aceptando sus galanteos y sostén económico. La moda de tener una amante francesa llegó a la Argentina muchos años después, de la mano de los hijos de las familias patricias que iban a Europa a tirar manteca al techo y de las políticas migratorias de la generación del 80.
 

Ida Gruget, la “autora” de la carta de la entrada “Con el mismo cuento 42”, es una de ellas y Balzac la describe de esta forma:
La tal demoiselle era ese tipo de mujer que solo se encuentra en París. Se hace en París como el barro, como el pavimento, como…
Era aquella una griseta de París, pero la griseta en todo su esplendor; la griseta que va en coche, feliz, joven, bella, fresa pero griseta al fin y griseta con garras, con tijeras, osada como una española, gruñona como una inglesa gazmoña, que reclama sus derechos conyugales, coquetea como una gran dama, mas franca y dispuesta a todo; una verdadera leona, salida del pisito donde tantas veces soñara con las cortinas de indiana encarnada, el mueble forrado en terciopelo de Utrecht, la mesita del té, el gabinete de porcelana con asuntos pintados, la causeuse, la alfombrilla de moqueta, el reloj de alabastro… en una palabra, con todos los goces de la vida de las grisetas; la mujer de su casa, antigua griseta también, pero griseta con bigote y perilla, con las visitas al teatro, las castañas a discreción, los trajes de seda y los sombreros; en una palabra, todas las felicidades calculadas en el obrador de las modistas, menos el coche, que no aparece en los ensueños del obrador, sino como el bastón del mariscal en los del soldado raso.

Honorato de Balzac, Ferragus,  jefe de los devorantes, 1833, Obras completas, Tomo V, pág. 227. Editorial Aguilar.
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jueves, 13 de octubre de 2016

Humor 103 - Medicina, cultura y actualidad


1‒ Colón
Un día como hoy, hace 524 años, Cristóbal Colón paseaba por los manglares cuando observó cómo un indígena se metía una banana en el culo. Corroído por la curiosidad hizo lo mismo en la soledad de su camarote.
Más de 500 años después a este tipo de prácticas anales con introducción de aparatos se las conoce como “Colón nos copia”.
A ver si aprendemos un poquito de historia que la cultura no hace daño.

2‒ Virus al ataque
 Se reúnen el virus del VIH con los bacilos de la Meningitis y el Cólera y deciden atacar a Mauricio Macri.
Va primero el meningococo. Al volver le preguntan cómo le fue.
-Mal, me cagó. ¡El tipo no tiene cerebro!
-Dejámelo a mí, -dice VIH y parte a cumplir su misión.
Al rato regresa y sus colegas lo interrogan:
-¿Y…?
-Mal, mal. Fue imposible entrarle, está rodeado de forros.
-Ahora se las va a ver conmigo, -dice el vibrión colérico y parte.
Al rato vuelve cabizbajo.
-¿Cómo te fue?
-¡No pude hacer nada! Este Macri es muy hábil. Se manda una cagada tras otra, ¡pero siempre se lava las manos!


Estos cuentos fueron robados a eminentes galenos que prefieren conservar el anonimato… y sus puestos en el (des)gobierno. Gracias doctor NN y doctora NN.
La viñeta es de Guillo.
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sábado, 8 de octubre de 2016

Con el mismo cuento 42 - Balzac y César Bruto

Ferragus, jefe de los devorantes (frag.)
¡Enrique!
En el número de sacrificios que yo me abia impuesto por ti, figuraba el de no darte jamás noticias mias; pero una voz irresistible meordena acerte conocer tus crimenes para conmigo. Ya se de antemano que tu alma, en callesida por el visio, no se dignará compadecerme. Tu corasón es sordo a la censibilidad. ¿No lo es a los gritos de la naturalesa? Pero ¿ké mas da? Yo debo desirte hasta ké punto te has hecho culpable…
…prométeme ke me perdonarás el camino ke boy a emprender. Mi amor me ha dado valor y me sostendrá en la birtud.
No olvides nunca ke mi suerte es obra tuya y júsgate. Ya que el sielo no no kiere castigarte por tus culpas, de rodiyas…
Pero por favor, escríbeme ensegida una palabra, que me dará el valor que necesito para soportar mis azbersidades. Adiós, autor de todos mis males, pero el hunico amigo que mi corasón ha elegido y que gamás olvidará,
Ida.

Esplicasiones de una Señora que sescapa con otro (frag.)
Negro:
te pido por fabor de que no tomés a mal que yo agarre mis prendas de vestir y me vaya del cotorro, ni que pensés de mí con lijeresa, aplicándome tal o cual metáfora dibna de mejor suerte… ¡Te juro que me voy para tu bien, negrO, y que algún día vas a comprender todo el tremendo sacrificio que hago para que triunfés con tu concomitansia de poetA y de conpositor de música, todo lo cual hoy andás bastante flojo y sin poder encontrar un tema para un gran tango que te haga venir popular y honbre de plata!
            ¡Adiós negrO, no mechés la culpa de nada y pensá que todo lo hago para que triunfés con una cansión en contra mía… ¡Ha, y apurate que te van a desalojar antes del 30!
            Se despide de vos, tu tierna conpaniera quescapás de haser cualquier cosa parayudarte, Camila (haora gladiS”).


