domingo, 1 de abril de 2012

Los inodoros de oro

El oro y el mito

En pleno siglo XXI se ha encontrado una tribu de homínidos que, desde sus tiempos primitivos, venera un objeto completamente inútil para su subsistencia, le ha otorgado categoría divina y basa su organización económica alrededor de su adoración. La tribu es la especie humana y el elemento en cuestión es el oro.
La aureola (permítanme la humorada) que rodea al oro va más allá de sus propias cualidades y está relacionada con el estado sagrado y el valor simbólico que mitos y asuntos religiosos fueron construyendo a su alrededor.
En el desarrollo de nuestra civilización (otra humorada, una manera simpática de llamarnos) las innovaciones tecnológicas de importancia dieron lugar a las edades de piedra, de bronce y de hierro. No hubo edad del oro porque no sirve para nada útil, no sirve para hacer herramientas de labor ni armas –hasta el barro cocido tiene más aplicaciones– lo cual no fue obstáculo alguno para que haya ocupado el primer lugar como objeto de deseo y codicia desde el fondo de los tiempos y lo continúe ocupando.

En la India y China antiguas se lo asoció con la inmortalidad –que es lo que en verdad nos fascina– y de allí en adelante siguió su camino arrasador, desparramándose como un virus, asociado a la perfección de la naturaleza a partir de su maleabilidad, su carácter inoxidable y su brillo.
Ese camino tuvo algunos hitos de importancia. Uno fundamental fue su consagración como valor de intercambio de bienes: unos pequeños discos de oro se aceptaron como elemento de cambio. Había nacido la moneda metálica que más adelante y por razones prácticas fue reemplazada por el papel moneda… con respaldo metálico en oro por parte de sus emisores.

El primero en develar públicamente que el respaldo en oro de la moneda era un mito, una falacia, el producto de una transposición de lo sagrado a lo profano, fue el Primer Ministro Soviético Nikita Kruschev (1894-1971) cuando, obligado por EEUU a pagar con oro de sus reservas una importación de cereales, para hacer frente a una crisis provocada por dos años de sequía, dijo:
– ¿Saben lo que van a hacer en el futuro con el oro? Inodoros. Inodoros de oro.
Poco tiempo después, en 1964, dejaba su cargo.
Su colega de los EEUU, Richard Nixon, acosado por otra crisis económica tomó en 1971 una decisión crucial, que también hablaba del embuste alrededor de la moneda: desligó al dólar del patrón oro, al que se habían comprometido en numerosos tratados internacionales.
Poco tiempo después, en 1974, dejaba su cargo.
Hoy el truco ha quedado develado y sabemos que lo que respalda al dólar de EEUU como moneda internacional no son las toneladas de oro que tiene el tesoro, sino los kilotones de sus ojivas atómicas y los misiles del arsenal nuclear con que amenazan a los países a los que saquean sus recursos y tienen en vilo al resto del mundo.


El oro nos acompaña en muchas leyendas y mitos que transmiten saberes antiguos y, por qué no decirlo, estructuras de dominación y sometimiento que se instalan en nuestro inconsciente y en el imaginario social.
Nos reímos de los adoradores de tótems y fetiches, pero el destino político de Nixon y Kruschev luego de su actitud sacrílega, ¿no nos hace pensar que los fantasmas existen, a pesar de no creer en ellos? O es que, como dice M. Eliade, “El valor simbólico primordial del oro no ha podido jamás ser abolido, a pesar de la desacralización progresiva de la Naturaleza y de la existencia humana.”

Cuando luego de algunas reflexiones llegamos a estos puntos de contradicción en que no sabemos qué hacer, no nos queda otro camino que ponerle intuición y olfato a nuestras conclusiones. Mirar, por ejemplo, a quienes tienen estrategias exitosas para abordar estas cuestiones y en ese sentido nadie supera a los avestruces. El avestruz, como individuo y como especie ha sobrevivido a las mayores catástrofes –es un descendiente de los dinosaurios– y todavía anda por este mundo vivito y coleando. Si ellos se deslumbran por una monedita o un trocito de cualquier cosa que brille como el oro, al punto de tragarlo, ¿por qué no podemos nosotros tratar de continuar imitándolos?
FIN



Acerca de la relación del oro con la inmortalidad y con el manejo del tiempo se puede ver el artículo de M. Eliade: El oro y la inmortalidad.
En la foto de abajo el misil Peacekeeper (¿¡!?) capaz de llevar 10 ojivas nucleares.

lunes, 26 de marzo de 2012

El sermón de La Victoria

El sermón de La Victoria
Eduardo Belgrano Rawson acaba de publicar una novela que transcurre en San Luis, donde los personajes de ficción se mezclan con personajes reales a los que se puede identificar (los que han pasado por allí), pero que son iguales a los de tantos otros lugares, cualquiera sea el país al que pertenezcan, donde la corrupción está enquistada desde hace décadas.

