jueves, 16 de diciembre de 2010

El problema de la línea impresa

Cálculo de probabilidades -3-

Probablemente el número más grande citado en la literatura pertenece a este famoso problema. Supongamos que construyéramos una prensa que imprimiera continuamente una línea después de la otra, seleccionando automáticamente para cada línea una combinación diferente de las letras del alfabeto y de otros signos tipográficos. Una máquina así se compondría de un cierto número de discos con las letras y los signos en su borde. Los discos estarían engranados entre sí del mismo modo que los números que indican el kilometraje en los automóviles, de modo que una rotación completa de cada disco movería al próximo un lugar hacia adelante. El papel, tal como viene del rollo se imprimiría automáticamente con el cilindro después de cada movimiento. Un dispositivo así se puede construir sin mucha dificultad y resultaría algo parecido a lo que se ve en la figura.


Pongamos la máquina en acción y analicemos la serie de las diferentes líneas que se van imprimiendo. Muchas carecen de sentido. Se parecen a ésta:
“aaaaaaa…”
o
“booboobooboo…”
o de nuevo:
“zawkporpkossscilm…”
Pero, puesto que la máquina imprime todas las combinaciones de letras y signos posibles, hallamos entre la hojarasca sin sentido diversas frases que tienen algún significado. Hay, por supuesto, un lote de frases inútiles como:
“caballo tiene seis patas y …”
o
“Me gustan las manzanas cocidas en trementina…”

Pero la búsqueda revelará también muchas líneas escritas por Shakespeare, ¡aún las de las hojas que él mismo arrojaba al canasto!
En realidad, una prensa así imprimiría todo lo que se escribió alguna vez desde los tiempos en que la gente aprendía a escribir: cada línea de prosa y poesía, cada editorial y anuncio de los diarios, cada grueso volumen de los tratados científicos, cada carta de amor, cada nota al lechero…
Además, la máquina imprimiría todo lo que se deberá imprimir en los siglos venideros. Sobre el papel que viene del cilindro giratorio hallaríamos la poesía del siglo treinta, los descubrimientos científicos del futuro, los discursos de apertura de las sesiones del Congreso de la Nación en el año 2172. Habría páginas y páginas de cuentos cortos y novelas largas.
¿Se puede hacer esto?


Continuará…


Tomado de:
GAMOW GEORGE, Uno, dos, tres… infinito, 1948, Buenos Aires, Espasa Calpe.

8 comentarios:

cr dijo...

"'By this art you may contemplate the variation of the 23 letters'

El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito,..."

Las probabilidades de vivir (escribir) ficciones.

Un abrazo

Fernando Terreno dijo...

cr:
Muy incisivo el comentario. Hacia ahí pienso ir con la segunda parte.
Estoy buscado un remate que bien podría ser alguna frase referida al hijo de doña Leonor Acevedo de Borges.
Un abrazo

juan pascualero dijo...

Esas cosas como infinito, eternidad me asustan un poco. A causa del artículo, ahora también me asustan los cuentaquilómetros.

Fernando Terreno dijo...

juan pascualero:
¡Buenísimo!
Lo mejor de este blog son los comentarios.
Entre cr y vos me siento "más junado que el tango La Cumparsita".

andal13 dijo...

Vo, si el ADN con cuatro tristes bases nitrogenadas puede dar instrucciones para crear taaaaaantos seres vivos (y bobos), lo que no se podrá hacer con todas las letras que tenemos...
Una enormidá.

Fernando Terreno dijo...

andal13:
En efecto, un montononón.

El Santi dijo...

Bó, esa máquina es imperfecta.
Yo creo que se puede hacer, pero tendría que tener un número infinito de discos y lo que es más jodido, tendría que poner todas las pausas posibles, porque sin pausas no existe la palabra. No vale que las pausas las tengamos que poner nosotros. Ni el sentido.
Una máquina con todas las combinaciones de sentido posibles, esa sí que sería una maravilla.
Pero esa máquina ya existe, es el balero humano.
Así que cada disco tendría que incluir puntos y comas y puntos suspensivos y paréntesis y signos de exclamación y unos pedacitos de nada también y un lugarcito, aunque sea chiquito, con el talento de Shakespeare y el de Borges y otro con la mezquindad y la xenofobia oportunista de Macri, entre otras, todas, las combinaciones posibles de lo sublime y lo jodido de la mente humana.

Fernando Terreno dijo...

El Santi:
Se pueda o no construir, entre una máquina así y otra como, digamos, Belén Francese, no tengo dudas acerca de con cuál me quedaría. Será por eso del "sentido" o por algunas otras cosas, sabrá dió...
Un abrazo