viernes, 14 de septiembre de 2018

Títulos admirables


Cerrado por melancolía y Cuentos de amor, de locura y de muerte. Más allá de los cuentos incluidos, algunos cercanos al “cuento perfecto” que todos quisieran escribir, los títulos de estos libros me parecen superlativos. El primero, porque es un adjetivo o verbo y un sustantivo que se refuerzan y actúan entre ellos en una combinación demoledora y el segundo porque es una síntesis de los temas que están presentes en todo buen cuento.

Entre los títulos de libros de poesía me resultan particularmente gratos e interesantes Una temporada en el infierno y Otoño imperdonable.
La poesía es el género donde los títulos, cuando son malos, suelen ser difíciles de soportar: De mi lira, Estrellas en la noche, Del solar nativo, En el rosal.
Entre otros que no me gustan está también Las nieves del Kilimanjaro. Tengo aprensión por los escritores que necesitan fotografiarse cazando elefantes, pescando tiburones o explorando continentes extraños. Me parece que con escribir bien, alcanzaría.

Mientras  agonizo, Nicolasa verde o nada, Viaje al fin de la noche, Cien años de soledad también están entre los títulos más inspirados que se hayan escrito, a mi gusto y entender. En este caso todos de novelas. Y hablando del tema recuerdo un sardónico comentario de J. L. Borges sobre El sayal y la púrpura y Todo verdor perecerá: ¡Qué títulos impresionantes escribe Mallea, lástima que después se obstina en acompañarlos con una novela!

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sábado, 1 de septiembre de 2018

Mi personaje inolvidable


Hace años, en Selecciones del Reader’s Digest, había una sección con este nombre. Lo que sigue va como homenaje.

Si adivina mi nombre no le cobraremos el trabajo. Eso dijo, muy seguro, con su fresco acento gallego y bajó de la camioneta para dar unas pocas indicaciones a su gente sobre la forma en que izarían esa mole de 25 toneladas.
La camionera SRL – Grúas y transportes era una empresa familiar con Rodríguez por todos lados. Varias generaciones, hermanos, tías, tíos, primas, sobrinos, hacían todas las tareas del negocio. Sacando a Omar A. Rodríguez, el gerente, los demás no tenían nombre de pila sino funciones y parentescos: la prima telefonista, el chofer, la  tía contadora, el primo gruista.
Con el tío capataz habíamos estado conversando, durante los preparativos, un poco del asunto y mucho de España, de esto y de aquello. No recuerdo cómo fue que le comenté mi interés por los nombres y la creencia de que tenían mucho que ver con el destino de las personas, que los padres ponían en ellos sus deseos, su historia; mandatos y marcas de origen e identidad, en síntesis. 
¡Qué va, hombre! Un nombre es un nombre y nada más. No sé de dónde saca usted estas cosas.
Y ahí nomás me hizo la propuesta aquella, sin saber yo, todavía hoy, por qué.

Candelario, Rigoberto, Concepción; empecé por los raros, sin éxito. Entonces, para no perderme, recurrí al alfabeto: Andrés, Antonio, Bernardo, Carlos, Casimiro, Cecilio,…
El seguía cebando mates en la camioneta y yo dale que dale. Fulvio, Gerónimo, Héctor.  El tiempo pasaba y la sonrisa se le iba ensanchando. Los muchachos ya habían asegurado la carga y se acercaba el momento del izado. Oscar, Pedro, Roberto, Tiburcio,… En 5 levantamos dijo un sobrino. Sí, contestó él y a mí me seguía haciendo No con la cabeza. Ubaldo, Vladimiro, Walter, Zenón… No, no y no. ¡Segismundo!  No, tampoco. Me doy por vencido. ¿Seguro? Seguro.
Me llamo Viriato. Sí, Viriato. Viriato, como el comandante de Numancia, el héroe ibérico-lusitano, gloria y esencia del espíritu español. Ah, ¿no lo conocía? Nunca lo oí nombrar siquiera. El mismísimo Cervantes escribió su historia en una novela muy hermosa: Numancia. Viriato era el jefe de los numantinos, mantuvo a raya a los romanos durante doce años. Nunca pudieron vencerlo militarmente hasta que lo asesinaron unos traidores sobornados por los invasores.

