Esta es
la primera de una serie de autobiografías de tres argentinos –a medias
reconocidos, a medias olvidados- cuyos aportes a nuestra cultura fueron muy
importantes y que se describieron en formas curiosas.
Luis Franco (1898-1988)
Poeta y
ensayista nacido en Belén, Catamarca, Premio Nacional de Literatura 1941,
Premio Municipal de Poesía 1960, con una obra muy extensa, que va desde La flauta de caña poemas (1920) hasta Esquilo y Shakespeare (1980) y El
presidente Illia (1984).
Para
destacar algunos, en prosa elijo a El
otro Rosas (1945), Hudson a caballo (1956)
y Biografías animales (1953) y en versos, dos antologías: Catamarca en cielo y tierra (1944) y Constelación (1959).
Sobre
sí mismo escribió hacia 1931 Autobiografía
que, entre otras cosas, decía esto:
Yo, señor, rasgado de ojos y de corazón,
limpio de conciencia y de ahorros, de suerte oscura y risa clara, nací y vivo
en un lugar tan huido -betlehemita soy- que amagando juntarse en él los rieles
(¿las paralelas no se juntan en el infinito?) el tren no ha podido acercarse.
Más
adelante escribió esta otra:
Autobiografía negativa:
No nació en una casa histórica ni en un museo de
antigüedades ni ha logrado averiguar el nombre de alguno de sus ilustrísimos
antepasados.
No siguió ninguna carrera ni obtuvo ningún título.
No entró jamás en un garito, una iglesia, un lenocinio
o un salón aristocrático, pero estuvo tres veces en la cárcel por razones que
aún ignora.
No ha ejercido el comercio honrado porque no logró
diferenciarlo del otro.
Nunca sintió
vocación de banquero, de jugador de fútbol o de bolsa, de hombre de negocios,
de obispo, de titiritero, de comodoro, de pistolero o de político: de ningún
oficio que dé renombre público y ventajas privadas.
No trabajó más que con sus manos.
Nunca obtuvo ningún premio que pueda recordar sin
rubor.
No ha sido antiservicial servidor del Estado ni capeó
nunca ratos negros con rosados ensueños jubilatorios y desde ya, por si acaso,
declara que no aceptará ser embajador en Moscú o Washington o Roma, ni director de museo ni
amanuense policial.
No ha sido presidente de ninguna Sociedad de
Escritores ni de ningún centro de bomberos voluntarios .
Ningún gobierno lo ha nombrado caballero de ninguna
orden ni lo recibió en su dulce seno ninguna liga de los derechos del hombre…
burgués.
Nunca se quejó de la pobreza, pues la miseria lo
cortejó con mayor solicitud.
No cree que las ideas se maten pero sí que mueren de
asma o de ataraxia locomotriz.
No duda que si las víboras aprendieran el catecismo
silbarían con devoción, se golpearían el pecho con el cascabel zaguero y
clavarían sus colmillos por amor al prójimo.
No confía en las compensaciones póstumas y se opone por anticipado a cualquier conato
de pompas fúnebres, mausoleo o necrología oral o impresa.
ALABANZA (frag.)
…
Y es plácido lo mismo que el rumor de las aguas
en la acequia, el ligero rumor de tus enaguas.
Y nos dan las albricias de tu carne morena
un olor de albahaca y un olor de verbena.
LA
GUITARRA (frag.)
Forma
de puñal y puñalada,
y entre puñal y mujer,
ay, forma sacramentada,
ay, morena de avería,
guitarra.
EL TUCO*
El tuco en
lo oscuro
del callejón
se interna
y enciende
su linterna
que es un
berilo puro.
*luciérnaga,
bichito de luz
En 1925
Jorge Luis Borges lo publicaba en su revista Martín Fierro, de la que tomé la
ilustración de Fapa (Francisco Palomar).
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