viernes, 17 de marzo de 2017

Junot Díaz

La maravillosa vida breve de Óscar Wao de Junot Díaz



Una novela norteamericana
La vida de Óscar, norteamericano hijo de dominicanos, un nerd angustiado por la obesidad, la marginación y los problemas de la adolescencia a los que trata de conjurar con su afición por la literatura, se entreteje con la saga de la familia de León y la historia de la República Dominicana, en especial desde 1930, con la llegada del dictador Trujillo al poder.
Escrita originalmente en inglés, la novela saca ciudadanía norteamericana con su historia de minorías, de inmigración, de seres marginales. Sus personajes son los continuadores de los de Tobacco Road, de El corazón es un cazador solitario, de Mientras agonizo y de la literatura norteamericana posterior a la crisis de 1929.  El vacío, la falta de trabajo y la frustración de aquellos personajes se han transformado en adicción a series, películas, la play, los jueguitos –el protagonista está en los finales del siglo XX–, pero la alienación y el sinsentido son iguales.


Se destacan la multiplicidad de voces y relatores, unas notas al pie que funcionan como crónica separada en las que cuenta la “verdadera historia” de la RD, el lenguaje y la fluidez del relato, al punto de dejarnos convencidos de que los dominicanos en Nueva Jersey hablan así.
Sin haber leído el original en inglés, imagino que la traducción es muy buena y facilita la lectura en ese español contaminado que al cabo de pocas páginas nos resulta muy familiar y hace que lo aceptemos por entero. Muy bien resuelta la dificultad de escribir en ese habla que no alcanza a conformar una lengua pero mezcla deliciosamente a ambas. Está explicitado desde el vamos por el autor con el epígrafe de Derek Walcott.


Un párrafo aparte para la buena intención de contraponer la novela a La fiesta del chivo (págs. 93 y 129), donde Mario Vargas Llosa publicita la versión de la CIA sobre la historia trágica de la República Dominicana. Su “verdadera” historia, bastante ajustada a los hechos, se deshace un poco cuando cae en la misma trampa que nos tendió MVL y nos dice que eso fue una “culocracia” y todo sucedió porque Trujillo era un cogedor insaciable (págs. 228/229).
Sabemos que fue una tiranía brutal, prohijada por los EEUU, y parte de un plan sistemático que incluyó a Somoza en Nicaragua, Batista en Cuba, Pérez Giménez en Venezuela, Trujillo en RD, etc. etc., con el objeto de continuar sus políticas de robo y saqueo, como lo sigue haciendo en la actualidad.


Entre los puntos menos agraciados puedo señalar: una diferencia demasiado grande en el tamaño de los capítulos que  desequilibra la estructura (varios personajes tienen más peso que el supuesto protagonista), un notorio ir de mayor a menor (el primer tercio fluye y atrapa; el segundo se muestra reiterativo, y el final es vacilante, parece que no lo puede cerrar, explica demasiado) y que los personajes sean demasiado planos (permanecen iguales a lo largo de todo el texto).

Me habían dicho que es una novela de un escritor dominicano y que resultaba un hecho auspicioso para la literatura latinoamericana. Esto no es así, en absoluto. Es una novela norteamericana, que expone la visión que desde su cultura, vida y formación en EEUU tiene un escritor norteamericano, inmigrante, de origen dominicano sobre la diáspora y el país de sus ancestros. Pensar otra cosa sería tan ingenuo como considerar a Gonzalo Sánchez de Losada un presidente boliviano. Nada de esto invalida la novela: ficciona, resulta creíble y entretiene. El autor muestra su manejo del arte de la escritura –en la mejor tradición de la literatura norteamericana– dialogando con el lector (págs. 163, nota 17, 129), alternando humor y tragedia, mostrando la circularidad de las historias, la imposibilidad de escapar al destino y al eterno retorno. Una historia bien contada que nos lleva por caminos que vale la pena recorrer.

PD -Al final hay una perla: en el insufrible listado de agradecimientos que remarcan como otro sello más la ciudadanía norteamericana, está Farhad Ashgar, el director de cine iraní que 10 años después ganaría el Óscar y al que Trump impidió retirar el premio.
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