Sobornados y burlados, porque una vez que lo mataron, cuando fueron a cobrar lo convenido al campamento romano, Escipión los hizo matar diciendo el famoso “Roma no paga a traidores.”
Es una historia muy bonita, podría hablarle horas del tema. Desde niño me gusta mucho la historia. Es uno de los gustos que me doy: leer libros de historia. ¿Y no ve usted en eso un cierto camino señalado por sus padres al ponerle Viriato? ¿Hubiera sido igualmente aficionado a la historia sin ese nombre? Pero no hombre, ¡qué va! Me gustaría igual si me hubieran llamado Juan o Pedro. No estoy tan seguro. En ese caso, a lo mejor se hubiera dedicado a los Evangelios…
¡Pero por favor! ¡Usted inventa las cosas que le convienen o tiene una fantasía a más no poder, hombre!

Así conocí a Viriato Rodríguez. Y por él al Viriato guerrero y al Viriato que inventó Cervantes, que además de ser un gran novelista resultó ser un gran publicista: Numancia es una de los primeros libros en proponer y consolidar la idea y el nombre ESPAÑA. Gracias, muchas gracias, a los tres Viriatos.


Algo más sobre Viriato en estos enlaces:
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miércoles, 15 de agosto de 2018

Elegí tres películas que te representen o hablen de vos.



Escuché esa consigna en un programa de entretenimientos sin pretensiones, hace unos días, en una radio que no recuerdo. Al principio me sonreí pero enseguida mordí el anzuelo y puse manos a la obra.
Al rato el tema parecía más que interesante y me sorprendió que –si contestaba con absoluta sinceridad– no eran los títulos más prestigiosos los que me “representaban”, sino algunos que se habían deslizado dentro de mí por caminos que ignoro.
Acá están: Il sorpasso, Made in Argentina y El último Emperador.


A Il sorpasso la debo haber visto más de 20 veces y todavía tengo en mis oídos el sonido de la bocina del Lancia ß que manejaba Gassman. Le envidiábamos todo y quería, secretamente, tener su pinta, su cancha, todo. A pesar de estar más cerca de la edad de Trintignant, queríamos ser Gassman.
Cuando la realidad ya nos había alcanzado, vino Made in Argentina. No recuerdo otra ocasión en que haya llorado tanto en un cine, casi me deshidraté, no podía ni levantarme del asiento. Al final un acomodador me trajo una gaseosa de naranja, se quedó a mi lado hasta que me repuse y me acompañó hasta la salida. Todos estaban muy bien, pero la actuación de Martha Bianchi era de una sutileza tal que creo fue ella la que tocó la cuerda precisa.
El último Emperador la vi en ese momento de la vida en que empezamos a entender la finitud y buscar cuáles son las cosas que importan. El pequeño Emperador sorprende a su tutor inglés (Peter O’Toole) preguntándole por su vida y este le cuenta que ha sido profesor en… y que estuvo viajando por… hasta que el joven lo detiene y pide que no le cuente banalidades sino cosas “importantes”. “¿Cuáles, por ejemplo?” dice el tutor y el chino responde: “¿Dónde están enterrados sus antepasados?”
Desconfiábamos de Bertolucci, supuestamente vendido a Hollywood que lo tragaría con su maquinaria, y nos regaló esa magnífica fábula americana al revés: alguien que nace como Emperador y termina como Jardinero.
De modo que sólo me queda decir muchas gracias a Dino Risi, a Juan José Jusid y a Bernardo Bertolucci por estas joyas. Por estas, que llevo en el corazón, y por tantas otras que completan una obra maravillosa.
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lunes, 13 de agosto de 2018

Con el mismo cuento 52 – J. L. Borges y Andrés Rivera

Pedro Salvadores, 1969, cuento de Jorge Luis Borges, (1899-1986).
En esta dulce tierra, 1984, nouvelle de Andrés Rivera, (1928-2016).

Esta entrada incluye dos casos de reescritura.
Uno tiene el beneficio de la duda dado que los autores no lo han explicitado. El cuento y novela giran alrededor de la misma historia: un hombre escapa de la persecución de seguidores de Rosas escondido en un sótano… durante más de diez años.
El otro es pura certeza: quien encontró el paralelismo entre las dos obras –y generosamente me autorizó a incluirlos en esta serie– es el escritor Nerio Tello, que se refirió a ellas en su columna de la Revista Leemos:  http://www.revistaleemos.com/historias-reescritas/
Ahí hay un resumen de las historias, un amoroso reconocimiento a sus autores y a la forma de contarlas, más allá de si son originales,  reescrituras o lo que sea. Es que Nerio Tello además de escritor ha sido editor, tiene una actitud generosa con sus colegas y deja fluir su admiración sin tapujos.