La descripción del infierno provinciano gira alrededor de un joven que, por un delito que no cometió, va a parar a la cárcel llamada con el mismo nombre de un prostíbulo: La Victoria. Allí daba los sermones del título un obispo corrupto que, si la memoria no me falla, es el mismo que protagoniza de la anécdota que sigue.
Guillermo Saccomanno ha escrito una nota en Página12 muy interesante sobre la novela:
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-7770-2012-03-18.html

Eduardo Belgrano Rawson, El sermón de La Victoria, 2012, Planeta

Los forros del Obispo
Allá por 1985 se vivía en San Luis un momento de alegría y reparación, apoyado en el retorno de la democracia y en la instalación de fábricas e industrias al amparo de una Ley de Promoción Industrial.
Una de las primeras en radicarse fue REFRISA, una autopartista filial de la capitalina Embragues WOBRON, cuyo dueño, Julio Broner, era un empresario de la burguesía nacional y dirigente de la CGE (Confederación Gremial Empresaria) que vivía en Venezuela a donde se había exiliado durante la dictadura.
A principios de año la fábrica estuvo lista y comenzó la puesta en marcha con las pruebas de fabricación de sus productos: pastillas de freno y de otros componentes, en especial diafragmas elásticos y discos de fricción, conocidos como forros de embrague.

Finalmente llegó el día de la inauguración y una numerosa concurrencia, obreros, constructores, directivos, autoridades y fuerzas vivas aguardaba con diferentes expectativas el comienzo de la ceremonia. Ya estaban los más altos directivos de la empresa departiendo hacía rato con las autoridades provinciales encabezadas por el propio Gobernador de la Provincia Adolfo Rodríguez Sáa y varios de sus ministros, pero el inicio se demoraba porque el Obispo no llegaba. Rato después llegó un sacerdote de menor rango lo que confirmaba el secreto que circulaba a voces: monseñor Rodolfo Laise no quería convalidar con su presencia la construcción de una fábrica cuyo propietario era judío y cuya posición ideológica deploraba. Monseñor, un obispo goloso, pederasta y retrógrado hubiera preferido, seguramente, una invitación a cualquier ritual de la inquisición antes de tener que bendecir algún signo de progreso.

En esas circunstancias el Gerente General de la empresa dio comienzo a su discurso con el consabido saludo a las autoridades presentes.
- Su Excelencia… , Señor Jefe de …, Señor Presidente del Superior…
Cuando llegó al final de la lista, se paró, hizo un silencio en el medio del rumor que crecía y continuó:
-Como no ha venido quiero dar una dispensa especial al Señor Obispo porque entiendo perfectamente que este no es lugar más adecuado para él, dado que se trata de una fábrica que produce forros, diafragmas y pastillas .
A todos los demás, gracias por venir, por acompañarnos y por su apoyo a nuestra tarea que, esencialmente, consiste en producir bienes y trabajo.

Los aplausos y las carcajadas duraron más que los sándwiches.
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domingo, 18 de marzo de 2012

Cuentos de parejas 2 - Humor


1 Aritos
En la oficina, un compañero de trabajo observa que otro, que siempre había sido muy conservador en su comportamiento, estaba usando aritos y le pregunta:
- No sabía que estabas en esa onda.
Y él le contesta:
- Bueno, no es gran cosa, son sólo unos aritos.
- ¿Y desde cuando vos usás aritos?
- ¡Desde que mi mujer encontró uno en mi auto!

2 Mucama celosa
La dueña de casa a la mucama:
- No sabés, acabo de enterarme que el turro de mi marido sale todos los días con su secretaria.
- ¡No lo creo señora! Usted me lo dice para darme celos…

3 Sabiduría oriental
Una mujer pregunta:
-Maestro, no entiendo por qué si un hombre hace el amor con varias mujeres, tiene fama de campeón. Pero si una mujer hace el amor con varios hombres tiene fama de puta. ¿No es injusto eso?
El Maestro le responde:
-Haz un esfuerzo y piensa. Una llave que abre varias cerraduras es una llave "maestra", digna de aprecio. Pero si una cerradura puede ser abierta con varias llaves diferentes... no sirve para nada.

4 Comentarios
Una amiga le comenta a otra:
-El marido de Pepa es un bombón…
- ¿Es lindo?
- No, es negro, redondo y lleno de licor.

5 Tratamiento
La señora está terminando una sesión con el psicólogo que le dice:
-La semana que viene trabajaremos con el inconsciente.
A lo que ella responde:
-No creo que mi marido quiera venir.

Los cuentos 1 y 2 me los mandó Lidia “Lola” Méndez.
El cuento 3, un tanto machista, Jorge Latzke B. A las interesadas puedo pasarles su dirección para que le den un escarmiento. Pero, quisiera que parezca un accidente.
El 4 me lo mandó Kiko G. y el 5 Norma P.
Todos los reclamos son para ellos y los aplausos, si los hubiera, para el recopilador.
La ilustración de arriba es de CAN, la del medio de XEMA (tomada de la página www.chorradasdeldia.com) y desconozco el autor de la foto de abajo.