El autor del primero es Honorato de Balzac (1799-1850) y pertenece a su novela Ferragus, jefe de los Devorantes, publicada en 1833 y más tarde incluida en las Escenas de la vida parisiense de La comedia humana.
César Bruto (Carlos Warnes, 1905-1984) es el autor del segundo fragmento, incluido en su libro El secretario epistolárico de 1955.
Fue periodista, escritor y humorista, autor de obras hermosas entre las que se destacan las que hizo en colaboración con el dibujante Oski: El medisinal brutoski ilustrado y Los grandes Inbentos deSte mundo.
Dueño de un humor desopilante, tenía muchos admiradores por ese estilo de “crear un nuevo idioma rompiendo con la ortografía y la sintaxis”. Cortázar era uno de ellos, al punto de incluir un texto suyo como proemio de Rayuela.
Sin negar en absoluto su fino humor y su creatividad, me parece que hay una deliciosa presencia del francés en su “original” estilo.

Como hace un tiempo que no hablamos del tema de “la influencia” vale hacer un pequeño repaso: es, según Harold Bloom, la tensión de la pugna entre el escritor y todos sus antecesores, en la cual se evidencian «las sombrías verdades de la competencia y la contaminación».
Para el creador del concepto, cualquier obra literaria actual lee de manera errónea –y creativa- y por lo tanto reinterpreta a los textos anteriores.
J. L. Borges también reflexionó sobre el punto, en Kafka y sus precursores, postulando que todo gran escritor crea a sus precursores.
O como dijo, en criollo, González Tuñón: “En el arte no hay influencias, hay fatalidades de la afinidad.”




El frag. de Balzac está tomado del tomado de: Obras Completas, Tomo V, trad. de Rafael Cansinos Assens, Ed. Aguilar. (páginas 207/208)
El de César Bruto se puede leer completo aquí:
http://aquimequedo.com.br/2009/03/31/esplicasiones-de-una-senora-que-sescapa-con-otro/
El hallazgo de la similitud de los estilos es de Susana Pettinati a quien corresponden los créditos y mi agradecimiento.
Las ilustraciones son de Rep (Miguel Repiso) y Picasso.
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jueves, 22 de septiembre de 2016

Con el mismo cuento 41 - Chateaubriand, Mansilla, Alencar

Romances de indi@s y cautiv@s en la Conquista y Colonización

Atala, 1801, Francisco Augusto Chateaubriand, (1768-1848).
Lucía Miranda, 1860, Eduarda Mansilla, (1834-1892).
Iracema, 1865, José de Alencar, (1829-1877).

Estas tres novelas históricas tienen la misma raíz dramática: los amores entre nativ@s y conquistador@s  y las complicaciones derivadas del encuentro de culturas tan distintas. No es casual que todas sean hijas de una corriente literaria –el romanticismo– que se impuso en Europa después de la Revolución Francesa  y, por otra parte, que compartan la globalizada perspectiva ideológica del poder hegemónico de las potencias conquistadoras y ayuden a conformar nuestra identidad de colonizados.  Cada una con sus propios matices, tanto más que se escribieron dos o tres siglos después de los hechos narrados.
 

Atala, princesa cristiana, hija de conquistador y de madre india de una tribu de la Luisiana, rescata al indio Chactas, preso de una tribu enemiga y le salva la vida. El indio se enamora perdidamente de la bella, pero ella ha hecho votos de castidad cristiana a su madre moribunda. Acorralada entre sus sentimientos y las promesas de castidad, elige el suicidio como salida. El veneno llega antes que la solución que el Padre Aubry, un misionero, encuentra para los amantes.

Lucía Miranda vive con su marido Sebastián Hurtado en el Fuerte Sancti Spíritu, en 1532, en la actual Santa Fe, República Argentina. Han venido con la expedición colonizadora de Gaboto –que  acaba de regresar a España– y conviven pacíficamente con los timbúes comandados por los caciques hermanos, Mangoré y Siripo. Mangoré se enamora de Lucía pero no consigue separarla del marido a pesar de regalos y atenciones. Termina perdiendo la paciencia, prendiendo fuego al Fuerte y muriendo en la acción junto con casi todos los españoles.
Los esposos quedan cautivos de Siripo que es ahora el nuevo enamorado. Tampoco consigue separarlos y ser correspondido en su amor, por lo que los condena a muerte: él muere bajo las flechas y ella en la hoguera, encomendándose ambos a Dios.

Iracema, princesa india de la tribu de los tabajaras, se enamora de Martín, colonizador portugués, al que ha herido y capturado. Él tiene amigos en una tribu enemiga y ella es una vestal que debe conservar su virginidad para servicios religiosos. El amor entre ellos puede más, huyen y tienen un hijo: Moacir. Poco después Martín abandona a su esposa y al recién nacido para pelear al lado de los potiguaras y ella muere.



La historia de Atala también se escribió como pieza teatral, en 1822, por José Fernández Madrid; un patriota colombiano que fue presidente del Triunvirato de su país en 1816. La novela originalmente escrita en francés y publicada en París en 1801, fue traducida al español el mismo año por Simón Rodríguez  –más conocido por ser el maestro de Simón Bolívar–  que firmaba con el seudónimo S. Robinson.

La de Lucía Miranda dio lugar a la primera obra de teatro Argentina: Siripo, escrita por Manuel J. de Lavardén en 1786, perdida parcialmente y de la que sólo se conserva la segunda parte. Ya en el siglo XX, la  historia fue reescrita por Hugo Wast y sirvió de argumento para una ópera de Felipe Boero.
 

Algo debe tener el tema para que con ligeras variaciones se siga utilizando hasta hoy en diferentes países de nuestra América, incluyendo una versión Disney: Pocahontas. ¿Alguien tiene alguna hipótesis para aportar?
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