Como los lectores podemos permitirnos menos corrección les diré que, en mi modesta opinión, el cuento de Borges es bastante pobre, está entre los peores que ha escrito. Lleno de “bajadas de línea” y opiniones históricas tendenciosas; tapizado de adjetivos sobre su propia narración (“…uno de los hechos más raros y más tristes”,  “esa historia es atroz.”, ¡pensar que se reía de Horacio Quiroga porque decía que adjetivaba!)
Podría agregar que los personajes son planos, que está lleno de enunciaciones en condicional dadas después por ciertas, que no alcanza a ser un cuento; parece más bien un apunte de esos que los escritores hacen en una servilleta de bar para que no se les escape alguna idea sobre la que volverán alguna vez.
Hay un hecho repetido en Borges: cada vez que el odio (a Rosas, a Perón o al que sea) se le cruza con algún personaje o con los hechos históricos su producción baja en calidad hasta niveles impensados.
El final es sincero e implacable con él mismo: Como todas las cosas, el destino de Pedro Salvadores nos parece un símbolo de algo que estamos a punto de comprender.
Sus lectores tampoco comprendemos cómo publicó eso.

En esta dulce tierra atrapa desde el principio en que un amigo le comenta al protagonista, el doctor Cufré, que Manuel Vicente Mazza ha sido asesinado en su despacho de la Sala de Representantes de la calle Perú al 200 –hoy Manzana de las Luces– Buenos Aires. Es el 27 de junio de 1839.
Primera de las novelas históricas de Rivera, obtuvo el Segundo Premio Municipal en 1984 y dio lugar a una prolífica serie que continuó con la más conocida: La revolución es un sueño eterno, Premio Nacional de Literatura en 1992.
Toda su escritura transcurre dentro de sucesos históricos cuya naturaleza es incierta y que son vistos de maneras opuestas por sus participantes. Las miradas son vacilantes: el paso de un regimiento hacia el centro de la ciudad es interpretado como signo de victoria por algunos, cuando en realidad se están replegando ante una posible derrota. Igual que el protagonista de Stendhal que participa en la batalla de Waterloo y no sabe si han ganado o perdido hasta días después.
Lo mejor que aporta es lo relativo de las interpretaciones de los hechos.
El autor lo ha dicho explícitamente: “Un hombre, cuando escribe para que lo lean otros hombres, miente”. ¿Fatalidad? Nada de eso. “Yo no me quiero escudar en el personaje –dice Rivera–, pero quien dice eso es un gran burgués. Y él es el que supone, con algún acierto para el momento en que lo dice, que aquellos que tienen capacidad para escribir y trascender mienten. Y esa trascendencia proviene de un origen de clase”. ( fragmento de un excelente reportaje: http://www.revistaanfibia.com/cronica/andres-rivera-del-obrero-al-procer/ )
Lo menos feliz es el exceso de repeticiones en que el autor incurre, seguramente al tratar de hallar su estilo, que resulta pesado y fatigoso en demasía. A veces parece que sus personajes hablaran para el bronce, pero algunas frases son un acierto y serán recordadas por lo certeras:
-Peleo contra toda esperanza, señor. Eso es, hoy, ser argentino.
La actualidad de su literatura lo ha convertido en un clásico.

El cuento de Borges acá:
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miércoles, 1 de agosto de 2018

Humor 104 - Humores varios y sabios


1‒ Sabiduría judía
Un judío va a ver a su rabino y le dice: Rabino, tengo un inmenso deseo de vivir eternamente. ¿Qué tengo que hacer?
Y el Rabino le contesta: ¡Cásate!
Muy sorprendido, el judío replica: ¿Y con eso voy a lograr mi objetivo de vivir para siempre?
¡No, pero el deseo desaparecerá!

2‒ Sabiduría hindú
Estos son los 6 preceptos que debes mantener siempre en secreto según la sabiduría hindú:
1.       
2.       
3.       
4.       
5.       
6.       
Yo los practico a rajatabla.