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miércoles, 14 de marzo de 2012

El fin de la alquimia

De Lavoisier a Cervantes
Vimos en la entrada anterior que muchos trabajos y circunstancias se conjugaron hacia 1790 (finales del siglo XVIII) para decretar la muerte de la alquimia y de los “elementos” aristotélicos. Y que fue Lavoisier el que culminó el proceso que acabó con ella y dio un nuevo estatuto a la Química al aplicar la experimentación y el método científico en sus trabajos.
Curiosamente este paso, que llevó más de 2000 años, fue anticipado 100 años por otra disciplina: la filosofía.

Descartes
(1596-1650) y John Locke (1632-1704, en su Ensayo sobre el conocimiento humano, 1690) empezaron a restaurar la idea de una estructura corpuscular de la materia y a rescatar las ideas de Demócrito y Epicuro desestimadas y mandadas al olvido por las de Aristóteles y su Academia. El trabajo de estos filósofos allanó el camino para sacarse el lastre de los “cuatro elementos” aristotélicos y el de su armonías y afinidades casi humanas.

Robert Boyle (1627-1691, en su El químico escéptico de 1661) comentaba con relación al concepto de los alquimistas que identificaban la tendencia a reaccionar entre ciertos materiales con los sentimientos afectivos entre personas humanas: “Considero que la amistad y la enemistad son atributos de los seres inteligentes, y no encuentro a nadie que explique razonablemente cómo los cuerpos inanimados pueden presentar estos apetitos”

Pero hubieron otros que se adelantaron 200 años en desenmascarar a los alquimistas y ponerlos en su lugar, el de charlatanes y estafadores: los escritores y los dramaturgos.

“Quitóse, en esto, una cadena de vueltas menudas del cuello y diósela a Monipodio, que al color y al peso vio que no era de alquimia”
Miguel de Cervantes (1547-1616), Rinconete y Cortadillo (1613)
La principal actividad metalúrgica de los alquimistas era hacer aleaciones “símil” oro o plata para hacer monedas o joyas falsas y Cervantes lo tenía bien claro.

El dramaturgo inglés Ben Jonson (1572-1637) escribió la comedia El Alquimista (1610), cuyo argumento gira alrededor de los embustes que organizan un mago y alquimista, una mujer y el sirviente a cargo de una casa cuyo dueño la abandona por temor a la peste. “Mucha gente embaucaron echando suertes, diciendo la buenaventura, alcahueteando con la piedra filosofal, hasta que ella y ellos y todas sus artes se deshicieron en humo”. Al final, regresa el dueño de casa y los mejicanea poniéndose de acuerdo con su sirviente.

Si bien es cierto que cada disciplina abordó el problema de diferentes maneras, con rigor y responsabilidades muy distintas, no lo es menos que, una vez más, la literatura se adelantó a descubrimientos y teorías que se consolidaron más adelante.
FIN


Para el que interese el tema, acá van unos fragmentos de la obra de Ben Jonson:

Subtle (Sutil, el alquimista) –Pues, ¿qué habéis observado en nuestro arte, señor, que os parece tan imposible?
Surly (Segurito, una posible víctima que desconfía) –Vuestro trabajo nomás. ¡Pensáis empollar oro en un horno lo mismo que en Egipto empollan huevos!

Tribulación (un cura hipócrita). –Desde luego; pero, esperad. Este acto de acuñar moneda ¿es legal?
Ananías (diácono de Londres). – ¡Legal! No reconocemos magistrado ninguno. Y aunque lo hiciéramos, se trata de moneda extranjera.
Subtle (Sutil, el alquimista) –No es acuñar , señor. No es más que fundir.

Subtle (Sutil, el alquimista) –De esta agua aérea aceitosa se engendra el mercurio; el azufre o sulfuro de la parte crasa y terrena: una, que es la última,
hace el papel de macho, la otra el de hembra, en todos los metales.
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viernes, 9 de marzo de 2012

Ciencia en broma y en serio 5


La conservación de la masa o Nada se pierde, todo se transforma.
Antonio de Lavoisier

1
El comedor “Lavoisier”
En Córdoba (de la nueva Andalucía), bien entrados los sesenta, muchos estudiantes íbamos a almorzar a un comedor de precios módicos, ubicado en la calle Obispo Trejo y Sanabria, justo al frente del Rectorado y la Facultad de Derecho. Era una casa particular y de su producido vivía una señora con su familia completa, por lo que la Doña estaba siempre al pié del cañón. De él tengo varios recuerdos, todos gratos.
Recuerdo que uno de los hijos era policía y que hacía una “changa” ayudando como mozo. Tenía unos cuarenta años, pero lo veíamos como alguien muy mayor, a lo que contribuían unos kilos de más y su parsimonia. El tipo era incapaz de pegarle a nadie pero no abandonaba el “palito de ablandar conciencias” ni para trabajar de mozo. También recuerdo al par de hijas/hermanas, de las cuales la más jovencita era objeto de múltiples miradas y deseos, alguno de los cuales, creo, terminó en casamiento.
A la hora del almuerzo eso tomaba un nivel de actividad que no tenía nada que envidiarle a una colmena en primavera. Había discusiones de todo tipo, políticas, de folklore, de lo que fuera, pero la condición tácita era que los temas se matizaran con tono humorístico, lo que lo hacía divertido y nada pasaba nunca a mayores.
También me resulta grato recordar el nombre con que lo había bautizado el ingenio de algún estudiante de Química: Comedor Lavoisier, porque aquí nada se pierde, todo se transforma y, para demostrarlo, ahí estaba el plato insignia de los viernes: las Albóndigas Lavoisier, hechas con los restos del puchero de los lunes y los sobrantes de las demás comidas de la semana.


