sábado, 28 de mayo de 2011

Mujeres singulares (y plurales) -3-

Marie Paulze
La madre de la Química

Marie-Anne Pierette Paulze (1758 - 1836) nació en Francia en una familia de la alta burguesía. A los 14 años rechazó un pedido de casamiento de un señor mayor para casarse con Antoine Lavoisier (1743-1794) que por entonces iba de la abogacía a la geología y trabajaba para una empresa paraestatal que dirigía su padre.
Interesada en los trabajos de su esposo se formó en química, estudió idiomas para traducir los últimos desarrollos que se hacían en este campo y lo acompañó en las tareas de laboratorio e investigación. Su traducción del latín de un ensayo sobre el “flogisto” fue fundamental en la demolición de esa teoría y abrió el camino al descubrimiento del oxígeno.
Estuvo casada con dos hombres que construyeron los pilares del edificio de la fisico-química, el que postuló el principio de conservación de la masa –considerado el padre de la química moderna- y el que encontró la equivalencia entre calor y energía. Podemos decir sin ambages que fue la madre de la Química.

A su casa paterna concurrían habitualmente los más destacados personajes de las ciencias y la política anteriores a la Revolución: Laplace (matemático y astrónomo), Benjamín Franklin (científico norteamericano), Condorcet (matemático y humanista), Dupont de Nemours (que más tarde emigró a EEUU y fundó la actual multinacional química), Turgot (el síndico de Luis XVI) y el joven (de 28 años) Lavoisier, que se mostró más interesado en la hermosa morocha de ojos celestes que en los distinguidos contertulios. Allí se generaban y debatían los últimos desarrollos y teorías científicas.
Después de su casamiento y hasta el fin de sus días, Marie continuó organizando esas reuniones, en el salón de su casa del nº 17 del Boulevard de la Madeleine, París, regalo de bodas del padre.
A partir de 1775 el interés de la pareja se concentró en la química cuando acompañó a su marido en su trabajo en el Arsenal de París. Con el apoyo del padre y los dineros públicos, montaron un laboratorio muy equipado, dedicándose de lleno a la investigación científica.

En 1794 el Gobierno Revolucionario cortó de plano esas tareas y también cortó -en la guillotina- las cabezas de su marido, de su padre y le confiscó los bienes. Después de las decapitaciones, durante el Reinado del Terror, se puso a ordenar, recuperar y compilar todos los trabajos y pruebas de laboratorio realizados con su marido y que habían sido embargados o destruidos y corrían el riesgo de perderse para siempre. El fruto de esos años de labor fue la edición en dos volúmenes de las Memorias de Química (1803), donde quedaron asentadas las bases fundamentales de la Química Moderna.
Años después se casó con otro científico notable, que terminó de enterrar el “calórico” y el “flogisto” al determinar que el calor era una forma de la energía. Su segundo matrimonio, en 1805, con Benjamín Thompson, conde de Rumford (1753-1814), un científico norteamericano algo aventurero, a quien el Rey de Baviera le pagó sus servicios con el título de conde, duró poco. Cuando las relaciones con el segundo marido se hicieron insostenibles, Marie lo echó de la casa con la advertencia de no volver jamás y dejó en claro quién era la que presidía los encuentros científicos que allí convocaba.
Entonces decidió volver a usar el apellido del primer esposo hasta su muerte, ocurrida a los 78 años.

El tesón y la fuerza con que Marie Paulze se sobrepuso a todos los obstáculos que afrontó en su vida contribuyeron decisivamente para el posterior desarrollo de las ciencias y salvaron el gran legado de ella y sus maridos: clausurar la alquimia y transformar la química en una ciencia.


En la ilustración se ven aparatos de laboratorio dibujados por Marie Paulze. Esa misma "marca" estética continuó en los libros de Física y Química por 150 años.

Más sobre Marie Paulze en estos dos trabajos:
http://www.uv.mx/cienciahombre/revistae/vol23num1/articulos/mujeres-ciencia/index.html

http://futuretg.com/FTHumanEvolutionCourse/FTFreeLearningKits/03-CH-Chemistry/030-CH01-Basic%20Chemistry/Crucibles%20The%20Story%20Of%20Chemistry.pdf
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5 comentarios:

SUSANA dijo...

Lugar y artículo ideal para mi acto de contrición: Padre Lavoiser, Madre Marie, no estudié química, la aprobé con machetes, soy una desvergonzada!
Aún así, me permito admirar fervientemente esta dama que me presentás en forma inmejorable, muy buen trabajo Fer! Otro gallo hubiera cantado si me hubieran explicado esa inextricable materia (para mí) con este arte!
Un abrazote amigo!

cr dijo...

¡Es muy linda la química! No más inextricable que cualquier otra disciplina.

La teoría del flogisto dio el título del padre de la química a Lavoisier y el trono se quedó en francia en lugar de Inglaterra e la mano de Stahl.

Noto que estas mujeres singulares que nos presentás, siempre conservan el rubro de sus cónyuges. Una observación nomás.

Ah y ese digujo ilustra la carátura de una de las guías que doy a mis alumnos.

Un abrazo

Fernando Terreno dijo...

Susana:
Habiendo pasado más de 5 años de ese exámen, queda prescripto el asunto del machete.
Muy gratificante tu comentario. Un abrazo.

cr:
Tenés razón, atrás de cada salto en ciencias (y otras cosas) está el trabajo de muchos y pareciera que los laureles le corresponden sólo a uno.
Increíble lo de la tapa y el dibujo (lo saqué de la red).
Tomo nota de eso del "rubro", no me había dado cuenta.

Otro abrazo y gracias.

Marple dijo...

Sigo intrigada. Por ahora la conclusión ha que he llegado es que nunca llegaré a nada por haberme casado con un solo hombre:)

Fernando Terreno dijo...

Marple:
Estoy tan intrigado como vos. "cr" me hizo notar que, hasta ahora, todas conservan el rubro de su cónyugues. Yo no me hubiera dado cuenta, de no se por su comentario.
Un solo marido te pone en la categoría de Mujeres singulares (y singulares).
Un abrazo