3‒ Sabiduría japonesa
El presidente de EE.UU. Ronald Reagan, dotado de un indiscutible sentido del humor, viaja a Japón para dar una charla. Durante su conferencia, suelta una broma. El traductor la transmite inmediatamente a la audiencia y el público nipón estalla en una risa clamorosa. Reagan, terminada su intervención, quiere felicitar personalmente al traductor y le pregunta cómo ha hecho para interpretar tan bien el sentido de su chiste norteamericano a los japoneses. Este, un tanto, incómodo, le contesta: "Señor presidente, yo no he traducido nada. Simplemente les dije que había contado un chiste". 

De yapa, San Pedro y el ángel
San Pedro llama a un ángel y le dice:
‒Esta mañana tengo que ir a hacer un par de trámites a una nube, así que te dejo cuidando las puertas del Cielo.
El ángel, aterrado, le dice que no tiene idea de a quién tiene que dejar pasar o no, pero San Pedro lo tranquiliza:
‒Mira, por hoy vamos a simplificar. Aquí tienes una Biblia y un fajo de billetes de cien euros. Dale a elegir a los que lleguen: si cogen la Biblia les dejas pasar, y si cogen un billete los mandas al Infierno. Aquí tienes mi número de móvil por si hay algún problema‒.
San Pedro se va, y pasa la mañana en sus cosas, hasta que suena el teléfono. Es el ángel:
‒Mire, San Pedro, hasta ahora todo iba bien, pero acaba de llegar un tío que cuando le di a elegir me dijo: "¿Puedo ver un poco?"
Se puso a hojear la Biblia, y cada tanto decía: "¡Hum, qué interesante!", y cogía un billete de cien y marcaba la página; y así hasta quedarse con la Biblia y todos los billetes.
¿Qué tengo que hacer? ‒.
Déjalo pasar, hijo, que ése es del Opus Dei.


Todos han sido honorablemente sustraídos o aportados por amigos cuya identidad debiera ser protegida, pero…
El primero es de Jorge K, el 3 lo tomé de un artículo de Piergiorgio M. Sandri: “El humor según cada país”, que a su vez lo tomó del holandés G. J. Hofstede que… y el último es de Kiko G.
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sábado, 14 de julio de 2018

Con el mismo cuento 51 – Pirandello y Unamuno


Enrique IV y El otro


Habiendo superado los cincuenta artículos, vale recordar la idea original de esta serie: reunir obras que tengan alguna conexión en su temática o abordaje. Encontrar esas reescrituras, homenajes, parodias amorosas y de las otras, conscientes o inconscientes, que muestran que, desde el fondo de los tiempos, a los humanos nos afligen cuestiones parecidas. Hoy toca el turno a dos grandes de la Literatura, ¡que los disfruten!

Enrique IV, teatro (1922) de Luigi Pirandello (1867-1936).
Estrenada en 1922 en el Manzoni de Milán con gran éxito.

El otro, teatro (1926), de Miguel de Unamuno (1864-1936)
Estrenada en Berlín en 1828, en Madrid en 1932 con Margarita Xirgu y en Buenos Aires en 1934 con Lola Membrives.

El primero en darse cuenta del interés de ambos autores por los mismos temas fue ¡el propio Unamuno!  En 1923 –antes de escribir El otro– publica en el diario La Nación de Buenos Aires su artículo “Pirandello y yo” donde admite que la afinidad de ambos es un “fenómeno curioso que se ha dado muchas veces en la historia del arte, de la ciencia o la filosofía… dos espíritus, sin conocer sus sendas obras, sin ponerse en relación… un mismo camino… hayan tramado análogas conclusiones… llegado a los mismos resultados.  …es algo que flota en el ambiente… o late en las profundidades de la historia y que busca quien lo revele”.
Las dos obras son absolutamente singulares y distintas pero tienen especiales coincidencias; en su temática: la locura, el otro, la identidad, la muerte y en su forma: ambas trascurren en un espacio cerrado en el que hay encierro, crimen y locura.

El protagonista de Pirandello, después de un accidente, cree ser Enrique IV, el monarca germano, y el resto de los personajes le sigue la corriente. Después de doce años recupera la cordura pero opta por fingir no haberla recobrado para no ser imputado por un crimen que comete. Toca la compleja relación entre el personaje y el ser, entre ficción y verdad. La locura está más cerca de la verdad que la excesiva adaptación de los cuerdos. Todos los personajes tienen nombre menos el protagonista: al ser rotulado loco, no lo tiene, no ES.