2
Antoine de Lavoisier (1743-1794)
Científico francés, considerado el padre de la química, que dio con sus trabajos una vuelta de tuerca fundamental al superar las oscuras teorías aristotélicas y de los alquimistas explicando satisfactoriamente la combustión, la formación de óxidos y, sobre todo, implantando el método experimental, la repetición y las mediciones de precisión a los estudios que realizaba.

Su nombre ha quedado asociado al principio de conservación de la masa: (“La materia puede cambiar de forma después de las reacciones químicas, pero el peso total sigue siendo el mismo.” O “Nada se crea, hay una cantidad igual de materia antes y después…”) al que empezó a intuir a los 25 años en un trabajo donde demostró que el “Agua” no se convertía en “Tierra” hirviendo y haciendo evaporar agua en varios recipientes y pesando los residuos que obtenía junto al agua que se evaporaba.
“Agua”, “Tierra”, “Fuego” y “Aire” eran los cuatro elementos que formaban todos los demás al mezclarse en diferentes proporciones en la larga noche aristotélico-alquimista.

En él confluyeron, y los supo interpretar, una gran cantidad de trabajos de colegas insignes (Becher, Stahl, Scheele, Priestley, Boyle, Cavendish, Laplace y otros) que venían estudiando el calor y la combustión.
Hasta ese momento la teoría más satisfactoria –a la que el mismo Lavoisier adhería en su comienzos- era la existencia del flogisto, sustancia mitad material mitad mágica, que los cuerpos dejaban escapar cuando se quemaban. Pero, obsesivo como era y, aplicando la balancita de precisión hasta el cansancio, encontró que los metales aumentaban de peso al quemarse y… ¡algunos disminuían!.

De allí a enterrar para siempre la teoría del flogisto, a bautizar oxígeno (oxi=ácido geno= crear) al aire desflogistizado (que Priestley le contó, durante una cena en 1774, cómo obtenía y al que Scheele había hallado, solito con su alma, en un pequeño laboratorio de farmacia) y poner en marcha la química moderna había un solo paso: un paso inmenso como el que dan los gigantes como él.
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viernes, 2 de marzo de 2012

El cementerio de Praga - Escritores glotones

Relaciones carnales entre la literatura y la gastronomía

Usted se concentra en la novela, trata de encontrarle su ritmo y, de pronto, todo se corta y el autor le zampa una receta de cocina. Me pasó con El cementerio de Praga de Umberto Eco, pero podría haber sido con cualquier otra.
Ahí nomás contraataqué con varias hipótesis tendientes a denostar el tópico: “necesitan completar cierto número de páginas”, “no encuentran otra manera de fechar o fijar la acción en el tiempo”, “es un recurso demagógico para ganar la adhesión del lector”, “quieren hacerse los modernos y estar a la moda” o “debe ser un tema de escritores gordos o glotones”.
Una a una fueron cayendo en discusiones con amigos, las dos últimas demolidas con este comentario: “Hace más de cinco o seis siglos que se usa ese recurso; lo utilizó Bocaccio, cuya silueta no recuerdo y un tal Cervantes lo gastó a destajo en El Quijote desde la primera página. Que yo recuerde, ni él ni su personaje eran muy gordos que digamos.”
Al final de aquellas controversias literarias terminé reconociendo que el entramado de la literatura con la gastronomía es tan amplio e interesante que vale la pena meter la nariz en él y, si es posible, comerse algunos bocaditos.
Hay algunos blogs que se ocupan del tema en forma exquisita. Entre ellos suelo frecuentar:
http://wwwconuqueando.blogspot.com/
http://coneltenedorenlamano.blogspot.com/
http://www.sumitoestevez.com/
Cada uno con su característica nos regala letras y alimentos cocinados en su punto justo.

Volvamos a El cementerio de Praga, novela muy desigual a mi gusto, hasta el capítulo 10 (de 27) es muy atractiva para después diluirse, hacerse aburrida y olvidable. El protagonista es un amante de la buena cocina y hay innumerables recetas y platos citados durante toda la obra.

