viernes, 24 de mayo de 2013

Esquina peligrosa (cuento breve)


El señor Epidídimus, el magnate de las finanzas, uno de los hombres más ricos del mundo, sintió un día el vehemente deseo de visitar el barrio donde había vivido cuando era niño y trabajaba como dependiente de almacén.

Le ordenó a su chofer que lo condujese hasta aquel barrio humilde y remoto. Pero el barrio estaba tan cambiado que el señor Epidídimus no lo reconoció. En lugar de calles de tierra había bulevares asfaltados, y las míseras casitas de antaño habían sido reemplazadas por torres de departamentos.

Al doblar una esquina vio el almacén, el mismo viejo y sombrío almacén donde él había trabajado como dependiente cuando tenía doce años.

-Deténgase aquí, -le dijo al chofer. Descendió del automóvil y entró en el almacén. Todo se conservaba igual que en la época de su infancia: las estanterías, la anticuada caja registradora, la balanza de pesas y, alrededor, el mudo asedio de la mercadería.

El señor Epidídimus percibió el mismo olor de sesenta años atrás: un olor picante y agridulce a jabón amarillo, a aserrín húmedo, a vinagre, a aceitunas, a acaroína. El recuerdo de su niñez lo puso nostálgico. Se le humedecieron los ojos. Le pareció que retrocedía en el tiempo.

Desde la penumbra del fondo le llegó la voz ruda del patrón:

-¿Estas son horas de venir? Te quedaste dormido, como siempre.

El señor Epidídimus tomó la canasta de mimbre, fue llenándola con paquetes de azúcar, de yerba y de fideos, con frascos de mermelada y botellas de lavandina, y salió a hacer el reparto.

La noche anterior había llovido y las calles de tierra estaban convertidas en un lodazal.

Marco Denevi, Esquina peligrosa, de su libro Falsificaciones.

 
Se trata de uno de los deliciosos cuentos cortos de Denevi, que juega aquí con la cristalización del tiempo que suelen hacer muchas personas. Yo mismo, sin ir más lejos, tengo dificultades para hacer consciente el hecho de haber salido ya de la adolescencia.
El nombre Epidídimus es otra muestra del humor del autor, ya que hace referencia al epidídimo, órgano situado sobre los testículos cuya función es recoger el semen.
Elegí este cuento por su título y la relación con la entrada anterior, pero –en caso que les haya gustado– pueden continuar con Cuento policial, Cuento de horror, La mujer ideal no existe, y otros del mismo autor, en este enlace:
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/denevi/md.htm
 
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5 comentarios:

Marossa dijo...

La esquina era tan peligrosa que cuando la señora de Epidídimus, que lo perseguía secretamente desde hacía un tiempo ante la sospecha de otra infidelidad , tropezó en la baldosa rota de la entrada del almacén, llegó casi patinando hasta el mostrador con el chihuahua en brazos y del susto no atinó a decir nada .
Un momento Srta- dijo el patrón , que era rápido como un rayo- en seguida la atendemos, vaya mirando las golosinas que son las mejores del barrio.
Sin esperar que ella abriera boca, arrastró al muchacho con canasta y todo hasta el rincón que había entre la heladera y las bolsas de papas.
-Escuchame bien, dormilón, despabilate de una buena vez, atendeme como a una reina a la botija del perro. No sé lo que anda haciendo por acá, pero el padre tiene más plata que los ladrones. Epidídimus, inflamado de amor a primera vista, miró a la jovencita y supo que aunque tuviera que hacer un pacto con el diablo se casaría con ella:)

Fernando Terreno dijo...

Marossa:
¡Hermosa su "esquina peligrosa 2"!
De modo que Epidídimus no sólo era muy habilidoso con los números y los negocios, sino también...
Mire usted.
Gracias y que se repita.

juan pascualero dijo...

Hace como mil años yo tenía veleidades de actor (quizá lo soñé) y recuerdo haber "hecho" el Eric de Esquina Peligrosa, excelente pieza teatral de John Boynton Priestley que aborda el tema de manera exquisita. Un saludo.-

juan pascualero dijo...

¡Perdón! Corrijo, la obra era "Ha llegado un inspector" con el mismo tema y del mismo autor. ¿Ya mencioné que fue hace mil años?

Fernando Terreno dijo...

juan pascualero:
¡Así que actor! Ya te estoy imaginando con unos bigotitos finitos... y a Errol Flynn pidiendo la hora.
Las Falsificaciones tratan de eso precisamente, de tomar obras/temas reconocidos, dándoles una vuelta de tuerca.
No sabía que era "el tema" de Priestley y con seguridad de allí lo tomó Denevi.
Gracias por recordarlo.
Un abrazo a los dos (a vos y a Eric).