Ernesto, encuentra a Cosme (¿o a Damián, su  hermano gemelo?), esposo de su hermana Laura, en estado de locura. Ha recibido la visita de su idéntico hace una semana y lo ha matado, pero no se sabe quién es el sobreviviente. Se agrega Damiana, esposa del otro mellizo, que viene a buscarlo. Un médico y el Ama intentan infructuosamente resolver el misterio por distintos caminos. Con cierto tinte policial, dudan entre aclararlo o “enterrar el tema” en el ámbito familiar. Unamuno tampoco nombra a su protagonista: este se autodenomina, EL Otro.

Dice Ana Martínez Peñuela: “Existe un paralelismo entre los personajes de ambas obras: hay un personaje que organiza la escena (no olvidemos que para ambos autores la vida es teatro y el teatro es vida) y que va a estar representado por el cuñado de El Otro, Ernesto, y por el sobrino del personaje que se va a creer Enrique IV al que llamaré X, Di Nolli.
Hay dos médicos, tachados de alienistas, dispuestos a curar la locura de El Otro, Juan, y de X, Dr. Genoni ; dos mujeres en cada obra que responden al desdoblamiento de la mujer en Laura y Damiana y en Matilde y Frida; y por último, el doble de El Otroel Uno, y el antagonista de X, Belcredi .
Su completo análisis de la relación entre ambas obras se puede leer en este enlace:
Otro análisis muy interesante de El otro aquí:_


Enrique IV de Pirandello, aquí:
El otro de Unamuno, aquí:

La foto es de la bella puesta de Enrico IV dirigida por Carlo Cecchi en Florencia.
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sábado, 7 de julio de 2018

El peso de la Deuda Externa


Tomando como base a los billetes de 100 U$S podemos calcular el peso en Kg de la Deuda Externa de algunos países para darnos otra idea sobre el tamaño de la desesperanza.

Si consideramos a la deuda externa de la República Argentina en un valor aproximado a los 150.000 Millones de U$S = 150 x 109 U$S o 1500 Millones de billetes de 100 U$S. Como cada billete de 100 pesa 1 gr, podemos concluir que el peso de la deuda es:
        1,5 x 109 gr = 1,5 x 106 Kg = 1,5 x 103 Ton = 1500 toneladas de billetes de U$S 100

Ahora veamos la deuda externa de E.E.U.U., que Trump mediante es de U$S 21.000.000.000.000 = 21 x 1012  que en buen romance significa 21 billones de dólares, lo  que en el gran país del norte llaman 21 trillions. En billetes de 100 pesaría 21 x     1010 gramos,
      21 x 1010 gr = 21 x 107 Kg = 21 x 104 Ton = 210.000 toneladas de billetes de U$S 100

Es decir 140 veces más grande que la deuda externa que nos está dejando Macri a los argentinos y casi 500 veces más grande a la que recibió en Diciembre de 2015.
Podemos sacar algunas conclusiones:
·         La deuda externa argentina se puede llevar en un barco pequeño, del tamaño de una chata arenera de las que andan por el río.
·         La deuda externa de los EEUU no se puede acomodar ni en el barco más grande del mundo. Hacen falta 5 barcos de los Panamax (290 m eslora , 33 de manga), los mayores que admitía el canal.
·         Incluso si se calcula la deuda per capita resulta mucho mayor la de los virtuosos estadounidenses que la de los pecadores sudacas.

Lo que no cabe duda es que se trata de un gran bleuf y de que el que reparte las cartas es el mismo que las imprime. Si hacía falta algún dato adicional para confirmar que se trata de una macabra matufia, podemos agregar que Luxemburgo tiene una deuda per capita de más de 6 millones de U$S por persona, encabezando el listado de las guaridas fiscales junto con Mónaco 400.000, Malta 230.000, Suiza 200.000, Mauricio (las islas, no el cretino) 150.000 y otros refugios de operaciones ilegales.
Todo esto me hace recordar una frase de Friedrich Dürrenmatt, dramaturgo suizo, que decía “Suiza es un proxeneta administrando un prostíbulo que se empeña en hacernos creer que él, las pupilas y los clientes son vírgenes”.
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martes, 26 de junio de 2018

Con el mismo cuento 50 – Enoch Soames


Enoch Soames, cuento (1919) de Sir Henry Maximilian Max Beerbohm (1872-1956)
Enoch Soames (¿-1897), cuento (1977) de Marco Denevi (1922-1998)