Un punto saliente del libro, entre tantas recomendaciones culinarias, es la mención al Bicerin. Mezcla de café, leche y chocolate servidos bien calientes en pocillo de vidrio y capas separadas, especialidad de un café legendario de Turín: “…el Caffè al Bicerin, cerca del Santuario de la Consolata,…” Está tan hermosamente descrito que dan ganas de ir de paseo nada más que para tomar uno allí mismo, más aún teniendo en cuenta que el local se inauguró en 1763 y continúa abriendo sus puertas en la actualidad.
Apenas empieza el capítulo 2 el relator confiesa: "Sé que amo la buena cocina: sólo con pronunciar el nombre de La Tour d’Argent experimento una suerte de escalofrío por todo el cuerpo. ¿Es amor?" Lo que sugiere completar el viaje con una escapada a París aunque más no sea para ir al famoso restorán que abrió sus puertas en 1582…
En el capítulo 4, como un recuerdo de su abuelo, pone una receta de la bagna cauda que, las comparaciones son siempre odiosas, está lejos de la que publicó La Pulpera en el 2008 http://lapulpera.blogspot.com/2008/05/bagna-cauda.html
Me parece conveniente ir terminado acá mismo estos divagues porque el presupuesto para el viaje ya se acabó y todavía no hemos sacado, siquiera, el boleto del tren para Francia. Mejor nos quedamos en Turín, el precio del café es accesible y un panini sale bastante menos que un almuerzo en La tour d’argent.
¡Buen provecho!

Para finalizar me permito molestarlos con un par de preguntas:
¿Qué comía Don Quijote los sábados, según se cuenta en la primera página?
¿Alguien tiene una receta o sabe cómo hacer hoy ese plato?
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martes, 28 de febrero de 2012

Botas y botines 2


2 Botas
Tan difundida está la expresión "Morir con las botas puestas" que da título a varios libros, una película y hasta un rock de la banda heavy Iron Maiden.
Morir con las botas puestas (to die on one’s boots) significa en un sentido morir en pleno trabajo, haciendo lo que se desea y en pleno uso de la voluntad.
En el otro, es imposible soslayar su origen militar; que se remonta hasta la Grecia antigua, y antes aún, donde dejaba claro a los guerreros que el honor y la gloria estaban asociados a la victoria o a la muerte (la bella muerte) en el campo de batalla, en medio de la lucha y con las ropas puestas.

El éxito que tuvo la película Murieron con las botas puestas (They died with their boots on), de 1941, con Errol Flynn y Olivia de Havilland, contribuyó a la instalación definitiva del latiguillo por todo el mundo. Narra la vida del Gral. Custer hasta su muerte, en la campaña de exterminio de los indios que se ejecutó a continuación de la Guerra de Secesión en los Estados Unidos de Norteamérica.

Algo parecido dice Macbeth, un par de párrafos después de su famoso: …(la vida) es una historia contada por un necio, llena de ruido y de furia, que nada significa., ante la inminencia de la batalla final: Moriremos, al menos, vestidos de armadura.
W.Shakespeare, Macbeth, Acto V, Escena 5.

También usamos, por estos pagos sudamericanos, Ponerse las botas en el sentido de tener suerte, de “pasar al frente”, de enriquecerse o hacerse cargo de una situación de ascenso social.
Cuando Mitre venció (¿?) en la Batalla de Pavón a Urquiza le hicieron esta copla gauchesca:

Sacáte la bota ‘e potro,
ponéte la de charol,
que si perdiste en Cepeda
la ganaste en Pavón.

Las botas de potro son de cuero crudo, sin costuras, hechas con el cuero de la pata de un caballo. Las usaban los gauchos dado que son buenas para montar aunque malas para caminar y proteger debidamente al pié en otras tareas. Por esta razón y ya que aparecieron por aquí Mitre y Urquiza, viene a cuento traer otro libro con un título sobre el tema, una novela histórica cuya trama se sitúa en el Sitio de Paysandú de fines de 1864:
No robarás las botas de los muertos, de Mario Delgado Aparaín, Alfaguara, 2002.

Era habitual por parte de los combatientes apropiarse del equipo de los muertos y de los prisioneros, sobre todo en épocas donde lo único que abundaba eran las carencias.
En esa época se usaban los tamangos, calzado rústico de cuero y las botas eran para la oficialidad o los ricachones.
José Hernández los nombra acá, en el Martín Fierro, (1ª parte, en la pelea con el Moreno)

Lo conocí retobao,
me acerqué y le dije presto:
”Por…rudo que un hombre sea
nunca se enoja por esto.”

Corcovió el de los tamangos
y creyéndose muy fijo:
”Más porrudo serás vos,
gaucho rotoso”,me dijo.

Y ya se me vino al humo
como a buscarme la hebra,
y un golpe le acomodé
con el porrón de ginebra.

