jueves, 6 de diciembre de 2012

Nombres de barcos -5-


Mata Amarilla (Matamarilla)
Limbo 21, que fue campeón de su clase en la Semana de Buenos Aires de 1999, timoneado por Gerardo Cutolo.
Entre los Limbo 21 no puedo dejar de nombrar a otros barcos famosos de la clase: el Etoile que timoneaba Luis Cerrato, el Tovarich You You, el Loquillo y el Caipirinha que arrasaban, allá por 1987, con todos los premios que disputaban.
Mata amarilla se llaman unos arbustos típicos del bosque patagónico, de las zonas de Santa Cruz y sur de Chubut. Sus tallos son blancos y viscosos, despiden un olor particular; las hojas y los tallos son de color verde-plateado, lisas, con finas nervaduras. Las flores crecen en capítulo, y tienen un hermoso color amarillo, poniendo una hoja alegre en el gris monótono de nuestros campos.
Un pueblo de Sevilla, Andalucía, España, lleva este nombre (Matamarilla).
También se llama así a un paraje de los canales fueguinos, cerca del Estrecho de Magallanes, citado en “La Tierra Maldita”. Su autor, Lobodón Garra, era hijo del Gral. Agustín P. Justo, presidente de la Nación durante la década infame, y se hizo famoso por arrojar un vaso de agua sobre el electo presidente de los EEUU, Franklin Delano Roosevelt, que estaba de visita en nuestro país.


Chamuyo
Me contó su primer propietario, que bautizó así a su White Wind, dado el largo y duración de las conversaciones que tuvieron el y su armador hasta ponerse de acuerdo.
Los White wind son un tipo de barcos de PRFV, de 19 pies de eslora, con orza; muy populares en el Río de la Plata hace 30 años.
Chamuyo, palabra del lunfardo, que significa conversación, flirteo y proviene del caló (dialecto de los gitanos andaluces (chamullar: conversar).

Incisivo
Así se llama un Lotz 30,5 de la dotación del Yacht Club Entrerriano de Gualeguaychú. Muy prolijito, se ha prendido en años anteriores en la Buenos Aires – Punta del Este.
Lo primero que pensé al ver el nombre fue que, seguramente, ponderaba el ser punzante y filoso, capaz de “cortarle la proa” a sus rivales. Nada de eso, el nombre refiere al diente más saliente de la mandíbula, según me aclaró Jorge Preto, su propietario, agregando: “soy odontólogo”.
Una de las mejores muestras de humor (en el nombre) que conozco.

Ave Marina
Velero de 4,6 m de eslora construído en la zona de Darién, Panamá, a partir de un tronco de aspave ahuecado, aparejado con una vela guaira y una genoa, por su capitán, Alberto Torroba.
Después de unas navegaciones costeras de prueba que lo llevaron desde Panamá hasta Ecuador, Alberto puso proa hacia la Polinesia, arribando a La Marquesas luego de un mes y medio de navegación previa estadía en las Galápagos.
El relato de su viaje se puede leer acá:
En charlas que ha dado relatando su viaje contó que, si bien la permanente observación de todo lo que iba viendo ocupaba por completo su atención, el avistaje de cualquier ave marina (petreles, albatros) lo llenaba de alegría porque le indicaba la proximidad de tierra firme.

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4 comentarios:

Marossa dijo...

Lo gracioso hubiera sido que el velero se llamara Canino , usted hubiera pensado que era por amor a los perros y el dueño le hubiera contestado que era un vampiro.
No se asuste, después del "naufragio" del Mary Celeste, me temo que usted cree que soy medio bruja:).
Todo bien,no simpatizo con las escobas;¿puedo seguir comentando?

cordiales saludos.

Susana Peiro dijo...

De todos los nombres y las excelentes explicaciones, elijo “Chamuyo” ¡es precioso! Y le hace honor a la historia del propietario y el armador. Si los identifico bien, los white-wind son veleros pequeños, encantadores y románticos ¿acaso el nombre no le viene de maravillas?
Un abrazo, Fer!

Fernando Terreno dijo...

Marossa:
Espero que comente cuando tenga ganas.
Eso si, ni se le ocurra mandar las cartas desde Salem, porque quedará deschavada ipso-pucho.
Un abrazo.

Muy buen el nombre ese "Canino".

Fernando Terreno dijo...

Susana:
Sí, los White wind son pequeños. Hay que hacerse amigos o familiarizarse con la (él) tripulante porque lugar no abunda... pero con buena voluntad, todo se supera.
A medida que nos vamos haciendo mayorcitos valoramos la importancia del CHAMUYO, tanto que nos cuesta saber a dónde estaba dirigido...
Un abrazo.