Debemos agradecer la difusión del cuento original a Silvina Ocampo, Borges y Bioy Casares que lo tradujeron e incluyeron en su Antología de la literatura fantástica de 1940.
Un escritor mediocre que se considera un genio incomprendido, Enoch Soames, pacta con el diablo –a cambio de su alma– un viaje al futuro para verificar su fama cuando la posteridad lo reconozca. El 3 de junio de 1897 parte por unas horas al siglo siguiente para comprobar que en toda la Biblioteca del Museo Británico hay una sola mención a él, como personaje de ficción de un cuento –que es el que estamos leyendo– que escribirá más adelante un amigo suyo, casualmente el narrador. Este, que se llama igual que el autor, Max Beerbohm, sabe que el pacto es una matufia condenada a frustrar una vez más al pobre Soames, que retorna sin fama y traicionado. Pero es poco lo que puede hacer y, finalmente, se lo lleva el diablo.
El juego entre literatura y metaliteratura es delicioso. El autor agrega personajes reconocidos de la época, algunos amigos suyos, dibujantes, editores, fotógrafos con lo que diluye los límites entre la realidad y la ficción. Cuando Soames le reprocha la traición de que va a escribir un cuento donde lo pone como un personaje, el autor lo desmiente diciendo que él es un ensayista, que jamás escribió cuentos como el que le atribuye. Lo que es absolutamente cierto, salvo por el hecho de que lo estamos leyendo. Ficción y realidad, sueño y fantasía, recuerdos contradictorios; todo se funde y nos deja pensando.

Denevi escribe prácticamente el mismo cuento en una parodia doble: a Beerbohm y a Borges y su Pierre Menard. La diferencia estriba en que su narrador supone real a Soames y este consigue –con la estrategia del arreglo con el diablo– que Beerbohm lo rescate de un olvido seguro. Pero llega 1914 y la Primera Guerra sume todo lo anterior  en el descrédito: “la impostura de Beerbohm se toma por ficción literaria”. Todo vuelve a fojas cero. El Diablo triunfa, el talento y la gloria son degradados por la imbecilidad y el sin sentido. El narrador de Denevi es el único que trata, infructuosamente, de desbaratar el plan diabólico y colocar a los poetas en el Olimpo. Pero fracasará y su vanidad también sufrirá esa dura lección.


Una apostilla para terminar: el 3 de junio de 1997, el Museo Británico se llenó de gente que fue a verificar si Soames andaría por allí, tal como lo aseguraba el cuento. Con humor, flema y puntualidad británicos, a las 2 de la tarde apareció un personaje solicitando ver las fichas de autores que empezaran con SO…  Vestido de época, revisó minuciosamente la información y desapareció misteriosamente, con algo de ayuda del personal del museo. Merecido homenaje a un cuento extraordinario.

El de Beerbohm se lee en cualquiera de estos enlaces:
El de Denevi pertenece a su libro Reunión de desaparecidos, Ediciones Macondo.
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miércoles, 20 de junio de 2018

Diciembre de 2001












Espero no desilusionar a los que llegaron acá pensando encontrar algún comentario relacionado con la gran crisis económica que tuvimos en la República Argentina y que desembocó en la declaración de default a la deuda externa y, posteriormente, en un periodo de desendeudamiento, crecimiento económico y afirmación de derechos de más de una década.

Nada de eso. Se trata de un tema literario del que resultará tentador, para los argentinos, hallar puntos comunes con aquella situación. Me refiero concretamente a Diciembre de 2001 – La mañana verde, una de las historias de Crónicas marcianas de Ray Bradbury. El libro, –una ciencia ficción futurista de 1946/50–, reúne episodios de la conquista de Marte por parte de los terrestres que suceden desde Enero de 1999 hasta Octubre de 2026. Como todas las buenas obras del género asombra por su carácter poético y anticipatorio, a la vez que le caben las generales de la ley: el futuro llega y descoloca.


Los títulos de las historias pueden ser leídos como un sarcástico y demoledor anticipo de la ficción literaria sobre la cruda realidad:
            Enero de 1999 – El verano del cohete (léase: El verano “al cuete”)
            Marzo de 2000 – El contribuyente
            Diciembre de 2001 – La mañana verde
            Abril de 2005 – Usher II
            Abril de 2026 – Los largos años
Me permití remarcar en negrita dos historias. La mañana verde, como una metáfora de lo que nos pasó: el protagonista, a pesar de todo, planta árboles y sueña un futuro mejor y Usher II por el homenaje a Poe y su claridad. Los largos años es un demoledor relato sobre la soledad. Borges hallaba 2004 – La elección de los nombres y Abril de 2000 – La tercera expedición como los más alarmantes y verosímiles. Cualquiera de ellas nos transporta a una situación inesperada e interesante.
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jueves, 14 de junio de 2018

Con el mismo cuento 49 – E. A. Poe y R. Bradbury












La caída de la casa Usher, 1839, cuento de Edgard Alan Poe
Abril de 2005 ‒ Usher II, 1950, episodio de Crónicas Marcianas de Ray Bradbury.