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domingo, 26 de febrero de 2012

Botas y botines 1

1 Botines
Dos expresiones populares hacen referencia directa a los botines de fútbol: Colgar los botines y atar los botines.
La primera se usa con el sentido de “retirarse de una actividad”, de jubilarse, de renunciar y dejar de hacer algo. Trae de inmediato la imagen de un par de botines de fútbol -cuyos largos cordones permiten atarlos entre sí- ,colgando de un clavo, dando a entender que su dueño ha dejado de usarlos.
La segunda se usa para clasificar o establecer una jerarquía entre personas de un mismo oficio o profesión, para separar al novato y al principiante del habilidoso, del experimentado.
En Brasil se usa una forma similar: Pendurar as chuteiras, con el mismo significado.
Chuteiras –botines– viene del inglés shoot: patada (en Córdoba se usa chutear –patear–, con el mismo origen) y Pendurar es una deformación antigua del castellano pender (“Tengo el ancla a la pendura” se dice cuando está colgando de la cadena del barco).



"Lo peor del fútbol es tener que dejarlo, elegir el momento de colgar los botines. Esto lo sabe cualquier jugador de fútbol profesional", dijo con justeza Roberto Perfumo.

Pelé, que voltou a jogar, embora já tivesse pendurado as chuteiras, decía un diario cuando el astro se puso la camiseta del Cosmos, en 1975, después de haberse retirado el año anterior. En 1977, a los 36 años los colgó definitivamente.

Calderón se seca las lágrimas con la camiseta número 9 y le sonríe a Zozaya. -Gracias Alberto, si me lo dice Ud. que vive en la historia del club se lo creo. Igual me pone un poco triste dejar de jugar. -Tranquilo, tranquilo, a todos nos pasó lo mismo cuando colgamos los botines –dice Zozaya.
Iván Sadovsky, “Cuando sea grande…” (Para José Luis Calderón)


Porque, le aseguro, de los que han estado jugando en primera ninguno, ninguno, le ata los botines a Palito Salvatierra. Una prestancia, una calidá, una elegancia, jugador de cabeza levantada, sereno, era... mire... un arcángel ese hombre en el área, para colmo rubio, alto, delgado. Y jugador técnico en partidos que no son para ser muy técnico que digamos, en partidos chivos, en clásicos de barrio…
Roberto Fontanarrosa, ”Lo que se dice jugador al fulbo”, cuento.


La viñeta de arriba es de Hugo Catalán, la de abajo de R. Fontanarrosa.
Las fotos son de un par de botines y de un par de zapatos de baile flamencos, que también se cuelgan y tomé del blog:
http://miespacioflamenco.blogspot.com/
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jueves, 23 de febrero de 2012

El beso de la mujer araña – Temas musicales


Cuatro entradas de fines de 2010 fueron dedicadas al tema: Novelas con títulos de temas musicales.
http://lapulpera.blogspot.com/2010/11/la-novela-musical.html
Uno de esos títulos era Boquitas pintadas de Manuel Puig, autor que utilizaba a menudo letras populares, en especial boleros, en sus obras.
En El beso de la mujer araña, de 1976, Molina los va mechando en los diálogos y en las películas que le cuenta a Valentín Arregui, con quien comparte celda en la prisión.
Como en algunos programas de radio (o al final de las películas) podríamos decir “En el transcurso de esta novela se ejecutaron los siguientes temas musicales”:

Capítulo 7 (Pág. 119, 122, 127)
Mi carta – bolero de Mario Clavel
Capítulo 12 (Pág. 198 y 201)
Flores negras – bolero de Sergio de Karlo
Amor del bueno – bolero de José Alfredo Jiménez
Capítulo 13 (Pág. 206, 208, 209)
Ausencia – bolero de Francisco Céspedes
¿? Estoy enamorado - bolero de Zorrilla Martínez y Ruiz Armengol, según colaboración de Ignacio Méndez
Noche de ronda – bolero de Agustín Lara
Capítulo 14 (Pág. 223, 224)
Me acuerdo de ti – bolero de Gonzalo Curiel

Si alguien conoce el nombre del bolero de la página 208 se agradecerá la ayuda para develar la incógnita. Las páginas refieren a la edición Planeta/Booket, 2005. Si tuvieran otra, es el que dice: “…estás en mí, …estoy en ti, …por qué llorar, …por qué sufrir… Callar mi dicha quisiera, …que el mundo no lo supiera, …”

El Tenampa, salón de baile donde cantaron José Alfredo Jiménez y Chavela Vargas, en una foto de Eloy Valtierra. En el cuadro al fondo de la foto, Pedro Infante y Jorge Negrete.
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domingo, 19 de febrero de 2012

Embarazo jurídico

Embarazo, duración

La duración del embarazo ha sido fuente de controversias desde el fondo de los tiempos y a resolverlo se han dedicado muchos esfuerzos. En principio tendemos a pensar que los principales interesados en el tema deben ser los médicos, los biólogos, la gente de a pie, los viajeros en general (los marinos en particular) y los propios involucrados: la futura madre y su compañero; pero hay una pléyade de otros involucrados, que van desde modistos y costureras hasta abogados y jurisconsultos pasando por obispos y jerarcas de la iglesia, que son los que han dedicado los mayores desvelos al tema.

