domingo, 2 de enero de 2011

Eligiendo libros -2-

¿En qué quedamos?
La entrada anterior alentaba la selección de libros con un criterio bastante benévolo y alentando cierto azar en la selección. La opinión del autor elegido en esta segunda entrega es totalmente opuesta y merece especial atención por tratarse de quien es:

“Los libros pueden ser muy cómodamente divididos en tres clases:

I. Los libros que hay que leer, como las Cartas, de Cicerón; Suetonio; las Vidas de los pintores, de Vasari; la Autobiografía de Benvenuto Cellini; Sir John Mandeville; Marco Polo; las Memorias de San Simón; Mommsen, y (hasta que tengamos otra mejor) la Historia de Grecia, de Grote.
II. Los libros que hay que releer, como Platón y Keats en la esfera de la poesía, los maestros y no los menestrales en la esfera de la filosofía, los videntes y no los sabios.
III. Los libros que no hay que leer nunca, como las Estaciones de Thomson; la Italia de Rogers; las Evidencias, de Paley; todos los Santos Padres, con excepción de San Agustín; todo John Stuart Mill, excepto el Ensayo sobre la libertad; todo el teatro de Voltaire, sin excepción alguna; ...

La tercera clase es, con mucho, la más importante. Decir a las gentes lo que deben leer es generalmente inútil o perjudicial, porque la apreciación de la literatura es cuestión de temperamento y no de enseñanza.

Pero decir a las gentes lo que no deben leer es cosa muy distinta y me atrevo a recomendar este tema a la comisión del proyecto de extensión universitaria.
Realmente es una de las necesidades que se dejan sentir, sobre todo, en este siglo en el que vivimos; un siglo en el que se lee tanto que ya no se tiene tiempo para admirar, y en el que se escribe tanto que no se tiene tiempo para pensar.
Quien escoja en el caos de nuestros modernos programas los «cien peores libros» y publique su lista, hará un verdadero y eterno favor a las generaciones futuras.

Fragmentos de Leer o no leer , de Oscar Wilde, publicado en
http://elperroelocuente.blogspot.com/2009/01/leer-o-no-leer-por-oscar-wilde.html

Una de las mejores antólogas para orientarnos y ayudarnos a encontrar nuestras predilecciones dentro de la literatura es Ana María Shua.
Ana María Shúa, Libros prohibidos, Buenos Aires, Ed. Sudamericana.

Hay un hermoso paseo por relatos breves –algunos extraídos de textos más largos- de grandes autores de la literatura universal seleccionados por Eduardo Berti.
Eduardo Berti, Historias encontradas, Buenos Aires, Ed. Eterna Cadencia.

Y si la curiosidad nos lleva a querer saber dónde abrevan algunos buenos escritores, como el mexicano Juan Villoro, podemos echarle un vistazo a unos ensayos que reunió sobre colegas que están en la base de su formación (Rulfo, Monterroso, Arlt, Nabokov, Calvino, Bernhardt, etc.):
Juan Villoro, Efectos personales, 2000, Anagrama.
.

9 comentarios:

andal13 dijo...

Lo malo de hacer la lista de lo que no hay que leer es que seguramente una se ensartó previamente leyendo esas obras!

Marple dijo...

Fernando:
¿quién crees vos que tiene derecho a hacer la lista?¿basado en qué criterio hará la lista?¿cómo sabe que son malos, si no los leyó? ¿y si los leyó por que´los otros no pueden?.
Publicada la lista de los cien libros ¿no serían inmediatamente los más leídos?
Con todo respeto, Oscar Wilde es alguien que dijo tantas ironías, que yo pensaría bien antes de seguir sus consejos:)

Buena semana!.

Fernando Terreno dijo...

andal13:
¡Esto me pasa por poner cosas en contra!
El que dice eso es O. Wilde no yo.
¡Ya mismo se me pone a leer todas las obras de Suetonio (¿?¡!)"·$%&/) y me dice si corresponde que estén en la categoría I!

Marple:
Efectivamente, todo lo contrario (frase del filósofo argentino Saúl Ubaldini).
Tiene usted toda la razón o al menos el 90%.
¡Mandemos a la cárcel de Reading a ese comedido, irónico, asqueroso, occidental y unitario!

En estos momentos aciagos, en que me cuestiono por qué carajo habré subido esta entrada un pacífico 2 de enero, recurro a otro filósofo argentino en busca de paz para mi alma: "Todo pasa" (Julio Grondona).

Un abrazo.
El Pulpero

Marple dijo...