El cuento de Bradbury es un delicioso homenaje al de Poe, al punto que comienza y finaliza con los mismos párrafos. Allí terminan las coincidencias y cada uno sigue su propio camino, uno por el terror del gótico y el otro, por el de una ciencia ficción que disimula una declaración de amor.
Además de la explícita cita, desde el título, a La caída de la casa Usher hay numerosas referencias a otros cuentos de Poe: Los asesinatos de la calle Morgue, El pozo y el péndulo, El tonel de amontillado y más, que una lectura cuidadosa permitirá descubrir. La quema de libros y la censura es uno de sus puntos centrales.
Más allá del reconocimiento al Maestro, la historia es indudable precursora de Fahrenheit 451 que escribiría tres años después.
Y por si todo eso no fuera suficiente hay menciones a viejos conocidos, La bella durmiente,
Blancanieves, Alicia en el país de las maravillas y alguna  frase de Shakespeare. Una perlita: el protagonista se llama William Stendhal, como para que vayamos teniendo en cuenta desde el vamos por dónde va el corazón del autor.
Resumiendo: un banquete para el alma.


Del cuento original se ha escrito y analizado tanto y tan bien que lo mejor será remitirse a los trabajos que hay subidos a la internet. Abajo hay dos enlaces a los textos, pero si alguno estuviera con un ataque de fiaca o no encontrara los lentes para ver desde cerca, La caída… fue llevada al cine en 1960 con Vincent Price y dirección de Roger Corman y Usher II se puede ver en Youtube como una serie de TV con guión del mismo Bradbury. Dura 23 minutos.

La caída de la casa Usher:

Usher II:
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domingo, 3 de junio de 2018

Cuentos de peluquería


Salvación de Yayá, 1977, cuento de Marco Denevi, de su libro Reunión de desaparecidos.
El peluquero y Falsa promesa, 2016, cuentos de Alejandra Zina, de su libro Hay gente que no sabe lo que hace, Paisanita Editora, Buenos Aires.

La peluquería de Denevi es de los años 30 del siglo XX y le permite jugar con lo masculino y lo femenino. El universo de los sicilianos se entremezcla con su clientela extranjera o vernácula y la incorporación de una manicura viene a ensanchar ese mundo hasta límites impensados. Aparecen el amor y el simulacro de la sexualidad. Un ejemplo de cuento clásico hasta en su desenlace de tragedia griega: todo se derrumba y cae, menos la reflexión sobre qué es la identidad y qué es el amor.

Las de Alejandra Zina son más cercanas. Tienen peluquera, coiffeur o estilista, pero la vida pasa por ellas y nos vemos reflejados, al punto de sorprendernos, más que cuando nos miramos al espejo. Es que ella ve esos detalles de nuestras miserias y grandezas que nos enfrentan a nuestra propia vulnerabilidad.  Además, cuando ya creemos saber por dónde va la cosa, hace una finta y sale para otro lado dejándonos sin sosiego.


Salvación de Yayá (fragmento)
            ¿Alguien conoció la peluquería de Doménico Scaricamusuzzo, alias Musú? Estaba ubicada (hablo de los años 30) en la calle San Martín, en el barrios de los Bancos, de las agencias de cambio y de las oficinas de los corredores de Bolsa, un barrio que en los días hábiles parece de fiesta y en los días de fiesta, un cementerio. Allí abrió Musú su peluquería.
            No se equivocó. Una clientela fija, estable, de hombres de negocios, de hombres formales, de buen pasar, algunos extranjeros, dos o tres ingleses (fue uno de estos ingleses el que un día lo llamó Musú, porque ningún inglés, salvo que haya enloquecido antes, sería capaz de pronunciar el apellido Scaricamusuzzo, y aquel Musú les pareció a todos, incluido Musú, tan bello, tan musical…
...         Estaba, pues, don Musú. Estaban los ocho oficiales. Estaba Nicola. Diez sicilianos. Y entre los diez sicilianos estaba Yayá. La mejor manicura del mundo, sin discusión. No arreglaba las uñas, las cambiaba por otras. En el lugar de la uña ponía un pétalo de rosa, la escama de una sirena. Húmeda de rocío o seca y pulida como un trocito de mármol de Carrara.