Las razones para tratar de conocer con precisión dicho lapso se pueden condensar principalmente en dos grupos: las relacionadas a la paternidad y a la herencia. Pero no son las únicas, en el caso de las modistas, por ejemplo, se trata de permitirles programar y priorizar la confección de los ajuares y otros trabajos* y algo similar sucede con la gente de los servicios de obstetricia.
Si ustedes se están preguntando qué tendrá que ver la iglesia -y acá pongan la del signo que quieran- en este tema: vale la pena recordar que hasta no hace mucho tiempo esas asociaciones tenían el manejo de los registros civiles, cuestión que les permitió apropiarse de cuantiosas herencias mediante la simple manipulación de fechas y la consiguiente aparición y desaparición de legítimos herederos.

A esta altura de la civilización parece que la solución fuera un asunto simple, una cuestión de consultar a un par de médicos, a otro de biólogos y a otra cosa. Sin embargo es increíblemente complejo y a medida que avanzan nuestros conocimientos se hace más difícil aún tratar de simplificarlo.
Cuando en 1869 se encargó a Dalmacio Vélez Sarsfield la redacción del Código Civil de la República Argentina, el hombre consultó a los expertos y los códigos de otros países y redactó el:
Artículo 77 (Libro Primero)
El máximo de tiempo del embarazo se presume que es de trescientos días y el mínimo de ciento ochenta días, excluyendo el día del nacimiento. Esta presunción NO admite prueba en contrario.

Podrá parecerles una nimiedad, pero hay todo un edificio jurídico construido a partir de este ladrillo. Supongamos que un señor se ha ido a Europa de viaje dejando a su esposa por estos lares y regresa al cabo de, digamos, 305 días. Roberto vuelve cargado de regalos y sorpresas, recibiendo a su vez la sorpresiva noticia de que su esposa ha sido mamá de un hermoso bebé. Jurídicamente, está en su derecho el desconocer la paternidad de la criatura, el NO taxativo de Don Dalmacio dejaba la resolución en sus manos.
Imaginen ahora situaciones mucho más complejas, más todas las que pueden surgir de la utilización de métodos de fertilidad asistida y verán que se viene la noche y no lo arreglamos ni con dos pavas de mate.

Jurisconsultos y abogados se abocaron de lleno a la cuestión que, con el paso del tiempo y los adelantos científicos, había quedado, aparentemente, obsoleta. Así fue como dieron una nueva redacción al artículo 77, en 1985, quedando ahora de esta manera:
Artículo 77. Modificado por: Ley 23.264 Art.1 (B.O. 23-10-85). Sustituído.
El máximo de tiempo del embarazo se presume que es de trescientos días y el mínimo de ciento ochenta días, excluyendo el día del nacimiento. Esta presunción admite prueba en contrario.

Imagino que les habrá costado trabajo encontrar la diferencia que llevó más de 100 años elucubrar a nuestros insignes amigos juristas. Confieso sinceramente que no sé cómo etiquetar esta entrada, sin en divulgación o en humor, pero después no anden diciendo por allí que las leyes atrasan y no resuelven las cosas.


*Sobre el conocimiento por parte de las modistas del período de gestación hay una hermosa y divertida referencia en:
Nada del amor me produce envidia, hermoso melodrama musical (con una gran actuación de María Merlino) que se puede ver en el teatro La Carpintería, Jean Jaures 858, 4961-5092, los domingos a las 20 hs.


La ilustración de arriba es de Pirillo & Fritz
La siguiente la tomé del blog: http://www.faggella.com.ar/humorgrafico16.htm
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lunes, 13 de febrero de 2012

Dulce - Amargo

El sabor amargo es, en principio, desagradable para nosotros los humanos. ¿Qué sentido biológico hay detrás de esta inmemorial aversión? Uno muy sencillo: muchas sustancias amargas son tóxicas o venenosas para la especie, algunos alcaloides, la estricnina (ingrediente en la nuez vómica), la solanina (de las papas verdes y crudas), el cianuro ( de las almendras amargas), etc.
Sólo después de estar seguro de que un alimento o bebida amarga es inocuo, y luego de un período de acostumbramiento, somos capaces de disfrutar estos sabores. El mate amargo, la cerveza y el café son una muestra en este sentido y la atracción está muy relacionada con su acción estimulante.

Por el contrario, la predilección por lo dulce es innata y la compartimos con todos los mamíferos. El gusto por el azúcar está preprogramado y por eso nuestra sociedad usa exitosamente el azúcar para sus rituales. Con el azúcar se premia la obediencia, se secan las lágrimas y se tranquiliza a los llorones. El azúcar tranquiliza y levanta el ánimo, genera cierta dependencia porque interviene en el metabolismo de una sustancia en el cerebro: la serotonina. La serotonina es un “mensajero” del cerebro que nos transmite bienestar. El azúcar activa la producción de insulina y esta se encarga de que se forme serotonina en el cerebro.

