miércoles, 24 de abril de 2019

Cordero asado - La viuda se casa - parte 3

continúa (última parte)
...

Los Nooan lo recibieron contentos y cordiales. Ella corrió las cortinas y encendió las lámparas. Jack subió a acostar a la criatura.
‒ ¿Cansado, Daniel?
‒ Sí ‒dijo el Inspector, sorprendido por el trato‒, estoy cansado.
Había algo de excitación en ella y el trató de no mostrase en alerta. ¿O sería que realmente quería aparecer seductora?
La conversación fue interesante y distendida. Como era difícil y costoso conseguir niñera, salían poco. Veían cine en la casa. Coincidieron en lo divertida que resultó El divino Ned. Iban y venían sobre títulos afines a los tres. Mary tocaba el piano, Jack le pidió Wonderful world, pero no logró convencerla. Ella prefirió ir cerrando la velada con un licorcito acompañado por bombones caseros. Dawson puso su mejor cara de póker  y tomó uno que hizo jugar entre los dedos. A Mary le pareció que la criatura había empezado a llorar y subió a verla. Esos dos más grandes tienen licor de naranja, dijo desde la escalera. Los hice especialmente para usted, a Jack no le gustan con licor. El inspector lo puso sobre una servilleta, agregó los de licor, los envolvió y colocó en su bolsillo.
‒ Los comeré más tarde, antes de dormir. Por favor no diga nada a Mary. No quiero parecer descortés.
‒ Jefe ‒dijo Jack con la boca llena‒, seré una tumba.
Arriba seguía el llanto y Mary demoraba. El inspector se preparó para salir, haciendo señas de silencio para no despertar más a la criatura.
‒ Es un poco tarde. Me voy. Dígale que todo ha estado exquisito.

Ni bien salió de la casa pensó que podía ser cierto eso de “La literatura es una cuestión de vida o muerte.”  ¿O estaría delirando? Quería serenarse un poco para poder reflexionar con más lucidez. Empezó a decirse que tenía un oficio insalubre, que no se podía vivir así.
Fue directo a su oficina en el Distrito, agarró un papel y empezó a anotar:
·         Llevar los bombones al laboratorio. Si dan positivo…
·         Si algo pasara a Jack (no quiso anotar muerte, pero lo pensó…) adelantaría el resultado.
·         Si eran solo para mí, en cierto punto estamos todos salvados, menos…
·         Si nada pasara y diera negativo…
Quiso asignar probabilidades a las hipótesis y se tranquilizó pensando que esta última era la más posible y a la vez desoladora. Confirmaría que nunca tendría una vida normal, habría perdido la posibilidad de disfrutar de unos simples chocolates y de la amistad sin prejuicios. Además debería reconocer haber trabajado en vano y todo volvería a cero, al vacío inicial. Le quedaría un gusto agridulce pero, posiblemente, mirando con una perspectiva global, no fuera el peor de los desenlaces. Y volvería a confirmar su máxima sobre las imperfecciones.
La posibilidad de que Jack muriera efectivamente, y que él hubiera permitido eso con su reticencia a tomar cartas en el asunto, lo empezó a molestar. Para su carrera la resolución del caso sería un galardón con algunos bemoles. Reconoció que se había mostrado frío y ajeno con Jack (aún considerando posible que los bombones estuvieran envenenados) por temor a hacer un papelón y al ridículo consiguiente. O sea que había jugado con la posibilidad de perder a uno de sus hombres solo para no arriesgarse en una hipótesis algo fantasiosa. No le pareció una conducta muy digna. Decidió demorar el análisis de los bombones. Quería pensar más a fondo esta línea y sus complicaciones. No los llevaría al laboratorio hasta tener más novedades de los Nooan.
La otra línea significaba que el destinatario era él y que su estratagema lo habría salvado. ¿Debería en ese caso arrestar a la viuda? ¿O, en lugar del reconocimiento, futuro asenso y traslado a un mejor destino tendría que afrontar las complicaciones por el riesgo en que puso al Sargento?
Cualquiera que fuera el desenlace empezó a sentir una profunda lástima por todos, por el futuro de la criatura, por él mismo. Lo invadió un gran desasosiego, el mundo era un lugar sin justicia ni piedad.
Se fue a dormir. A la mañana, seguramente, las cosas comenzarían a aclarase.
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Fernando Terreno

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