El peluquero (fragmento)
            Lo conocí en Adriano Coiffeur, era el mejor y todas preferíamos esperar que nos atendiera él. Cuando decidió abrir su propia peluquería, justo a la vuelta, deslizó la tarjeta de su mano a la mía como una cita secreta mientras me hablaba de cualquier otra cosa.
            Walter fue mi peluquero durante casi quince años, el mismo que llevo viviendo en esta calle de Almagro. Nos veíamos una vez por mes, pero el tiempo hizo algo sólido entre nosotros.
       
Walter sabía manipular mi pelo y mis recuerdos. Si estábamos solos, cerca de la hora del cierre, cuando el único cliente que podía caer era el oficinista que pedía maquinita en la barba y en la cabeza, prendíamos un Marlboro cada uno y tomábamos un café...
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martes, 29 de mayo de 2018

Títulos repetidos 14 - La Gaviota


La Gaviota, novela (1849) de Fernán Caballero (1796-1877)
La Gaviota, obra de teatro (1896) de Anton Chejov (1860-1904)
La Gaviota, obra de teatro, (1903), de Nicolás Granada (1840-1915)  editó Plus Ultra
La Gaviota, novela (1943, editada por Salamanca en 2011), de Sandor Marai (1900-1989)

La primera sorpresa de los títulos reunidos hoy es que Fernán Caballero es mujer. Tras ese seudónimo tan masculino y singular encontramos una persona no menos singular. Nacida en Suiza, hija de un alemán hispanófilo y una española, recibió una educación católica y después de vivir un tiempo en Alemania se radicó en el sur de España. Su verdadero nombre era Cecilia Böhl al que cambió, “para el público”, por ese otro de “sabor antiguo y caballeresco… trocando las modestas faldas de Cecilia por los castizos calzones de Fernán Caballero.”
Resulta llamativo que una mujer antiliberal y conservadora a ultranza haya causado una revolución en las letras españolas y, con su costumbrismo, sido la precursora de la novela realista española. Lo mismo pasó con su vida: el apego a las tradiciones, la monarquía y a la iglesia no se condicen con haberse casado tres veces, la última con un joven 18 años menor que ella. Si hacía falta algún dato más, escribió La Gaviota en francés y la protagonista es la hija de un pescador  a la que casan con el Dr. Stein, al que ella abandona por haberse enamorado de un torero…














Chejov estrenó La Gaviota en San Petersburgo en 1896. Nina, aspirante a actriz, estrena una obra escrita por Trepliov, joven dramaturgo, hijo de Irina, una actriz consagrada que critica duramente a ambos. Alentada por otros va a la gran ciudad con esperanzas de triunfar en el arte pero al cabo de dos años vuelve vencida al pueblo natal. Todos los personajes ocultan sus sentimientos, quieren a unos y se casan con otros formando parejas frustradas. Para terminar la velada, Trepliov no soporta el fracaso y se suicida y Nina termina en la pobreza. Ambientada en la aristocracia de finales del zarismo, parece anticipar la caída del Régimen.
En el Acto I hay un hermoso juego de cajas chinas o de teatro dentro del teatro: el telón abre sobre un jardín en el que se va a representar otra obra de teatro, el autor habla desde ese escenario con su madre (que está entre el público) intercambiando  frases de Hamlet, obra donde a su vez Shakespeare hace representar otra obra…

La de Nicolás Granada fue estrenada apenas escrita, en noviembre de 1903, en el Teatro de la Comedia, por la Compañía de los Hermanos Podestá con Orfilia Rico en el protagónico.  

La novela de Marai, escrita en 1943, en plena ocupación de Hungría por los nazis, retrata el comportamiento de la decadente burguesía que no había  terminado de recomponerse en el período entre ambas guerras. Un funcionario del gobierno dicta una orden trascendente mientras se involucra con una joven muy parecida a una antigua amante suya, ya fallecida. El espejismo del amor y la ambigüedad de los sentimientos se trama con el derrumbe del modelo social que venía cayendo desde finales del imperio austrohúngaro. Posiblemente de ese núcleo, compartido con Chejov, haya tomado el nombre de su novela.
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