No te preocupes,Fernando, yo también me arrepentí del comentario:)

Antes de comentar estuve leyendo un artículo de Ana María Shua en la que menciona todos los libros prohibidos en la dictadura argentina.Luego me puse a pensar que en ese aspecto acá fue peor porque no había lista,jeje .
Te cuento: una vez me visitó la inspectora de escuelas justo en el momento que estaba leyendo en la clase un trocito de Atahualpa Yupanqui sobre un changuito.. . Entonces la tipa me dijo ¿usted no sabe que este autor está prohibido?.Todo bien.No me mandó presa, ja, ja. Me bajó la nota como 10 puntos.


Así que con todas esas historietas detrás,me enojé con Oscar Wilde.

Tal vez haga una lista de autores que no me gustan.

un abrazo

Fernando Terreno dijo...

Marple:
No hay problema. Estaríamos en problemas si todos pensáramos lo mismo.
Un abrazo.

El Santi dijo...

HAIGA PAZ CHE.
Yo con ese asunto de lo que no hay que leer siempre me desayuné tarde. Para empezar diré que no he leído mucho que digamos, y de lo poco que leí, seguramente el 80% eran esos de la lista de los que no habría que leer. Yo qué sé. Marcial Lafuente Estefanía, entre otros. Y bueno, y Salgari, y Verne, que escribía como el orto pero te atrapaba y El Príncipe Valiente y Mujercitas y Hombrecitos. He ahí mi formación literaria. Ya después me puse intelectual de más y le entré
a Tom Sawyer y a Huckleberry Finn. Pah! y "Los tres mosqueteros", y "20 años después". Y toda Aghata Christie. Después me dediqué a leer a Lovecraft cuando todo el mundo leía a García Márquez, a Ambrose Bierce cuando todo el mundo leía a Vargas Llosa y a Cortázar cuando ya todos leían a Bolaño. Es decir, que literariamente siempre anduve meando afuera de la escupidera.
Y sigo en eso. Todavía no leí a Saramago ni a ningún japonés. Estoy esperando que pasen de moda.
Y quiero esa lista de lo que no hay que leer. Mi rebelde adolescencia tardía me obliga a no morirme sin leer eso. Suetonio que me espere a la próxima reencarnación.
Eso sí, Mercedes Vigil, solamente drogado.

andal13 dijo...

Che, yo fui a la escuela durante la dictadura, y en el libro "Cuento y canto" de 6º aparecían un montón de autores "subversivos", como Atahualpa (el texto era "Changos escueleros"), García Lorca, Rafael Alberti y no sé cuántos más. No sé cómo los milicos lo permitían (era un libro precioso).

Tengo un backround literario muy parecido al de Santi (casi igualito), salvo que a Saramago le doy duro y parejo. Tampoco le entré a los ponjas, y sí leí a Mercedes Vigil... y a Paulo Coelho!!!!¡Yo, pecadora, me confieso! "El general sin espejos" de la Vigil es la prueba de cómo se puede tomar un tema maravilloso y hacer de todo para arruinarlo, y "El peregrino" no sé si él estaba drogado cuando lo escribió (no lo dudo) o yo cuando lo leí, pero jamás supe de qué iba el libro.
Eso sí, en mi sano juicio no volveré a hacerlo.

Fernando Terreno dijo...

El Santi:
Me parece que con el tiempo vamos desarrollando el antídoto para la detección de los autores que no nos van a cada uno según nuestros gustos, prejuicios, etc.
Y creo que eso de dejarles un tiempo para que se asienten es el mejor tratamiento y pocos superan el veredicto del reposo...
De ese modo nos sacamos de arriba a todas las operaciones de marketing, a los amigos/as de El País, Clarinete y Nacioncilla.
Con respecto a los Japoneses podemos leer a Akutagawa y algún otro y dejar a estos falsos japoneses anglófilos o norteamericanizados para, digamos el siglo 27...
Un abrazo.

Fernando Terreno dijo...

andal13:
En realidad no es para preocuparse porque después de 4 o 5 hojas ya sabemos si nos va o no. Y con tu sistema de libros por la compu, al menos no nos clavamos comprándolos y alimentando la Maquinaria de Hacer Pesos en lugar de la Maquinaria de la Alegría.
Otros, más amplios, dicen que hay que leer de todo. Yo no estoy de acuerdo, hay que leer buenos y los otros mandarlos al carajo y avisarle a los amigos o regalarlos a lo enemigos.
Un abrazo