Mientras la ciencia desmenuza y analiza, la sabiduría se goza y complace con el sabor de las cosas. Saber, desciende del indoeuropeo sap, (sapere, en latín) que significa tener sabor, tener gusto, discernir.
Puede parecer gracioso, pero en las lenguas latinas el saber y la sabiduría están asociados al gusto y en las anglo-germánicas a la vista. Wise, sabio en inglés, deriva de weid y de video, asociados al acto de ver. Las lenguas latinas dejan constancia de nuestra preferencia por la experiencia concreta (el gusto) y las sajonas por la abstracción intelectual (la vista).

La asociación de lo dulce al placer y lo amargo a la mortificación quedan claras en muchas obras de nuestro folclore, acá van algunas para ponerle un poco de música a tanta cháchara.


La sachapera
Letra y música de Raúl Carnota

Dulce fruto de mis pagos
criollita sanagastera
boquita de arrope ‘i tuna,
juguito de sachapera.
Con la chacarera doble
se curan todas las penas.

Con harina de algarroba
voy a endulzar las tristezas,
que pobre andaré en amores
me van siguiendo de cerca.
Con la chacarera doble
se curan todas las penas.

Acá, en versión de Suna Rocha y Carnota
http://www.youtube.com/watch?v=JzRwDc1xj2Y
La sachapera es una pera silvestre, una pera del monte.

La huanchaqueña cueca popular boliviana (letra y música)

Si la Chinita mía
fuera de azúcar,
fuera de azúcar,
yo me lo pasaría,
chupa que chupa,
chupa que chupa.

AMARGURA - Chacarera
letra y música: Julio Argentino Jerez

De amarguras tengo
el alma llena,
para mí no hay día alegre
ni noche serena.

(Con el mismo título hay un tango de Gardel y Le Pera, de 1934)

Los dos primeros párrafos resumen ideas tomadas de
Pollmer, Fock, Gonder y Haug; ¡Buen provecho!, 2002, digi ediciones, Buenos Aires.
El último de:
Ivonne Bordelois, La palabra amenazada, 2005, Libros del Zorzal, Buenos Aires.
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miércoles, 8 de febrero de 2012

Con el mismo cuento 8 - Amor de viejo

Italo Svevo e Ireneo Paz
Con una espada mohosa
y ya sin punta ni filo,
estate, Conde, tranquilo:
no pienses en otra cosa.
Ricardo Palma

Un hombre viejo se enamora de una mujer joven.
He aquí, resumido, uno de los temas más frecuentados en la literatura y del que se ocuparon grandes autores: Boccaccio y Cervantes, Goethe y Nabokov, K. Mansfield y Bernard Shaw, Chaucer y Machado de Assis, Violeta Parra y Thomas Mann. Hasta Borges, que nunca puso mucha carne en el asador –metafórica y literalmente hablando- se le animó en su cuento Ulrica*.

El autor elegido en esta ocasión es Italo Svevo con su cuento La historia del buen viejo y la bella muchacha, de 1926.
Con una atractiva prosa logra mantener el interés y la atención del lector a lo largo de toda la historia que más que un cuento es una novela corta. Un anciano de 60 años (¡!) entabla una relación con una joven de 20. La aventura se hace cada vez más compleja llevando a los protagonistas del amor al egoísmo, de los celos al incesto, de la filantropía al amor pago, del remordimiento a la angustia. Tantas emociones terminan por enfermar al viejo y el descanso al que lo obliga su médico le deja tiempo para escribir sus reflexiones sobre el tema, en especial sobre una pregunta que lo acosa obsesivamente y cuya respuesta, finalmente, encuentra.

ITALO SVEVO, La historia del buen viejo y la bella muchacha, Ediciones del Acantilado, 2004.


En la novela Amor de viejo, el mexicano Ireneo Paz, abuelo de Octavio Paz, escribió en 1874 sobre el mismo tema y con un argumento similar. Su prosa tiene un tono algo más antiguo pero la lectura es muy agradable y nos deja, además del tema principal, una idea de la vida cotidiana y de la historia de México de fines del siglo XIX.
Se la puede leer acá:
http://www.bicentenario.gob.mx/bdb/bdbpdf/laMatraca/amorDeViejo-1874.pdf


El tema también fue tratado en el cine. En Term of trial, de 1962, Lawrence Olivier interpreta a un maduro profesor que despierta el amor de una joven alumna que, despechada, termina llevándolo a juicio; en El maestro de música, de 1988, un gran barítono, interpretado por José van Dam, ya mayor y enfermo se retira a su castillo para dedicarse a la enseñanza de dos jóvenes alumnas y; por supuesto, en Mi bella dama, con Audrey Hepburn y Rex Harrison en los papeles protagónicos, la historia vuelve a repetirse.


*No debe haber sido casual la elección del nombre Ulrica por parte de Borges, ya que W. Goethe, allá por 1820, se enamoró perdidamente de una joven (55 años menor que él) llamada Ulrike.
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