domingo, 1 de abril de 2012

Los inodoros de oro

El oro y el mito

En pleno siglo XXI se ha encontrado una tribu de homínidos que, desde sus tiempos primitivos, venera un objeto completamente inútil para su subsistencia, le ha otorgado categoría divina y basa su organización económica alrededor de su adoración. La tribu es la especie humana y el elemento en cuestión es el oro.
La aureola (permítanme la humorada) que rodea al oro va más allá de sus propias cualidades y está relacionada con el estado sagrado y el valor simbólico que mitos y asuntos religiosos fueron construyendo a su alrededor.
En el desarrollo de nuestra civilización (otra humorada, una manera simpática de llamarnos) las innovaciones tecnológicas de importancia dieron lugar a las edades de piedra, de bronce y de hierro. No hubo edad del oro porque no sirve para nada útil, no sirve para hacer herramientas de labor ni armas –hasta el barro cocido tiene más aplicaciones– lo cual no fue obstáculo alguno para que haya ocupado el primer lugar como objeto de deseo y codicia desde el fondo de los tiempos y lo continúe ocupando.

En la India y China antiguas se lo asoció con la inmortalidad –que es lo que en verdad nos fascina– y de allí en adelante siguió su camino arrasador, desparramándose como un virus, asociado a la perfección de la naturaleza a partir de su maleabilidad, su carácter inoxidable y su brillo.
Ese camino tuvo algunos hitos de importancia. Uno fundamental fue su consagración como valor de intercambio de bienes: unos pequeños discos de oro se aceptaron como elemento de cambio. Había nacido la moneda metálica que más adelante y por razones prácticas fue reemplazada por el papel moneda… con respaldo metálico en oro por parte de sus emisores.

El primero en develar públicamente que el respaldo en oro de la moneda era un mito, una falacia, el producto de una transposición de lo sagrado a lo profano, fue el Primer Ministro Soviético Nikita Kruschev (1894-1971) cuando, obligado por EEUU a pagar con oro de sus reservas una importación de cereales, para hacer frente a una crisis provocada por dos años de sequía, dijo:
– ¿Saben lo que van a hacer en el futuro con el oro? Inodoros. Inodoros de oro.
Poco tiempo después, en 1964, dejaba su cargo.
Su colega de los EEUU, Richard Nixon, acosado por otra crisis económica tomó en 1971 una decisión crucial, que también hablaba del embuste alrededor de la moneda: desligó al dólar del patrón oro, al que se habían comprometido en numerosos tratados internacionales.
Poco tiempo después, en 1974, dejaba su cargo.
Hoy el truco ha quedado develado y sabemos que lo que respalda al dólar de EEUU como moneda internacional no son las toneladas de oro que tiene el tesoro, sino los kilotones de sus ojivas atómicas y los misiles del arsenal nuclear con que amenazan a los países a los que saquean sus recursos y tienen en vilo al resto del mundo.


El oro nos acompaña en muchas leyendas y mitos que transmiten saberes antiguos y, por qué no decirlo, estructuras de dominación y sometimiento que se instalan en nuestro inconsciente y en el imaginario social.
Nos reímos de los adoradores de tótems y fetiches, pero el destino político de Nixon y Kruschev luego de su actitud sacrílega, ¿no nos hace pensar que los fantasmas existen, a pesar de no creer en ellos? O es que, como dice M. Eliade, “El valor simbólico primordial del oro no ha podido jamás ser abolido, a pesar de la desacralización progresiva de la Naturaleza y de la existencia humana.”

Cuando luego de algunas reflexiones llegamos a estos puntos de contradicción en que no sabemos qué hacer, no nos queda otro camino que ponerle intuición y olfato a nuestras conclusiones. Mirar, por ejemplo, a quienes tienen estrategias exitosas para abordar estas cuestiones y en ese sentido nadie supera a los avestruces. El avestruz, como individuo y como especie ha sobrevivido a las mayores catástrofes –es un descendiente de los dinosaurios– y todavía anda por este mundo vivito y coleando. Si ellos se deslumbran por una monedita o un trocito de cualquier cosa que brille como el oro, al punto de tragarlo, ¿por qué no podemos nosotros tratar de continuar imitándolos?
FIN



Acerca de la relación del oro con la inmortalidad y con el manejo del tiempo se puede ver el artículo de M. Eliade: El oro y la inmortalidad.
En la foto de abajo el misil Peacekeeper (¿¡!?) capaz de llevar 10 ojivas nucleares.

13 comentarios:

cr dijo...

Muy interesante esta entrada. Siempre me indigno con estos temas: las reservas de oro, los alimentos como monedas de cambio, el oro expuesto en ciertos lugares, y etc. Pero no tengo respuesta alguna, aunque me parece que muchos han seguido el consejo del avestruz.
Voy a buscar el texto de Eliade, lei un librito de él, no me acuerdo el título, pero era sobre los metales, quizá estaba ahí.

El oro y el precio al que llegó la yerba estos días
me recordaron a una canción muy linda de la dupla Falú, Dávalos: Oro verde

"Las orquídeas
en el Alto Paraná
secretean tu misterio
al aire azul.

Oro verde tu ilusión
la ternura de la luz
devorando el corazón de mensú"

Saludos!

Fernando Terreno dijo...

cr:
¡Qué bonita esa canción!
No la conocía, de modo que la busqué y escuché... por Liliana Herreno con Juan Falú!!
Muchas gracias y justito ese enlace entre la yerba y el Oro (verde).

cr dijo...

Ah pero si creí que la conocías, yo la conocí por esa versión.
Entonces me alegro mucho por haberla mencionado.

Salud (es que estuve de vino recién)!

Marinarrosa dijo...

Muy interesante tu comentario,cr!
Para mí la yerba mate es más valiosa que las chucherías de oro que pueda comprar, así que te anoto esta dirección para que no gastes dinero en los libros de Eliade y puedas invertirlo en tu mate.

http://ul.to/wd9b4ruj/15 DE MIRCEA ELIADE [maiteia].zip

Fernando:
Aunque el oro no tenga tanta utilidad, el mito es fuerte. No me puedo imaginar sin oro la olla que hay al final del arco iris ni los anillos mágicos de las leyendas.

Hay una asociación de ideas que hice con el título, pero no quiero insistir permanentemente con uno de mis ídolos argentinos.

Buena semana para tomar mate y escuchar música !

Anónimo dijo...

Muy interesante el post. Igual no me gusta el absolutismo histórico. Claramente la mayor parte de las sociedades de la historia de la humanidad no veneraron al oro. De hecho, hoy en día para muchísimos grupos, no significa nada.
Saludos

marinarrosa dijo...

Anónimo, sin ánimo de discutir sino de informarme le ruego que nombre las sociedades que no han utilizado el oro ya sea por motivos de culto religioso, o exaltación del poder mundano.
En cuanto a la actualidad, unas pocas transnacionales se encargan de que nosotros los mortales comunes no tengamos que preocuparnos por el tema aurífero:)pero, y perdone la vulgaridad, parece que el negocio marcha bien de bien.
Mi fuente confidencial es mi amigo Google:)

Fernando Terreno dijo...

cr:
¡Oh, vino! Ese sí que es "el elixir" (la piedra filosofal). Salud.

marinarrosa:
Oro verde, oro Negro, "il bambino d'oro", "vale un Perú", "vale oro lo que pesa"... Cada quién le pone sus cualidades al objeto de su deseo.

Nónimo:
Tan cierto como inevitable el error al que nos lleva la generalización (no absolutismo): "Cuando Adán le puso nombre a las cosas destruyó la singularidad de lo nombrado" (Hegel, La fenomenología del espíritu.)

andal13 dijo...

"...venera un objeto completamente inútil para su subsistencia, le ha otorgado categoría divina..." Al leer esto, pensé que te referías al inodoro y a su medio hermano, el bidé, pero parece que la entrada venía por otro lado.

Igual, los prefiero de loza.

Fernando Terreno dijo...

andal13:
Su vulgar elección de la loza plebeya frente al oro divino me hizo acordar a la frase con que Enrique Almada despedía al Toto Espalter (¿o era D'Angelo?) luego de sus clases de "Buenos modales": Vaya m'ijito, el que nace para pito...

andal13 dijo...

...nunca llega a corneta!

Sí, el Toto Paniagua era Espalter, y el profesor de buenos modales, Almada.
¡Zamborotudo! Qué preciosa palabra.

Fernando Terreno dijo...

andal13:
Uy, qué alivio. Por un instante pensé que mi zamborotudo comentario pudo haber sido mal interpretado y ser ofensivo.
Espectacular lo suyo, especialmente el recuerdo de ese adjetivo tan bizco y ladino como precioso e incisivo.
¡Vivan el profe y el Toto!

América dijo...

Muy buen articulo Fernando,me quedo con esa frase lapidaria pero muy acertada al hilo de tu exposición, en vilo se encuentra la civilización actual,ya el mundo y las leyes de la naturaleza harán lo suyo.
Un abrazo.

Fernando Terreno dijo...

Mejor no vivir pensando en el tema, pero que en el fondo todos sabemos (y tememos) que eso que dice Serrat: "que la Tierra cayó en manos de unos locos con carnet" es más cierto de lo que nos gstaría.
UN abrazo